El impacto de la crisis global en la ganadería norteamericana

El impacto de la crisis global en la ganadería norteamericana

Katelyn McCullock.

Buenos Aires, 5 de agosto (PR/20).- El peso de faena aumentó a niveles inusuales y se duplicó el porcentaje de carcasas que califican como prime, las de mayor precio, ya que los animales debieron permanecer más tiempo en los feedlots a causa del parate de los frigoríficos por el covid-19. Cómo atraviesan esta disrupción ante la caída de gastos de los consumidores y cuál será la estrategia pospandemia, en la visión de organizaciones del mercado de los EE.UU.

«Cuando hablamos de la pandemia y qué haremos el día después -aún cuando no sabemos qué sucederá con el virus, si habrá una vacuna, ni cuál será el panorama económico- tenemos una certeza: los Estados Unidos continuarán centrándose en la carne de calidad que proporciona una experiencia enriquecida a los consumidores. Esto es una tendencia de largo plazo, en la que venimos trabajando desde hace años mediante mejora genética hacia un marmolado intenso», dijo Katelyn McCullock, Directora del Livestock Marketing Information Center (LMIC), EE.UU, en el seminario sobre los desafíos de la carne pospandemia organizado por el IPCVA.

La entidad, que cuenta con la colaboración de 27 universidades, organizaciones líderes de la industria ganadera y el USDA, presentó su visión sobre la situación ante el covid-19 y las perspectivas de la primera ganadería del mundo.

«Nuestro sistema de tipificación incluye cinco grados de calidad para ganado engordado en feedlots. En los últimos años, aumentó la proporción de las carcasas que califican como prime, las de mayor nivel, y desde 2015 alcanzan al 5% del total. Pero, en la primera mitad de 2020, estamos más cerca del 10% y eso implica mayores costos para la industria ya que los productores perciben un plus de precio por su ganado (unos 25 centavos de dólar por kilo en gancho). Es un cambio enorme en muy poco tiempo», planteó.

¿Por qué ocurrió esto? «Hubo un incremento en la cantidad de días de alimentación a corral que llevó a pesos de faena inusualmente elevados, de 376 kilos por carcasa (+ 4,3% interanual). El retraso en las salidas se debió a los cierres de plantas, cuyo personal contrajo covid-19?, contó.

El sistema de salud estadounidense es descentralizado y al inicio de la pandemia la decisión de continuar o no con la actividad, se tomó en cada Estado o condado; luego el Presidente Trump emitió un decreto considerando a la industria frigorífica como esencial a nivel federal. «Así, se implementaron sistemas de protección para el personal y se redujeron los cierres», afirmó.

De cualquier modo, la faena cayó 14% en el segundo trimestre de 2020. «Con lo ajustado que estaba el mercado laboral en general, en los primeros momentos, se creó la tormenta perfecta para no conseguir mano de obra para estas tareas calificadas y no pueden ser realizados por cualquiera que esté disponible», contó. Y anticipó que, en base a esta experiencia, «habrá cambios más agresivos hacia la automatización de los procesos en las áreas donde sea posible. Esto también será una tendencia a largo plazo».

Actualmente, se faena hasta los sábados y en junio se procesaron 2,9 millones de animales, un aumento del 26% comparado con el mes anterior, según del USDA. «De cualquier modo, todavía tenemos 1,1 millón de cabezas más que el año pasado que han estado encerrados por más de 120 días, que podrían calificar como prime continuando con los sobrecostos para los procesadores», advirtió. Entonces, prosiguió, «se necesita que esos niveles de faena continúen altos durante todo el segundo semestre y que los consumidores sostengan la demanda por esa mercadería», señaló McCullock, aludiendo a que la cadena cárnica es un sistema «justo a tiempo», o sea basado en la eficacia para alimentar el ganado, faenarlo y llegar a la góndola o el restaurante, en forma sincronizada.

El consumidor manda

«De aquí en más, percibimos que la faena estará controlada, incluso si hay en EE.UU. otra ola significativa de coronavirus, de manera que somos optimistas en que esto no resultará en nuevos cierres de plantas. Ahora, estamos sujetos a otros desafíos», afirmó la especialista, refiriéndose a “cuánto podrá comprar el consumidor de un alimento de por sí caro, con precios mucho más elevados que las carnes alternativas”.

Al entrar los Estados Unidos en un período de recesión, al igual que la mayoría de los otros  países, la población ha disminuido los gastos en alimentos en general y no van tanto a los restaurantes que ya reabrieron. «Estamos viendo niveles bastante bajos de consumo, no como en la gran recesión de 2008, pero aun así sustancialmente menores que los de 2019», alertó McCullock.

El mercado interno estadounidense acapara el 90% de la faena; y hasta la irrupción de la pandemia, el 50% de la carne se consumía en el hogar y el otro 50% afuera. «Por eso, el poder adquisitivo de la gente y su percepción sobre la seguridad que ofrecen los locales de comidas frente al covid-19 son muy importantes», dijo.

¿Exportaciones? «Desafortunadamente, también sufrimos en este canal comercial por el impacto del coronavirus en la industria frigorífica», aseveró. El volumen embarcado en mayo, en el pico de los cierres, cayó 30% interanual, totalizando 62 mil toneladas, el menor nivel mensual en 10 años, aunque se espera un repunte en la segunda mitad del año que dependerá de la situación en cada mercado.

Joel Haggard.

Joel Haggard.

«Nosotros no tenemos la locomotora de China como la Argentina, Uruguay y Brasil»,  agregó Joel Haggard, vicepresidente de la Federación de Exportadores de Carne de Estados Unidos, otro disertante en el seminario del IPCVA. En ese sentido, China sólo representa el uno a dos por ciento de las exportaciones estadounidenses mientras el resto de Asia alcanza al 62% del volumen y el 70 % del valor, sobre todo Japón y Corea, que mantienen niveles de demandas más estables.

¿Potencial de China? «Recién hemos tenido acceso sin restricciones a este país desde febrero de este año. Se firmó un acuerdo comercial binacional por el que ellos retiraron la prohibición a las hormonas que utilizamos en nuestros feedlots, pero no a la ractopamina que también es habitual en la producción de carne. O sea que todavía se requiere que tengamos una cadena de suministro exclusiva para ese destino. Estamos tratando de construir esa capacidad pero, por lo pronto, sólo enviamos un par de cientos de toneladas a la semana», explicó.

Pospandemia

«Estados Unidos ya estaba en una fase de contracción del ciclo ganadero, por el que cada 10 años tenemos un pico o una disminución en el número de animales. Ya empezamos a ver menos el año pasado y creo que la pandemia acentuará este proceso de liquidación», planteó McCullock.

«La línea punteada azul representa nuestra estimación de hasta dónde podrán caer los inventarios a futuro, en función de la situación financiera y la incertidumbre que enfrentan los productores con respecto a los precios que lograrán al momento de las ventas», detalló la especialista, mostrando un gráfico declinante sobre el stock de vacas al 1º de enero de cada año. De cualquier modo, cabe aclarar que con las hembras existentes al día de hoy producen la misma cantidad de carne o más que con las 45 millones de hace 30 años.

Para finalizar, presentó otro gráfico sobre el comercio internacional de los Estados Unidos desde 2014 a 2020 que confirma que, aún con la creciente productividad del rodeo, el país es importador neto de carne de vacuna. «Ahora estamos comprando más, en parte como consecuencia de que la carne americana se ha vuelto más cara», afirmó.

«Pero no creo que esta suba sea sólo un cambio dramático a raíz del coronavirus, hay otros factores que inciden en la necesidad de producto, desde cuestiones de calidad hasta la paridad cambiaria. Nuestro país consume habitualmente una cantidad sustancial de carne vacuna y tendremos que seguir importando en pospandemia», concluyó.

Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne.

Qué es “vaca viva”: el concepto que obsesiona a Alberto Fernández, explicado por su creador

Qué es “vaca viva”: el concepto que obsesiona a Alberto Fernández, explicado por su creador

Por Marcos López Arriazu

Buenos Aires, 1 agosto (PR/20)  — Alberto Fernández tomó un concepto que engloba todas las actividades referentes a la bioeconomía y que podría ser clave para la salida de la crisis .

El Gobierno se muestra decidido a avanzar en una nueva relación con la agroindustria y es el propio Alberto Fernández quien desde hace varias semanas se encarga de enviar mensajes positivos al sector.

En su afán, el Presidente incorporó un concepto que repite en cuanto discurso o entrevista tiene oportunidad. Es el de la “vaca viva”, un guiño hacia una Argentina agroindustrial que, al menos en su nombre, encierra una dicotomía con Vaca Muerta.

El primero en hablar de «vaca viva» en el Gobierno fue el actual veedor en Vicentin, Gabriel Delgado. Lo usó en la conferencia de prensa donde se anunció la expropiación de la cerealera, como forma de subrayar la posibilidad de sinergizar la actividad petrolera con la agroindustrial.

Pero Delgado no es quien desarrolló el concepto. Su autor es Fernando Vilella, un ingeniero agrónomo, exdecano de la Facultad de Agronomía de la UBA, que hoy dirige el Programa de Bioeconomía de esa casa de estudios.

Aunque con humildad, Vilella no oculta que “es bastante emocionante” escuchar al Presidente cuando adopta su concepto.

Si bien él mismo admite que el nombre vaca viva “no es más que fuegos artificiales con un juego de palabras”, asegura que “detrás de eso hay millones de argentinos que pueden tener una calidad de vida mejor”. Y hasta le mete presión a Alberto Fernández: “Podría ser un gran legado de su presidencia”.

Fernando Vilela es el «dueño» de un concepto detrás del cual, asegura «millones de argentinos pueden tener una calidad de vida mejor».

¿Qué significa realmente Vaca Viva? Lo primero a tener en cuenta es que no se refiere solo a la ganadería, sino que engloba todas las actividades referentes a la bioeconomía, que incluye a la ganadería, pero también la industria forestal, la biotecnología y las Agtech, para mencionar algunos ejemplos. Su nombre surgió como un obvio llamado de atención, cuando todos los ojos de la política y la economía se centraban únicamente en Vaca Muerta.

“Todos los gobiernos, desde Cristina Fernández para acá, incluso el actual, venían trabajando la idea de que Vaca Muerta podía ser una de la salida de la Argentina en términos económicos. Se instaló como motor de crecimiento, pero yo asimilo Vaca Muerta a la economía del petróleo, la economía Siglo XX, una economía que está transfigurándose hacia sistemas energéticos más eficientes, más sustentables y amigables con el ambiente”, contó Vilella a A24 Agro.

En ese contexto, le pareció que, “apalancado sobre Vaca Muerta, se podía generar algo distinto, asociado a lo moderno, al territorio y a las cadenas agroindustriales con tecnificación”.

Así nació la vaca viva hace cuatro años y de esta forma comenzó nuestra charla.

– ¿Por qué vaca viva?

Las administraciones nacionales y muchos economistas planteaban que para poner en marcha Vaca Muerta se requería un financiamiento en torno a los USD 10 mil millones anuales. Y para que los grandes inversores extranjeros llegaran debían darse marcos regulatorios especiales. Hablamos de diferimientos de impuestos, desgravaciones de cargas laborales, la aceleración en la amortización de los bienes, la devolución inmediata del IVA, entre otros. En ese contexto y reflexionando en la importancia que puede tener en un proyecto nacional de desarrollo federal equitativo, que yo lo entiendo en base a la bioeconomía, se me ocurrió contraponer ese concepto ya conocido de las industrias del pasado, contaminantes, con este de vaca viva.

Vaca viva se asocia a todos los formatos de la bioeconomía posible, donde la Argentina tiene grandes posibilidades, pero hay que trabajar, desregular muchas cosas, otras que formular y leyes que hacer.

– ¿Cuáles son las oportunidades para desarrollar esa vaca viva?

Cuando analizamos las capacidades y las exportaciones de Argentina vemos que, por ejemplo, somos el tercer productor de granos de maíz del mundo. Pero dos terceras partes de lo que producimos lo exportamos como grano, mientras Brasil exporta el 40% y Estados Unidos el 17%. ¿Qué pasa con la diferencia? Ellos lo transforman en proteínas, en alcohol, en productos de la química verde. Mientras tanto, nosotros vendemos un producto que vale poco por tonelada, sin transformarlo localmente. Otro caso es el de la harina de soja, que exportamos el 90% de lo que producimos. Ambos se usan para elaborar alimentos balanceados en otros países. Es decir, la matriz exportadora de la Argentina es primaria y no hace transformación.

– ¿Por qué la Argentina no transforma su materia prima?

En mi criterio no hay una política que ayude a las inversiones, porque transformar ese maíz en carnes o productos más elaborado necesita el aporte de capitales y, para eso, el inversor tiene que tener la certeza de que va a recuperar lo que puso y va a ganar plata. Eso no está pasando, entonces uno ve que las exportaciones de la Argentina cada vez son más primarias. Por eso me llama la atención que se está pensando en favorecer a grandes inversores internacionales del petróleo y no a otros que tienen que ver con la agroindustria, que a veces son grandes, a veces extranjeros, pero la mayoría son argentinos.

– ¿Qué puede ofrecer la agroindustria a la salida de la pandemia?

La crisis que se viene va a ser de mayor intensidad que la de 2002. Entonces, generando trabajo y divisas, sin necesidad de importaciones como sucede con muchos otros rubros, las actividades de la bioeconomía serán claves en la recuperación del país. Vaca viva es la solución de una parte de los problemas en los que estamos.

– ¿Qué actividad puede responder más rápido?

A partir de las problemáticas de la Fiebre Porcina Africana que generó la desaparición de la mitad de los cerdos de China, el país con mayor stock del mundo, y que en términos globales significa que hoy tenemos una cuarta parte menos de cerdos que hace un año y medio atrás, se generó una demanda importante de todo tipo de proteínas animales. No solo de carne de cerdos, sino de vacunos y pollos. Y si tuviéramos una industria de la piscicultura, lo mismo. Esta es una salida inmediata porque están los mercados.

Después hay muchas producciones regionales que están vinculadas a alimentaciones humana directa: frutas, aceite de oliva, vinos, que muchos de ellos tendrían una posibilidad de crecer generando trabajo y desarrollo en esos lugares en forma relativamente rápida.

– ¿Qué es exactamente la bioeconomía?

Es la transformación de biomasa en productos de mayor valor. Es agregarle valor a las plantas y animales que tenemos en el campo y hacerlo en forma sustentable, sin impacto ambiental y ni social.

El caso del Establecimiento agropecuario Las Chilcas, en el norte de Córdoba, es un buen ejemplo. Eran productores de maíz que exportaban como grano; hoy ese maíz lo transforman en etanol con una minidestilería y ahí obtienen dióxido de carbono que lo venden a las empresas de gaseosas. Lo que les queda de residuo, la burlanda, la usan para alimento de ganado estabulado. También hacen cerdos con maíz y soja local. Con todo el estiércol de los vacunos y los cerdos hacen biogás, que genera energía para la minidestilería. Pero el excedente de la energía se inyecta a el sistema eléctrico nacional. Además, lo que queda de residuo del estiércol es utilizado como fertilizante orgánico que vuelve al campo. Entonces cada uno de esos pasos genera un insumo con lo que antes era un desecho, con su consiguiente impacto ambiental. Antes vendía maíz, ahora se venden etanol, dióxido de carbono, carne vacuna y de cerdo, energía eléctrica y fertilizantes. Eso es bioeconomía, una economía circular donde se minimiza el impacto ambiental, pero además se genera trabajo de calidad por la demanda de técnicos especializados. Así se va logrando el desarrollo local.

– ¿Otros países apuestan a la bioeconomía para su futuro?

Hay más de 40 países que tienen su proyecto de desarrollo vinculado a la bioeconomía. En su mayoría son países europeos, más chicos, pero el concepto de bioeconomía atraviesa toda su estrategia de desarrollo.

En países como el nuestro, con una plataforma fotosintética enorme, que genera biomasa per cápita unas siete veces mayor a la de Alemania, es una gran oportunidad. La clave será traer la tecnología, montar la infraestructura y acercar a los técnicos a los lugares de producción.

Sobre graneros y supermercados
Vilella destaca su relación de años con Gabriel Delgado. Son amigos y en el último tiempo realizaron varios seminarios juntos. “Tenemos afinidades sobre cómo debe ser el modelo de desarrollo. Y él toma este concepto de vaca viva y lo usa en todos lados”, contó.

Lo importante es que esas frases fácilmente vendibles impulsen acciones. Y en esa búsqueda, Vilella tuvo algunos pasos como funcionario. Por pocos meses fue Subsecretario de Asuntos Agrarios en el inicio de la gobernación de Daniel Scioli, lugar que dejó en 2008 tras la disputa de la resolución 125. Más recientemente fue asesor del ministro de Agroindustria de la provincia, Leonardo Sarquís, con quien impulso el programa de bioeconomía provincial.

Pero esta no es la primera vez que un primer mandatario toma un concepto de Vilella para transformarlo en bandera de política de Estado. Mauricio Macri se cansó de hablar de supermercado del mundo, también acuñado por Vilella.

«Macri usaba el pasar de ser el granero del mundo a ser el supermercado, una frase que acuñamos hace unos ocho años. Pero era una etapa distinta, creo que hoy la Argentina no está en condiciones de ser supermercado porque en los productos de medio y bajo valor no tiene competitividad. Con nuestro sistema gremial, logístico, de energía, etc, somos caros para competir con otros países. Podemos avanzar en productos premium y proteínas, pero hay que construir las condiciones para que no solo nuestros los productos boutique sean competitivos», afirma.

– ¿Qué siente ahora que Alberto Fernández habla de vaca viva?

Es bastante emocionante que un Presiente use un argumento que uno está construyendo. Pero más allá de eso, le diría a Alberto Fernández que vaca viva es una parte inherente al futuro de la Argentina. Los conceptos detrás del cartel -que no es más que fuegos artificiales con un juego de palabras- encierran la posibilidad de que millones de argentinos puedan tener una calidad de vida mejor, en el conjunto del territorio, desconcentrando las ciudades y cortando las migraciones.

El concepto de la vaca viva podría ser un gran legado de su presidencia si es capaz de articular los intereses para que se lleve adelante.

Primicias Rurales

Fuente: A24 Agro

Las exportaciones de los principales complejos agroindustriales alcanzaron un récord en el primer semestre del año

Las exportaciones de los principales complejos agroindustriales alcanzaron un récord en el primer semestre del año

Por Emilce Terré, economista de la Bolsa de Comercio de Rosario

Buenos Aires, 1 agosto (PR/20) —  Con 52,5 millones de toneladas (Mt), las exportaciones de los principales complejos agroindustriales alcanzaron un récord en el primer semestre del año.

Los complejos cebada, girasol, maíz, soja y trigo explicaron el 50% del valor de las exportaciones argentinas y del 80% de su volumen. De cada US$ 100 que ingresan al país por ventas al exterior, 4 los proveen las cadenas de maíz y soja.

Los complejos agroindustriales de la República Argentina continúan dinamizando las cuentas externas de la economía nacional. Entre las cadenas de cebada, girasol, maíz, soja y trigo se exportaron en el 1er semestre del año 52,5 millones de toneladas, el volumen más alto en los registros para el período enero-junio, según informó el INDEC.

En relación al año anterior, el volumen exportado por los complejos cebada, girasol, maíz, soja y trigo aumentó un 6%, con las principales subas explicadas por los complejos maíz y trigo, aunque otros cultivos que quedan por fuera del presente análisis también tuvieron un comportamiento destacado. Tal es el caso, por ejemplo, del maní (cuyos despachos aumentaron un 61%) y el sorgo (que exportó entre enero y junio un 203% más que el año anterior).

En relación al complejo maicero, con una suba en volumen exportado del 17% a 20,1 millones de toneladas no sólo ha tocado un récord en volumen sino que también ha quedado muy cerca del puesto número 1 en complejos agroindustriales exportadores, siendo superado sólo por el complejo soja con despachos por 20,6 Mt. De este modo, la participación del complejo maíz en las exportaciones totales del país alcanzó un máximo del 31% en el primer semestre del año, apenas un punto porcentual por debajo de la participación del complejo sojero. Así, estas dos cadenas agroindustriales representan el 63% del volumen de exportaciones totales de la República Argentina.

El complejo trigo, por su parte, logró un avance del 19% en el volumen de despachos, superando así las 9 millones de toneladas, también un récord histórico para el primer semestre del año. La participación en el total alcanzó de este modo el 14%, recuperándose 2 puntos porcentuales respecto a la marca del año anterior pero aún por detrás del 16% que tocó en el año 2018 y del 15% del 2017.

En la vereda opuesta se encuentra el complejo cebada, cuyos despachos han caído un 31% respecto al primer semestre del año anterior, muy afectada por el golpe de la pandemia del coronavirus en la demanda de los productos industriales que la utilizan como insumo este cultivo, en tanto que los despachos del complejo girasol bajaron un 27%.

Respecto de la estrella del comercio exterior argentino, el complejo soja, los despachos en volumen cayeron un 1% a 20,6 Mt respecto del año anterior, encontrándose un 5% por debajo del promedio de los últimos cinco años. Se encuentra aquí otra diferencia importante entre la soja y el maíz, ya que mientras que la cadena maicera ha duplicado el volumen de sus despachos en los últimos cinco años, pasando de 10 Mt en el 1er semestre del 2015 a más de 20 Mt en 2020, el complejo sojero se ha estancado en torno a los 20 Mt sin poder repetir la marca de 25 Mt que logró en el período enero-junio del 2016.

Entre los cinco complejos agroindustriales seleccionados se explicó el 80% del volumen total de las exportaciones argentinas del primer semestre del año, una participación estable en relación a la marca del año anterior. Si dirigimos en tanto la mirada al valor de estos despachos, se tiene que las 5 cadenas explicaron conjuntamente el 50% de las exportaciones totales de la República Argentina entre enero y junio del 2020, el ratio más alto en al menos 7 años. Esta participación, de hecho, se encuentra 6 puntos porcentuales por encima de la registrada en el mismo período del año anterior y supera incluso a la que alcanzó en el primer semestre del 2016, cuando el complejo sojero tuvo su mejor año.

En efecto, el conjunto de las cinco cadenas agroindustriales generaron un ingreso de divisas de US$ 13.631 millones de dólares en el primer semestre del año en curso, prácticamente igualando los US$ 13.705 millones de dólares que se exportó de todo el resto de bienes y servicios que Argentina vendió al exterior entre enero y junio de 2020.

Cuando observamos la evolución del valor de las exportaciones del complejo agroindustrial se observa que si bien el crecimiento de los despachos de la cadena maicera es notable en el último lustro, la brecha con el ingreso de divisas del complejo sojero es mucho más amplia que cuando se toman las toneladas despachadas. En efecto, el complejo maíz con sus embarques por US$ 3.351 millones registra un crecimiento del 15%respecto a las exportaciones del primer semestre del año anterior, registrando la mayor suba porcentual interanual. Aun así, éstas representan menos de la mitad de los US$ 7.618 millones de dólares que exportó el complejo sojero. Ello es así porque en el caso del maíz se exporta mayormente grano sin procesar, mientras que en el complejo sojero adquieren relevancia los embarques de productos derivados de mayor valor agregado, como pellets, harinas, tortas, aceite, biodiesel, etc.

El valor de las exportaciones de la cadena sojera, sin embargo, se mantiene prácticamente sin cambios respecto a los despachos del año anterior. Aun así, los embarques de soja y subproductos por sí solos dan cuenta de alrededor del 30% de las exportaciones totales del primer semestre de la República Argentina. Si tomamos complejo soja más maíz, en tanto, dicha participación en las exportaciones totales asciende al 40%. En otras palabras, de cada US$ 100 que ingresan al país por la vía del comercio exterior, 4 dólares lo generan las cadenas de maíz y soja.

La cadena triguera se encuentra en el segundo lugar entre las que mayor incremento registraron en el valor de las exportaciones respecto al año anterior, sólo por detrás del maíz, con un crecimiento del 4% a US$ 1.791 millones. Del lado opuesto, los complejos cebada y girasol han visto decrecer sus despachos en dólares un 38% y 24%, respectivamente, este primer semestre del 2020.

Uno de los motivos que explica por qué el crecimiento en toneladas aventaja el aumento en valor de los despachos es que la mayor suba estuvo dada por las exportaciones de granos sin procesar, en tanto que cayeron los embarques de productos agroindustriales con mayor valor agregado. En efecto, mientras que el volumen exportado de granos sin procesar aumentó un 18% a 34,7 millones de toneladas en el primer semestre del año, el de los subproductos industriales cayó un 11% a 17,8 Mt. Así, la participación de los granos tal cual en el total de exportaciones de los principales complejos agroindustriales, que oscilaba en torno al 55% entre 2015 y 2018, escaló al 60% en 2019 y hasta el 66% en el primer semestre del 2020.

El aumento en el volumen despachado de granos estuvo liderado por el poroto de soja, que subió un 51% hasta las 4,4 Mt, seguida por los envíos de semilla de girasol que escalaron un 45% a 0,2 Mt. En tercer lugar se ubica el trigo con un crecimiento del 20% a 8,6 Mt colocadas en el exterior entre enero y junio de 2020, en tanto que el incremental del 17% de las exportaciones de maíz en grano llevó el total a romper la marca de los 20 millones de toneladas.

Primicias Rurales

Fuente: Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario

Para recuperarse en 2021, es clave el aporte del agro a la economía; ¿qué podemos esperar?

Para recuperarse en 2021, es clave el aporte del agro a la economía; ¿qué podemos esperar?

Por Juan Manuel Garzón

Buenos Aires, 30 julio (PR/20) — En el actual contexto la actividad agropecuaria se posiciona como un sector importante en un eventual y anhelado proceso de recuperación económica, tal como sucediera en la salida de la crisis 2001/2002, lo que exige prestar mayor atención que la usual a los principales factores que influirán en el resultado productivo y en el efecto multiplicador del ciclo agrícola 2020/2021

En el tablero del clima, por la inusual ausencia de lluvias en ciertas regiones y cierta probabilidad de un evento climático Niña, se están encendiendo algunas luces amarillas, que pueden cambiar de color y complicar el avance la campaña.

En cuanto a los precios internacionales, si bien resisten en la crisis global y se han verificado algunos aumentos, sigue habiendo riesgos de reversión; vale recordar que en el período 2002/2003 la soja subió 70% (punta a punta), facilitando la recuperación de la economía en aquel entonces, fenómeno que difícilmente se repita

Finalmente, habrá que seguir con mucha atención la situación cambiaria, la política tributaria y las acciones que se llevan adelante para contener la inflación y mejorar el ambiente para hacer negocios.

Los precios relativos internos de los granos no están en niveles muy bajos, pero tampoco disponen de mucho margen como para absorber un retraso del tipo de cambio o mayores impuestos; sería importante que no se deterioren en estos próximos meses, al menos si se pretende que la próxima siembra de granos gruesos, que debe definirse en el último cuatrimestre del año, sea lo suficientemente potente como para ilusionarse con una buena cosecha en el 2021.

Primicias Rurales

Fuente: IERAL Fundación Mediterránea

Una funcionaria contra la burocracia en la cadena cárnica

Una funcionaria contra la burocracia en la cadena cárnica

Catalina Boetto.

Buenos Aires 27 de julio (PR/20).- Tras poner en marcha un documento que unifica en una sola gestión online todo lo necesario para trasladar hacienda, Córdoba avanza en la habilitación virtual de frigoríficos provinciales y hasta veterinarias. «La carne es esencial para la población. La idea es simplificarle la vida a productores y procesadores para que sigan adelante, aún en pandemia», afirmó Catalina Boetto, secretaria de Ganadería de la Provincia de Buenos Aires.

«Cuando anunciaron que éramos una actividad esencial y que no debía faltar carne en medio de la cuarentena, empezamos a ver qué cosas podían impedir el normal funcionamiento de la cadena. Teníamos que garantizar que todo productor que quisiera movilizar hacienda con cualquier finalidad, lo pudiera hacer. El primer paso fue impulsar el DUT (Documento Único de Tránsito), una herramienta digital que existía desde 2018, pero no se utilizaba», contó Boetto.

¿Qué es el DUT? «Es un documento que integra la información sanitaria -el DTe que da el Senasa- con la garantía de propiedad de la hacienda, que brindan nuestra Secretaría a través del boleto de marcas y señales», describió la funcionaria, detallando que permite al productor autogestionar en un solo sitio un proceso que antes debía hacerse por varias vías.

¿Cómo se puso en marcha? «Cuando empezó la cuarentena había solo 100 municipios y comunas adheridos a este mecanismo y desde entonces logramos que, en muy poco tiempo, 315 jefes comunales e intendentes firmaran los convenios. Esto los habilita a cobrar la tasa, dando agilidad al DUT y, al mismo tiempo, hace más eficiente su gestión financiera», recordó, remarcando que en concreto el tránsito de hacienda en la provincia se hizo 100% digital.

“Ahora, todos los productores pueden obtenerlo durante las 24 hs, los 365 días del año, sin ningún trámite presencial. Ni siquiera tienen que ir la oficina municipal para hacer el visado, lo pueden pagar desde su casa, a través de una plataforma que se llama Pay per TIC. En concreto, ganan en comodidad y rapidez», reiteró.

La cocina del DUT

Para Boetto, algo fundamental fue el desarrollo tecnológico que requirió esta innovación. «Primero hubo que hacer la digitalización de todas las marcas (ganado mayor) y señales (ganado menor), o sea, de los dibujos. Para eso, contratamos a una empresa especializada y luego a otra, que desarrolló el software para que el productor cargue sus datos y todos puedan ser autogestores», explicó.

Un primer escollo fue acreditar que el boleto de marcas y señales estaba vigente, dado que el DUT exige estar al día en todo. Eso trajo como consecuencia que muchos ganaderos advirtieran que tenía los boletos vencidos, por lo que necesitaban renovarlos.

«Antes esto se hacía en forma presencial, acá en la oficina, tenían que traer los papeles de rentas y pagar unas tasas. Pero como no atendíamos al público, lo resolvimos en forma online», contó, detallando que les pedían que mandaran la documentación por mail, además de una declaración jurada garantizando la legitimidad de la firma y el compromiso de asistir en persona cuando terminara la pandemia.

Desde marzo se hicieron 3.212 trámites; una vez que mandaban la documentación tenían el nuevo boleto en menos de 48 horas. «Fue un gran logro, trabajamos diez horas por día, cada uno de los agentes, por teletrabajo, para que la producción no parara, que no tuvieran que dejar de comercializar por no tener el boleto regularizado», destacó.

¿El próximo paso? «Ya conseguimos que todos los productores sean autogestores y, ahora, estamos consensuando entre los municipios y comunas la unificación de las tasas para una misma operatoria. Es un trabajo para 2021, pero hay acuerdo en que es importante la equidad territorial», planteó Boetto.

Faenadores digitalizados

Otro desafío fue garantizar la fluidez de los trámites que debían hacer los procesadores y transportistas para que los productos cárnicos lleguen a la población, considerando que Córdoba cuenta con 19 mataderos, 30 despostadores y depósitos, y 64 fábricas de chacinados con habilitación provincial.

«Hasta que comenzó la pandemia se hacía una declaración jurada mensual de la producción con un formulario que se presentaba en nuestras oficinas. Entonces, se puso en marcha una plataforma electrónica, que también se venía desarrollado desde la gestión anterior, para que se hiciera online», señaló Boetto, pormenorizando que, crisis mediante, la nueva modalidad se hizo obligatoria ya a partir de marzo. Y agregó: «lo mismo ocurrió con el transporte de productos cárnicos. Los certificados sanitarios de tránsito, que eran talonarios preimpresos, se reemplazaron por formatos digitales».

Esta modernización de trámites e informes hizo posible la autogestión de los establecimientos faenadores e industrializadores. «Además de facilitar la tarea de las empresas, contribuye a la trazabilidad de productos y subproductos, y simplifica los controles en las auditorías», aseveró. Y subrayó: «algo no menor es que cualquier carnicería que recibe mercadería de un frigorífico provincial le llega con un código QR, o sea, que todo está digitalizado».

Habilitación a distancia

Un gran salto fue hacer la habilitación de plantas procesadoras provinciales en forma virtual. «Como la ciudad de Córdoba está considerada zona roja (por Covid-19), a diferencia de algunos pueblos, no podíamos viajar con los veterinarios para hacerlo personalmente, como era habitual. Entonces dijimos, vamos a buscarle la vuelta», mencionó, aludiendo a la implementación de un protocolo a distancia.

Así las cosas, hace un mes habilitaron dos plantas nuevas de desposte de cerdos y elaboración de chacinados, y una de fraccionamiento y empaque de huevos, tras la aprobación de la documentación pertinente, acompañada por una declaración jurada donde el industrial se compromete a que, una vez finalizada la pandemia, será auditado en forma presencial.

¿La inspección virtual? «Nos mandaron los planos, estudiamos la situación e hicimos una prueba previa para ver si tenían conexión en todos lados. Entonces, armamos una reunión por zoom, con el responsable de planta y su veterinario, que tenían cámaras simples, las del celular. Y desde nuestras oficinas les decíamos: vamos a entrar por la puerta de acceso del personal y corroborar cómo es el lugar para limpiar las botas, dónde dejan la indumentaria y dónde está alcohol para higienizarse. Muestren ahora si esa ventana tiene mosquitero y hasta dónde llegan los azulejos, todo así, paso por paso», describió.

¿El resultado? «Ellos tenían todo listo y sólo les faltaba la habilitación, entonces lo que hicimos desde la Secretaría fue no poner trabas para que arrancaran. Los felicité porque son empresas que están invirtiendo en estos momentos tan difíciles «, aseguró.

El siguiente paso es la habilitación de veterinarias en forma virtual, trámite que vence cada tres años.»Hasta ahora renovábamos las que ya habían presentado toda la documentación y las habíamos visitado, y a partir del próximo mes se harán a distancia. Acordamos con los médicos veterinarios que presenten sus declaraciones juradas y nosotros haremos la inspección con cámaras. Son esenciales para la salud y nutrición animal», ratificó.

Privado & Público

Para finalizar, Boetto reflexionó sobre la importancia de su trayectoria en la actividad privada para gestionar estos cambios. «Me sirvió para conocer las dificultades que enfrenta el productor con relación a las regulaciones del Estado, ya que en muchas oficinas públicas no saben cómo se viven esas cuestiones en el terreno. O sea que me ayudó a buscar soluciones a tanta complejidad, papeleo y burocracia, que es parte del costo argentino», apuntó.

En ese sentido, reveló que cuando asumió como Secretaria hace siete meses, primer cargo en el área oficial, pensaba que tendría que dedicarse más a aspectos productivos. «Esa era mi labor como profesional, con ganaderos y técnicos. Pero ante la pandemia, enseguida me di cuenta: ¿cómo voy a decirles yo desde el Ministerio como hay que producir? Nosotros tenemos que estar en lo normativo y simplificarle la vida al productor, para que lleve adelante su actividad en forma eficaz y sustentable. Esta modernización es algo que se venía gestando desde hace tiempo, como visión del propio Gobernador y, ahora, en mi gestión, aprovechamos la crisis para concretarla», concluyó.

Por Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne 

Primicias Rurales

Alberto Fernández, entre un nuevo elogio al campo y el ¿mito? del valor agregado

Alberto Fernández, entre un nuevo elogio al campo y el ¿mito? del valor agregado

Por Marcos López Arriazu

Buenos Aires, 25 julio (PR/20) — En los últimos quince días, el Gobierno parece decidido a relanzar su relación con el sector agroindustrial.

Tras siete meses de cortocircuitos y acciones fallidas, el propio Alberto Fernández metió en la agenda al campo, dándole el rol de motor de desarrollo de la Argentina. La duda es si existe un plan para que la agroindustria pueda ayudar al despegue de la economía. Aunque, ¿se necesita un plan? (no sería amable exigírselo a Alberto cuando acaba de decir que no cree en ellos). Tal vez sea suficiente un conjunto de acciones más simples, con continuidad.

Las menciones al campo comenzaron el 8 de julio en la inauguración de un puerto de la Asociación de Cooperativas Argentinas en Timbúes, Santa Fe. “Los hombres del campo tienen mucho para dar en la Argentina”, dijo el primer mandatario sorprendiendo a muchos, cuando aún estaba vigente la intensión de expropiar Vicentin.

Además, ponderó el “desarrollo tecnológico” del campo argentino y abogó por una “mayor industrialización de las materias primas”. También reconoció que, en época de pandemia, el campo es lo que le permite a la Argentina “producir y exportar en el modo que lo estamos haciendo”.

Los elogios siguieron al día siguiente, en el acto del 9 de julio. Teniendo a su lado al presidente de la Sociedad Rural Argentina, Daniel Pelegrina, afirmó que al país lo van a sacar adelante todos los sectores que estaban representados en esa foto, el campo incluido.

Ayer fue el turno de la proyección internacional de las palabras. El lugar elegido, la presentación ante el Council de las Américas.

En un discurso cuyo eje argumentativo fue la negociación de la deuda, con paseos sobre las dificultades presentes de la Argentina y las actividades y estrategias en las que puede basar su recuperación, el campo asomó en tres conceptos: oportunidad de inversión, generador de divisas y promotor de desarrollo territorial.

Claro, también surgió la visión de una región central rica vs un norte y una Patagonia periféricos en cuanto a desarrollo (cualquier similitud con Chetoslovaquia es mera coincidencia). Soluciones propuestas por Alberto: plan de obras públicas que mejore conectividad; acuerdo con Chile para tener salida por el Pacífico; mejorar la hidrovía del Paraná; desarrollar más la producción de gas; desarrollar la economía del conocimiento, entre otras.

El objetivo, captar inversión y exportar con mayor valor agregado. Y fue claro: “La única forma de afrontar la deuda es tener una balanza comercial positiva”.

La clave del valor
Suele haber un pensamiento común en todos aquellos que no siguen de cerca la actividad agropecuaria y agroindustrial: que el sector no genera valor agregado.

Por su parte, la gente de campo maneja un concepto a veces difícil de explicar: un grano de soja o de maíz es, en sí mismo, un producto con valor agregado debido a toda la tecnología en investigación y manejo del cultivo que implica todo el proceso de una cosecha. Acá se incluye desde la altísima inversión en tiempo y dinero en la obtención de variedades hasta la precisión de un manejo sustentable.

Por eso es interesante el ejemplo de Alberto en su ponencia. En el eje medio del debate, señaló que “lo ideal sería dejar de vender alimentos para los animales que otros tienen y empezar a alimentar a otros animales y vender nuestra carne en el mundo”.

El concepto es mucho más alcanzable que el famoso “vendamos pastas a Europa en lugar de venderles trigo” (pueril porque los europeos no quieren comprar pastas y, de hecho, ni siquiera trigo argentino). Lo saliente es que permite centrarse en los verdaderos problemas que tiene hoy la inversión.

La carne de cerdo es un ejemplo. En cuatro años, la producción creció 30% hasta las 630 mil t equivalente res de 2019; las exportaciones se incrementaron 245% y el consumo local pasó de 11 a 15 kg por habitante al año.

Sin embargo, para seguir adelante hacen falta inversiones en granjas, faena y capacidad de frío. Desde el sector señalan que en los próximos años se deberían captar unos USD 1.000 millones para dar un salto del 50% en la oferta del producto, lo que consolidaría el mercado interno y permitiría continuar desarrollando clientes internacionales.

El costo de un planteo de alta productividad es de unos USD 8.000 por madre, incluida la infraestructura. El país debería sumar unas 100 mil madres en los próximos años, lo que significaría USD 800 millones, y desembolsar otros USD 200 en plantas frigoríficas y logística de frío.

¿Las limitantes? Principalmente la falta de crédito, pero también hay temas impositivos, de infraestructura y logística comercial y el combate de la actividad informal.

Por el lado de la carne vacuna, la cosa tampoco es sencilla. El peso de la res de la Argentina está estancado en el orden de los 225 kg desde hace años. En el otro extremo, Estados Unidos tiene un peso promedio de 340 kg. Esa diferencia se basa en gran parte en sus sistemas productivos, intensivos en granos.

Sin buscar llegar a ese punto, la Argentina podría sumar algunos kilos en base mayor alimentación pastoril y terminaciones a corral que demandaría una mayor cantidad de granos. Nuevamente, el principal escollo, es la falta de financiamiento en alargar el ciclo de producción (más peso, igual a más meses a campo) y una inflación que hace incierto el cálculo de costos.

Saliendo de las carnes, otro ejemplo son los biocombustibles. El sector comenzó a desarrollarse en la Argentina en 2007 a partir de la ley de promoción sectorial sancionada el año anterior.

El presente parece incierto por una combinación de problemas legales en los mercados internacionales y estancamiento del mercado local por el bajo nivel de aplicación del corte de los combustibles fósiles con biocombustibles y la demora en la discusión de la nueva norma que reemplace la actual, a punto de vencer.

Por lo pronto, la lucha diaria de las empresas apunta a lograr un aumento del corte para potenciar la demanda y que se les fije el precio mensualmente como marca la ley, todo por la supervivencia de las inversiones, mientras llegan tiempos mejores.

Subir el corte también significaría un beneficio para el país. Una estimación reciente del sector privado indica que pasar el corte de las naftas del 12 al 27,5 por ciento, similar al de Brasil, representaría sustituir importaciones por USD 2.500 millones anuales.

A esto hay que sumar la necesidad de estabilidad de reglas de juego, altísima presión impositiva en toda la cadena (la fundación FADA estima que el Estado se queda con el 68% de la renta agrícola) y negociaciones internacionales sólidas y con continuidad para superar barreras en los mercados.

Pero hay otro factor, para que esas y otras actividades se desarrollen: hay que asegurarles la provisión de los granos suficientes. Para lograrlo, sería aconsejable evitar, por ejemplo, subas de derechos de exportación, ya sea con motivos recaudatorios o para favorecer artificialmente a alguno de los eslabones de la cadena.

La historia reciente apoya esta idea. Después de haber llegado a su mínima expresión en 2014 (3,6 millones de hectáreas), la superficie sembrada con maíz creció hasta los 7 millones en la última campaña por el simple hecho de haber eliminado los derechos de exportación en diciembre de 2015.

Por supuesto, en momentos de crisis económica, pandemia y negociación de deuda, la eliminación de las retenciones parece una utopía, pero el sector necesita un horizonte al respecto para prever inversiones.

Y, sobre todo, NO necesita decisiones de políticas inconsultas (como la modificación de las retenciones de marzo), intentos de intervención en los mercados, presiones para liquidar cosechas, o amagues de expropiación de empresas.

“Tenemos que empezar a ver cómo desarrollamos la agroindustria y cómo el Estado ayuda a ese desarrollo”, dijo Alberto ayer. Y remató: “Para superar la pobreza lo que hace falta es la inversión, la que produce, da trabajo y permite el desarrollo”.

El campo ya está contribuyendo a eso. De hecho, la participación de productos primarios y de manufacturas, ambos de origen agropecuario, en las exportaciones de los primeros cinco meses del año fue del 71%, la más alta desde 1986, según DNI Consultores.

Las señales ya llegaron, ahora hace falta diálogo y acciones para profundizar la inversión.

Primicias Rurales

Fuente: A24 Agro.com