Creernos más vivos que la naturaleza es el error que está degradando nuestros suelos

Creernos más vivos que la naturaleza es el error que está degradando nuestros suelos

Inundaciones, suelos compactados y alimentos de menor calidad no son culpa del clima: son consecuencia de ignorar cómo funciona la naturaleza.

Por Ing. Agr. Pedro Adolfo Lobos, Director Ejecutivo de Primicias Rurales

Buenos Aires, sábado 24 de enero (PR/26) .- Durante décadas, la agricultura buscó eficiencia, escala y rapidez. Maquinaria más grande, decisiones más simples, recetas universales. En ese camino, logramos producir más alimentos que nunca. Pero también cometimos un error grave: dejamos de observar cómo funciona la naturaleza y empezamos a creer que podíamos corregirla.

Hoy, los síntomas están a la vista en miles de campos: rendimientos estancados, suelos compactados, raíces superficiales, baja infiltración de agua y una dependencia creciente de insumos químicos para sostener los cultivos. No es casualidad. Es consecuencia directa de sistemas productivos que ignoran los procesos naturales del suelo.

La naturaleza no funciona por atajos. Funciona por equilibrios.

 

La agricultura sin labranza fue pensada como una corrección inteligente a décadas de disturbio excesivo. Menos erosión, más cobertura, mayor actividad biológica y suelos más estables. Pero en muchos casos se la redujo a una consigna: no remover el suelo. Se copió la forma, pero se ignoró el fondo.

El suelo no es un soporte inerte donde se “colocan” cultivos. Es un sistema vivo, dinámico, que responde al tránsito de maquinaria, a la humedad, a la diversidad de raíces y a la actividad biológica. Cuando se elimina la labranza pero se mantiene un modelo de monocultivo, alto tráfico y baja rotación, la compactación no desaparece: se desplaza y se vuelve invisible.

Esa compactación suele ubicarse entre los 5 y 15 centímetros de profundidad. En superficie todo parece correcto: rastrojos, mayor materia orgánica, buena apariencia del cultivo. Pero debajo, el suelo pierde porosidad, se frena la infiltración y las raíces no logran explorar el perfil. El problema no se ve al inicio del ciclo. Aparece cuando llega el estrés hídrico y el cultivo no encuentra agua ni nutrientes en profundidad.

La respuesta habitual a este fracaso no es revisar el sistema, sino agregar más correcciones: más nitrógeno, más fungicidas, más reguladores, más parches. En lugar de prevenir, compensamos. En lugar de entender, forzamos.

La maquinaria agrícola cada vez más pesada, utilizada en momentos inadecuados —como cosechas con alta humedad— acelera este deterioro. El suelo se densifica, la infiltración se corta y el agua se acumula en superficie. Luego nos sorprendemos por anegamientos, pérdidas de plantas y caída de rendimientos.

Creímos que “disturbio cero” era igual a “daño cero”. La realidad es otra: el daño sigue ocurriendo, solo que es más difícil de detectar.

La naturaleza no se equivoca. No improvisa. No responde a dogmas ni a recetas únicas. Cuando no se la observa y no se la respeta, devuelve el mensaje con crudeza. Y ese mensaje hoy es claro: estamos exigiendo más de lo que el suelo puede dar sin devolverle diversidad, tiempo y equilibrio.

No somos más vivos que la naturaleza. Y mucho menos más sabios. La agricultura del futuro no va a depender de máquinas más grandes ni de más productos, sino de volver a leer los suelos, entender los procesos biológicos y diseñar sistemas que trabajen con la naturaleza, no contra ella.

Porque cuando creemos que podemos pasarle por arriba, el costo siempre termina siendo más alto. Lo paga el suelo, lo pagamos todos.

Primicias Rurales,Director Ejecutivo – Ing. Agr. Pedro Adolfo Lobos

Fuentes: Varias

Creernos más vivos que la naturaleza es el error que está degradando nuestros suelos

La tierra como maestra: lecciones del pasado para un futuro habitable

Los juncos se han marchitado en el lago y ningún pájaro canta – Keats 

La historia de las civilizaciones humanas puede leerse también como la historia de su relación con el suelo. Desde los sumerios en Mesopotamia hasta los mayas, los griegos, los romanos y los pueblos ancestrales de América, encontramos un patrón repetido: cuando el suelo fue tratado como un recurso ilimitado y pasivo, la sociedad que dependía de él terminó debilitándose o colapsando.

 

Por el Ing. Agr. Pedro Adolfo Lobos,

Director Ejecutivo de Primicias Rurales

 

Buenos Aires, martes 20 de enero (PR/26) .- Estos casos históricos no deben entenderse como errores de pueblos “menos avanzados”. Al contrario, muchas de estas culturas poseían conocimientos sofisticados para su época. Su caída nos recuerda que el problema no es la falta de inteligencia, sino una forma de pensar que separa al ser humano de la naturaleza y lo coloca por encima de ella.

En la actualidad, esta visión persiste bajo una apariencia más técnica y moderna. El uso intensivo de fertilizantes químicos, pesticidas, monocultivos, manipulación genética y maquinaria pesada ha permitido aumentar la producción a corto plazo, pero al mismo tiempo ha degradado los suelos, contaminado el agua y reducido la biodiversidad. Estas tecnologías son más sutiles que la deforestación antigua, pero sus efectos pueden ser más profundos y difíciles de revertir.

 

El cambio climático agrava esta situación. Un suelo sano actúa como regulador natural del clima, almacenando carbono y agua. Cuando se degrada, pierde esa capacidad, intensificando sequías, inundaciones y la inestabilidad climática. Así, la degradación del suelo no es solo un problema agrícola, sino una amenaza directa a la seguridad alimentaria y a la vida misma.

Desde una perspectiva más profunda, el suelo puede entenderse como la “piel viva” del planeta. No es un objeto inerte, sino un sistema complejo lleno de microorganismos, raíces, agua y energía. Tratarlo con violencia o indiferencia es, en cierto modo, una forma de violencia contra nosotros mismos, ya que nuestra existencia depende de su salud.

Nuestra cultura dominante suele aproximarse a la naturaleza desde la lógica del control y la dominación: vencerla, corregirla, hacerla obedecer. Sin embargo, la historia muestra que la naturaleza no puede ser sometida sin consecuencias. Quizá la verdadera sabiduría no consista en imponer nuestra voluntad, sino en aprender a escuchar, observar y colaborar con los procesos naturales.

Educar en el cuidado del suelo es, por tanto, educar en la humildad. Implica reconocer límites, aceptar la interdependencia y desarrollar una ética del respeto hacia la tierra. Si aprendemos a valorar el suelo no solo como un medio de producción, sino como un aliado vivo, aumentamos nuestras posibilidades de construir un futuro sostenible y digno.

Las civilizaciones del pasado nos dejaron advertencias escritas en tablillas, paisajes erosionados y ciudades abandonadas. La pregunta que hoy se plantea a las nuevas generaciones no es si tenemos la tecnología para evitar el colapso, sino si tenemos la sabiduría para cambiar nuestra relación con la Tierra antes de que sea demasiado tarde.

 

 

Primicias RuralesIng. Agr. Pedro A Lobos

Fuente: Varias

Davos: cuando el púlpito reemplaza al Estado

Davos: cuando el púlpito reemplaza al Estado

La participación de Javier Milei en el Foro de Davos dejó más señales ideológicas que definiciones económicas concretas. En un escenario pensado para evaluar riesgos, inversiones y previsibilidad, el discurso presidencial fue leído como un gesto de alineamiento simbólico sin impacto real sobre la agenda económica argentina.

¿Qué significa Davos?

Por Sergio Marcelo Mammarelli

Buenos Aires, domingo 25 enero (PR/26) – En el lenguaje político, Davos representa el corazón del poder económico global. Es el lugar donde se legitiman modelos económicos,
donde se define qué políticas son “responsables” o “aceptables” y donde se mide quién está “adentro” del sistema global y quién no.

Cuando un presidente va a Davos, no va a convencer, sino que va a mostrar alineamiento, previsibilidad y confiabilidad.

Para la Argentina, Davos funciona como un sello de validación externa, una señal para inversores y organismos internacionales y una foto que dice: “somos parte del mundo que ordena la economía”.

Hay escenarios que no admiten impostura y Davos es uno de ellos. No porque sea virtuoso sino porque es brutalmente concreto. Allí no se va a creer, se va a calcular. No se va a convencer, se va a evaluar riesgos. No se va a escuchar épica, se va a preguntar qué ganamos, qué perdemos y quién paga.

Creo seriamente que, en este contexto y escenario, Javier Milei eligió otra cosa.

Eligió el púlpito. Adelantando mi opinión de lo ocurrido esta semana, el Presidente no fue a Davos a explicar la Argentina que intenta estabilizarse luego de décadas de desorden, ni tampoco fue a describir un plan de inserción  inteligente en un mundo fragmentado.

Fue a dar una homilía ideológica, simplificada, binaria, repetitiva, aburrida, contradictoria y por sobre todo fuera de lugar. Fue a evangelizar y ahí nadie ni quiere ni necesita de ese testimonio de fe. Por todo esto, lo de Milei en Davos, fue un verdadero papelón.

El error de origen: confundir foro con tribuna.

El discurso de Milei partió de una premisa falsa al creer que Davos es un campo de batalla cultural. Davos es un mercado, donde no se debate si el capitalismo es justo sino donde se decide dónde conviene invertir dentro de un capitalismo que, nos guste o no, es regulado, híbrido, imperfecto y profundamente político.

En este contexto, me dio vergüenza ajena cuando Milei invoca la tríada filosofía griega, derecho romano y valores judeocristianos como solución civilizatoria para Occidente. Fue una verdadera infantilización del auditorio.

Acaso algún jefe de Estado europeo, asiáticos y americano necesitan que se les recuerde de dónde viene Occidente? En absoluto. Lo que necesitaban saber es qué hará Argentina con su marco jurídico, cómo protegerá inversiones, qué estabilidad cambiaria puede ofrecer, qué sectores prioriza, cómo manejará su restricción externa y qué horizonte político garantiza continuidad. Y nada de eso apareció en el discurso. Por el contrario, sonó a una introducción de manual escolar.

Cuando Milei recurre a Venezuela como ejemplo del fracaso socialista, incurre en una falacia conocida. Nadie en Davos está pensando en copiar el modelo venezolano. El verdadero debate global no es capitalismo versus socialismo.

Precisamente por ello, afirmar que “el capitalismo de libre empresa es el único sistema justo” no fue ni una tesis audaz ni cautivante. Nadie en Davos cree enl socialismo real, pero tampoco en el libre mercado puro. Por el contrario, creen en sus Estados, en sus bancos centrales, en sus subsidios, en sus regulaciones, en sus intereses nacionales.

Uno de los problemas más graves del discurso de Milei no es lo que dice, sino cómo lo dice. Milei no argumenta, sino que sentencia, declama y condena. De este modo, el capitalismo fue presentado como un sistema moralmente justo por definición. Y en contrapartida, el socialismo más que criticado fue presentado como pecado original. No hay grises, no hay transiciones, no hay contextos.

Precisamente por lo expuesto, el discurso presidencial fue leído como simplificación burda. Todos los que estaban allí saben que la política económica no se mueve en absolutos morales, sino en decisiones económicas y estatales, sino qué grado de Estado, qué calidad institucional, qué regulación, qué protección social y por sobre todo qué modelo productivo la Argentina propone al mundo.

Pero hay algo más torpe todavía. La Argentina no está en condiciones de dar cátedra. Todavía tiene una inflación elevada, pobreza persistente, reservas escasas y un esquema cambiario administrado por necesidad. Dicho de otro modo, hoy Argentina sigue siendo un país en terapia intensiva que pide crédito, tiempo e inversiones.

Milei no habló como Presidente.

Lamentablemente Milei habló como ideólogo, no como Jefe de Estado. Habló como tribuno cultural, para su núcleo duro, pero no para el mundo. El resultado, un monólogo más parecido a una homilía donde debía haber una propuesta.

Nuevamente en Davos vimos al Presidente al desnudo. Mientras el mundo negocia intereses, Milei discute valores. Mientras los Estados arman estrategias, Milei recita catecismos y mientras los líderes buscan reducir incertidumbre, Milei la aumenta con absolutismos.

La más simple corroboración de lo que vengo diciendo es que Davos no abucheó, sino que escuchó en silencio. Y el silencio, en política internacional, no es respeto sino irrelevancia.

La presencia de Milei en Davos sigue siendo vista por analistas como una jugada de posicionamiento político global, más que un indicador de impacto económico real. La pregunta que queda del discurso no es sólo qué dijo Milei, sino qué significado tiene ese discurso para la Argentina 2026: ¿es legitimación internacional o relato divergente de la vida real dentro del país?

En fin, el mundo no necesita profetas, sino que necesita Estados que funcionen y la Argentina, antes de salvar a Occidente, todavía tiene que aprender a salvarse a sí misma.

Especial para Primicias Rurales

Davos: cuando el púlpito reemplaza al Estado

Reforma laboral: Todos mienten. Vos también.

Entre discursos cruzados y negociaciones de cúpulas, la reforma laboral vuelve al centro del debate con promesas de modernización que, según miradas críticas, podrían traducirse en mayor precariedad, menos protección social y un cambio profundo en el rol del Estado frente al trabajo.
Por Sergio Marcelo Mammarelli – Especial para Primicias Rurales
  1. Introducción: Una farsa en horario central

 

Buenos Aires, viernes 30 enero (PR/26) — Como en todo buen culebrón argentino, la reforma laboral tiene buenos, malos, traidores… y espectadores que no entienden el guión.

El Congreso se prepara para debatir una supuesta modernización del sistema laboral, mientras la opinión pública se divide en bandos futboleros: los que «están con el gobierno» y los que «no lo quieren», sin detenerse un segundo a revisar qué se está discutiendo en realidad. Empresarios, sindicalistas, gobernadores, bloques parlamentarios negocian como en una timba. Y los trabajadores, los reales, los de a pie, ni siquiera fueron invitados al circo.

La reforma laboral que se impulsa no tiene como objetivo central mejorar las condiciones del trabajo ni resolver el flagelo de la informalidad. Como advirtió la OIT en su «Panorama Laboral 2023», las reformas que buscan aumentar la «flexibilidad» sin una red de protección social tienden a generar más precariedad, no más empleo digno.

Pero aquí vamos otra vez: una discusión entre cúpulas que venderán sus pactos como un avance histórico.

 

  1. La obsesión empresaria: despedir barato y pagar menos

 

El «costo laboral» es el cuco de siempre. El empresariado nacional no quiere pagar menos porque no pueda, sino porque no quiere cargar con responsabilidades colectivas. Su prioridad, expresada sin pudor, es doble: despedir sin consecuencias judiciales y pagar lo menos posible en cargas sociales. Como dice el jurista italiano Luigi Ferrajoli, «una democracia sin garantías laborales es una democracia de baja intensidad». En nombre de la eficiencia, se pide impunidad.

El modelo que se plantea para reemplazar la indemnización por despido -como el fondo de cese laboral tipo UOCRA- pretende transformar al trabajador en una póliza. La relación laboral deja de ser un vínculo jurídico para convertirse en un contrato de riesgo: si te despido, ya está cubierto. Pero como bien indicó el laboralista argentino Julio Neffa, «la función social del trabajo no puede ser reemplazada por lógicas actuariales.»

 

  1. El “costo laboral” que no es laboral

 

El gran malentendido deliberado: lo que se llama «costo laboral» incluye aportes que no son estrictamente laborales. Se trata de contribuciones a la Seguridad Social: jubilaciones, salud, asignaciones familiares. Reducir estos «costos» implica asfixiar los pilares del Estado de Bienestar. Lo explicaba él mismo Perón, con brutal claridad: «Donde se debilita la Justicia Social, se fortalece el privilegio».

La pregunta clave: si esos aportes desaparecen, ¿quién paga la salud, la vejez, la infancia vulnerable? ¿Lo hará el Estado con impuestos generales? ¿O se pretende que cada individuo se financie su jubilación y su cobertura sanitaria? Es el modelo libertario de la selva: cada quien sobrevive con su bolsillo. Guy Standing, en «El precariado», lo denunció como el «capitalismo de la inseguridad estructural».

 

  1. La mentira fundacional: que esto formaliza a los informales

 

«La reforma permitirá formalizar millones de trabajadores». Falso. El trabajo informal no se formaliza por decreto ni por quitar derechos. Se necesita crecimiento, fiscalización, y políticas activas. Brasil, con la reforma de Temer, prometió lo mismo en 2017. Cinco años después, según el IBGE, más del 40% del empleo sigue siendo informal y aumentaron los subocupados.

La informalidad en Argentina es estructural. Incluye desde cartoneros hasta freelancers con título universitario. No es un problema legal, es económico. Como recuerda Saskia Sassen, «el trabajo expulsado del sistema no desaparece; se reinventa en las orillas de la legalidad». Esta reforma no ataca ese problema: apenas legaliza la precariedad.

 

  1. Sindicatos: guardianes de sus propios privilegios

 

¿Y los sindicatos? Bien, gracias. Las centrales obreras se oponen a algunos aspectos de la reforma, pero defienden con fervor sus cajas: obras sociales, aportes obligatorios, retenciones automáticas. No representan al trabajador informal ni al desocupado. En muchos casos, ni siquiera al registrado. Como denunció Rubén Giustiniani hace más de una década, «el modelo sindical argentino está hecho para administrar poder, no para ampliarlo».

La reforma no los inquieta por su contenido, sino por su impacto en sus finanzas. El conflicto real no es ideológico, es presupuestario. Se pelean por quién administra el botín. El trabajador, como siempre, afuera del despacho.

 

  1. El Estado: el mayor de los farsantes

 

El Estado sabe todo esto. Sabe que la reforma no resolverá la informalidad, ni aumentará el empleo, ni mejorará la productividad. Pero necesita mostrar eficiencia ante los organismos multilaterales. Es el precio del aplauso del FMI, del Banco Mundial, de la OCDE. Cambiar algo para que todo siga igual, como en «El Gatopardo».

Como advertía Hannah Arendt, «cuando todos mienten al mismo tiempo, la consecuencia no es que se acepten las mentiras como verdad, sino que nadie cree ya en nada». Esa es la verdadera crisis: no laboral, sino de sentido. La política se ha convertido en una gestión de ficciones.

 

  1. Todos mienten (y vos también)

 

Todos mienten. Los empresarios, los sindicatos, el gobierno, los opositores. Pero también mentís vos, que creés que esto no te toca. Que total sos monotributista, o independiente, o estás en blanco y esto es un tema de otros. Mentís cuando repetís sin pensar lo que dicen los que tienen micrófono. Mentís cuando decís que no importa.

Esta reforma no es técnica. Es ideológica. Define qué tipo de sociedad queremos: una donde el trabajo sea un derecho o una molestia. Una donde el Estado proteja o se borre. Una donde el mercado tenga límites o se vuelva soberano.

Y si después de leer esto seguís creyendo que es una buena idea… bueno, entonces tené cuidado. Porque la próxima reforma podría ser sobre vos.

Y no digas que no sabías. Estaba en el diario. O al menos, en este editorial.

 

Por Sergio Marcelo Mammarelli – Especial para Primicias Rurales

Primicias Rurales

Por Sergio Marcelo Mammarelli – Especial para Primicias Rurales

El caso de Milikito, Emilio Aragón, y la Enfermedad de Hirschsprung (EH)

El caso de Milikito, Emilio Aragón, y la Enfermedad de Hirschsprung (EH)

Autor:  Gonzalo Fierro, médico reumatólogo y clínico (MN 200215).

 Especial para Primicias Rurales

Emilio Aragón (La Habana- Cuba 1959) conocido al principio de su carrera como el payaso Milikito ha contado en distintas entrevistas que padeció Enfermedad de Hirschsprung (EH) en la infancia y que fue operado siendo niño. Es uno de los casos más citados en el ámbito hispanohablante.

Buenos Aires, lunes 29 diciembre (PR/25) — Emilio Aragón (La Habana- Cuba 1959) conocido al principio de su carrera como Milikito es un humorista, actor, escritor, payaso, músico, cantante, presentador, productor, director de cine, guionista, compositor y empresario audiovisual hispano-cubano.

Es hijo del famoso payaso Emilio Aragón (Miliki), de quien tomó su apodo circense de Milikito. Pertenece a la cuarta generación de payasos de la familia Aragón.

Aragón en su época de Milikito                                                            Emilio Aragón en la actualidad

 

Empezó su carrera en el programa El gran circo de TVE en 1977, con el nombre de Milikito, junto a su padre, su tío Gabriel Aragón (Gaby) y su primo Alfonso Aragón (Fofito). En 1981 abandonó el programa y comenzó su carrera en solitario en TV, cine y la música. Es conocido internacionalmente por su participación en el programa televisivo El Gran Juego de la Oca y la serie Médico de familia.

Ha contado en distintas entrevistas que padeció Enfermedad de Hirschsprung (EH) en la infancia y que fue operado siendo niño. Es uno de los casos más citados en el ámbito hispanohablante.

Como figura pública ha visibilizado la EH.

 

Aragón en 2015 como director de la orquesta sinfónica de Galicia

 

Su hijo menor, Daniel, nació con esta condición, y a través de su divulgación, Aragón ha concientizado sobre la EH, la necesidad de diagnósticos tempranos y la importancia del apoyo a las familias afectadas, destacando la complejidad del tratamiento, que es principalmente quirúrgico, y los desafíos a largo plazo para quienes la padecen.

 

¿Qué es la Enfermedad de Hirschsprung (EH)?

Es un trastorno caracterizado por la ausencia de células ganglionares en ciertas partes del intestino grueso.

Se encuentra dentro las denominadas Enfermedades poco frecuentes (EPOF)

Las denominadas como “Enfermedades poco frecuentes” (EPOF) afectan a entre el 4 y 8% de la población mundial (más de 300 millones de personas). El diagnóstico de estas afecciones, a menudo, es un desafío debido a su baja prevalencia y la falta de conocimiento.

Muchas de estas patologías son crónicas, complejas, progresivas, discapacitantes y, en ciertos casos, potencialmente mortales si no se diagnostican y tratan adecuadamente a tiempo.

También denominadas como raras, son, en el 72% son de origen genético, y en el 70% de los casos se manifiestan desde el nacimiento o en la infancia.

En Argentina, se estima que afectan a 1 de cada 13 personas.

Algunas otras enfermedades que también se consideran EPOF: Fibrosis quística, Enfermedad de Fabry, Esclerosis lateral amiotrófica (ELA), Enfermedad de Gaucher, Diastrofias musculares, Síndrome de Angelman (el hijo de Colin Farrel lo padece), Síndrome de Marfán, Epidermolisis bullosa, entre otras.

En el caso de la EH, sólo se presenta en uno de cada 5000 niños, afecta principalmente a varones (tres de cada cuatro casos), también conocida como megacolon aganglionar o aganglionosis colónica, es una condición congénita que afecta a los recién nacidos debido a una alteración en el desarrollo del sistema nervioso del intestino.

Normalmente, el tubo digestivo tiene una red de neuronas y nervios en la pared intestinal que permiten la propulsión del contenido digestivo y la evacuación de las heces. Sin embargo, en algunos pacientes este sistema nervioso no se desarrolla completamente, especialmente en la última parte del colon, lo que provoca una obstrucción intestinal.

Causas

La causa exacta de la enfermedad aún no se conoce completamente, hay factores genéticos involucrados. La anomalía en el desarrollo del sistema nervioso intestinal genera una ausencia de relajación del músculo intestinal, lo que impide la evacuación normal de las heces y puede derivar en cuadros graves de obstrucción intestinal e infección.

¿Cómo se presenta?

Se trata de una de las causas más comunes de obstrucción intestinal en recién nacidos.

Esta ausencia de células nerviosas llamadas ganglionares en un segmento del intestino grueso impide que movilice las heces de manera normal, causando acumulación de materia fecal y distensión intestinal.

Los primeros signos de la EH suelen aparecer en las primeras 48 horas de vida. Un recién nacido que no elimina meconio (son las primeras heces de un neonato), que presenta distensión abdominal, rechazo a la alimentación y vómitos biliosos debe ser evaluado de inmediato para descartar Hirschsprung.

Aunque con menos frecuencia, algunos casos se manifiestan más tarde, en forma de constipación severa, episodios de diarrea y retraso en el crecimiento.

Un síntoma menos conocido, pero relevante en etapas un poco posteriores, es la constipación crónica que no responde a laxantes ordinarios lo cual debe ser motivo de derivación inmediata a un cirujano pediátrico.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico definitivo de la EH requiere estudios específicos, como son las radiografías con enema de contraste para analizar la motilidad del colon y biopsias rectales que confirmen la ausencia de células nerviosas ganglionares.

En situaciones complejas, se suman pruebas auxiliares. El rol del anatomopatólogo experimentado en estos casos es crucial, especialmente durante las cirugías.

La identificación precisa de las zonas afectadas establece los límites de la resección quirúrgica, garantizando mejores resultados postoperatorios

Sin embargo, incluso con técnicas avanzadas de diagnóstico y tratamiento, la EH continúa siendo un desafío.

De todos los cuadros de constipación infantil, sólo un 5% a 10% son de causa quirúrgica.

Esto lleva a que, muchas veces, los pediatras piensen que se trata de algo leve, retrasando la interconsulta con un cirujano pediátrico. Pero un diagnóstico tardío puede tener consecuencias devastadoras

Tratamiento

El tratamiento es quirúrgico. Este ha avanzado considerablemente en las últimas décadas.

Hasta los años 90, las cirugías se realizaban en tres etapas, lo que podía retrasar hasta los 18 meses la normalización del tránsito intestinal.

Hoy, gracias a las técnicas mínimamente invasivas, como la videolaparoscopía y el abordaje endoanal, es posible completar el tratamiento antes de los cuatro meses de vida, mejorando significativamente los resultados funcionales.

La cirugía, que consiste en extirpar el segmento afectado del colon y, en algunos casos, crear una conexión entre el intestino sano y el ano mediante técnicas especializadas, como el descenso transanal.

Sin embargo, la complejidad de la intervención, la experiencia requerida y las particularidades de cada paciente determinan que sea necesario un manejo quirúrgico altamente especializado.

En muchos casos, se requiere una preparación previa mediante ostomías temporales, que permiten aliviar la obstrucción intestinal y reestablecer de forma parcial el tránsito mientras se estabiliza al paciente; y las familias deben aprender técnicas específicas para el cuidado de los dispositivos.

Es importante destacar que estos niños deben ser seguidos de cerca, ya que incluso después de la cirugía, más del 50% enfrenta complicaciones posteriores como constipación persistente, incontinencia o episodios de enterocolitis.

Esta última es una de las complicaciones más graves y frecuentes, especialmente en los primeros años de vida, por lo que todo cuadro de gastroenteritis en un paciente con EH debe ser considerado como una enterocolitis, hasta que se demuestre lo contrario.

Estas afecciones suelen requerir ajustes nutricionales, fisioterapia de piso pélvico y monitoreo constante de la motilidad intestinal.

Según datos del equipo del Hospital Garrahan, “la mitad de los pacientes operados puede requerir protocolos adicionales para el manejo de síntomas persistentes, especialmente durante los primeros cinco años tras la cirugía”

 

Asociación Hirschsprung Argentina: fundada como un acto de amor

En 2013, Carla Scaramella tuvo a Augusto que nació con Síndrome de Down y síntomas de la Enfermedad de Hirschsprung (EH).

A los pocos meses, Augusto fue sometido a una cirugía que parecía haber corregido el problema de la EH. Sin embargo, a sus 14 meses tuvo un episodio gastrointestinal con vómitos y diarrea. Carla lo llevó a la guardia, informando sobre su condición, pero recibió un diagnóstico erróneo de gastroenteritis.

Horas después, notaron que su hijo estaba débil y aletargado. Volvieron al hospital, pero ya era tarde,

Augusto sufrió un shock séptico derivado de una enterocolitis no diagnosticada a tiempo y lamentablemente falleció.

Este triste desenlace, la llevó a fundar la Asociación Hirschsprung Argentina para apoyar a otras familias y divulgar información sobre la enfermedad.

El caso de Augusto dejó en Scaramella una misión clara: garantizar que ninguna otra familia pase por lo mismo.

Por eso, junto al equipo del Hospital Garrahan, desarrollaron una tarjeta de alerta para pacientes con EH, que brinda pautas específicas en caso de emergencias.

Tarjeta de Alerta de EH

Es la tarjeta de alerta para la tengan los padres de niños con EH, brinda información de su hijo para presentarla en caso que vayan a una guardia o al pediatra para brindar datos de la enfermedad

 

 

“Es crucial que los médicos en guardias sepan reconocer y tratar una enterocolitis en un niño operado de Hirschsprung. Esto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte”, enfatizó.

“Nunca nos hablaron sobre la enterocolitis ni de cómo manejarla. Si hubiéramos tenido esa información, hubiéramos insistido hasta que lo trataran de manera adecuada”, recuerda Scaramella.

Muchas veces, los pediatras no reconocen la enfermedad desde el principio debido a su baja frecuencia y la confusión con cuadros menores, como cólicos o constipación funcional.

“Hay que seguir sensibilizando a los equipos médicos sobre lo que implica la EH, porque un diagnóstico temprano no solo mejora la calidad de vida del niño, sino que reduce de modo significativo los riesgos de complicaciones graves”, detalla Carla Scaramella.

Desde la creación de Hirschsprung Argentina en 2022, Scaramella y muchas otras madres y padres han trabajado para apoyar a las familias, brindar información y promover la formación de profesionales de la salud.

La asociación también busca crear conciencia sobre la enfermedad, ayudando a detectar casos tempranamente y prevenir complicaciones graves, como también intercambiar información útil.

Carla Scaramella (en la foto con su hijo Augusto) explica que “La EH es una enfermedad estigmatizante porque al estar relacionada con el intestino y las heces, las familias sienten vergüenza o incomodidad al hablar de ella.Esto contribuye al aislamiento social, generando muchas veces un quiebre en los círculos cercanos e incluso en amistades”.

“El tratamiento no termina con la cirugía, los niños con Hirschsprung requieren un seguimiento multidisciplinario y continuo para garantizar su calidad de vida. Por eso trabajamos para que ninguna familia enfrente este camino en soledad”, asegura la fundadora y resalta que la fundación conecta a más de 200 familias en el país y fomenta la contención emocional y práctica entre sus miembros.

“La información salva vidas. Si los pediatras, neonatólogos y las familias conocen los síntomas y riesgos de la EH, podemos cambiar el futuro de estos niños. El amor es lo único que crece cuando se reparte. Y así lo vivimos cada día las familias de Hirschsprung Argentina”, concluye.

 

Carla Scaramella y su hijo Augusto

Hirschsprung Argentina se ha convertido en un referente clave en nuestro país. “Lo más importante para las familias es no sentirse solas. Nuestra red no solo brinda apoyo médico, sino también emocional, porque enfrentamos una enfermedad que es tabú en muchos entornos”, aseguró Scaramella.

Actualmente, la agrupación es ahora una  Asociación Civil, legalmente constituida de la mano de la agrupación amiga: A.M.A.R – Asociación de Padres de Niños con Malformaciones Anorrectales.

Forman parte de las dos organizaciones que nuclean las agrupaciones de Enfermedades Poco frecuentes (EPOF) de Argentina: FADEPOF (FederaciónArgentina de Enfermedades Poco Frecuentes) y ALAPA (Alianza Argentina dePacientes).

También integra Rare Disease Day  https://www.rarediseaseday.org/

Otra entrevista a Carla Scaramella https://www.instagram.com/reel/DNgeDDRK45e/?igsh=MTBha21tcjJtemVjcQ==

 

Agrupaciones y redes de apoyo

No sólo facilitan el acceso a información clara y actualizada, sino que además ofrecen un espacio imprescindible de contención emocional.

Además de informar, las asociaciones también se ocupan de guiar a las familias en los complejos trámites administrativos que implica esta enfermedad.

Desde la tramitación del Certificado Único de Discapacidad (CUD) hasta garantizar la provisión de insumos como bolsas de ostomía o sondas de irrigación, son una suerte de intermediarias con los prestadores de salud para que las familias reciban las prestaciones que necesitan.

Uno de los principales objetivos de estas redes es la difusión de información sobre la enfermedad, tanto hacia las familias como a los profesionales de la salud.

 

Equipo de Patología Colorrectal del Hospital Garrahan

Equipos como el del Hospital Garrahan trabajan en conjunto con estas organizaciones con el objetivo de elaborar materiales educativos, garantizar charlas informativas y formar equipos interdisciplinarios en todas las regiones del país.

En el Hospital Italiano de Buenos Aires se creó el primer Registro en América Latina de la enfermedad de Hirschsprung.

Hasta el momento, no había registros oficiales sobre esta patología en Argentina. Como resultado del trabajo coordinado con la ONG de pacientes Hirschsprung Argentina, profesionales del Programa de Enfermedades Poco Frecuentes y del Departamento de Investigación del Hospital Italiano, se ha creado el primer registro formal para obtener información clínica de las personas que tienen la EH en Argentina.

 

ONG de apoyo:

Web: Hirschsprung Argentina      https://hirschsprungargentina.my.canva.site/home

En IG:  hirschsprung_Argentina

Hirschsprung Argentina (@hirschsprung_argentina) • Fotos y videos de Instagram

En Facebook: Hirschsprung Argentina                                                                                              Hirschsprung – Megacolon Aganglionar Argentina | Buenos Aires | Facebook

Contacto: Carla Scaramella, scarlae@hotmail.com     hirchsprungargentina@gmail.com

Fuentes:
Pablo Lobos, jefe de Servicio de Cirugía Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires y profesor titular de Cirugía Pediátrica del Instituto Universitario Hospital Italiano Buenos Aires.
Fernando Heinen, especialista en cirugía infantil.
Alejandro Horvat LA NACION, ahorvat@lanacion.com.ar
Equipo de Patología Colorrectal del Hospital Garrahan.
Dra. Celeste Patiño González, jefa de cirugía pediátrica en el Sanatorio Allende (Córdoba)
Romina Cansler rcansler@infobae.com Infobae

Especial para Primicias Rurales: Autor: Por Gonzalo Fierro, médico reumatólogo y clínico (MN 200215).

Davos: cuando el púlpito reemplaza al Estado

La política del cansancio ¿Puede una democracia funcionar cuando nadie quiere participar?

Por Sergio Marcelo Mammarelli
Comenzaría este editorial con un recuerdo. Hubo un día, en diciembre de 2001, en que miles de argentinos salieron a las calles con una consigna que parecía sintetizarlo todo: ¡Que se vayan todos! No uno solo, todos. Fue un grito que exigía la desaparición completa de la clase política. Fue más que un reclamo, fue un síntoma de agotamiento profundo con la democracia representativa, una declaración de que nadie merecía ya ejercer poder.

Buenos Aires, martes 20 de enero (PR/26) .- Nunca hasta ese momento, la legitimidad política se había desplomado de un plumazo. Esta vez, ni los militares gozaban de autoridad para animarse a su acostumbrada disciplina de un nuevo orden.

Veintitantos años después, la frase sigue resonando más como diagnóstico que como consigna: Ahora se la denomina “casta” y debemos destruirla. Y sin querer, ingresamos en una nueva etapa de la argentina, donde la democracia sigue, pero el entusiasmo ciudadano no.

El hartazgo como paisaje psicológico

Con esta introducción, observamos que, en Argentina, y en buena parte de América Latina, la democracia ya no inspira, sino que por el contrario desgasta. Las instituciones formales siguen existiendo, pero la relación entre ciudadanía y política está corroída por la apatía, el descreimiento y la ironía amarga. Según Latinobarómetro 2023-24, todas las instituciones básicas —partidos, Congreso, Poder Judicial, gobierno— están en niveles de baja confianza histórica, con partidos políticos prácticamente en el sótano y legislaturas que despiertan poca fe.

Pareciera incluso, que esta nueva moda, no es solo cuestión de “no gustar” sino que, en muchos casos, la gente ve la política como una maquinaria que funciona contra ellos mismos. La confianza en partidos y Congreso argentinos ronda porcentajes exiguos que parecen diseñados para un experimento sociológico más que para una democracia vibrante. En ese contexto, el clásico esquema democracia y participación se ha agrietado. La participación electoral puede sostenerse por tradición o por rutinas sociopolíticas, pero eso no significa que el sujeto político bajo ese esquema crea en el sistema. Hay una especie de participación zombificada: se vota porque hay que votar, no porque se crea que votar cambia algo.

Este desencanto con la política puede ser interpretado de dos maneras diferentes. Una como fracaso de las instituciones, incapaces de ofrecer soluciones reales. La otra, es un cambio cultural, un estado emocional de fatiga colectiva ante promesas incumplidas.

Todos los analistas políticos más destacados, afirman que Latinoamérica muestra que el apoyo a la democracia como sistema ha bajado considerablemente en la región desde 2010 (del 63% al 48% en 2023), mientras que quienes no prefieren ningún régimen aumentan de 16% a 28%. Eso no es un simple dato sociológico: es la prueba de que la cordura democrática está en oferta débil.

Este dato de la realidad es más que preocupante. No estamos hablando solo de desconfianza en los políticos sino de un desvinculamiento emocional con la idea misma de democracia representativa. Cuando la gente empieza a pensar que la democracia podría funcionar “sin Congreso”, como muestran algunas respuestas de Latinoamérica lo que brilla no es la creatividad política sino la irritación ante las mediaciones institucionales que supuestamente deberían canalizar demandas y solucionar problemas.

El yo cansado frente al nosotros constitucional

Hay una dimensión subjetiva de este cansancio que pocos análisis políticos abordan con honestidad. La democracia no se agota por falta de reglas, sino por falta de fe en las mediaciones. La política representativa se apoya en el principio de que electores y representantes están en un pacto de confianza mutua: vos me elegís, yo te represento. Cuando esa confianza se quiebra, la política se vuelve un trámite vacío.

Los ciudadanos quieren que se solucionen sus problemas, salarios, seguridad, servicios, justicia, pero no quieren implicarse en los circuitos donde esas soluciones se negocian. De golpe, todos nos transformamos en espectadores democráticos. Exigimos resultados, pero desde la tribuna, sin confiar en los jugadores.

El grito de “que se vayan todos” fue una explosión, pero hoy en día, esa misma lógica se hizo menos violenta y más silenciosa. Ahora es el voto blanco, el abstencionismo, la crítica ácida en redes sociales, la adhesión tibia a opciones que prometen externalizar la solución, como líderes fuertes, outsiders, rupturas radicales. Y lo peor, es que este fenómeno no es solo argentino, sino que invade a toda América Latina donde los ciudadanos muestran un patrón similar de desconfianza e indiferencia hacia las instituciones tradicionales y sus representantes.

El hartazgo no es antidemocracia… ¿o sí?

La confianza en gobiernos y otras instituciones en la región cayó hasta niveles alarmantes en muchos países. El desencanto no se limita a los gobiernos, sino que también abarca parlamentos, partidos y poderes judiciales, generando un contexto de desconfianza sistémica. Sin embargo, el apoyo a la democracia en términos abstractos creció ligeramente hasta el 52%, lo que muestra que la gente prefiere la democracia como concepto, pero no cree en quienes la encarnan.

En Argentina, solo el 17% confía en los partidos, y menos del 25% en el Congreso. La confianza en el presidente también es baja. A diferencia de otros países como Uruguay, donde ciertas instituciones aún gozan de respeto, Argentina atraviesa una crisis de representatividad más profunda, acompañada por la inflación crónica, los escándalos y la polarización crónica.

Todo este contexto, crea lo que podríamos definir un crecimiento de la participación vaciada: se vota, pero sin convicción, sin esperanza. Se elige desde el cansancio, desde la bronca. El resultado está a la visa. Emergen liderazgos que canalizan ese hartazgo en forma de rebelión anti institucional: figuras como Javier Milei son más síntoma que solución. Prometen terminar con el sistema desde adentro, borrar las mediaciones, refundarlo todo. Dicho de otro modo, la democracia funciona formalmente, pero sus ciudadanos están emocionalmente desvinculados.

El bienestar fatigado: cuando el éxito se convierte en carga

A mi humilde opinión, el cansancio democrático actual no surge del fracaso, sino del éxito inconcluso del Estado de Bienestar.

Las sociedades alcanzaron logros impensados en el siglo XX (salud, educación, seguridad social, consumo), pero una vez alcanzados, comenzó la fatiga de sostenerlos, especialmente cuando el contexto económico y político ya no permite expandirlos sin conflictos. La humanidad, nunca creció tanto ni consolidó tantos valores, bienestar o derechos como en todo el Siglo XX. Sin embargo, este proceso generó en forma paralela una reacción ambigua: el ciudadano defiende lo conseguido, pero no quiere comprometerse activamente para sostenerlo o actualizarlo.

Esa lógica conservadora del bienestar es lo que observamos a diario en toda la sociedad actual occidental: que no me lo toquen, pero tampoco me pidan que participe para cuidarlo.

De este modo y en forma paradójica, parte de este cansancio ciudadano puede explicarse por el éxito —no el fracaso— del siglo XX. El Estado de Bienestar, esa construcción colectiva que brindó educación, salud, trabajo formal y movilidad social, generó condiciones de vida que nunca antes se habían alcanzado. Pero ese proceso, en lugar de consolidarse, empezó a deshilacharse con las crisis económicas, el endeudamiento crónico y las nuevas formas de desigualdad. Y la reacción no fue una mayor implicación cívica, sino una mezcla de bronca y nostalgia: Así aparece el síndrome del “usuario enojado del sistema”. Exigimos que funcione, pero sin asumir los costos políticos, fiscales o sociales de su sostenimiento.

En ese marco, el descreimiento democrático crece no porque el sistema haya sido siempre fallido, sino porque ya no entrega lo que prometía, y la ciudadanía ya no cree posible volver a conquistarlo colectivamente. La democracia, entonces, se convierte en una estructura vacía: todos queremos los beneficios, pero nadie quiere ser parte del proceso.

Conclusión: la democracia que nadie quiere… pero que necesitamos

La política del cansancio es una descripción precisa de un fenómeno real. Las instituciones existen, pero su legitimidad se desvanece. La gente sigue votando, pero sin creer. La indiferencia se disfraza de pragmatismo. Una democracia formal sin compromiso ciudadano real. Mientras más gente dice que la democracia “no sirve”, menos gente parece dispuesta a arreglarla desde adentro. Y así, terminamos con una democracia que nadie quiere realmente, pero que encima hay que defender.

El problema no es solamente que la democracia representativa está cansada: es que ya no hay nadie que le escriba cartas de amor.

Por Sergio Marcelo Mammarelli

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