La inflación se derrumbó del 25% mensual a menos del 2%, pero el empleo privado no acompaña: perdió 235 mil puestos entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. El Gobierno relanza su agenda de reformas, aunque todavía faltan las dos más pesadas: la impositiva y la previsional.
Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26)–La macroeconomía respira aliviada, pero el mercado de trabajo no. Mientras la estabilización se consolida y la tormenta financiera queda cada vez más atrás, crece un reclamo distinto: generar empleos de calidad.
Los números lo confirman. La inflación bajó del 25% mensual en diciembre de 2023 a menos del 2%, con tendencia decreciente. Pero en el camino inverso, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 el empleo privado registrado perdió 235 mil puestos.
Ese contraste no es un detalle menor. El malestar que genera un mercado laboral que no repunta puede erosionar el sustento político del programa económico, algo especialmente sensible de cara a las elecciones del año próximo.
Las reformas vuelven a acelerar
Después de las elecciones del año pasado, el Congreso había mostrado señales positivas en el proceso de reformas estructurales. El hito más importante fue la sanción de la Ley de Modernización Laboral.
Pero las controversias en torno al jefe de Gabinete frenaron el envión. El ritmo y la secuencia de las reformas volvieron a desalinearse con las urgencias del programa económico.
El recambio en Jefatura de Gabinete abre ahora una ventana distinta. No se trata solo de una renovación de funcionarios: aparece como la oportunidad de retomar el impulso reformista, con varios gobiernos provinciales dispuestos a jugar un rol más activo.
A los proyectos que ya están en tratamiento se suma ahora un paquete con foco en el sector financiero: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que derogaría los cambios de 2012 y volvería a reglas similares a las de los años 90.

El objetivo central de esa iniciativa es prohibir el uso del Banco Central para financiar excesos de gasto. En la misma línea se anunció un proyecto de reglas fiscales de emergencia para cuando el sector público acumule varios meses de desequilibrio, además de cambios en el mercado de capitales y en los seguros.
¿Con esto alcanza?
La necesidad de dinamizar el empleo ya no se discute. Lo difícil es responder cómo lograrlo: ¿qué instrumentos existen realmente para revertir un deterioro tan crónico y profundo?
Un PBI que crezca más y de manera más pareja entre sectores es una condición necesaria. Pero no alcanza frente al intenso proceso de reconversión que atraviesa la producción argentina.
Es revelador que incluso sectores en expansión, como la intermediación financiera y los hidrocarburos, muestren caída del empleo. La destrucción de puestos ya no es un problema exclusivo de la industria, la construcción o el comercio.
La explicación de fondo es que, con estabilidad y más competencia, las empresas atraviesan un proceso de adaptación para bajar costos y ganar productividad. Eso, en muchos casos, implica destruir empleo.
Es un proceso tan necesario como costoso: eliminar las ineficiencias que se acumularon durante años de alta inflación y baja competencia es clave. Pero subestimar su costo social —y político— es un riesgo real.
El crédito, el fisco y la reforma que falta
En términos generales, el camino para dinamizar el empleo de calidad pasa por construir más rápido un entorno favorable a la producción, eliminando los factores que traban la generación de puestos de trabajo.
Esa es la vía para lograr un crecimiento más alto y más parejo entre sectores, moderando al mismo tiempo el costo social de la reconversión. No toda la destrucción de empleo responde a ineficiencias insalvables; buena parte responde a un entorno que sigue conspirando contra la producción.
En ese sentido, el paquete de reformas anunciado va en la dirección correcta. Su columna vertebral es fortalecer la confianza en que el equilibrio fiscal no es negociable, algo que junto con los cambios en seguros y mercado de capitales apunta a expandir el crédito.

Ampliar el crédito es clave para dinamizar la producción, en especial en los sectores más golpeados, y facilitar su reconversión. Pero incluso si el Congreso aprueba rápido estos proyectos, queda pendiente el tema más pesado: la reforma previsional.
Ninguna regla fiscal, por estricta que sea, será sostenible si no se ordena el sistema previsional, tanto en Nación como en las provincias. La historia enseña que sin ese respaldo cualquier regla termina revertida: la propia autonomía del Banco Central, perdida en 2012, es prueba de eso.

El crédito ayuda, pero no alcanza solo. Falta además una reforma esencial y transversal: la impositiva. Buena parte de los proyectos que hoy no son rentables lo son por el peso de una carga tributaria distorsiva.
Las iniciativas anunciadas ayudan a sostener el rumbo. Pero aun si se instrumentan rápido, no bastan para recuperar la capacidad de generar empleos de calidad. El camino hacia un mercado laboral sano todavía tiene varios tramos por recorrer.
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Fuente: ieral

















