Infertilidad: una realidad que afecta a 1 de cada 6 personas y que ya no puede seguir siendo un tabú

Infertilidad: una realidad que afecta a 1 de cada 6 personas y que ya no puede seguir siendo un tabú

Según la OMS, uno de cada seis personas enfrentará dificultades reproductivas en algún momento de su vida. En el mes de la fertilidad, el Dr. Sergio Pasqualini advierte que informarse a tiempo puede marcar la diferencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Dr. Sergio Pasqualini (MN 39914), director de Halitus Instituto Médico y presidente de Fundación REPRO.

 

Buenos Aires miércoles 3 de junio (PR/26) La infertilidad muchas veces se describe y se entiende únicamente desde lo médico: estudios de laboratorio, niveles de hormonas, ecografías, tratamientos y resultados. Sin embargo, detrás de todo ese despliegue clínico hay una dimensión que suele quedar más silenciosa y resguardada: la vivencia emocional de toda una familia.

Cada junio se conmemora el mes de la fertilidad, una efeméride que hoy cobra más relevancia que nunca. A pesar de vivir en una sociedad hiperinformada, todavía existe un profundo desconocimiento alrededor de la salud reproductiva. Durante generaciones, la dificultad para concebir se abordó como un tabú, un problema íntimo que debía atravesarse en el ámbito privado. Hoy la realidad nos obliga a cambiar el enfoque: según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1 de cada 6 personas en el mundo experimentará dificultades relacionadas con la fertilidad en algún momento de su vida reproductiva. No es un caso aislado; es una realidad global.

 

 

 

 

El cuerpo biológico no siempre sigue los tiempos de la vida moderna

 

 

El escenario sociocultural actual transformó por completo los tiempos de la maternidad y paternidad. Vivimos en una época donde las personas estudian más, consolidan sus carreras, buscan estabilidad económica, viajan y desarrollan proyectos personales antes de pensar en un hijo. Es una evolución natural y legítima, pero que confronta con una realidad ineludible: el cuerpo biológico no siempre acompaña esos mismos tiempos.

 

 

 

 

En este contexto, la medicina reproductiva no debería aparecer solo cuando surge el problema, sino como una herramienta de prevención. Es aquí donde la preservación de la fertilidad —a través de la vitrificación de óvulos en las mujeres o la criopreservación de semen en los hombres— juega un rol fundamental. No se trata de apurar decisiones ni de imponer mandatos, sino de evitar llegar tarde por falta de información. Cuidar la salud reproductiva e informarse a tiempo es tan vital como cuidar la salud cardiovascular o metabólica.

 

Derribar mitos: la infertilidad no es solo un problema femenino

 

Todavía persiste la falsa creencia de que la fertilidad femenina se mantiene intacta hasta edades avanzadas, o el dañino mito de que, si una persona simplemente «se relaja», el embarazo llegará de forma automática, minimizando así una condición médica real. Asimismo, es urgente desterrar la histórica tendencia de asociar la infertilidad de manera exclusiva a la mujer.

 

 

 

 

 

Las estadísticas clínicas son claras: un tercio de los casos se relaciona con factores femeninos, otro tercio con factores masculinos, y el tercio restante corresponde a causas mixtas o de origen desconocido. La carga emocional y social ya no puede seguir recayendo sobre un solo miembro de la pareja; es una situación que afecta a ambos y que debe abordarse y estudiarse en conjunto.

 

Un impacto que va más allá de la pareja

 

Cuando una persona o una pareja atraviesa dificultades para tener un hijo, el impacto se expande: lo viven los padres que preguntan con cuidado para no lastimar, los hermanos que balancean entre hablar o callar, y los amigos que quieren acompañar pero a veces no encuentran las palabras exactas. También lo viven esos abuelos que sueñan con un nieto y esos hijos que no llegan todavía, pero que ya ocupan un lugar enorme en el corazón del entorno.

 

 

 

 

La infertilidad puede generar ansiedad, frustración, culpa, enojo, aislamiento y una profunda sensación de injusticia. Es un proceso que atraviesa proyectos de vida, vínculos, la autoestima, la sexualidad y el manejo del tiempo. Hay familias que aprenden a esperar juntas y parejas que se fortalecen; pero hay otras tantas que necesitan ayuda profesional externa para no quebrarse en el camino.

 

Tres pilares fundamentales: contención, respeto y esperanza

 

Por eso es tan importante entender que la fertilidad no es solamente un tema biológico; es un hecho profundamente emocional, vincular y social. Acompañar a quien transita este proceso no siempre significa tener las respuestas correctas o dar consejos médicos.

 

 

 

 

A lo largo de los años en el consultorio, aprendemos que los pacientes no solo necesitan el tratamiento técnico más avanzado de la ciencia; necesitan, por sobre todas las cosas, sentirse comprendidos. La infertilidad no siempre se ve a simple vista; muchas veces se vive en un silencio doloroso. Justamente por eso, hablar, informar con bases científicas, educar y acompañar de manera empática también forma parte del tratamiento.

Cada familia que atraviesa este camino merece tres pilares fundamentales que la sociedad y la medicina deben garantizarle: contención, respeto y esperanza.

 

 

 

 

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Fuente: Eikasía