A través de la digitalización masiva de millones de especímenes y el uso estratégico de sistemas de aprendizaje automátdico, la ciencia global acelera la conservación de la biodiversidad, de plantas y hongos, que dejan de estar aislados en las colecciones científicas y se abren a más expertos.

 

 

 

 

Buenos Aires martes 7 julio(PR/26)–La crisis climática y el desarrollo acelerado imponen un reto contrarreloj para la ciencia. Frente a estas amenazas, expertos globales señalan que la digitalización de las colecciones biológicas se ha convertido en una herramienta indispensable.

 

 

Experiencias en Brasil y Honduras demuestre que el acceso virtual a estos archivos permite identificar con precisión qué especies requieren mayor prioridad de conservación y documentar de forma rigurosa la pérdida de biodiversidad derivada del avance urbano e industrial.

Durante siglos, millones de especímenes de plantas y hongos recolectados en todos los rincones de la Tierra permanecieron resguardados en herbarios físicos, accesibles únicamente para un reducido grupo de especialistas.

 

Los investigadores advierten que todavía existe un enorme vacío de conocimiento sobre cuántas especies existen realmente, dónde se encuentran y cuáles son las amenazas que enfrentan. Foto: cortesía Kew Gardens

 

Hoy, la transformación digital está convirtiendo estos históricos almacenes en recursos abiertos y globales para investigadores de todo el planeta, democratizando el conocimiento científico en favor de la vida silvestre.

 

El valor de estandarizar la información

 

Uno de los pilares fundamentales de esta transición es la capacidad de generar información estandarizada, comparable y de alta calidad.

Esto permite a las naciones optimizar y rediseñar sus estrategias de monitoreo y conservación. La magnitud de la crisis actual demuestra que ningún país ni institución puede enfrentar este desafío de manera aislada, volviendo la colaboración internacional un requisito obligatorio.

 

 

La inteligencia artificial como aliada y desafío

 

En este nuevo panorama, la inteligencia artificial (IA) emerge como un motor de aceleración sin precedentes, permitiendo integrar enormes volúmenes de datos y proyectar modelos ecológicos a velocidades asombrosas.

Herramientas como los sistemas de aprendizaje automático facilitan la identificación de grupos botánicos difíciles de distinguir, agilizan las tareas taxonómicas y liberan tiempo para que los expertos se concentren en el descubrimiento de especies completamente nuevas.

 

 

Sin embargo, los científicos advierten que la tecnología no es una solución mágica por sí sola. La conservación real de la inmensa mayoría de las especies silvestres depende directamente de los acuerdos y el tejido sociocultural de las comunidades locales y sus gobernantes, quienes deben validar e implementar los soportes técnicos en territorio.

 

Resultados tangibles a escala global

 

Instituciones de prestigio mundial, como el jardín botánico Kew Gardens, han completado hitos históricos al digitalizar más de 7.4 millones de especímenes micológicos y botánicos.

Este esfuerzo monumental ya rinde frutos concretos: en Costa Rica, la combinación de registros físicos y digitales incrementó en casi un 20 % la diversidad de hongos conocida, mientras que en Honduras reveló que el 33 % de las plantas identificadas en áreas protegidas no estaban incluidas en los planes oficiales de manejo.

 

Los sistemas de aprendizaje automático pueden ayudar a identificar grupos de plantas difíciles de distinguir. Foto: cortesía Kew Gardens

 

La era digital abre las puertas a datos y herramientas sin precedentes, ofreciendo una visión rica y emocionante para el futuro de la biodiversidad y permitiendo que la comunidad científica global actúe con un impacto más rápido y certero que nunca.

 

 

 

 

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Fuente: Mongabay Latam