De boca de los mismos productores. Si hacía falta proyectar hacia dónde va el negocio agrícola, la última Encuesta Nacional de Productores Agropecuarios (ENPA), que realizó el Centro de Agronegocios de la Universidad Austral en asociación con el Centro de Agronegocios de la Universidad de Purdue (Estados Unidos), refleja cómo está mutando la actividad según la visión de los mismos productores.
Un modelo con más capital intensivo por hectárea con vistas a crecer integrado en la cadena solo o de manera asociativa con otros productores. Va dejando protagonismo el modelo de varios años del "megaproductor" en tierras de terceros con apalancamiento.
Incluso, vinculado con los anteriores factores, para la soja no se perfila una expansión. Es una prueba de que también habrá más crecimiento en otros cultivos, como el trigo y el maíz y las producciones de carne vacuna, porcina y también de producción de leche.
Todas estas proyecciones se conocieron en la Conferencia Mundial de Management y Agronegocios de la Asociación Internacional de Management de Alimentos y Agronegocios (Ifama), realizada esta semana en Buenos Aires. Ifama es una ONG con foco en los agronegocios que tiene entre sus principales socios 25 universidades de los cinco continentes, entre ellas la Universidad Austral.
La encuesta abarcó a 818 productores de la zona núcleo de la pampa húmeda, en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. La superficie relevada representa el 87% de la producción de soja del país (48,9 millones de toneladas como promedio de los ciclos 2012/13 a 2015/2016).
"En la Argentina los productores no solo quieren ser productores, sino empresarios. Y poner fichas en otras cosas, mirar otro negocios", dijo Roberto Feeney, profesor de la Universidad Austral.
El almacenamiento está entre los principales rubros de inversión El almacenamiento está entre los principales rubros de inversión
Como dato clave, a cinco años siete de cada diez productores planean inversiones. Un 25,9% de los consultados expresó que se va a integrar a la cadena y asociativamente. Si bien a cinco años la opción de la expansión horizontal autónomo (más hectáreas/más producción sin socios externos) representa un 64,7%, y la horizontal asociado (con socios externos) un 29,4%, cobra relevancia el objetivo de crecer verticalmente. Así como la encuesta da un 25,9% que proyecta crecer verticalmente asociado (anexando hacia atrás o hacia adelante algún proceso productivo), hay otro 38,4% que prevé una expansión vertical autónomo (individualmente).
"No se piensa solo en el negocio agrícola tradicional, sino en ser más competitivos. El factor tierra no acomoda en función del negocio. Los productores ven en sus pueblos casos donde se hicieron más competitivos o ganan más plata", apuntó Bernardo Piazzardi, profesor también en la Universidad Austral.
En el crecimiento vertical asociado, por ejemplo, los productores "mega" (más de 10.000 hectáreas) pasan de ser un 14% en los próximos 12 meses a un 54% a cinco años. Además, cuando se analizan los segmentos, un dato relevante es que mientras a cinco años un 14% de los productores sostuvieron que invertirán en bioenergía, en el segmento "mega" lo harán un 27%. Según los profesores de la casa de estudios, este escenario significa también todo un desafío para los mismos bancos para configurar créditos en línea con estas nuevas inversiones. "Ya hay bancos armando un nuevo plan de negocios en función de esto", señaló Feeney.
De la encuesta surge una baja de los productores que arriendan. En una encuesta de 2009, el 80% de los productores alquilaban al menos una parte del total de la tierra cultivada. En 2012 ese porcentaje bajó al 72% y para la última encuesta está en el 61%. Esto significa que el productor no quiere tomar tantos riesgos por este lado del negocio.
Uno de los resultados de la encuesta es que "la soja es la única actividad sin expectativa de crecimiento a cinco años". En tanto, para el resto de los cultivos tradicionales las perspectivas son al alza. Además, los segmentos que mayores expectativas de crecimiento muestran son los de proteína animal y en cultivos especiales.
"Se iría a una mayor diversificación de la matriz productiva en términos de granos y también en una mayor tendencia al agregado de valor a través de proteína animal", sostiene el trabajo.
En soja, por segmento de productores, el mediano (300-600 hectáreas) tiene una expectativa de 0% de crecimiento en soja, pero sí un 57,1% en maíz/sorgo, 28,7% en trigo/cebada, 25% en leche, 32,1% en carne vacuna, un 100% en producción porcina, 69,4% en cultivos especiales y 55,8% en pasturas/pastizales. Yendo a otra punta del segmento de productores, en el grande (más de 1800 hectáreas) se observa una caída del 17,3% en cuanto al crecimiento en soja, pero hay un alza del 34,9% en maíz/sorgo, 18,3% en trigo/cebada, un 45,2% en carne vacuna y un 31,7% en carne porcina. Por otra parte, en el caso de los productores "mega" se aprecia un 525% de crecimiento en producción porcina, 60,7% en carne vacuna y 100% en leche.
La ganadería, otro sector destino de inversiones La ganadería, otro sector destino de inversiones
"Por segmentos de tamaño, las actividades con mayor crecimiento proyectado a cinco años son para los productores medianos la actividad porcina, para productores comerciales (600 a 1800 hectáreas) pasturas y vacunos para carne, para los productores grandes la actividad de mayor crecimiento es la de los cultivos especiales, mientras que para los megaproductores se destacan como actividades de mayor crecimiento la porcina, vacunos (leche y carne) y pasturas", sintetiza un balance sobre la encuesta.
Luego agrega: "Se destaca que los dos segmentos de productores de menor tamaño de la encuesta, medianos y comerciales son los que planean el crecimiento mayor: 26%, contra un crecimiento para todas las actividades de 8% para productores grandes y 14,5% para megaproductores".
Que las perspectivas de crecimiento son contundentes es una buena señal. Sin embargo, también hay cuestiones que deben ir encontrando su cauce para que acompañen esas expectativas. "Fallamos en el financiamiento", alertó Alejandro Reca, de Lácteos San Ignacio, que participó del congreso de Ifama. Se refería no solo a lo "caro", sino a sus estructuras.
Se ven como Messi
La encuesta refleja otros comportamientos de los productores agropecuarios. Así, cuando se analizan los resultados por edad de los productores no hay diferencias para las estimaciones de inversión en los próximos 12 meses para los distintos rangos etarios. Sin embargo, cuando se evalúan los resultados de previsión a 5 años hay "correlación entre edad y las respuestas, donde es notoria la intención de realizar inversiones en los productores más jóvenes de la muestra".
De los productores argentinos se observan otras características. Por ejemplo, que la mitad toman decisiones junto a su familia. Además, los productores tienen una fuerte identificación con las marcas, como en maquinaria agrícola. En semillas, por ejemplo, un 33% indicó que seguiría comprando la misma marca aún cuando el precio subiera más del 10 por ciento. El productor argentino se ve como eficiente en lo que hace tranqueras adentro y eso también es otra característica de su perfil. "Se consideran todos un Messi y están por eso más dispuestos a tomar riesgos", analizó Roberto Feeney, de la Universidad Austral. En la compra de insumos, en tanto, el productor es selectivo comprando lo que necesita.
Radiografía de los productores
Jóvenes
En la Argentina, el promedio de edad de los productores encuestados se ubicó en 46 año. Son más jóvenes que en los Estados Unidos, donde el promedio se encuentra diez años por encima. En Inglaterra el promedio es de 70 años.
Instrucción
Alrededor del 61% de los productores encuestados tienen al menos un título universitario, en tanto que un 7% un título de posgrado. Solo un 5,5% de los productores encuestados no han completado estudios secundarios.
Residencia
Dos tercios de los productores viven en el mismo establecimiento o a menos de 50 kilómetros del campo. Esta proporción sube al 74% en los medianos y baja al 36,7% en los grandes y al 8,3% en los megaproductores.
Buenos Aires, 30 junio (Especial para NA, por Gustavo López*)–En el último mes, asistimos a una caída generalizada de los precios de los granos y derivados. Ello es el resultado de un mundo muy convulsionado por los conflictos comerciales entre China y Estados Unidos, un avance sostenido en la siembra de la cosecha gruesa en este último y el ingreso masivo de la cosecha local.
Las mermas son muy significativas en el principal mercado de concentración, Chicago, con un valor acumulado en los dos últimos meses, para la posición julio, coincidente con nuestro período de comercialización, de 80 dólares por tonelada.
Esto reiteró en menor medida en maíz, con caídas de hasta 25 dólares por tonelada en igual período.
Sin duda, el conflicto entre China y Estados Unidos, que se inició hace algunas semanas con la amenaza de ambos países de establecer altos aranceles de importación a un importante número de productos, en especial a la soja americana, explica la merma en los mercados internacionales de la cotización del poroto y sus derivados.
A ello se suma un importante avance de la siembra de la soja en Estados Unidos, en el marco de un clima estable y un desarrollo adecuado del cultivo, y en el hemisferio sur la finalización de las tareas de recolección de esta oleaginosa.
Si bien la cosecha local se redujo sensiblemente respecto del ciclo anterior (35 versus 54 millones de toneladas) la mayor disponibilidad de mercadería por parte de los operadores llevó a mermas en los precios locales, aunque de menor cuantía.
En tanto, si se considera que hacia mediados de mayo la soja disponible se pagaba en torno a 325 dólares la tonelada y en la actualidad se la negocia a 281 dólares la tonelada, queda expuesto el deterioro de los precios.
Mientras que en el caso del maíz, la situación se vio más atenuada, dado que la recolección de este forrajero es mucho más lenta (sólo se levantó a la fecha el 50% de la producción total) y los requerimientos de la exportación y el consumo local son altos.
En igual período al indicado, la caída en el precio del maíz alcanzó los 25 dólares la tonelada.
No obstante, la situación mundial de cierto equilibrio entre la oferta y la demanda para el próximo ciclo, con niveles de stocks finales muy reducidos, amortiguó las bajas para 2018-2019.
En efecto, la caída en las cotizaciones para la soja y el maíz de nueva cosecha –posiciones abril/mayo 2019- se limitan a 25 y 12 dólares respectivamente.
Obviamente esta merma reduce la rentabilidad futura de los productores aunque aún sigue siendo atractiva, considerando la devaluación de la moneda local en las últimas semanas.
De todas formas, se espera una mejora importante en la siembra del nuevo ciclo, en especial en la cosecha fina (trigo-cebada) donde la caída en los precios no fue tan manifiesta; en tanto que las primeras proyecciones de siembra de la próxima cosecha gruesa también son optimistas.
En un mercado con tanta volatilidad como el que estamos viviendo, con fluctuaciones muy marcadas en períodos cortos de tiempo, es imprescindible que el productor siga muy de cerca el desarrollo del mismo, apelando al uso de todos los instrumentos disponibles de cobertura (mercados de futuros, opciones etc.) a fin de asegurar su rentabilidad.
Hay un evidente cierre de comercios. Las PyMES que decidieron apostar y producir en el país, no tienen muy claro cómo seguir. La Infraestructura se frena, obligadamente. No hay crédito posible, y las inversiones se enfriaron.
“El Gobierno no dijo cómo recibió la administración cuando asumió” dicen muchos colegas y más de un economista. Discrepo.
Recuerdo que sí explicaron como recibían el Tesoro Nacional, vacío, y una administración con deudas. No sé a qué se refieren exactamente. Abundan las crónicas de aquellos momentos ¿No están quedando al filo de demasiada evidencia al afirmarlo?
Todos lo sabíamos. También supimos de los miles de cargos en la administración nacional que en los últimos meses dejó el gobierno anterior con nombramiento de última hora. Pero sucede que el actual gobierno los incrementó. Incrementó Cargos y Ministerios.
Nos piden un sacrificio. Va a ser duro. Uno espera, ya lo hemos dicho, que comiencen por casa, digo, desde la Casa Rosada. Lo que no generará ningún cambio real en los números, pero al menos se trataría de una “actitud”, ausente hasta el momento.
Hace horas, Marcos Peña asumió la “Recesión”, en la que ya estamos inmersos.
Es bueno que lo asuma, lo malo es la demora en hacerlo. La estrategia de negar realidades al estilo Duran Barba, ya es inexistente en el colectivo social argentino. A Duran, el reloj le atrasa.
354 despidos en Télam. Posiblemente una Agencia Nacional no deba contar con más de 900 asalariados. Pero sucede que lo hicieron mal. Que despidieron mal. Y dejaron fuera a Colegas con 20, 22 años de antigüedad que en verdad trabajaban. A metros de una jubilación en muchos casos, y con una indemnización que esta inflación deglute a cada segundo. Una Agencia que en los últimos años no contaba con las herramientas técnicas, ni de movilidad para determinadas coberturas, porque quien debería proveerlas no lo hacía. No podían cubrir un hecho de importancia, porque no tenían con qué viajar, ni con que pagar una pensión en caso de necesitar quedarse en algún sitio.
Una Agencia Nacional de noticias no debe ser considerada un “negocio” de Pérdidas o Ganancias para un Gobierno, ese no es el Concepto. Ese no es el Concepto en el mundo.
El Concepto es retirar a quienes no laburan o tienen cargos políticos, y permitir la crítica de construcción profesional que a todo Gobierno, incluyendo al actual, tanto molesta. Que hayan retirado a tipos que estaban en Patria, o en La Cámpora, no está mal, son cargos políticos, pero estamos hablando en tal caso de 200 personas, la decisión gubernamental tomada cometió injusticias con Colegas profesionalmente responsables desde hace décadas. Ante la decisión de cubrir el Mundial, y otros temas puntuales, sucedió que un grupo escribió mas o menos esto; “Nosotros tenemos el control de contenidos de la empresa”, y que lo twittearan. Llegó a todas partes. Al gobierno también, desde ya. Era como tener a metro delegados dentro de Télam. Y esto el Gobierno lo aprovechó. Tenía la excusa perfecta. Pero tal recurso, tenía un límite. Ver bien quiénes eran unos, y quiénes otros. Y no se hizo. Télam tiene desde hace años, capas freáticas, militantes que quieren más su militancia que el periodismo, y Señores Profesionales en Periodismo que trabajan y saben lo que pocos.
Salgamos ahora de Télam.
El ajuste general realizado debía hacerse, comenzando por el Sector Energético. ¿Era necesario hacerlo en dos años, o tal vez convenía en 6, u 8, para asegurarse un segundo mandato, o al menos generar una verdadera Política de Estado para quien llegase?
Hubiéramos evitado tanto sufrimiento social. Un sufrimiento real que comienza a verse, y a agravarse. No creo que en lo que queda de tiempo hasta las próximas elecciones puedan quedar bien con el FMI, lograr un acercamiento al equilibrio fiscal, contener un dólar libre y bajar la inflación, al costo social que impusieron, y reactivar la producción con tasas del 40%.
El almacenero de la esquina, si es que aún no cerró, lo sabe.
Cuentan, aun así, con un dato imperioso a favor; No hay Oposición enfrente.
Necesitamos tiempo, no mucho, para ver que a la actual Gestión en verdad, “no se le han quemado todos los libros. Esos, que los argentinos conocemos de memoria”.
De los que desde Adams Smith a Keynes, o de Keynes a Smith, ya leíamos en la facultad hace tres generaciones.
Sintetizando, hoy el dólar cruzó la barrera de los 29 pesos.
La sociedad va perdiendo confianza a pasos agigantados.
Hay Incertidumbre Política, mucha, aunque el Gobierno no lo asuma. Lo que incluye a Oficialismo y Oposición.
Y lo dijimos la semana pasada, no visualizamos Plan económico alguno.
¿Lo tienen?
“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”*.
Los esfuerzos por mantener preñeces superiores al 95% intentan compensar los magros números de la actividad, en manos de pequeños productores. Fernando Lagos y Carlos Kitroser cuentan los pormenores de un sistema que prioriza la eficiencia, apalancado con otras fuentes de ingresos.
Un grupo de 24 productores argentinos realizaron un viaje de capacitación a los Estados Unidos, visitando zonas que por sus caracteres agroecológicos se asemejan a la Pampa Húmeda, con lluvias anuales de 800 a 1.000 mm. De la mano de los especialistas Fernando Lagos y Carlos Kitroser, recorrieron campos criadores en Oklahoma y Kansas, además de feedlots y universidades, recabando información sobre la situación del sector. Las diferencias con los modelos argentinos, en cuanto a la escala de los productores y el estilo de vida rural, son algunas de las más llamativas.
“En Estados Unidos, los rodeos de cría con menos de 100 vacas representan el 90% del total y alcanzan al 50% del inventario de la categoría. La actividad está, entonces, en manos de pequeños productores”, dijo a Valor Carne el Ing. Agr. Fernando Lagos a su regreso de la gira estadounidense. Ellos, prosiguió “financian el denominado ‘estilo de vida rural’ con otras rentas. En la mayoría de los casos, los propietarios son criadores part time y el 50 a 70% de sus ingresos proviene de fuentes ajenas al sector. Menos del 5% vive exclusivamente de este negocio”.
A pesar de ello, un importante indicador reproductivo como el porcentaje de preñez supera el 95% en promedio nacional.
¿Cuál es la razón? “En muchos casos los productores priorizan la condición nutricional de sus vacas, lo que los lleva a obtener altos niveles de eficiencia física, que contrastan con los resultados económicos. Según estudios de la Universidad Kansas State y la Universidad Texas A&M, realizados durante años, la rentabilidad es negativa para un alto porcentaje de criadores”, señaló Lagos. ¿Por qué persisten en la cría? “La actividad ofrece importantes ventajas impositivas. Además, la tenencia de la tierra y del ganado constituyen una reserva de valor”, argumentó. Otro factor que contribuye a la productividad es “el fuerte compromiso de los productores que, aún con dedicación parcial, controlan cada aspecto de la operación. El 30 a 40% de ellos tiene formación universitaria”, agregó.
El modelo
Si bien la cría es el eslabón de la cadena que más se parece al argentino, por realizarse en sistemas pastoriles, hay asimetrías significativas en los pesos de madres y, como se anticipó, en los niveles reproductivos.
Con respecto a los pesos, las vacas estadounidenses están en el orden de los 570/600 kg, muy por encima de los 420/430 kg de las nuestras, y los terneros se destetan entre los siete y ocho meses de edad, con 220 a 240 kg, también más pesados que los locales. El destete es allí del 86% promedio, llegando al 90% en Kansas, en tanto que en la Argentina apenas alcanza al 62% y en la Pampa Húmeda sube al 74%.
“La explicación está en la condición corporal de las vacas de cría y vaquillonas de reemplazo, que en los Estados Unidos se mantiene todo el año entre 4 y 6, en una escala que va de 1 a 9, lo que garantiza preñeces del 95% o mayores. En tanto, en la Argentina, el promedio es de 3, lo que implica preñeces muy inferiores”, indicó. Y aclaró que “con el buen estado de las madres, no necesitan recurrir al destete precoz para aumentar la preñez, como en ocasiones se hace en la Argentina. Sólo en casos de sequía grave adelantan la práctica y entregan los terneros a feedlots especializados para su recría”.
Para Lagos, la clave de este desempeño está en que los criadores norteamericanos utilizan cargas bastante más bajas que las nuestras y suplementan sus vacas con energía y proteína cuando es necesario, sea por escasez de pasto o falta de calidad, con tal de no perder condición corporal. “Tal como se dijo antes, esto lo hacen aún a costa de disminuir la rentabilidad o hacerla negativa”, subrayó.
En esta línea, vale la pena resaltar el gran desarrollo de los servicios de extensión de las universidades estatales. “Hay varios técnicos por distrito, la mayoría con nivel de doctorado, que son altamente escuchados por los productores”, relató. En cuanto al criterio de suplementación, detalló: “cuando el contenido de proteína bruta del pasto es del 4% o menos, la práctica, aunque cara, no se discute. Se utiliza aún en años de bajos precios del ganado. Además, hoy, la burlanda resuelve las necesidades de proteína y energía, a un costo menor al de los suplementos tradicionales, gracias a la proliferación de plantas de etanol”.
Según el especialista, este modelo contrasta con los sistemas de cría de nuestro país “donde la suplementación no se adopta como práctica permanente sino para resolver casos puntuales, como la sequía, y la burlanda se emplea casi exclusivamente en los corrales de engorde”. Por supuesto, hay que poner en la balanza “el hecho de que aquí los precios del ganado son un 60 a 70% de los estadounidenses, mientras los granos y suplementos proteicos cotizan a niveles internacionales, en ambos países”, aseveró.
Contrastes
EE.UU. implementó una política de alta subdivisión de la tierra durante la etapa de la colonización y, aunque hayan desaparecido explotaciones de escaso tamaño, ello se ve reflejado en la escala de los campos criadores aún en nuestros días.
“Los pequeños productores venden sus terneros en ferias locales, muchas veces a bajos precios. Los feedlots y los frigoríficos, altamente concentrados, son quienes se llevan las mayores ganancias”, destacó. En este contexto, “a los hijos de estos productores les resulta difícil abrirse camino en la actividad, por el elevado capital necesario para subsistir, lo cual supone importantes desafíos”, planteó.
Desde la Oklahoma State University, donde el grupo de visitantes asistió a una conferencia del Dr. David Lalman, se dieron a conocer algunas señales de alerta. “Nos hicieron notar la reducción gradual de la tasa de destete que se viene produciendo en los últimos años. Esto se debería al agrandamiento excesivo del tamaño de las vacas de cría, con relación a los recursos forrajeros existentes”, resaltó Lagos, aludiendo a la continua selección para mejorar la eficiencia de conversón en la fase del crecimiento, algo genéticamente correlacionado con el peso del animal adulto. Pero esto, también obedece a “la necesidad de abastecer el tipo de novillo que requieren los frigoríficos para optimizar sus costos industriales. En los Estados Unidos, la demanda está concentrada en cuatro compañías que adquieren el 85% del total del ganado engordado. Por lo tanto, son ellos los que imponen los pesos de faena”, aclaró.
A modo de reflexión, finalizó Lagos, “en la Argentina, el porcentaje de rodeos con más de 200 vacas es del 79% contra el 37% de los Estados Unidos. A su vez, la demanda, tanto de feedlots, como de frigoríficos, matarifes y carniceros, está aquí mucho más atomizada. Al menos 1.000 compradores actúan en el mercado. Por esas razón, la renta está bastante más repartida entre los diversos sectores”.
Se necesitaron casi 30 meses para que las demandas y alertas de muchos de los propios (no de la oposición) mostraran su peor costado y, como el agua fuera de curso, arrastrando todo a su paso, forzaran cambios bruscos de la política económica que tendrían que haber sido hechos con mucha mayor tranquilidad, muchos meses atrás, y sin los daños que se causaron.
Intentar forzar al dólar a mantenerse en un nivel bajo ficticio; acordar salarios menores; subir tarifas y servicios, y aún así pretender que no hubiera inflación, entre otras cosas, formaron parte de un relato virtual que, en la práctica, comenzó a resquebrajarse en marzo, para terminar de romperse entre fines de mayo y junio. Obvio que el casi ingobernable proceso (que llevó al país a desembocar nuevamente en el FMI, como “controlador” externo), ya costó varias cabezas de funcionarios que parecían inamovibles, más por su cercanía con el presidente de la República, que por su capacidad en la función, algunos de los cuales no debieran haber sido nombrados nunca, y que también habían sido objetados desde el vamos, cuando la “onda sub 50” estaba en su apogeo, y era imposible hacer algún comentario crítico sin ser tildado de “opositor”.
Pero todo eso es historia, como también lo es la falta de crecimiento productivo vigoroso (reconociendo la “ayuda” que dió el clima en contra en los últimos ciclos), el dramático desfase de la balanza comercial, en especial, por la caída de las exportaciones, y la no llegada de capitales, que algunos suponían iban a fluir con el solo cambio de Gobierno.
Es cierto que hubo medidas buenas, como el recorte a 0% de las retenciones a la mayoría de los productos, pero faltó una ley que “asegure” que no se va a apelar nuevamente a los retrógrados impuestos a la exportación, y que también alcanzara a todos los rubros, incluyendo a la soja que aún ostenta un 27%.
También la eliminación de restricciones al comercio, como cupos, cuotas, registros, Roes, etc., o la desaparición -muy paulatina- de engorrosos trámites superpuestos en más de un caso, se contabiliza entre las cuestiones a favor.
Igualmente, la cantidad de obras públicas tiene una doble vertiente positiva. Por un lado necesidad imperiosa de actualizar y ampliar obras de infraestructura y, por otro, la reactivación económica que implican las obras públicas. Sin embargo, el hecho de que se haya priorizado el aspecto proselitista de las mismas, concentrándolas en las zonas más densamente pobladas, en lugar de ubicar los lugares estratégicos para abaratar costos y así poder aumentar la producción es un punto en contra. Por mencionar solo un caso, especialistas sostienen que el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, en pleno conurbano, cuesta más de 5 veces lo que se necesitaría invertir para concretar la salida al Pacífico por carretera (Catamarca) y tren (La Rioja), una obra que va a permitir que cerca de 10 provincias ubicadas hoy a más de 600 km de puerto, vuelvan a ser económicamente viables aumentando, simultáneamente, las exportaciones del centro y todo el norte del país.
Los ejemplos de este tipo abundan, pero no viene al caso enumerarlos. El caso es que si los 30 meses que transcurrieron, van a servir al menos para recapacitar, corregir seriamente errores, y mejorar sustancialmente el equipo de gobierno, entonces, puede ser que también el rumbo mejore y la perfomance productiva cobre mayor impulso que el demostrado hasta ahora.
Si bien es cierto que el escenario internacional no es demasiado alentador, y los precios internacionales de los productos que comercializa Argentina no están en su mejor momento, no es menos cierto que los principales países del mundo siguen respaldando al país, y la reciente actitud del Fondo Monetario Internacional es apenas una muestra.
Para el campo, principal exportador y generador de divisas, aunque alicaído y con muy poca liquidez, la apuesta sigue vigente, y solo hace falta que el clima se regularice un tanto, para que se recuperen los 35 millones de toneladas que se perdieron en esta última campaña. Pero para que se logre un crecimiento adicional, que haga “saltar” 3-5 millones de hectáreas la superficie de siembra, 10%-15% más, va a hacer falta una nueva vuelta de tuerca, más creatividad en la soluciones y herramientas propuestas (por caso, la lechería y la fruticultura siguen esperando respuestas) y, sobre todo, un compromiso muy serio en la estabilidad de las líneas de acción (basta de retenciones si, retenciones no, etc.), para que el principal inversor que tiene el país: el campo, que apuesta 20-25.000 millones anuales solo para mantener los ciclos productivos en marcha, no solo esté dispuesto a esto, sino también a invertir más, y hasta endeudarse adicionalmente porque “sabe” que le van a respetar las reglas de juego.
Buenos Aires, 23 junio (Especial para NA, por Mariela Monterubbianesi*)– La Peste Porcina Clásica (PPC) es una enfermedad viral con gran impacto en la producción de cerdos, aunque es importante destacar que no afecta a las personas ni altera la calidad de la carne.
En los países donde se encuentra presente ocasiona grandes pérdidas económicas y productivas por presentarse con alta mortalidad en lechones y adultos, abortos y decaimiento, entre otros signos clínicos.
Además, los países infectados son pasibles de restricciones comerciales para el intercambio de cerdos y sus productos derivados.
En Argentina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) implementó varios programas de control entre 1970 y 1990 aunque, finalmente, fue con la aparición y el uso de mejores vacunas y sólidos planes de vacunación a fines de la década del ’90, que se logró erradicar la enfermedad.
El último foco de PPC en nuestro país fue registrado en 1999.
En 2005, la Argentina, que ya cumplía con las condiciones requeridas por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), elaboró y presentó el informe técnico para respaldar la auto- declaración como país libre de PPC ante ese ente internacional.
Desde ese año, el Senasa continúa con la ejecución y el seguimiento de las actividades de vigilancia epidemiológica, con los objetivos de detectar en forma precoz la reaparición de la enfermedad y recolectar información para documentar anualmente el estatus sanitario.
Esta vigilancia se basa, principalmente, en muestreos en la población de cerdos domésticos y silvestres (jabalíes) y en la atención de casos sospechosos.
Asimismo, el Organismo lleva a cabo diversas actividades para evitar su introducción al país, a través de controles en puestos fronterizos, la revisión permanente de los requisitos de importación de animales y productos capaces de vehicular el virus, así como campañas de comunicación para concientizar sobre la importancia de evitar el ingreso del virus al país.
Recién en 2014, la OIE abrió la posibilidad de que los países que hasta ese momento se habían auto-declarado, aplicaran para ser reconocidos oficialmente como país o zona libre por dicha Organización.
El procedimiento requiere del cumplimiento de ciertos estándares y la recopilación de determinada información, como la descripción del sector productivo, la legislación vigente, los datos de los muestreos serológicos anuales, los procedimientos para la atención de casos sospechosos, las actividades de capacitación dirigida a productores y veterinarios, los controles de importación y la capacidad diagnóstica, entre otros.
Para mantener la condición sanitaria de país libre de PPC, resulta fundamental la colaboración del sector productivo en: la aplicación de medidas de bioseguridad, el reconocimiento de la enfermedad, la detección precoz y la notificación inmediata al Senasa.
Asimismo, las personas deben asumir el compromiso de no ingresar al país animales ni productos porcinos sin autorización del Senasa, ya que de esta manera se pone en riesgo la introducción de ésta u otras enfermedades animales que podrían afectar a la producción porcina argentina.
La ausencia de enfermedades de los porcinos como la PPC y el síndrome reproductivo respiratorio porcino (PRRS) ubica a la Argentina en una condición privilegiada respecto a la de otros países.
Mantener este estatus sanitario permitirá continuar con el importante crecimiento alcanzado durante la última década, y consolidarse como una producción competitiva y sustentable a nivel nacional e internacional.
(*) Magister Veterinaria en Sanidad Animal del Programa de Enfermedades de los Porcinos del Senasa.