Un relevamiento de CRA y la Sociedad Rural del Valle de Uco confirma lo que los productores ya sienten en el bolsillo: producir vid cuesta más de lo que se recupera. De cada $100 invertidos, solo vuelven 62. El resto se pierde en el camino.
Buenos Aires 13 julio (PR/26)–Hay un número que resume, mejor que cualquier discurso, lo que está pasando en el Valle de Uco, Mendoza: producir una hectárea de vid demanda hoy una inversión cercana a los $7.050.000, pero el ingreso que recibe el productor apenas llega a los $4.400.000.
La cuenta, hecha así, no cierra. El resultado es un quebranto de $2.650.000 por hectárea, lo que significa que el productor solo logra recuperar el 62% de lo que invierte. El 38% restante, directamente, se pierde.
Un dato que preocupa a todo el sector
El número surge de la recorrida productiva que el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Carlos Castagnani, realizó junto a la Sociedad Rural del Valle de Uco.
Lo acompañaron Mario Leiva y Claudio Giusti, además de dirigentes locales que se reunieron en la Cooperativa Vitivinícola San Carlos Sud para analizar de cerca la situación del sector.
Durante los encuentros, quedó en evidencia algo que los productores vienen advirtiendo hace tiempo: la pérdida de competitividad ya no es una alarma aislada, sino una tendencia que compromete el futuro de una de las economías regionales más importantes del país.
Costos que suben y precios que no acompañan
El problema, en el fondo, es simple de entender aunque difícil de resolver: la estructura de costos sigue en alza, mientras los precios que reciben los productores por su cosecha no alcanzan para cubrir la inversión necesaria para producir.
Es importante aclarar que estos $7.050.000 corresponden exclusivamente a los costos operativos de una campaña: mano de obra, insumos, labores, energía, combustible, cosecha y acarreo.
En esa cifra no está incluido el valor de la tierra, las inversiones en infraestructura, las amortizaciones ni ninguna rentabilidad sobre el capital invertido. Es decir, la pérdida real podría ser todavía mayor.
Entre los componentes que más pesan sobre el bolsillo del productor aparecen la mano de obra, los insumos agrícolas, la energía, el combustible, la maquinaria, la cosecha y el acarreo. Todos, con aumentos sostenidos que golpean directamente la rentabilidad.
Una radiografía que se repite en el resto del país
Desde CRA remarcaron que esta situación no es exclusiva de la vitivinicultura mendocina. Es, en realidad, un espejo de lo que atraviesan numerosas economías regionales en distintos puntos del país.
Cuando producir cuesta cada vez más y deja cada vez menos, las consecuencias no tardan en aparecer: se desalientan las inversiones, se frena el crecimiento del sector y se pone en riesgo algo mucho más profundo que un balance contable.
Se pone en riesgo el arraigo, el empleo y el desarrollo de las comunidades del interior productivo.
El reclamo de fondo: previsibilidad y competitividad
Frente a este panorama, la entidad volvió a insistir en la necesidad de avanzar en políticas públicas que mejoren las condiciones para producir.
Entre los pedidos concretos aparecen la reducción de la carga impositiva, la eliminación de los costos distorsivos y la creación de herramientas que devuelvan previsibilidad a las economías regionales.
“Los productores necesitan condiciones para ser competitivos. No puede naturalizarse que trabajar durante todo un año signifique producir a pérdida”, señalaron desde CRA al finalizar la recorrida por el Valle de Uco.
Y cerraron con una frase que resume el espíritu de todo el relevamiento: “Defender a las economías regionales es defender el empleo, el arraigo y el desarrollo del interior productivo argentino”.
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Fuente: CRA / Sociedad Rural del Valle de Uco
















