El Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN) presentó un innovador sistema de cálculo y gestión ambiental para productos de crucíferas. La iniciativa busca mejorar la toma de decisiones y avanzar hacia una producción más sostenible y alineada a estándares internacionales.
Buenos Aires, viernes 27 marzo (PR/26) — En un contexto global donde la sostenibilidad dejó de ser una opción para convertirse en una exigencia, el sector agroindustrial argentino dio un paso significativo. Este 26 de marzo, el PACN, junto a las Bolsas de Cereales y Comercio fundadoras y diversas empresas del sector, lanzó oficialmente nuevas herramientas de cálculo y gestión de huella de carbono por producto para la Mesa de Crucíferas.
El evento, realizado de manera virtual, reunió a más de 60 participantes interesados en mejorar la medición y gestión del impacto ambiental en esta cadena productiva.
¿Qué es la Mesa de Crucíferas?
La Mesa de Crucíferas es un espacio sectorial de trabajo dentro del PACN que reúne a empresas y actores vinculados a la producción, industrialización y comercialización de cultivos como la colza (canola) y otras especies de la familia de las crucíferas.
Su objetivo es desarrollar herramientas, metodologías y buenas prácticas comunes que permitan medir, reducir y comunicar la huella de carbono de estos productos, fortaleciendo su posicionamiento en mercados internacionales cada vez más exigentes en materia ambiental.
Las crucíferas más utilizadas en cultivos extensivos y de gran importancia económica incluyen la colza o canola (Brassica napus), principal oleaginosa del grupo, junto con diversas variedades de coles, nabo, mostaza y rábano. Son cultivos de invierno, resistentes al frío y valorados por su alto rendimiento, versatilidad nutricional y manejo agronómico.
Ocho meses de trabajo y validación técnica
El desarrollo de estas herramientas fue el resultado de un proceso de ocho meses de trabajo colaborativo. Cinco empresas miembro —representando distintos eslabones como producción primaria, provisión de insumos e industria— participaron como casos testigo, validando tanto el calculador como los manuales técnicos.
El sistema fue diseñado por la consultora FIDA y coordinado por el PACN, garantizando rigurosidad metodológica y aplicabilidad real en el sector.
Qué mide el calculador y cómo funciona
El corazón de esta iniciativa es un calculador de huella de carbono basado en el análisis de ciclo de vida, que permite evaluar emisiones en distintas etapas del proceso productivo. En concreto, contempla cuatro unidades funcionales:
1 tonelada de grano en campo
1 tonelada de grano en acopio intermedio
1 tonelada de pellet (coproducto)
1 tonelada de aceite (producto principal o coproducto)
El sistema está alineado con estándares internacionales como las normas ISO 14040, 14044 y 14067, el GHG Protocol y normas IRAM, lo que asegura comparabilidad y credibilidad global.
Además, fue diseñado para un uso autónomo, permitiendo que los usuarios carguen datos en tres instancias clave: producción primaria, producción de alimento balanceado y producción animal.
Innovación: carbono en suelo y ahorro de emisiones
Una de las características más destacadas es la posibilidad de calcular remociones de carbono en el suelo, ya sea mediante mediciones propias o estimaciones basadas en metodologías de la FAO y el IPCC.
También incorpora el análisis de forestaciones de servicio, cada vez más relevantes en estrategias de captura de carbono.
A nivel internacional, la herramienta marca un hito: es la primera del PACN alineada con la EU RED, lo que permite estimar el ahorro de emisiones respecto del uso de combustibles fósiles, un dato clave para acceder a mercados internacionales exigentes.
Buenas prácticas y conexión global
Complementando el calculador, se presentó un Manual de Buenas Prácticas Ambientales, que reúne acciones concretas de mitigación relevadas tanto en empresas miembro como a nivel internacional.
Este manual vincula las prácticas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los indicadores del Global Reporting Initiative (GRI), facilitando la comunicación con inversores, clientes y organismos públicos.
Acceso gratuito y apuesta al cambio
Desde el PACN destacaron que el enfoque central es mejorar la calidad de la información para impulsar decisiones estratégicas que contribuyan a la mitigación del cambio climático.
Las herramientas ya están disponibles de manera gratuita para todos los actores productivos del país, mediante solicitud directa al programa.
Un paso hacia una agroindustria más sostenible
El lanzamiento posiciona al sector de crucíferas como un actor proactivo frente a los desafíos ambientales. Medir, gestionar y reducir la huella de carbono ya no es solo una ventaja competitiva, sino una condición clave para integrarse a los mercados del futuro.
Con esta iniciativa, Argentina refuerza su camino hacia una producción más transparente, eficiente y sustentable.
Vale la pena considerar que: medir la huella de carbono en la agricultura y en cultivos como las crucíferas sirve para cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de todo el proceso productivo, permitiendo identificar puntos críticos, optimizar insumos, reducir costos y mejorar la sostenibilidad, al tiempo que se cumple con exigencias comerciales.
También:
Acceso a mercados y valor agregado: Las empresas y los consumidores valoran cada vez más los productos con un menor impacto ambiental certificado.
Mitigación del cambio climático: El cálculo permite diseñar estrategias para alcanzar un «net zero» o balance neutro de emisiones.
Eficiencia económica: Al optimizar el uso de energía y fertilizantes para bajar la huella, también se reducen los costos de producción
La deforestación volvió al centro del debate global, y con razón. Los datos más recientes confirman una tendencia persistente: la expansión agropecuaria, y especialmente la ganadería bovina, sigue siendo el principal motor de pérdida de bosques tropicales. En ese mapa, Brasil ocupa un lugar protagónico, con la Amazonía como epicentro de una tensión que ya no es solo ambiental, sino también económica y geopolítica.
Buenos Aires, viernes 27 de marzo (PR/26) .- La discusión sobre la deforestación volvió al centro del debate global con datos cada vez más contundentes: la expansión agropecuaria —y en particular la ganadería bovina— sigue siendo el principal motor de pérdida de bosques tropicales.
En ese escenario, Brasil ocupa un lugar central, no solo por la magnitud del fenómeno sino porque refleja, en escala, un dilema que atraviesa a toda América del Sur.
Los números son difíciles de relativizar. La ganadería explica cerca del 80% de la deforestación en la Amazonía en los últimos años, y la carne vacuna aparece como el producto individual más asociado al cambio de uso del suelo a nivel global. No se trata de un fenómeno marginal ni reciente: es la consecuencia acumulada de décadas de expansión sobre territorios forestales.
Sin embargo, reducir el problema a una condena simplista sobre Brasil —o sobre el sector agropecuario— no solo es injusto, sino también ineficaz.
Una demanda que no es local
La expansión de la frontera agropecuaria no ocurre en el vacío. Responde a una demanda global sostenida:
crecimiento poblacional
aumento del consumo de proteínas
mercados internacionales cada vez más integrados
Buena parte de la carne y la soja que se producen en Brasil terminan en países como China o en bloques como la Unión Europea. Es decir, la deforestación no puede entenderse sin considerar el rol de los consumidores globales.
América del Sur produce, en gran medida, para el mundo.
El modelo ganadero bajo presión
El problema no es la ganadería en sí, sino su forma de expansión.
En regiones como la Amazonía, el patrón dominante ha sido históricamente extensivo:
baja productividad por hectárea
alta demanda de tierra
avance sobre bosque nativo
Esto convierte a la carne vacuna en un producto con una huella territorial particularmente alta. Pero también abre una puerta: es uno de los sectores con mayor margen de mejora.
Países como Argentina —aunque con realidades distintas y menor presión sobre bosques tropicales— enfrentan un debate similar: cómo aumentar la producción sin expandir la frontera agropecuaria.
Avances recientes, pero insuficientes
En los últimos años, Brasil mostró señales de mejora, con caídas en la deforestación en algunos períodos recientes. Pero los niveles siguen siendo elevados y, sobre todo, volátiles.
El problema de fondo persiste:
incentivos económicos para desmontar
debilidades en el control territorial
cadenas productivas con trazabilidad incompleta
A esto se suma un factor crítico: la degradación forestal y los incendios, que amplifican el daño más allá de la deforestación directa.
El riesgo de un debate mal planteado
Plantear la discusión en términos de “producción vs. ambiente” es una trampa.
Demonizar al agro:
desconoce su rol en la seguridad alimentaria global
simplifica un problema estructural
dificulta la construcción de soluciones reales
Pero negar el impacto ambiental:
posterga decisiones urgentes
agrava los costos futuros
compromete la sostenibilidad del propio sistema productivo
La clave está en salir de esa falsa dicotomía.
Productividad, trazabilidad y reglas claras
Las soluciones no son desconocidas, pero requieren escala y consistencia:
Intensificación productiva: más carne por hectárea, menos presión sobre bosques
Trazabilidad completa: garantizar cadenas libres de deforestación
Ordenamiento territorial efectivo
Incentivos económicos alineados con la conservación
Compromisos internacionales realistas
En este punto, regulaciones impulsadas por actores como la Unión Europea pueden jugar un papel relevante, aunque también generan tensiones comerciales.
Una responsabilidad compartida
La Amazonía no es sólo un problema brasileño. Es un sistema clave para el equilibrio climático global.
Por eso, la responsabilidad también es global:
productores que deben mejorar prácticas
gobiernos que deben hacer cumplir reglas
mercados que deben exigir estándares
consumidores que deben entender el impacto de sus decisiones
Conclusión
La relación entre ganadería y deforestación en Brasil expone una verdad incómoda: el mundo demanda más alimentos, pero el planeta tiene límites.
América del Sur está en el centro de esa tensión. Y lo que ocurra en la Amazonía en los próximos años no solo definirá el futuro ambiental de la región, sino también la viabilidad de su modelo productivo.
La pregunta ya no es si producir o conservar.
La única pregunta relevante es cómo hacer ambas cosas al mismo tiempo.
Hasta el 29 de marzo se evaluará la situación de estas especies en busca de preservar los patrones migratorios y prevenir la pérdida de biodiversidad.
Buenos Aires, 24 marzo (PR/26) . – La 15ª Conferencia de las Partes de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (COP15) se celebra desde este lunes en la ciudad brasileña de Campo Grande, en el estado de Mato Grosso do Sul, con la participación de representantes de más de 130 países.
Hasta el 29 de marzo, más de dos mil participantes debatirán los desafíos y las soluciones para la conservación de las especies migratorias, sus hábitats y sus rutas de migración, en este evento presidido por el Secretario Ejecutivo del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático, João Paulo Capobianco.
Brasil constituye un corredor crucial para numerosas especies migratorias, ya que funciona como área de descanso, alimentación y reproducción. En este contexto, el debate internacional llama a las 133 partes de dicha convención a evaluar la situación de estas especies y adoptar decisiones conjuntas para preservar los patrones migratorios y prevenir la pérdida de biodiversidad.
Ampliación de áreas protegidas en el Mato Grosso y en Minas Gerais
Durante su participación, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció la ampliación de áreas protegidas en el bioma del Pantanal y defendió un compromiso internacional con la biodiversidad, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas.
«El mundo ya no necesita más promesas. Necesita acciones efectivas para proteger la biodiversidad y garantizar el futuro de las próximas generaciones», afirmó el mandatario.
Las medidas anunciadas por el Gobierno brasileño incluyen la ampliación del Parque Nacional del Pantanal Matogrossense y de la Estación Ecológica de Taiamã, en el estado de Mato Grosso, así como la creación de la reserva Córregos dos Vales do Norte de Minas Gerais.
Además, Lula también hizo un llamado a la cooperación internacional para proteger especies migratorias que dependen de múltiples territorios a lo largo de sus rutas.
«No tiene sentido que un país proteja una especie si, al cruzar la frontera, esa misma especie queda desprotegida. La preservación exige responsabilidad compartida», dijo.
¿Qué es la COP15?
Al igual que la COP30 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebró en Belém, en el estado de Pará, la CMS COP15 es el máximo órgano de toma de decisiones de un tratado multilateral de las Naciones Unidas.
En ambos casos, el formato “COP” reúne a los países signatarios com el fin de revisar avances, actualizar compromisos y definir prioridades para el siguiente período. La diferencia radica en el enfoque de cada convención: mientras que la COP30 se ocupa de los objetivos climáticos globales, la CMS COP15 está dedicada exclusivamente a la conservación de las especies migratorias y sus rutas de migración. Es la única convención global consagrada de manera exclusiva a este tema.
¿Qué son las especies migratorias?
Las especies migratorias se desplazan de un lugar a otro en determinadas épocas del año, siguiendo patrones generalmente regulares, cíclicos y previsibles. Este comportamiento ocurre en todos los grandes grupos animales, incluidos mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces e insectos.
Una especie migratoria se define como aquella cuya población, o parte de ella, cruza fronteras internacionales a lo largo de su ciclo de vida. Esto implica que su protección depende de la cooperación entre distintos países.__IP__
Estos desplazamientos responden a múltiples factores, como la búsqueda de alimento y agua, condiciones térmicas más favorables y lugares seguros para la reproducción. Los patrones migratorios varían considerablemente entre especies. Las tortugas marinas, por ejemplo, recorren largas distancias de manera solitaria, cruzando océanos enteros, mientras que otras especies migran en grandes grupos.
Actualmente, 1.189 especies migratorias están protegidas en el marco del Convenio sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS), entre ellas 962 aves, 94 mamíferos terrestres, 64 mamíferos acuáticos, 58 especies de peces, 10 reptiles y 1 insecto, muchos de los cuales transitan por Brasil.
En el Día Internacional de los Bosques, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, se destaca la importancia de estos ecosistemas para la vida, la economía y el equilibrio ambiental, así como la urgencia de su conservación.
La Rioja, sábado 21 marzo (PR/26) — Cada 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de los Bosques, una fecha proclamada en 2012 por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de concientizar sobre la importancia de su cuidado, restauración y conservación. Este año el lema es «Bosques y Economía».
Esta efeméride invita no sólo a reflexionar sobre el valor de los ecosistemas forestales, sino también a visibilizar las graves consecuencias de su pérdida.
En este marco, por ejemplo, el Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)promueve esta jornada como una instancia clave para la educación ambiental, la sensibilización y la puesta en valor de los bosques, en especial los bosques nativos. Entre ellos, los algarrobales ocupan un lugar fundamental como patrimonio natural y cultural de muchas regiones áridas de Argentina.
IAMRA tiene su sede principal en la provincia de La Rioja, donde desarrolla actividades de investigación y docencia vinculadas a los ecosistemas de montaña y regiones áridas.
Algarrobal
Bosques y economía: mucho más que recursos
El lema de este año, “Bosques y economías”, destaca el rol esencial que cumplen los bosques en la prosperidad económica a nivel local, nacional e internacional. Sin embargo, su valor trasciende ampliamente la producción de bienes como miel, frutos o madera.
Los bosques sostienen la agricultura familiar, mejoran la productividad de los suelos y garantizan el equilibrio de los ecosistemas. Además, brindan servicios ecosistémicos indispensables: protegen el suelo de la erosión, regulan el ciclo del agua, capturan carbono —contribuyendo a mitigar el cambio climático— y albergan una enorme biodiversidad de especies vegetales, animales y microorganismos.
A nivel global, se estima que los bosques cubren aproximadamente el 31% de la superficie terrestre y albergan más del 80% de la biodiversidad terrestre del planeta. También son fuente de sustento directo para más de 1.600 millones de personas, especialmente en comunidades rurales.
La amenaza de la deforestación
A pesar de su importancia, los bosques están desapareciendo a un ritmo alarmante. La expansión de la frontera agropecuaria, el crecimiento urbano y el desarrollo de infraestructura son algunas de las principales causas de la deforestación.
Sus consecuencias son profundas: pérdida de biodiversidad, degradación del suelo, alteraciones en los ciclos hídricos y una mayor intensificación del cambio climático. Además, los bosques degradados son más vulnerables a incendios, lo que agrava aún más estos procesos.
La forestación
La conservación de los bosques no solo implica proteger los remanentes existentes, sino también promover activamente la forestación y reforestación con especies nativas, una estrategia clave para recuperar ecosistemas degradados y fortalecer la resiliencia ambiental.
En Argentina, distintas iniciativas han demostrado que la restauración forestal puede mejorar la calidad del suelo, favorecer la biodiversidad y generar oportunidades económicas sostenibles para las comunidades locales.
Por ejemplo, en la provincia de Misiones se desarrollan programas de reforestación con especies nativas como el lapacho y el guatambú, orientados a recuperar la selva paranaense y reducir la fragmentación del hábitat.
En regiones áridas, como La Rioja y San Juan, la forestación con algarrobos (Neltuma spp.) cumple un rol fundamental en la lucha contra la desertificación. Estas especies, adaptadas a condiciones extremas, ayudan a fijar el suelo, mejorar la infiltración del agua y proporcionar sombra, alimento y recursos a las comunidades rurales.
Asimismo, en la Patagonia, provincias como Chubut impulsan proyectos de restauración de bosques andino-patagónicos afectados por incendios, reintroduciendo especies como la lenga y el ñire.
Estas acciones evidencian que la forestación, cuando se planifica con criterios ecológicos y participación local, no sólo contribuye a mitigar el cambio climático mediante la captura de carbono, sino que también fortalece los vínculos entre sociedad y naturaleza, garantizando la sostenibilidad de los territorios a largo plazo.
Bosques invisibles: el caso de las regiones áridas
En los ecosistemas áridos, esta problemática suele pasar desapercibida. Muchas veces, estos bosques son subestimados debido a que sus recursos no generan las mismas rentabilidades económicas que otros sistemas forestales más densos.
Un ejemplo claro es el valle Antinaco–Los Colorados, en la provincia de La Rioja. Hacia mediados del siglo XIX, esta región albergaba una de las mayores masas de algarrobales de la ecorregión del Monte, con unas 309.000 hectáreas. Sin embargo, actividades como la minería, la expansión del ferrocarril y la explotación forestal redujeron estos bosques a fragmentos aislados.
Hoy, estos ecosistemas relictos —dominados por especies como Neltuma flexuosa (algarrobo negro) y Neltuma chilensis— siguen siendo fundamentales para las comunidades locales, ya que proveen alimentos, forraje, madera y energía.
Una mirada desde la investigación
La licenciada Sofía Valentina Lizárraga, docente investigadora del IAMRA – UNdeC, (Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas de la Universidad Nacional de Chilecito, La Rioja) destaca que:
“Reconocer el valor ecológico, social y económico de estos bosques —especialmente en regiones áridas— es un paso fundamental para promover su conservación. Es urgente avanzar hacia un ordenamiento forestal que combine conservación, restauración y uso sustentable, garantizando que estos ecosistemas continúen brindando sus beneficios a las generaciones presentes y futuras.”
Un compromiso con el futuro
Bosque nativo
La conservación de los bosques no es sólo una cuestión ambiental, sino también social y económica. Avanzar hacia modelos de desarrollo que integren la protección de estos ecosistemas es clave para enfrentar los desafíos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
En este Día Internacional de los Bosques, el mensaje es claro: cuidar los bosques es cuidar la vida. Porque allí donde crece un bosque, también florece la esperanza.
La Fundación Vida Silvestre Argentina trabaja de manera ininterrumpida hace 18 años por la restauración de la selva misionera. Logró plantar más de 270.000 árboles nativos trabajando de la mano y con el compromiso de 260 familias rurales.
Buenos Aires, 17 de marzo (PR/26) .- Puerto Iguazú. 17marzo de 2026. La restauración de la selva misionera avanza como una estrategia clave para recuperar la biodiversidad y mejorar la calidad de vida de las comunidades locales. En ese camino, la Fundación Vida Silvestre Argentina, en el marco del proyecto “Restaurando la selva misionera por las personas y la naturaleza”, continúa impulsando acciones para fortalecer corredores biológicos esenciales para la conservación de especies como el yaguareté y para preservar servicios ambientales fundamentales, como el acceso al agua.
Entre 2008 y 2025, junto a familias de pequeños y medianos productores rurales, Vida Silvestre logró iniciar el proceso de restauración de más de 820 hectáreas de selva, mediante la plantación de más de 270.000 árboles nativos y gracias al compromiso de 260 familias rurales de la provincia de Misiones.
“Durante todos estos años el trabajo en restauración estuvo marcado por un proceso continuo de aprendizajes, tanto para nosotros como organización como para las familias que se fueron sumando. Hoy, con 18 años de experiencia, logramos abordar la restauración de manera integral: desde la recolección de semillas y la producción de plantines en nuestro vivero ‘Andrés Johnson’ de la Reserva de Vida Silvestre Urugua-í, pasando por la evaluación de áreas prioritarias para la restauración, hasta el acompañamiento a las familias y la plantación en terreno”, explicó Lucía Lazzari, coordinadora de biodiversidad de Fundación Vida Silvestre Argentina.
Además de recuperar áreas degradadas, el trabajo incluye el fortalecimiento de las actividades productivas de las familias. En conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Municipalidad de San Pedro, el proyecto impulsa la implementación de sistemas agroforestales, que combinan especies nativas con cultivos, especialmente en plantaciones de yerba mate. Este enfoque permite generar paisajes más diversos y sostenibles, mejorando al mismo tiempo la productividad de las chacras.
Las acciones también contemplan mejoras en el acceso al agua para consumo familiar y productivo. A través de intervenciones simples en vertientes naturales, se protege la fuente de agua y se instalan sistemas de captación, canalización y bombeo que garantizan un abastecimiento seguro y sustentable.
Para fortalecer capacidades locales, se realizaron más de 30 capacitaciones técnicas vinculadas a la producción de yerba mate, ganadería, horticultura, apicultura y restauración forestal. Estos espacios buscan promover prácticas productivas más amigables con el ambiente, conservar el bosque nativo existente y recuperar áreas clave del paisaje, contribuyendo a que las chacras sean más resilientes frente al cambio climático.
Trabajo sostenido para recuperar corredores de biodiversidad
La Fundación Vida Silvestre Argentina trabaja desde hace 18 años en iniciativas de restauración en Misiones, basadas en investigaciones científicas que destacan la necesidad de recuperar corredores biológicos fundamentales para la conservación de la biodiversidad, como el yaguareté, en la selva misionera.
Los primeros esfuerzos se concentraron en el municipio de Comandante Andresito, fortaleciendo el corredor que conecta los Parques Provinciales Urugua-í y Guardaparque Horacio Foerster. Desde 2020, las acciones se expandieron al municipio de San Pedro, con el objetivo de mejorar la conectividad ecológica entre el Parque Provincial Cruce Caballero, el Parque Provincial Piñalito y la Reserva de Biósfera Yabotí.
La recuperación y fortalecimiento de estos corredores es clave para que las especies puedan desplazarse, alimentarse y reproducirse. Al mismo tiempo, conservar y restaurar la selva contribuye a proteger servicios ecosistémicos esenciales para las comunidades de la región, como la provisión de agua y la regulación del clima.
En paralelo, Vida Silvestre viene realizando aportes concretos al sistema de áreas protegidas de la provincia con el objetivo de fortalecer la conectividad de remanentes de selva y corredores biológicos en Misiones. Mediante la compra y donación de tierras, en los últimos años alcanzaron un total de 543 hectáreas adquiridas para conservación: 465 hectáreas donadas a la provincia de Misiones, que fueron anexadas a parques provinciales, y 78 hectáreas a la Administración de Parques Nacionales.
“La pérdida de los bosques no sólo afecta a la biodiversidad, también impacta directamente en la vida de las personas. Los bosques brindan servicios ecosistémicos esenciales: ayudan a mitigar el cambio climático, sostienen la seguridad alimentaria y aportan al desarrollo económico de las comunidades. Restaurarlos significa recuperar su funcionalidad ecológica y, al mismo tiempo, mejorar la calidad de vida de quienes habitan estos paisajes”, destacó Lucía Lazzari.
Acerca de Vida Silvestre
La Fundación Vida Silvestre Argentina es una organización no gubernamental, de bien público y sin fines de lucro, creada en 1977. Su misión es proponer e implementar soluciones para conservar la naturaleza, promover el uso sustentable de los recursos naturales y una conducta responsable en un contexto de cambio climático. Desde 1988 está asociada y representa en la Argentina a WWF, una de las organizaciones independientes de conservación más grande del mundo, presente en 100 países. Para más información: www.vidasilvestre.org.ar
Un grupo de científicos argentinos logró reducir el estrés de los cultivos gracias a la Nanotecnología
Buenos Aires, domingo 15 de marzo (PR/26) .- Fueron reconocidos como caso de éxito en el espacio de ArgenINTA de Expoagro por haber logrado consolidar una fase comercial desde el desarrollo del laboratorio en el marco del proyecto AgTech.AR, un ecosistema de innovación del agro argentino.
En el corazón de la pampa húmeda y en el marco de Expoagro 2026, emerge una historia que combina innovación, sostenibilidad y espíritu emprendedor de clase mundial. Cycle F, una empresa agrotecnológica argentina, está captando la atención de los sectores de negocios, campo y emprendedurismo con el lanzamiento de su producto más reciente: un bioestimulante nanotecnológico que está redefiniendo la productividad de los cultivos frente al estrés que sufren, problema cada vez más frecuente como consecuencia del cambio climático.
Cycle F nace de la convergencia estratégica de profesionales con décadas de experiencia en ingeniería ambiental, biotecnología, agronomía y gestión empresarial. El equipo central está compuesto por más de 8 profesionales, liderados por Rodrigo Pontiggia, director general, co-founder y referente internacional con más de 20 años desarrollándose en negocios innovadores de ingeniería ambiental, junto con equipo de alto nivel y con una trayectoria combinada en sectores críticos.
Con una inversión inicial de más de USD 100.000 para su creación y un objetivo de ventas para 2026 de USD 920.000, Cycle F se propone además lanzar 3 productos de su línea nanotecnológica antes de fin de año. Su cartera de tecnologías incluye otros productos innovadores como los fertilizantes órganominerales, con los que apuntan además a un mercado mundial de fertilizantes de 400 mil millones de dólares. Buscan liderar los nichos organomineral y nanotecnológico, los cuales se esperan crezcan exponencialmente en los próximos 5 años.
Al día de hoy, Cycle F está llevando al mercado productos con tecnologías que han sido respaldadas por la comunidad científica internacional y publicadas en múltiples revistas
internacionales como Nature, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. En esta línea, la empresa ha trabajado en el desarrollo de sus tecnologías con el apoyo de investigadores del CONICET.
Asimismo en agosto de 2025, Cycle F firmó un convenio marco clave con la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, una de las instituciones académicas más prestigiosas de América Latina, el cual le abrió la puerta para un trabajo conjunto y continuo en desarrollo de fertilizantes organominerales y bioestimulantes.
Y tal como destacó Jorge Gambale, director nacional de agricultura en el marco de Expoagro, “Cycle F ya transcendió el laboratorio, y su tecnología está siendo adoptada por grandes productores agrícolas, con quienes trabajan continuamente en ensayos de campo”.
Sequías, heladas y pérdidas: El enemigo invisible de los productores
Cycle F identificó en la agricultura moderna un gran desafío: no poder controlar ni con tractores ni insumos tradicionales la creciente variabilidad climática. En los últimos años, Argentina ha experimentado una serie de eventos climáticos extremos que han tenido un impacto directo y severo en la producción agrícola.
La sequía histórica del período 2022-2023, considerada la más severa en 100 años, y los eventos de la campaña 2024-2025, han diezmado las cosechas de los principales cultivos del país. La falta de precipitaciones, combinada con altas temperaturas, ha sido el principal factor de las pérdidas agrícolas.
La campaña 2022-2023 fue particularmente catastrófica, con caídas en la producción de hasta un 54% en el caso de la soja. *(debajo cuadro de referencia)
“Sequías, olas de calor, heladas y condiciones ambientales impredecibles generan un estrés constante en los cultivos, conocido técnicamente como estrés abiótico, limitando su rendimiento y amenazando la rentabilidad del productor.
Una planta estresada reduce su eficiencia fisiológica, es decir, su capacidad para realizar la fotosíntesis, absorber nutrientes y, en definitiva, generar rendimiento. El resultado es una brecha entre el potencial genético del cultivo y la cosecha que realmente se obtiene”, explica Pontiggia.
Para hacer frente a esta problemática, Cycle F ha elegido la vidriera más importante del campo argentino como es Expoagro, para presentar oficialmente Nano Power al mercado.
Se trata de un bioestimulante nanotecnológico avanzado que fortalece a las plantas contra el estrés climático impulsando su productividad.
La innovación central de Nano Power radica en su escala nanométrica, que permite una interacción mucho más eficiente con la planta, logrando activar una respuesta fisiológica que fortalece al cultivo con dosis muy bajas.
En palabras de Pontiggia, “los beneficios de Nano Power son tangibles y directos y con un rendimiento comprobado. Realizamos ensayos de campo exhaustivos en Argentina, demostrando la eficacia del producto en condiciones reales con resultados contundentes e incrementos de rendimiento comprobados. Pudimos cuantificar respuestas positivas en más del 90 % de los casos en los que se aplicó el producto, llegando a medir incrementos de hasta 32% en condiciones severas. Esto refleja la adaptabilidad de Nano Power a diferentes contextos y manejos agronómicos”.
Además de su capacidad para ayudar a los cultivos a enfrentar el estrés climático, el producto incorpora otro atributo que comienza a despertar interés entre productores y técnicos: su efecto detoxificante cuando se aplica en combinación con fitosanitarios que contribuye a mejorar la capacidad metabólica de la planta, reduciendo el estrés químico asociado a las aplicaciones de herbicidas y fungicidas, permitiendo que el cultivo mantenga su actividad fisiológica.
La alta eficiencia de Nano Power no sólo tiene un impacto a nivel fisiológico, sino que también genera ventajas operativas y logísticas revolucionarias. Al requerir dosis muy bajas, se reduce el volumen de producto a transportar y almacenar, optimizando la logística para productores y distribuidores. Con un kit que ocupa 32 x 15 x 24 cm, se puede preparar un caldo para aplicar hasta 40 hectáreas.
Además, su compatibilidad con sistemas de aplicación modernos, incluyendo drones, lo posiciona como una herramienta de vanguardia para la agricultura de precisión.
Cycle F representa una nueva generación de emprendimientos agrotecnológicos argentinos que combinan innovación científica, un equipo de clase mundial y un modelo escalable de negocio. «El futuro de la producción de alimentos exige más que sostenibilidad. Exige inteligencia, innovación y un compromiso genuino con cerrar los ciclos», resume Pontiggia.
Pero ésta no es la única tecnología que desarrollaron. Cycle F está trabajando además en la próxima generación fertilizantes: los organominerales, que combinan materia orgánica reciclada con nutrientes minerales inorgánicos.
Cultivo Campaña Producción (millones de toneladas) Pérdida vs. Campaña Anterior/Proyección Inicial
Soja 2022-2023 20 -54,3%
Trigo 2022-2023 11,5 -48%
Maíz 2022-2023 36 -39%
Soja 2024-2025 47,5 -5 millones de toneladas vs. proyección inicial
Maíz 2024-2025 46 -6 millones de toneladas vs. proyección inicial
Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario (BCR); CIARA (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina ) y CEC (Centro de Exportadores de Cereales); INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos )
Acerca de Cycle F
Cycle F es una compañía agrotecnológica argentina enfocada en el desarrollo de bioestimulantes de alto valor y fertilizantes organominerales a partir de residuos y biomasa operando bajo un modelo de economía circular. Con un equipo de más de 8 profesionales y asesores, respaldada por validación científica internacional y alianzas estratégicas clave, Cycle F posiciona a Argentina como un actor innovador en la transformación del sector agropecuario global.