Las medidas tienen “sabor a nada”?

Las medidas tienen “sabor a nada”?

Por Salvador Di Stefano, Director de Agroeducación

Risk Management en las nuevas generaciones: una competencia clave, pero desatendida

Risk Management en las nuevas generaciones: una competencia clave, pero desatendida

Por Javier Queimaliños* .
Buenos Aires, 1 octubre (Especial para NA) — En un mundo marcado por la globalización y la digitalización, el desarrollo tecnológico evoluciona a pasos agigantados, y así también, los riesgos. Resulta necesario contar no sólo con las herramientas y soluciones que ayuden a la gestión, sino con un equipo profesional consciente de la importancia que supone la gestión del riesgo.
A través de la concientización se busca desarrollar un estado de hipervigilancia para la alerta temprana de riesgos, identificar los problemas y responder rápidamente para mitigar los incidentes.
En este escenario, la tecnología es una aliada donde existen soluciones tecnológicas que facilitan el proceso y mejoran la eficiencia.
Sin embargo, sin los recursos humanos correspondientes, las empresas aún son sensibles a las vulnerabilidades digitales.
Una nueva cultura nativa digital surge en medio de un contexto donde gobiernan la «creatividad» y el «talento» a la hora de crear productos y servicios. Sin desmerecer estas cualidades, también resulta fundamental estimularle la conciencia de «Risk Management» al milennial tradicional.
Las empresas y organizaciones deberán apostar al futuro anteponiendo a las personas por encima de la tecnología. Las habilidades tecnológicas clave, en este caso, se transforman en las habilidades blandas en lugar de las duras.
En este sentido, la mejor manera de que una organización esté más centrada en lo digital es invertir selectivamente en aquellos que son más adaptables, curiosos y flexibles en primer lugar.
Como nadie sabe cuáles serán las habilidades clave para el futuro, la mejor acción es apostar por las personas que tienen más probabilidades de desarrollarlas.
De acuerdo con el estudio realizado por Idea Joven 2019, la mitad de los jóvenes profesionales encuestados cree que en el futuro los entornos serán más excluyentes para aquellos que no puedan adaptarse a las nuevas condiciones del trabajo.
Incluso, un 56% considera que serán más valorados los per­ files generalistas, con preponderancia de habilidades blandas, antes que los per­files hiper-especializados. La competencia técnica es temporal, pero la curiosidad intelectual debe ser permanente.
Además, es mucho más probable que ocurra un cambio si éste comienza desde de arriba hacia abajo.
Esto no significa adoptar una estructura autocrática o jerárquica: es una simple cuestión de liderazgo.
En el contexto de las transformaciones digitales, no se pueden esperar grandes cambios a menos que se empiece por seleccionar y desarrollar a los principales líderes en ese sentido.
Cerrar la brecha del rendimiento humano no es una tarea sencilla, pero concientizar, desarrollar la capacidad de respuesta y de aprendizaje en el equipo es la mejor defensa con la que debe contar una compañía.
(*) – Director de Knowledge en BTR Consulting.

Primicias Rurales

Fuente: NA

Las medidas tienen “sabor a nada”?

Bajar retenciones no dará resultado

Por Salvador Di Stefano, Director de Agroeducación

Buenos Aires, 30 septiembre (PR/20) — El gobierno busca demonizar al campo porque no vende, cuando el problema de la falta de dólares es inherente a la carencia de un plan económico.

Cuando asumió Alberto Fernández, el hombre de campo vendía la soja a U$S 206 vivos (billetes), hoy apenas recoge U$S 150,8. Debería bajar las retenciones a 0% para que sea atractivo.

El mito popular dice que el productor agropecuario es un especulador, sin embargo, es un emprendedor igual que cualquier otro en la historia argentina. El almacenero, el carpintero, el que vende ropa y muchos tantos otros emprendedores de distintos rubros, para protegerse de la inflación guardan mercadería, y el hombre de campo hace lo mismo, otros lo hacen en un galpón o depósito, el productor en un humilde silo bolsa, ni siquiera tiene un deposito con tinglado, es más precario.

La gran diferencia entre cualquier emprendedor urbano y el productor rural, es que este último cuando vende el producto genera dólares para el país, ese insumo tan preciado para el Estado, y para cualquier argentino que lo adquiere para preservar el valor del dinero.

El productor produce mayoritariamente soja, aunque en los últimos años el maíz está quitándole el protagonismo a la oleaginosa, sin embargo, la soja tiene mayor precio, aunque no tanta rentabilidad, y es fácil de guardar. El precio de la soja en Chicago ronda los U$S 360 y los derechos de exportación que le aplican al productor son del 33%, por ende, uno de cada 3 dólares que produce se los lleva el Estado. Después de esto paga todos los impuestos que cualquier mortal en Argentina.

El productor cosecha la soja, y la utiliza como unidad de cuenta, es una moneda más en el campo. Los alquileres se fijan y se pagan en soja. Para aliviar la carga tributaria paga los insumos con canje de soja, y así realiza muchísimas operaciones con la moneda que mejor le permite llevar en su mente los resultados empresariales, la soja.

El hombre de campo tiene muy buenas ofertas para financiarse, pero es remiso a tomar créditos. En el pasado tomar financiamiento obligó a sus padres, parientes o algún amigo del pueblo a rematar el campo, que es el bien más preciado que tiene un productor, eso lo aleja de tomar financiamiento en la actualidad, a pesar de que en muchos casos las oportunidades de financiarse son muy buenas. También es muy remiso a vender su mercadería en los mercados de futuro, prefiere tener la mercadería en casa, y venderla cuando resulte necesario.

En su economía doméstica para vivir vende todos los meses algo de soja para enfrentar los gastos familiares o las necesidades de fondos que requiere el campo, así también para pagar algún crédito que tuvo que sacar para pagar una maquinaria, que por ser tan onerosa tiene que obligadamente recurrir a financiamiento. Muchas veces las cuotas se fijan en toneladas de soja.

Podríamos decir que en el campo la moneda más habitual es la soja, no se trabaja con el peso, y tampoco con el dólar.

Un tema muy importante, es que el negocio del campo rota una vez al año, esto implica que siembra en octubre y cosecha en mayo, con lo cual dispone de su mercadería toda junta en mayo, pero su flujo de fondos lo obliga a realizar desembolsos en el transcurso de los 12 meses del año. Esto lo obliga a particionar las ventas durante los 12 meses. El productor no deja de vender por especulación o falta de solidaridad, es parte de su plan de negocio, muchas veces la soja sube y se beneficia, otras bajas y se perjudica, pero se abraza al plan de negocio que le da más seguridad en vida cotidiana y lo deja dormir tranquilo.

Como el productor es argentino, no está al margen de la problemática local. Cuando quiere realizar un ahorro en alguna moneda, elije el dólar. La economía argentina no muestra que cada dos años la inflación es del 100%, por lo tanto, no es un buen ahorro el peso, y menos aún el plazo fijo que paga el 33% anual, y está lejos de poder cubrir el poder adquisitivo del dinero. El negocio del campo no es bueno, rota una vez al año en un contexto de alta inflación, pagando impuestos que no ajustan por inflación, y su poder adquisitivo se derrite entre cosecha y cosecha. Está al horno.

El 10 de diciembre, cuando asumió Alberto Fernández, la soja valía U$S 250 oficiales la tonelada, al tipo de cambio oficial de $ 59,96 te daba un valor en pesos de $ 14.990 la tonelada. Si el productor quería comprar dólares en bolsa lo hacía a un valor de $ 72,79 y le quedaba una soja de U$S 206 billetes vivos la tonelada. La brecha entre el dólar oficial y el dólar blue le hacía perder el 17,6% de los billetes vivos que conseguía a la hora de vender su producto.

El 29 de mayo, en plena cosecha de soja, los precios bajan ante la mayor oferta temporal, la soja valía U$S 213 oficiales la tonelada, al tipo de cambio oficial de $ 68,535 te quedaba un valor de $ 14.600 la tonelada. Si el productor quería comprar dólares en bolsa lo hacía a un valor de $ 109,41 y le quedaba una soja de bolsillo de U$S 133,4 billetes vivos la tonelada. Esto implicaba una pérdida del 37,4% contra los dólares originales que cobraba.

Entre el 10 de diciembre y el 29 de mayo la cotización en dólares de la soja bajó un 14,8%, sin embargo, los dólares que el productor recibía en forma genuina mostraban una baja del 35,2%. Con este panorama se arrancaba la cosecha. Con estos números en la mano el productor comenzaba la campaña con pocas ganas de vender, sin embargo, a la fecha sobre una producción de 50 toneladas, aún restan vender solo 18 millones de toneladas, por ende, podríamos decir que la retención especulativa de la que muchos hablan no existió, ya que para llegar a la próxima cosecha restan 8 meses, y hay que enfrentar muchos pagos del giro del negocio como compra de insumos, pago de alquileres, cuotas de créditos, salarios, etc.

La soja cerró, en septiembre, U$S 275 oficiales la tonelada, que luce como un muy buen precio. Sin embargo, se liquida a un dólar oficial de $ 76,115, lo que deja a la soja en un valor en pesos de $ 20.932 la tonelada. Si con este producido el productor quiere comprar dólar bolsa para ahorrar, debe canjear este dinero al precio de $ 138,8, lo que le permite obtener U$S 150,8 billetes vivos por tonelada. Esto implica que entre los dólares que le pagan y los que puede comprar hay una brecha del 45,2%.

Conclusiones
El hombre de campo en diciembre de 2019 vendiendo una tonelada de soja podía comprar U$S 206 billetes vivos, en mayo de 2020 U$S 133,4 billetes vivos y en septiembre U$S 150,80 billetes vivos.
Como puede apreciarse, no hay incentivo a vender soja, ya que el precio es muy bajo. El productor espera con mucho patriotismo que el presidente logre domar el dólar y lo baje, o bien que el precio de la soja suba para poder invertir más en el campo, o incrementar un poco los ahorros.
La rentabilidad de una hectárea de campo dada en alquiler no llega al 0,9% del valor de la tierra.
Un productor que trabaja la tierra y alquila, con un campo de U$S 2.000 hectáreas, pagando todos los impuestos, puede llegar a ganar U$S 30 oficiales por hectárea. Para lograr esto hay que realizar una gran inversión en equipos, insumos, pago de alquiler de la tierra anticipado y otros, que hace que la tasa de rentabilidad no llegue al 2% de lo invertido en el año. Si realiza menos hectáreas los números son más pequeños o podría caer en quebrantos. Un bono argentino rinde el 15% anual en U$S.
El gobierno trabaja para llevar adelante un plan para bajar retenciones y lograr que el productor liquide. Su plan está lejos de la realidad porque el productor en esta etapa retiene mercadería, porque desconoce si en los meses siguientes la seca podría dejarlo con menos recursos, y confía más en tener un silo bolsa en el campo, que es difícil de robar, antes que dólares billetes, que le dan mucha más inseguridad.
Un incentivo podrá ser que el productor logre los U$S 206,0 billetes vivos que obtenía cuando la soja valía en el mercado U$S 250 oficiales y la brecha era muy baja. Hoy el hombre de campo logra U$S 150,8 billetes vivos y la soja vale en el mercado U$S 275 oficiales la tonelada. Para lograr revertir esto, debería dejar las retenciones de soja en 0, y no llegaría porque el hombre de campo obtendría solo U$S 198 vivos.
La culpa de la falta de dólares es que carecemos de una política monetaria y cambiaria, tenemos déficit fiscal y vivimos espantando inversiones. No quieran demonizar al campo, que demasiado problema ya tiene. Que el gobierno se preocupe por gestionar el presupuesto público, el campo necesita menos presión tributaria, pero lo que más necesita es que la inflación sea de un digito. La devaluación al campo no le sirve, lo que hoy se devalúa mañana se pierde. Se necesita plan económico, pero la sensación es que no está disponible.

Primicias Rurales

Fuente: Agroeducación

Sociedad Rural asegura que hay una «preocupación muy grande» por «malas señales» del Gobierno para las inversiones

Sociedad Rural asegura que hay una «preocupación muy grande» por «malas señales» del Gobierno para las inversiones

Buenos Aires, 27 septiembre (NA) — El presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Daniel Pelegrina, aseguró ayer que hay una «preocupación muy grande» por la falta de avances en la agenda sectorial y las «malas señales» del Gobierno para las inversiones.
«Si al riesgo climático le sumamos una mala praxis política y una mala orientación de la política, es mucho peor», enfatizó el dirigente agropecuario.
En declaraciones radiales, sostuvo: «Estamos con una preocupación muy grande, empantanados en la agenda propia. No podemos despuntar una cantidad de temas».
«No vemos el rumbo para mejorar la capacidad de la iniciativa privada, que es la única manera de generar desarrollo y bienestar», apuntó el productor agropecuario y señaló: «Hay un Estado que está más involucrado y eso nos preocupa».
En tanto, aseguró: «Estamos más preocupados por el tema institucional general. Después de Vicentin, que fue una mala señal para las inversiones, avanzamos con restricciones a comercios y un cepo cambiario que se refuerza».
También criticó al «Aporte Solidario y Extraordinario de las Grandes Fortunas», al argumentar: «Es un impuesto que va a gravar los bienes con lo que vamos a producir. Es ir para atrás».
Al referirse a la liquidación de divisas en medio de la crisis cambiaria por la baja de reservas internacionales del Banco Central, evaluó: «Fue prácticamente normal durante toda esta campaña».
«Lo que tenemos que entender es que el problema no está en que nosotros conservemos nuestro futuro porque tenemos que sembrar esta campaña y pagar insumos, impuestos y salarios que vienen para adelante», puntualizó.
«Lo defendemos quedándonos en nuestro producto, que es el que conocemos y reserva valor», indicó Pelegrina, mientras analizó que «la solución viene por una macroeconomía estable y orientada reducir la carga tributaria y también las retenciones».

Primicias Rurales

Fuente: NA

China mete presión en el mercado de la soja, ¿cuánto más durará?

China mete presión en el mercado de la soja, ¿cuánto más durará?

Por Juan Manuel Garzón*

Buenos Aires, 26 septiembre (PR/20) — Los exportadores líderes (Brasil, Estados Unidos y Argentina) están actualmente vendiendo soja a un precio que se ubica un 25% (en promedio) por encima de los valores de abril/mayo y casi un 10% de los de agosto.

En el mercado del maíz, gran competidor por la tierra con la oleaginosa, se verifica algo parecido, los precios actuales están 16% por encima de los de abril / mayo y también +10% respecto de los de agosto

Todo indicaría que esta escalada en los precios responde más a presión de demanda que a restricción de oferta y que se genera básicamente por una aceleración de las importaciones chinas en los últimos meses (sin desconocer que hay otros países del sudeste asiático, más chicos, que también están empujando).

En el caso de la soja, las importaciones del gigante promediaron 10,3 millones de toneladas mes en el trimestre junio-agosto, un flujo que es récord histórico (y que anualizado asusta, lleva las compras a 123,6 millones de toneladas, 2,3 cosechas argentinas)

El gran interrogante es la persistencia de esta voracidad del gigante (y por ende del nuevo nivel de precios).

Desde otra perspectiva, la duda reside en los factores que están por detrás de la aceleración de las compras: cuánto de anticipación y/o acumulación de reservas y cuánto de expansión esperada en el consumo interno. Si se atiene a las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, habría un mix, por un lado, un crecimiento interesante del consumo interno en este y el próximo año y, por el otro, una acumulación de existencias finales, que se está dando en esta campaña pero que perdería intensidad el año entrante (los stocks finales bajarían de 3,0 a 2,8 meses de consumo equivalente)

Primicias Rurales

(*) IERAL Fundación Mediterránea

La Mesa de Enlace endurece su relación con el Gobierno y cuestiona a Basterra como interlocutor

La Mesa de Enlace endurece su relación con el Gobierno y cuestiona a Basterra como interlocutor

Por Marcos López Arriazu. Exclusivo A 24 Agro

Buenos Aires, 25 septiembre (PR/20) — Tras casi un año de idas y vueltas, los representantes de la Mesa de Enlace sienten que la relación con el Gobierno está estancada.

Ante la falta de respuesta a la mayoría de los planteos, con la seguridad de que el ministro de Agricultura no es el interlocutor adecuado y bajo la presión de las bases que piden más contundencia, los dirigentes buscan endurecer el discurso, sin quemar puentes.

¿Medidas de fuerza? Por ahora descartadas, pero todo dependerá de lo que suceda en los próximos meses.

Por lo pronto, el cambio en el tono arrancó hace dos semanas cuando, a través de un comunicado, los dirigentes expresaron su “preocupación por reuniones inconducentes” y los “escasos avances en la agenda del diálogo” a través del ministro de Agricultura, Luis Basterra.

“Desde que comenzamos a hablar con el Gobierno fueron puras promesas y fintas. Nos dicen que el agro es muy necesario, pero de realidades poco y nada” dijo a A24.com Agro Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural Argentina. Y agregó: “Hemos buscado siempre el diálogo, pero llega un momento en que necesitás resultados”.

En el diagnóstico coinciden los otros tres presidentes de la Mesa de Enlace, también consultados por este medio.

“Sacamos comunicados, hicimos notas, buscamos reuniones con funcionarios, pero vemos que todo eso no está dando ningún tipo de resultados”, subrayó Jorge Chemes, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).

El dirigente admitió que en los diez meses de gestión de Alberto Fernández “sólo” consiguieron “la emergencia en algún lado” o “alguna ayudita financiera para zonas que están complicadas con el clima”. Sin embargo, “sobre la presión impositiva o la política de Estado con respecto a lo que va a pasar con el campo no tenemos ninguna respuesta”.

La presión de las bases
La situación expone a los dirigentes ante sus bases y los grupos de productores autoconvocados. “Muchos nos dicen ‘se agotó la instancia’ o nos llegan pedidos extremos de cortar rutas o hacer paros por tiempo indeterminado, aunque hoy eso es imposible”, sostuvo Chemes.

De todos modos, admite que van a tener “que cambiar el discurso y ser duramente críticos”. También planteó la posibilidad de “buscar otros medios para llegar a la opinión pública, con un mensaje más fuerte y buscando nuevas herramientas para transmitirlas”. En definitiva, el objetivo es “ser más agresivos en la comunicación de la problemática”.

El resto de los dirigentes coincide: todos reciben la misma presión de los productores, pero creen que no es el momento de acciones de fuerza. “Las condiciones de pandemia y cuarentena no alientan a este tipo de medidas”, afirmó Carlos Achetoni, titular de la Federación Agraria Argentina (FAA).

Por su parte, Carlos Iannizzotto, titular de Coninagro, sostuvo que “en varios distritos nos plantean que el diálogo tiene un límite debido a que no hay respuestas”. Sin embargo, destacó: “Seguimos apostando mantener los puentes. El factor de unidad es la premisa fundamental en este momento; el país está en un contexto que no soporta rupturas”.

Para Pelegrina, el malestar va más allá de lo sectorial. “Más que enojados, los productores están muy preocupados”. De todos modos, esta sensación, supera los problemas del campo. “Más allá de los temas sectoriales, preocupa el devenir institucional, social y político del país”, explicó.

Tampoco considera viable una medida de fuerza. “Lo hablamos en la Mesa de Enlace, pero no lo vemos ahora, más atendiendo la situación social del país y viendo cómo estamos nosotros en relación a otros sectores, en una crisis mayor”, enfatizó.

Sin embargo, los cuatro coinciden en la necesidad de respuestas oficiales a planteos básicos. “Hay propuestas de la Mesa de Enlace, del sector agroindustrial, de Coninagro. Tenemos un contenido muy interesante para seguir debatiendo pero necesitamos respuestas”, resumió Iannizzotto.

Basterra en la mira
No todos los pedidos del campo apuntan a la presión impositiva, tipo de cambio o factores con costo fiscal directo. Muchos, están vinculados con cuestiones de seguridad, transporte interjurisdiccional o leyes de semillas, seguros y de acceso al financiamiento, entre otros.

Y si bien son varias las áreas que hacen oídos sordos a los pedidos, el ministerio de Agricultura es principal apuntado por los ruralistas.

“Nuestro interlocutor es Basterra y si no responde a lo que necesitamos, el interlocutor no es válido”, explicó Chemes. En ese sentido, disparó: “Vemos que no tiene poder político. Le pedimos cosas y no las consigue. No sabemos si es porque no quiere, porque no puede o porque no lo dejan”.

Por su parte, Achetoni remarcó que “hay un diálogo que, al no tener ida y vuelta con respuesta, se transforma en un diálogo estéril”. Una actitud que termina frustrando a los dirigentes. “Tenemos cordialidad, pero cuando uno sale de la reunión diciendo qué planteó pero no qué nos respondieron, es difícil”, lamentó.

Pelegrina también fue contundente: “Es nuestro interlocutor, pero no avanza y creemos que no se mueve internamente. No pelea por los temas que tiene en su agenda”, disparó.

La SRA tiene una experiencia distinta con otras áreas del poder Ejecutivo. De hecho, trabajó con el Ministerio de Seguridad para lograr que se viabilice el tránsito entre las provincias de Tucumán y Santiago del Estero. “Fueron más rápidos que el Ministerio de Agricultura, al que ya le habíamos planteado el problema al comienzo de la pandemia”, aseguró Pelegrina.

Otro ejemplo fue el pedido infructuoso que le hicieron a Basterra para que interceda frente al Ministerio de Educación por temas puntuales de escuelas rurales, y con el Banco Central (BCRA).

“Cuando en junio pedimos reuniones a siete ministros fue porque le planteábamos los temas a Basterra y nos decía que esos no eran de su área, como el tipo de cambio, o la ministra de Seguridad o Economía”, se lamentó Pelegrina. “Hay temas que exceden al ministro pero tampoco lo vemos activo. No vemos a Basterra pelando con Guzmán (Martín, ministro de Hacienda) por la suba del precio de los insumos para el agro”, dijo a modo de ejemplo.

El Banco metió la cola
Cuando la relación ya era cada vez más tensa, las medidas sobre el mercado de cambios de la semana pasada terminaron de conformar el mal humor del sector.

Llegaron cuando “los productores están viendo cómo darle más certidumbre a la producción, incrementándola, buscándole la vuelta”, dijo Achetoni. En ese sentido, aseguró que “estas medidas son totalmente antisonantes, contradictorias con lo que uno trata de proyectar: un aumento en la producción”.

Para el titular de FAA si bien “la disconformidad es bastante general” entre los productores, se mitiga un poco “por la mejora internacional de los commodities en las últimas semanas”. De todas formas, advierte que “en el caso de las economías regionales”, cualquier encarecimiento de los insumos importados genera una “pérdida de rentabilidad que, muchas veces, significa estar por debajo de los costos”.

También impacta la obligación de renegociar deudas por parte de los importadores. «Si a todos los que tengan deudas de importación se les va a dar solo el 40% y tienen que refinanciar el resto, cualquier encarecimiento se le va a trasladar al productor», adelantó.

En tanto, pidió que se asegure que los operadores «puedan adquirir dólares como para hacer las importaciones de insumos porque sino también puede llegar a ser bastante difícil».

Según Chemes, el mayor problema de las medidas del BCRA es una suerte de aumento y consolidación de la brecha cambiaria.

“Yo vendo a un dólar de $58 pesos y salgo a comprar insumos a más de $100; aunque no sea $140, con que sea $110 ya está el desfasaje”, explicó.

En tanto, respondió al argumento oficial de que los importadores ingresan la mercadería a dólar oficial o que proporcionalmente el gasto de insumos es chico comparado con el volumen venta.

“Lo que no ven las autoridades es que la brecha cambiaria está casi en el cien por cien. Y que los importadores compran a un dólar de 80, pero le agregan gastos como luz, empleados e ingresos brutos, entre otros. Por eso, cuando llegás a comprarlo, el producto está convertido a un dólar de $110”, aseguró.

Para adelante
“Seguimos con el diálogo, aunque las bases están en una situación de mucha preocupación y el mismo Gobierno debe estar preocupado porque no se va a poder cumplir con las metas de las divisas. No ha hecho nada para que haya más divisas, más producción”, subrayó Iannizzotto. Y advirtió que “en el tema fiscal hay cada vez más restricción y cuando eso pasa hay más freno de mano y más imposibilidad de poder alentar a los que producen y generan mano de obra como nuestro sector”.

En tanto, Pelegrina expresó que “hay preocupación por la república» y que «está avanzando el descrédito generalizado de la conducción política, sea el signo que sea. Se está yendo por el camino del ‘que se vayan todos’”.

Pese a las críticas, dejó la puerta abierta para continuar buscando consensos. “Seguimos adelante tratando de encontrar soluciones a los problemas puntuales. Amén de subir el tono desde las declaraciones, no vamos a ser nosotros los que rompamos el diálogo. Porque al margen de que estemos empantanados con el ministro de Agricultura, creemos que es el único camino», concluyó.

Primicias Rurales

Fuente: A 24 Agro

Foto de archivo: El ministro Luis Basterra, recibiendo a la Mesa de Enlace al comienzo de la gestión. Una relación que parece  encaminarse a la ruptura.