Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
Abrán marchó, como le había dicho el Señor.
Salmo
Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.
Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10
Querido hermano:
Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
«Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su conducta y viva?
Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.
Insistís: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?
Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Salmo de hoy
Salmo 129, 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8 R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes temor. R/.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.
Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».
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Reflexión del Evangelio de hoy
Derecho al cambio
Al nacer nos ponen un nombre, normalmente ese nombre nos va identificando a lo largo de nuestra vida, hay quien, en un momento dado, decide cambiarse el nombre, cada uno sabe por qué y esto no significa que pierdan identidad, puede que de alguna manera ese sea el comienzo de su verdadera identidad. Toda persona tiene derecho al cambio.
Lo que vivimos con las personas durante un periodo más o menos largo de tiempo, crea en los demás una idea de nosotros y eso permite que a lo largo del tiempo se basen en esas experiencias vividas para “juzgar” o “prejuzgar” nuestras posibles acciones o nuestra forma de pensar y actuar. Pero en realidad tenemos derecho al cambio y eso significa que, a pesar de haber actuado de una manera durante un tiempo, podemos variar nuestra conducta y nuestra forma de pensar, para bien y para mal, dándonos un nuevo camino para transitar.
Cuando un niño o una niña de pequeños son inquietos, movidos, hay que tenerlos controlados, parece que van a ser así durante toda su vida. Lo contrario también ocurre, cuando son tranquilos, no molestan, no hablan fuera de tiempo, pueden quedarse solos que no van a hacer ninguna trastada, creemos que cuando crezcan serán iguales. Pero las experiencias que vivimos, las circunstancias por las que pasamos nos pueden hacer cambiar, dejando atrás lo que fuimos y siendo personas nuevas.
La idea es no dar por hecho lo que vemos durante un tiempo, no encasillar ni encasillarnos en lo que ha sido o hemos visto, sino mantener la mente y el corazón abiertos para poder acoger lo nuevo y que nos ayuda a cambiar, sobre todo si es para mejorar.
¿Abrimos bien los ojos de la cara y del corazón para estar atentos a lo que cambia? ¿Nos dan miedo los cambios? ¿Valoramos las mejoras en los demás?
La balanza de la JUSTICIA
Para poder hablar de algo lo primero que debemos hacer es saber el significado de los términos que vamos a tratar. Si de lo que queremos tratar es de la Justicia, se complica un poco, porque, aunque la definición de justicia esté determinada por el diccionario, cada uno hace su interpretación de esa justicia. Incluso quienes dedican su vida a ponerla en práctica, a redactarla, a llevarla a la vida diaria, tienen su propia interpretación de la definición de justicia.
Para Dios hay una sola justicia, la que está basada en el amor, el amor incondicional, el que no mira lo ocurrido, el que no pide nada a cambio, el que es verdadero.
La justicia basada en el amor no puede estar al margen del perdón, pero no se puede vivir desde la hipocresía. Tantas veces creyendo que mentimos a los que nos rodean, e incluso a nosotros mismos, cuando somos capaces de mostrar una cara de solidaridad, de ayuda, de acogida, cuando en realidad nos cuesta acercarnos a los que tenemos al lado y más nos “molestan”.
O esa hipocresía con la que no somos capaces de dialogar con los que viven cerca, pero somos capaces de dar lecciones de diálogo y humildad a los que nos tienen como maestros y como líderes.
La justicia debe comenzar por nosotros mismos, por medir en la balanza nuestra forma de vivir y de sentir, y a partir de ahí, darnos cuenta que no tenemos derecho a juzgar a los demás.
Tenemos derecho a seguir mejorando cada día para que la Justicia que se imponga sea la del Amor, la que pone a la persona, con sus riquezas y debilidades, por encima de las ideas y prejuicios con los que nos movemos diariamente.
¿En que justicia basas tu vida? ¿Dejas a un lado tu ofrenda para perdonar o pedir perdón, o primero quedas bien con los que te ven y después con los que no son tan vistos? ¿Cómo es tu balanza de la Justicia?
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».
Salmo de hoy
Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
“Elige la vida y vivirás”
Estamos en el segundo día de Cuaresma. El gesto de la imposición de la ceniza acompañado de las palabras “conviértete y cree en el Evangelio”, todavía hace eco en nuestro interior. Y hoy, con esta lectura se nos hace una invitación a la conversión de una manera muy concreta: “Elige la vida, y vivirás, tú y tu descendencia amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, pegándote a Él…”.
La Cuaresma es un camino hacia la Pascua y en todo camino se presentan opciones que nos acercan a la meta o por el contrario nos alejan de ella. Hoy la alternativa es clara: “Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal”. La decisión es del pueblo, no los fuerza, libremente pueden elegir, Dios respeta la libertad del hombre pero les expone las consecuencias que tiene una opción y la otra.
En esta encrucijada nos encontramos muchas veces nosotros, hemos de elegir entre seguir el camino que lleva a la vida y que pasa por ser fiel al Señor y vivir guardando sus mandamientos, o desviarnos siguiendo otras voces que, aunque parecen más atrayentes, no conducen sino a la infelicidad. La línea que divide un camino del otro es en ocasiones muy fina, por eso hemos de vivir atentos y pedir el don de discernimiento para no extraviarnos del buen camino.
La Cuaresma en un tiempo propicio para convertirnos, volvernos al Señor si hemos tomado la dirección equivocado y encaminarnos hacia la Pascua.
“Pero el que pierda su vida por Mí, ése la salvará”
Los primeros versículos de este Evangelio son cómo un preludio de lo que vamos a conmemorar. Jesús anuncia su pasión, muerte y resurrección: va a padecer, va a ser llevado a la muerte, pero lo más importante es que va a resucitar. No podemos perder de vista estos tres momentos, porque son el eje de nuestra fe.
A continuación, Jesús invita a seguirlo, pero no de cualquier manera, sino cargando con la cruz de cada día. Porque en nuestra vida siempre hay cruces, unas veces pequeñas otras grandes pero la cruz siempre está presente. Sin embargo, como El va delante, no tenemos que temer porque no estamos solos, Él nos precede.
La otra condición para el seguimiento, para vivir la vida plena, negarnos a nosotros mismos. Hoy día en que se habla mucho de empoderamiento, negarse a unos mismo está no mal visto sino incluso algunos no saben lo que significa. Por mantener el cuerpo en forma se hacen mil sacrificios: dietas, largas horas de ejercicio… pero poco se cuida el alma y se huye o rehúsa el mas pequeño sacrificio.
Negarnos a nosotros mismos, nos entrena para llevar la cruz de cada día. Nos ayuda a descubrir el verdadero tesoro que esconden las palabras de Jesús: “pero el que pierda su vida por Mí, ése la salvará”.
Ahora – oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.
Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 20 – 6, 2
Hermanos.
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
«Convertíos a mí de todo corazón»
El profeta Joel nos introduce en la espiritualidad del tiempo de cuaresma: hacer un camino personal y comunitario hacia la Pascua. Ello pide una purificación de nuestros corazones para hacer sitio en ellos al Resucitado, un impulso para una oración que sea diálogo amoroso con el Padre, una liberación de la obsesión por nuestro bienestar moderando la satisfacción de nuestros deseos y compartiendo nuestros bienes, muchos o pocos, con los necesitados.
Camino de conversión, que está hecho de oración, ayuno y limosna, típicos de la cuaresma. Aunque, no lo olvidemos, no son fines en sí mismos, como si todo en la vida cristiana dependiera de nosotros. Son medios para templar el espíritu y poder vivir con fe y alegría la Pascua del Señor.
Joel presenta la conversión, como un cambio de vida desde el interior de cada uno y del pueblo mismo: “rasgad los corazones, no las vestiduras”. Una conversión que implica a todos, sin distinción de edades, desde los niños a los ancianos y sin distinción de estados o funciones, desde los padres de familia a los sacerdotes.
Y describe la conversión como un gran movimiento de esperanza: aunque algunos nos pregunten: ¿Dónde está vuestro Dios? Podemos responder convencidos: está aquí y ahora con nosotros, perdonando siempre, acercándonos los unos a los otros y a todos con Él: reconciliándonos “porque Dios es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”.
«Ahora es el día de la salvación»
Pablo se siente enviado para exhortarnos: “dejaos reconciliar con Dios”.
La reconciliación es un deseo universal en una humanidad desangrada por los conflictos y la violencia. Nuestras divisiones y distancias no son eslóganes pesimistas con que analicemos el pasado y el presente. Tristemente, palpamos las fracturas en la vida familiar, en los intereses económicos, en la política nacional e internacional. No corren buenos tiempos para los sueños de pacífico encuentro. Las proclamaciones de fraternidad universal quedan en poco más que retórica bienintencionada.
También en la conciencia y el corazón de cada uno está presente la disociación entre lo que queremos ser y lo que, de hecho, logramos o no logramos ser. El pecado afecta tanto a las personas como a las estructuras.
Los reiterados fracasos en el ámbito personal y en las sociedades y sus instituciones nos invitan a pensar que la fuente definitiva de la reconciliación no está en nosotros, por perfectos que logremos ser, sino en Dios que nos la regala en Jesús. Su muerte y resurrección son una promesa de un mundo y una humanidad nuevos.
La cuaresma es un tiempo de apertura de nuestros corazones y nuestras mentes a la reconciliación que Dios nos ofrece: “Convertíos y creed el Evangelio” es, decir: la aceptación del evangelio de Jesús como propuesta y norma de vida.
«Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará»
Todo este fragmento de Mateo que proclamamos el miércoles de ceniza es una apología de la interioridad. No tiene nada que ver con el intimismo de algunas espiritualidades. Su contexto es la práctica del fariseismo que buscaba la justicia desde la exterioridad.
Jesús confronta lo que supone “ser visto por los hombres”, “tocar la trompeta”, “ser honrados por los hombres”, “rezar en pie para que los vea la gente”, “hacer ver a la gente que ayunan”. Las prácticas cuaresmales tienen su sentido, y son eficaces, cuando lejos de buscar el reconocimiento y la congratulación de los demás, pasan desapercibidas y se las dejamos ver sólo al Padre.
Es el “secreto” de la propia conciencia, la clausura de los propios sentimientos, a los que sólo el Padre tiene acceso. Ahí nos habla y ahí le escuchamos. Una religión sin interioridad, y sin una interioridad gozosa, libre y fraterna, no es cristiana.
Las imágenes que usa Mateo para describir ese mostrarse ante Dios son de una profunda y sencilla belleza y de una granada elocuencia: cuando des limosna “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, cuando ores “entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre”, cuando ayunes “perfúmate la cabeza y lávate la cara”.
La práctica de la justicia, la limosna y la oración son gratas a Dios cuando no buscamos con ellas el aplauso de los hombres.
En su relación con el Padre, Jesús ha valorado sobre todo la interioridad. Algunos pensadores la han percibido como un constitutivo fundamental de la condición humana. Un espacio que debemos cuidar mediante la lectura, la reflexión, la maduración de los sentimientos, la valoración propia de los acontecimientos, la oración. Es desde nuestra interioridad desde la que accedemos al Padre que nos recompensa.
¿Cuáles son nuestros sentimientos y actitudes al adentrarnos en este tiempo de gracia que es la cuaresma? ¿Qué debemos convertir en nuestro interior para hacer sitio al Padre que nos reconcilia? ¿Qué debemos cambiar en nuestras prácticas religiosas para purificarlas de herencia farisea y hacerlas más genuinamente cristianas?