El gobierno de Brasil reconoció que Argentina y Uruguay venden leche en polvo a precios tramposos, pero decidió no frenar las importaciones. Una medida que busca cuidar el bolsillo a corto plazo, pero que golpea al corazón de la producción local.

Buenos Aires, jueves 4 de junio (PR/26) .- El comercio internacional tiene reglas claras: se puede competir, pero no se puede hacer trampa. Cuando un país vende un producto por debajo de su costo real para ganar un mercado, comete una falta grave llamada dumping.

Esto es exactamente lo que el propio Gobierno Federal de Brasil comprobó que están haciendo Argentina y Uruguay con la leche en polvo. Sin embargo, en una decisión que desconcierta al sector productivo, las autoridades decidieron congelar los castigos y permitir que esa leche siga entrando libremente.

La Federación de Agricultura y Ganadería del Estado de Santa Catarina (FAESC) levantó la voz de inmediato, y con justa razón. No estamos hablando de un debate técnico entre economistas; estamos hablando del sustento de miles de familias rurales en una de las regiones lácteas más importantes del país.

Hacer la vista gorda ante esta situación bajo la excusa del «interés público» o de cuidar las relaciones diplomáticas del Mercosur es un error de cálculo peligroso. ¿El motivo? Se está sacrificando la sostenibilidad a largo plazo de nuestros productores por un beneficio que, en la realidad, el consumidor apenas va a notar.

Según datos de la Confederación Nacional de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA), la leche en polvo representa apenas el 0,2% de la canasta con la que se mide la inflación. Castigar la trampa comercial no iba a disparar el costo de vida de los brasileños, ni iba a afectar el precio de la leche común de caja o de los quesos.

Mientras tanto, en las góndolas y en las industrias, los productores locales se ven obligados a competir contra precios importados que vienen con distorsiones de hasta un 60%. Es una pelea de David contra Goliat, pero con las manos atadas por nuestro propio gobierno. De hecho, en lo que va de 2026, las importaciones ya alcanzaron un récord histórico.

Si competir con precios artificialmente bajos desincentiva la inversión y funde a los tamberos locales, mañana no habrá producción nacional que nos salve. La defensa comercial no es un privilegio para unos pocos; es la garantía de que el esfuerzo del productor brasileño valga lo mismo que el de afuera. La economía no se cuida desprotegiendo a los que trabajan la tierra.

 

Primicias Rurales
Fuente: Marcos Bedin , MB comunicaciones y Gerardo Grosso