Expertos nacionales e internacionales debatieron en las Jornadas Lecheras Nacionales los desafíos y oportunidades de los sistemas confinados, desde el freestall hasta el drylot, con foco en bienestar animal, tecnología y rentabilidad

 

 

 

 

Buenos aires, sábado 30 de mayo (PR/26)– En las Jornadas Lecheras Nacionales desarrolladas recientemente en TodoLáctea, la mirada innovadora sobre los tambos fue el eje de la convocatoria en el auditorio principal «Jorge Chemes».

Expertos locales e internacionales analizaron los sistemas estabulados, las camas de compost y los drylot, con foco en gestión, bienestar animal y rentabilidad.

 

Gestión tambera: datos, tecnología y resiliencia

Alejandro Palladino, de la Fundación Instituto de la Leche, abrió el encuentro con una disertación sobre cómo repensar la gestión tambera en tiempos de estabilidad macroeconómica.

 

 

 

Su mensaje central fue contundente: «El consumo de materia seca explica el 80% de la producción de leche», por lo que los productores deberían obsesionarse con esa variable por sobre todas las demás.

Para Palladino, el gran desafío actual es superar el problema de la integración de datos: pasar de tener información a construir conocimiento dentro de cada unidad productiva. En ese camino, la inteligencia artificial emerge como una herramienta clave para dar congruencia a todas las variables del sistema.

En un contexto de cambio tecnológico acelerado, advirtió que «la velocidad es el factor que más influye», aunque remarcó que la comunicación y la empatía seguirán siendo los diferenciales humanos en un mundo donde el conocimiento se está convirtiendo en un commodity.

Finalmente, destacó que el bienestar y la salud animal tienen un impacto directo sobre la eficiencia de los sistemas: «Para tomar decisiones lógicas no se puede avanzar sin datos.»

 

Sistemas free-stall: diseño, escala y bienestar

 

El canadiense Brian Rodenburg, CEO de inBarn Farm Team, ofreció una mirada comparativa entre América del Norte y Argentina. Señaló que el país atraviesa hoy una transición similar a la que vivieron Estados Unidos y Canadá en los años ’60, cuando las vacas comenzaban a dejar el pastoreo.

 

 

En el norte del continente, la decisión de encerrar animales respondió a la relación costo-beneficio de la tierra y también a la necesidad de reducir la huella de carbono. En Canadá, la producción de leche orgánica recibe un pago extra de 21 centavos de dólar, lo que refuerza el incentivo.

Según Rodenburg, un sistema freestall puede bajar los costos hasta un 50%, a pesar de la importante inversión inicial. Los beneficios se recuperan a través del bienestar animal, la optimización de la mano de obra y el ahorro en uso de tierra.

Para planificar correctamente, recomendó pensar a largo plazo: cada diseño debería poder escalar hasta cuatro veces su tamaño actual. El orden de prioridades al diseñar un galpón debe comenzar por el sistema de camas, que define la infraestructura necesaria, seguido por la ventilación y luego el flujo de vacas, personas, equipos y —fundamentalmente— dinero.

La meta productiva es clara: crecer hasta los 40 litros por animal para que el sistema sea económicamente sustentable.

 

Camas de compost: ventajas, errores frecuentes y mantenimiento

 

El brasileño Adriano Seddon, socio director de Cowcooling y pionero del primer compost en Brasil (2012), compartió su experiencia sobre estabulación en camas de compost, destacando los ajustes clave para que el sistema funcione correctamente.

 

 

 

 

Entre los aspectos fundamentales, señaló la importancia de bebederos accesibles y fácilmente lavables, mayor espacio en la línea de comida para reducir comportamientos agresivos y mejorar la ingesta, y el uso intensivo de ventiladores para activar el proceso de compostaje.

La principal ventaja del sistema es la liberación de calor que genera la cama viva. Sin embargo, aclaró que no es la opción ideal para todos los tambos: en las condiciones climáticas promedio de la principal región lechera argentina, el freestall puede ser más conveniente, tal como ocurre en el sur de Brasil.

En cuanto al mantenimiento, indicó que se deben recambiar entre 3 y 6 m³ de cama por año, con remoción mecánica al menos dos veces por día. Su mensaje fue directo: «Cuidar la cama es como cuidar a las vacas, porque las camas están vivas.»

Sobre las prioridades de encierro, propuso este orden: vacas de preparto y secas primero, luego posparto y enfermas, y a continuación el resto de las categorías.

 

Drylot: rentabilidad y manejo en la región semiárida

 

Juan Monge, asesor, consultor y docente universitario, cerró el primer bloque con un análisis de los sistemas drylot, que continúan expandiéndose en la región semiárida de Córdoba.

 

 

Dentro de los elementos clave del sistema, destacó los comederos anchos y profundos, fáciles de limpiar, con pistas que permitan la circulación de maquinaria. Los arrimadores de comida favorecen la alimentación continua, menor selección y mayor productividad. Las aguadas deben estar a menos de 100 metros de comederos y camas.

Un punto crítico del manejo es la gestión de efluentes y la limpieza sistemática de las pistas: al menos tres veces por día. El objetivo es evitar la acumulación de materia orgánica que retenga agua ante las lluvias.

Su conclusión fue categórica: «Los drylot son económicamente rentables». Con baja inversión inicial y flexibilidad para crecer o adaptarse, son una alternativa viable. Pero su éxito depende de algo no negociable: «Nada funciona si no tenemos protocolos de manejo», con planificación y disciplina.

 

 

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Fuente: Todo Lechería