Lectura del santo evangelio según san Lucas 18,1-8
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
“Hazme justicia frente a mi adversario”.
Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:
“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre. Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde, Señor?».
Él les dijo:
«Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».
Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 20-25
En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús:
«¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?».
Él les contestó:
«El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: “Está aquí” o “Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».
Dijo a sus discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis.
Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,11-19
Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».
Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:
«No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,7-10
En aquel tiempo, aquel tiempo, dijo el Señor:
«¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida ven y ponte a la mesa”?
¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
Dios creó al hombre incorruptible y lo hizo a imagen de su propio ser; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los de su bando.
En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará.
Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz.
Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad.
Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de Él.
Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto.
En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo.
Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente.
Los que confían en Él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.
Salmo de hoy
Salmo 33,2-3.16-17.18-19 R/. Bendigo al Señor en todo momento
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida ven y ponte a la mesa”?
¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
Evangelio de hoy en audio
Reflexión del Evangelio de hoy
“Los que confían en Él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado”
El libro de la Sabiduría es uno de los más fascinantes de todo el Antiguo Testamento. Es uno de los llamados libros sapienciales, y aunque no está recogido como canónico en la Biblia Hebrea, sí que ha pasado a las tradiciones cristianas, y en particular a la católica, como un libro inspirado.
Recoge a modo de aforismos hilados, narraciones alegóricas y pequeños textos, todo un cúmulo de consejos y reflexiones heredadas sobre el arte de vivir, que lo mejor del pueblo de Israel había ido atesorando de su experiencia vital. Sus reflexiones se cruzan entre el más evidente sentido común y la hondura más contemplativa, y tratan de que la “sabiduría” en sí misma sea la guía de conducta del ser humano.
Una sabiduría que aparece bajo dos aspectos. El primero en su relación con la humanidad, en el que la sabiduría de vivir sería la perfección del conocimiento como un don de Dios que se manifiesta en la acción. Y el segundo, en relación directa con Dios, por el que la sabiduría está con Dios desde toda la eternidad, en una especie de personalización de tal atributo, que abre a la dimensión trinitaria del cristianismo.
El pasaje de la liturgia de hoy, aborda la eterna pregunta del mal y la muerte, animando al creyente a lo único que la fe puede hacer ante ello: a confiar en el amor misericordioso de Dios, para el que nada queda perdido en las mareas de la historia.
“Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”
Una actitud profundamente humana que todos tenemos en el corazón, es la necesidad de reconocimiento, de ser valorados, de ser reconocidos. Y siendo humana y normal, y en según que ocasiones hasta sana, el señor Jesús no deja de hacernos hoy también una pregunta y una reflexión: ¿por qué hacemos lo que hacemos? O mejor dicho, la pregunta de si lo que hacemos como gestos y detalles de amor, de cuidado, los hacemos buscando que nos reconozcan o los hacemos en la generosidad de la gratuidad.
Jesús nos deja la llamada hoy de recordar que la gratuidad está en el corazón del mandato del amor, que el mejor pago y reconocimiento de los actos de amor, es en sí mismo el amor dado y el cuidado entregado. Nos recuerda que no hemos de esperar nada a cambio por hacer lo que hemos de hacer, lo que creemos que tenemos que hacer.
Y una clave más también, la de reconocer que todo lo que tenemos y damos, en el fondo, no es nuestro tampoco. He ahí el adjetivo de “inútiles”. No porque no valgamos, sino porque somos meros medios agentes del amor de Dios. Es el mismo Dios el que actúa a través de nosotros, que somos agentes siervos de lo que el Señor nos inspira para llevar su amor a los otros.