En Peñas Blancas, a 30 kilómetros de Catriel, doce vecinos formaron una cooperativa que apostó a un cultivo poco conocido en la Argentina. Hoy transforman cáñamo en ladrillos ecológicos y sueñan con cambiar la forma en que se construyen las casas en la Patagonia.

 

 

 

Buenos Aires, Sabado 15 agosto (PR/26)–En un campo regado por el río Colorado, a solo treinta kilómetros de Catriel, doce personas —cuatro mujeres y ocho hombres, la mayoría menores de 40 años— decidieron apostar por un cultivo que hasta hace poco era casi un tabú en la Argentina: el cáñamo industrial.

Se llaman Cooperativa Quatrifinio y trabajan la tierra en el paraje rural de Peñas Blancas. Empezaron con agricultura tradicional, lombricultura y aromáticas, pero en los últimos años sumaron algo distinto: una planta que promete convertirse en material de construcción.

La noticia llega después de una capacitación reciente en Catriel, dictada por Fernando Peñi Saavedra, especialista de Agrómera, que reunió a profesionales del sector para hablar de un tema que crece con fuerza: la unión entre la agroecología y la bioconstrucción.

 

Una historia que empieza con una prohibición

 

La Argentina cultivó cáñamo hasta la década del 70, en la provincia de Buenos Aires. Pero la dictadura militar lo prohibió en 1977, cuando metió en la misma bolsa a las variedades industriales, medicinales y psicoactivas y arrasó con todo lo que existía.

Antes de esa prohibición, hubo un antecedente insólito: en 1795, Manuel Belgrano, como secretario del Consulado de Buenos Aires, había recomendado fomentar el cultivo de lino y cáñamo para reducir la dependencia de las importaciones textiles y navales.

 

 

Casi dos siglos después, el país vuelve a mirar esta planta. Con una ley sancionada hace dos años y licencias que empezaron a otorgarse hace apenas doce meses, el cáñamo reaparece en el mapa productivo argentino, aunque todavía con un obstáculo grande: el 97% de las semillas que se usan hoy son importadas.

«En cinco años estaremos con semillas full Argentina», asegura Peñi Saavedra, aunque aclara que hasta entonces habrá que seguir con el fitomejoramiento y adaptar cada variedad a la biorregión donde se planta, ya que todavía no existe producción a gran escala ni abastecimiento masivo de materia prima.

 

¿Qué es exactamente el cáñamo?

 

La ley considera cáñamo al Cannabis sativa L. que no supera el 1% de THC, la molécula psicoactiva. Por eso requiere controles analíticos constantes durante el cultivo: si el porcentaje se pasa de la raya, toda la producción debe incinerarse.

 

 

En la capacitación de Catriel, que contó con apoyo municipal y la presencia de funcionarios entre los cincuenta asistentes, Peñi Saavedra repasó los usos posibles de la planta: fibra, grano, cañamiza y biomasa. También destacó dos virtudes que la vuelven tan atractiva: su rapidez de cosecha, de solo tres a cuatro meses, y sus propiedades de aislamiento y resistencia al fuego.

 

De una hectárea prestada a un sueño cooperativo

 

Quatrifinio nació formalmente en 2022, aunque el grupo ya trabajaba junto desde un año antes. Todo empezó con un acuerdo de cesión de una hectárea familiar a la vera del río Colorado. Hoy trabajan cuatro hectáreas y tienen margen para llegar a diez.

En junio de 2023 obtuvieron el permiso del Instituto Nacional de Semillas (INASE) y desde entonces avanzaron con ensayos de cáñamo de fibra adaptados a las condiciones de suelo y agua de la zona. Comprobaron algo clave: las aguas del río Colorado, con mayor electroconductividad y carga mineral, no afectan negativamente al cultivo.

 

 

«Vemos que hay un potencial grande. Empezamos con una hectárea de cáñamo, pero vamos a ampliar», cuenta Kevin González, presidente de la cooperativa, que hoy integran doce socios.

 

Ladrillos hechos de planta: el hemcrete

 

A partir de los talleres y de sus propios ensayos, los cooperativistas empezaron a procesar y revalorizar los subproductos de la planta. Usan la cañamiza —la parte leñosa del tallo— combinada con cal y agua para elaborar prototipos a pequeña escala de hemcrete, también llamado hormigón de cáñamo.

Se trata de un material que se destaca como aislante térmico y acústico y que además funciona como regulador de humedad. No es poca cosa en una región donde el clima exige mucho a cualquier vivienda.

 

 

El objetivo de la cooperativa no pasa únicamente por la construcción: buscan darle valor a un subproducto que, de otro modo, terminaría en el compostaje. Es una forma de que nada del cultivo se pierda.

 

Del compost a la construcción sustentable

 

Para escalar la producción de bloques ecológicos, Quatrifinio trabaja junto a organismos como el INTI y el INTA, además de áreas municipales y provinciales, vínculos que el grupo agradece y valora especialmente.

También se presentaron a convocatorias como el programa provincial Desafíos Rionegrinos, que ofrece financiamiento de hasta 40 millones de pesos por proyecto para soluciones vinculadas a la construcción con cáñamo.

 

El ciclo del cultivo y su rendimiento

 

El cáñamo es una planta anual que se siembra después de las últimas heladas, entre septiembre y octubre. El cáñamo de fibra tiene un ciclo de apenas tres meses, mientras que el de grano o doble propósito necesita alrededor de cinco.

 

 

Los números impresionan: una sola hectárea de cultivo equivale a unos treinta y cinco metros cuadrados de pared. Con ese rendimiento, la cooperativa rionegrina empieza a demostrar que el cáñamo puede ser una herramienta real de desarrollo local.

 

Tres usos que ya se están probando

 

El hemcrete, la mezcla de cañamiza, cal y agua, se usa para hacer ladrillos ecológicos o construcciones in situ, como encofrados y paredes monolíticas. En la Argentina, los talleres prácticos permiten adaptar las fórmulas internacionales a las cales que se consiguen localmente.

Los paneles de fibra aislante se emplean de forma parecida a la lana de vidrio, para techos y paredes. Ya existen experiencias iniciales de tableros tipo OSB hechos con cañamiza, desarrollados junto al INTI.

Y por último, los pisos y revestimientos, que se logran prensando la planta junto a un ligante natural o sintético que aglutina la cañamiza.

 

La universidad también se sube al proyecto

 

La Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), a través de la Subsecretaría de Extensión de la Sede Alto Valle – Valle Medio, puso en marcha este segundo semestre una Diplomatura en Cáñamo Industrial: Desarrollo Productivo, Procesamiento y Usos.La propuesta, organizada junto a la Fundación Gen, tiene una modalidad híbrida, con instancias virtuales y presenciales, y una carga horaria total de 212 horas.

Está pensada para ingenieros agrónomos, técnicos, especialistas en alimentos y biotecnología, emprendedores y cualquier persona interesada en el tema.

La dirección académica está a cargo de la licenciada Natalia Stafetta, junto a un equipo interdisciplinario que refleja algo que ya se nota en el campo: el cáñamo dejó de ser una curiosidad y empieza a convertirse en una cadena productiva con futuro en la Patagonia.

 

 

 

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Fuente: rionegro