Kamar Galíndez, un abogado de 53 años, quedó sepultado bajo los restos del Hotel Chipi’s Beach en La Guaira tras el doble terremoto que sacudió a Venezuela. Sobrevivió con el brazo fracturado y una certeza que no lo abandona: la Virgen lo protegió en el peor momento de su vida.
Buenos Aires domingo 12 julio (PR/236)–El miércoles 24 de junio, feriado por la Batalla de Carabobo, Kamar Galíndez se encontraba en el último piso del Hotel Chipi’s Beach, en Playa Grande, listo para su entrenamiento diario.
A las 6:05 de la tarde, la calma se rompió de golpe. Dos terremotos consecutivos sacudieron el edificio con una violencia que nadie esperaba.
Segundos que lo cambiaron todo
“El piso se parte e inmediatamente lo que veo es como medio edificio se va inclinando hacia adelante”, recordó Kamar en diálogo con ACI Prensa. La parte donde él estaba se desplomó en vertical.

“Sentí el vacío en los pies y lo siguiente fue ya estar atrapado en los escombros”, contó, todavía visiblemente conmovido por lo vivido aquella tarde.
Ante la inminencia de la muerte, su mente viajó al Cristo de la Misericordia que se le apareció a Santa Faustina Kowalska. “Señor, ten misericordia”, repitió mientras el edificio caía.
Atrapado, pero con vida
Kamar nunca perdió el conocimiento. Quedó enterrado en los escombros, aprisionado por una viga que le aplastaba el pecho y con el brazo izquierdo fracturado.
A su alrededor, los gritos de otras personas atrapadas se mezclaban con el polvo y la confusión del derrumbe. Su cabeza había quedado libre, mirando al cielo.

En medio del pánico, pidió calma a través de la oración: “Papá Dios, ayúdame a salir de aquí. Dame calma y dime qué tengo que hacer”, imploró.
Minutos después —que a él se le hicieron eternos— un hombre que había subido sobre los escombros logró liberarlo y ayudarlo a salir con vida.
“La Medalla Milagrosa me salvó”
Kamar bajó del edificio por sus propios medios. Al ver la magnitud de la tragedia, entendió que salir prácticamente ileso fue, para él, un milagro.
Siempre devoto de la Virgen de la Medalla Milagrosa, llevaba al cuello una cadena con un crucifijo y una medallita. Durante el derrumbe, la cadena se rompió sin que él lo notara.
Camino a su residencia, también destruida, unos jóvenes le brindaron los primeros auxilios y le guardaron el reloj en el bolsillo del short para poder inmovilizarle el brazo.

Ahí ocurrió lo inexplicable: la medalla rota apareció enganchada en el cierre de su short. “Esa fue la que me salvó”, les dijo a los jóvenes que lo asistían.
“No tengo la menor duda. Absolutamente”, respondió sin titubear cuando se le preguntó si de verdad cree que su vida fue salvada por la intercesión de la Virgen.
Un país herido que no pierde la esperanza
Para Kamar, la experiencia dejó una enseñanza que trasciende lo personal: “en la mayor adversidad, empiezas a verlo en lo más básico, porque lo más básico se convierte en imposible”.
“Cuando lo más básico es imposible y lo logras, uno dice: solo Dios puede lograrlo”, reflexionó, agradecido por el mayor don que recibió: la vida.
Su historia se suma a los innumerables testimonios de dolor y solidaridad que dejó la tragedia en un país golpeado, pero que se aferra a la fe para seguir adelante.
Hasta la publicación de esta nota, la cifra oficial de fallecidos por el doble terremoto en Venezuela asciende a 3.535, con 16.740 heridos reportados. Organizaciones independientes estiman que decenas de miles de personas permanecen desaparecidas.
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Fuente: ACI Prensa















