Mientras los titulares advierten sobre la sombra de la estanflación y el conflicto en Medio Oriente, el corazón del capitalismo —el S&P 500— late con una fuerza nunca antes vista. Con ganancias que duplican los trimestres anteriores y una tecnología imparable, el mercado nos está dando una lección: las empresas sólidas valen más que las dudas macroeconómicas.

Buenos Aires, miércoles 13 de mayo (PR/26) .- El mundo parece fracturado, pero Wall Street está de fiesta. Esta es la paradoja del 2026 que los inversores de corto plazo no logran procesar, pero que los grandes fondos ya están monetizando. El cierre de la semana pasada nos dejó una señal inequívoca: el Nasdaq y el S&P 500 en máximos históricos no son una burbuja; son el resultado de una temporada de balances que ha pulverizado cualquier expectativa conservadora.

El motor imparable de la rentabilidad

¿Cómo es posible que con un sentimiento del consumidor en mínimos históricos (48,2 puntos) las acciones sigan subiendo? La respuesta está en la eficiencia. Nueve de los once sectores del S&P 500 están ganando más dinero que el año pasado. El sector tecnológico y de comunicaciones está creciendo por encima del 50% anual. No estamos invirtiendo en «la economía americana», estamos invirtiendo en máquinas de generar efectivo que han aprendido a navegar la inflación.

El factor Ormuz y el alivio energético

La volatilidad del crudo ha sido el gran «cuco» de este mes. Sin embargo, el reciente retroceso del WTI hacia los USD 96 tras el acercamiento diplomático entre EE. UU. e Irán es oxígeno puro. Si el acuerdo de 15 puntos se concreta, la presión sobre el IPC cederá y veremos un colapso en los rendimientos de los bonos del Tesoro, lo que por definición impulsará aún más la valoración de las acciones.

El momento es ahora

Es cierto, los datos laborales muestran debilidad y los salarios reales se estancan. Pero para el inversor, esto significa una sola cosa: la Reserva Federal no podrá mantener una postura contractiva por mucho más tiempo. Con la llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Fed esta semana, el mercado anticipa un liderazgo renovado que podría priorizar el aterrizaje suave sobre la ortodoxia ciega.

La microeconomía está de festejo porque las empresas son más fuertes que los gobiernos. Mientras el consumidor duda, los números hablan: un crecimiento proyectado del 22% en los beneficios para los próximos tres trimestres. Quien espere a que el IPC sea del 2% para comprar, se perderá la mayor expansión de márgenes de la década.

Nota del analista: La clave esta semana será la inflación de abril. Un mal dato puede generar un ruido temporal, una «oportunidad de compra» en el suelo (dip), antes de que la realidad de los balances corporativos vuelva a poner al mercado en modo ascenso. No mires el surtidor de gasolina, mira el flujo de caja.

 

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Fuente: Cohen  Weekly Noticias y Mercados