Un pionero taiwanés de la IA advierte que la competencia tecnológica mundial se parece cada vez más a una guerra y pide que la Santa Sede, como referente moral, ayude a lograr un respiro para la humanidad.

 

 

 

 

Buenos Aires 20 julio (PR/26)–La inteligencia artificial no es un invento de unos pocos genios encerrados en un laboratorio. Según el profesor Lee Lin-Shan, uno de los pioneros del sector, se trata en realidad de una gran obra colectiva.

Detrás de cada avance hay, en sus palabras, el conocimiento acumulado y el esfuerzo de generaciones enteras. La tecnología, dice, toma prestado de una civilización entera de saberes para poder funcionar.

 

Esta popular frase atribuida al científico y teórico de origen alemán adquiere una relevancia especial en el contexto de la educación, el avance de la Inteligencia Artificial (IA) y el desarrollo de

 

Lee lleva desde 1979 enseñando en la Universidad de Taiwán, y fue justamente él quien logró, por primera vez, que una máquina pudiera leer y transcribir el mandarín. Ese trabajo terminó siendo la base de buena parte de las aplicaciones que hoy usamos en el celular.

 

Una carrera que cada vez se parece más a una guerra

 

Para el científico, casi todos los que trabajan en IA empezaron con una intención noble: mejorar la vida de la sociedad. El problema es que ese impulso original quedó atrapado en una lógica de competencia global.

Lee lo compara directamente con un campo de batalla: solo gana quien llega más lejos, y por eso nadie quiere frenar. El desarrollo avanza a una velocidad que, admite, resulta difícil de asimilar incluso para los propios expertos.

 

El papa León XIV ha reflexionado sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación, subrayando la necesidad de formar a los estudiantes en el pensamiento crítico, la búsqueda de la

 

«Temo que nadie quiera detenerse y dejar a los demás la posibilidad de ganar», reconoce el profesor, en una frase que resume bien el dilema de fondo: frenar puede sentirse, para una empresa o un país, como quedarse atrás para siempre.

El propio Papa León XIV tocó esta idea en su encíclica Magnifica humanitas, donde describe la disputa tecnológica actual como una nueva versión de la Torre de Babel: potencias que quieren conservar su primacía frente a otras que buscan conquistarla.

 

¿Impuestos, pausas o un llamado desde Roma?

 

Muchos ingenieros ya perciben los efectos secundarios negativos de la IA sobre la sociedad, y por eso trabajan en volver estos sistemas más interpretables, confiables y controlables. El desafío, dice Lee, es que se trata de un problema interdisciplinario, intercultural e internacional a la vez.

Una idea que circula es pedir una pausa temporal en el desarrollo tecnológico. Pero Lee no cree que eso vaya a suceder: ni las empresas ni los países quieren arriesgarse a quedar rezagados frente a sus competidores.

 

La IA: beneficios y riesgos - El prisma

 

Por eso propone algo más realista: que los gobiernos usen su poder regulatorio y fiscal para cobrar más impuestos a las industrias que más ganan con la IA, y usar ese dinero para ayudar a quienes pierden su empleo por la automatización.

Aun así, admite que esta salida tiene un costo: cualquier país que suba impuestos a su industria de IA corre el riesgo de volverla menos competitiva frente al resto del mundo. Por eso ningún gobierno se anima a dar el primer paso en solitario.

La propuesta final del profesor apunta entonces a otro lugar: un llamado internacional que empuje a todos los actores a coordinarse. Y ahí es donde entra el Vaticano.

Como institución con autoridad moral reconocida en todo el mundo, la Santa Sede podría, según Lee, dar ese primer paso que nadie más se anima a dar: convocar a quienes realmente tienen poder de decisión para que busquen, juntos, soluciones realistas.

 

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«El Vaticano puede ser una institución capaz de desempeñar ese papel», concluye el científico, dejando abierta una pregunta que ya empieza a discutirse en foros internacionales: la reciente Declaración de Roma, firmada por premios Nobel, líderes religiosos y ex jefes de Estado, va en esa misma dirección.

 

 

 

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Fuente: Vatican News