El especialista en agroclimatología Eduardo Sierra analiza cómo evolucionará “El Niño” durante la campaña 2026/2027, con lluvias desparejas, calores intensos y crecidas en los grandes ríos del Cono Sur.
Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26) — El Océano Pacífico atraviesa el desarrollo de un nuevo episodio de El Niño que, según distintas fuentes, podría transformarse en uno de los más intensos de la historia reciente.
Sin embargo, hasta el momento el fenómeno se concentra sobre la costa americana, donde la anomalía térmica llega a los +3,2°C y da lugar al llamado El Niño Costero, que golpea a Perú y Ecuador.
En el centro del océano, la zona conocida como Niño 3.4, la anomalía es bastante más moderada: ronda los +1,5°C, un valor que se mantiene dentro de los parámetros típicos y que está lejos de justificar la etiqueta de evento “súper” que repiten muchos medios.

A esto se suma que lo que resta del invierno seguirá bajo la fuerte influencia de la circulación polar, con el clásico vaivén entre vientos húmedos del sudeste, que traen nubosidad y lluvias, y vientos fríos y secos del Pacífico, que limpian el cielo pero disparan el riesgo de heladas.
Por eso, todo indica que El Niño se impondrá de manera gradual, y que recién alcanzará su plena vigencia hacia el inicio de la primavera.
Invierno 2026: dos climas conviviendo en tensión
Durante este invierno, El Niño avanzó de a poco, sin lograr todavía imponerse sobre los factores locales que siguen marcando el ritmo del clima regional.
Las entradas de aire frío y húmedo desde el Atlántico dejaron cielos nublados y lluvias de intensidad variable sobre el este del Cono Sur, con los suelos ya saturados y numerosas zonas bajo anegamiento.
En paralelo, el aire frío que baja desde el sudoeste golpea primero la Cordillera y luego ingresa como Pampero, frío y seco, elevando el riesgo de heladas sobre buena parte de Argentina, Uruguay, el este de Paraguay y el sur de Brasil.

Recién en las últimas semanas empezaron a notarse los primeros efectos de El Niño, con nevadas más intensas en la Cordillera y lluvias importantes en la Alta Cuenca del Plata, que ya inician una tendencia de crecida en los grandes ríos.
A medida que avance la estación, la circulación tropical irá desplazando a la polar, aportando aire cálido y húmedo que reactivará las lluvias, sobre todo hacia el nordeste, aunque con menor fuerza en el oeste.
Primavera 2026: El Niño toma el control
Al arrancar la primavera, la circulación tropical terminará de imponerse y las tormentas cordilleranas perderán frecuencia e intensidad, lo que facilitará el ingreso de aire cálido desde el norte, aunque todavía podrían registrarse heladas tardías en el sur de la región Pampeana y Uruguay.
El foco de lluvias, ubicado sobre el norte de la Mesopotamia, se expandirá hacia el este de Paraguay, el Chaco, buena parte de la región Pampeana, el sur de Brasil y Uruguay, con posibilidad de aguaceros torrenciales.Esto complicará las labores en el campo, elevará la presión de plagas y enfermedades, y podría reactivar los anegamientos en la Cuenca del Salado, además del riesgo de crecidas en los grandes ríos.

Una particularidad de esta temporada es que, a diferencia de lo que suele ocurrir en El Niño, zonas como el NOA, el oeste de Paraguay, Cuyo y el oeste pampeano no recibirían lluvias por debajo de lo normal, sino registros normales o incluso por encima de la media, aunque con temperaturas muy elevadas que exigirán más agua a los cultivos y pasturas.La buena disponibilidad de humedad, en tanto, evitará que se adelanten los calores extremos.
Verano 2027: el pico del fenómeno
El verano será el momento de mayor fuerza de El Niño, con las tormentas cordilleranas en su nivel más bajo y una reducción del ingreso de aire polar hacia el continente.
Las lluvias se concentrarán en el sur de Brasil, el Litoral y el norte de la Mesopotamia, alimentando las cuencas del Paraná y el Uruguay con riesgo de fuertes crecidas e inundaciones ribereñas, mientras Cuyo y el sur pampeano recibirán aportes moderadamente superiores a lo normal, suficientes para agravar los anegamientos en la Cuenca del Salado. Las tareas de campo enfrentarán dificultades y la presión sanitaria será alta, aunque el buen nivel de humedad en el suelo mantendrá los calores en un rango moderado.
Otra vez, el NOA, el oeste de Paraguay y Bolivia se apartarán del patrón típico de El Niño, con lluvias cercanas a lo normal, aunque el fuerte calor elevará la demanda de agua y generará déficits moderados a altos.
Hacia el final de la estación, el regreso de los vientos polares traerá heladas tempranas, sobre todo en el oeste y en el sur de la región Pampeana y Uruguay.
Otoño 2027: el fenómeno se retira, pero deja su huella
El otoño marcará el comienzo del final de El Niño, aunque, por efecto acumulativo, sus consecuencias serán más intensas entre mediados y fines de la estación.
Las tormentas cordilleranas volverán a activarse, facilitando el ingreso de aire polar frío y seco, con riesgo de heladas en gran parte del área agrícola, mientras el reencuentro entre masas de aire tropical y marítimo podría generar temporales prolongados.

Las lluvias seguirán concentradas en el sur de Brasil, el Litoral y el norte de la Mesopotamia, con el riesgo de inundaciones ribereñas llegando a su punto máximo y fuertes complicaciones para la cosecha gruesa.
Cuyo y el sur pampeano continuarán con aportes moderados que podrían sostener los anegamientos en zonas bajas, mientras el NOA y el oeste de Paraguay seguirán con lluvias cercanas a lo normal; la baja estacional de las temperaturas, en cambio, ayudará a recuperar el equilibrio hídrico.
Un Niño fuerte, pero no el “fenómeno del siglo”
Todo indica que la campaña 2026/2027 transcurrirá bajo un episodio de El Niño de intensidad considerable, aunque circulan versiones alarmistas que lo comparan con los eventos más extremos de los últimos 140 años.
Por ahora, el fenómeno avanza con fuerza pero sin llegar a esos extremos, por lo que esas versiones lucen exageradas; de todos modos, al no existir indicadores concluyentes para confirmarlas o descartarlas, el consejo es mantener un monitoreo cuidadoso de su evolución.

















