Franco Segura, al frente del centro Mainumbi, preparó a Delrahue Fijón, un ejemplar neuquino de seis años, hasta convertirlo en el Gran Campeón de la 138.ª Exposición Rural. Detrás de la cucarda, meses de trabajo silencioso y una tradición familiar que ya lleva cuatro generaciones.
Buenos Aires, lunes 3 agosto (PR/26)–Hay premios que se ganan en la pista y otros que se construyen mucho antes, en el silencio de los entrenamientos diarios. Eso fue lo que hizo Franco Segura, entrenador oriundo de Tandil, cuando llevó a un caballo criollo hasta el título más importante de la raza en el país.
En la pista central de la 138.ª Exposición Rural de Palermo, Segura se consagró con la cucarda de honor al Gran Campeón en la categoría Macho Castrado de la raza Criolla. Un logro que corona meses de trabajo y confirma el nivel del centro de doma que dirige.
Un caballo neuquino, entrenado en Tandil
El protagonista quedrúpedo fue Delrahue Fijón, un ejemplar de seis años perteneciente a la Cabaña Catatun, propiedad de la criadora neuquina María Eugenia Sebastiano Rambeaud. Aunque nació lejos de Tandil, fue allí donde completó toda su preparación.
Convertir a un caballo en campeón no es tarea de un fin de semana. Exige meses de entrenamiento, un manejo cuidadoso de la alimentación y el descanso, y un acondicionamiento físico pensado para que el animal llegue a Palermo en su mejor versión.
Una tradición que ya va por la cuarta generación
El centro Mainumbi, ubicado cerca de la Base Aérea de Tandil, no llegó a este resultado de casualidad. Detrás hay una tradición familiar ligada a los caballos que hoy transita ya su cuarta generación, algo que explica la solidez del trabajo mostrado en Palermo.

El Gran Campeón es el galardón más alto que entrega la muestra y funciona como un respaldo directo al trabajo conjunto de criadores, propietarios y entrenadores. Para Tandil, significa además poner el nombre de la ciudad en el podio de la ganadería nacional.
Palermo, la vidriera más exigente de la raza
La participación de los caballos criollos volvió a ser uno de los grandes atractivos de la muestra, con competencias morfológicas y funcionales, remates y actividades organizadas por la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos, que año tras año convoca a los principales referentes del sector.
El logro de Segura y de Delrahue Fijón confirma, una vez más, que la genética y el trabajo de campo argentino siguen dando que hablar en el escenario más exigente de la ganadería nacional, y que Tandil tiene mucho para decir en ese terreno.

















