Oct 21, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 21 octubre (Especial para NA, por Carlos Iannizzotto*) — El cooperativismo es un gigante dormido. La posibilidad que tenemos de ayudar al país con trabajo y producción es muy grande y debemos aprovecharla. Juntos podemos hacer grandes cosas.
Es fuente de regocijo que el cooperativismo muestre la fortaleza de este último tiempo. Uno puede ver el potencial que tiene Coninagro, por ejemplo, visitando y viendo el trabajo junto a sus cooperativas.
El cooperativismo no tiene partido, ni política partidaria, pero no tenemos dudas que la gestión que la Argentina tiene hoy es la que más favorece a la ruralidad. Nos permiten opinar y proponer proyectos e ideas que en los últimos 12 años no pudimos.
Un pilar en el actuar de Coninagro es lo que está vinculado al trabajo de las CARes (Comisiones Asesoras Regionales).
El objetivo que perseguimos con esto es hacer de Argentina un país más federal, con una descentralización y fortalecimiento de nuestros dirigentes en cada rincón del país, con participación en lo gremial, en la mesa de enlace, etc.
Necesitamos unidad en muchos debates y medidas que estamos intentando impulsar en diálogo fluido con los diferentes actores del país. Además, las alianzas son importantes.
El cooperativismo debe abrirse al mundo. Es una forma de fortalecernos para producir en escala. Alianzas estratégicas con el gobierno, con los gremios, con instituciones tanto públicas como privadas.
Hoy el problema no es la plata. El problema es el empleo.
Debemos enfocarnos y trabajar en cómo crear empleo, porque la innovación y la revolución tecnológica está sucediendo en el país y expulsa el empleo. Eso no le conviene a nadie.
El cambio de paradigma debe ser enfrentado por el cooperativismo, pero sólo tendrá éxito si todos estamos unidos. Si hay consenso, hay asociativismo.
Quiero destacar que el cooperativismo no demoniza a nadie ni mucho menos a la globalización.
Debemos saber que la globalización tiene un proceso fuerte de "desespacialización", es decir, un encuentro cultural y social fuera del espacio. Es el gran fenómeno actual y tiene su correlato en la producción, que tiene relación con la geografía. Cualquier medida que se tome en cualquier parte del mundo, nos incide directamente. Este es el gran rasgo que no podemos dejar de advertir como cooperativistas.
Además debemos considerar la concentración. Actualmente, dos empresas que están enfrentadas, de golpe se unen. Es todo rápido, de un momento para otro. Estamos viviendo una concentración que es inevitable. Nos guste o no. Podemos discutirla filosóficamente entre productores, pero no la podemos desconocer.
Sin embargo, en la producción también hay una vulnerabilidad que es cada vez más grande. En este punto, debemos saber que nuestras producciones deben ser sustentables, no sólo para que podamos subsistir.
Nosotros no podemos sólo subsistir sino también ser sustentables. No nos merecemos tener un grado de subsistencia menor. Para vivir dignamente es que tiene razón de ser el asociativismo.
La sustentabilidad del sector le da el marco al cooperativismo y les da presencia a instituciones como Coninagro.
Coninagro está fortaleciendo su aporte técnico para que sus cooperativas estén fundadas en el reconocimiento de su trabajo. El cooperativismo puede darle trabajo al país y al desarrollo local.
Nuestro país debe expandirse y podemos ayudar en eso. Estamos en todos los rincones de la Argentina.
Queremos que los funcionarios entiendan que podemos cooperar en hacer una Argentina más federal y productiva. Es nuestro segundo punto en nuestro plan estratégico. Estamos intentando ponernos en presencia activa de las medidas políticas que no son favorables para la productividad.
A mediados de junio, apoyamos la gestión del gobierno. Fue una línea delicada, pero estamos convencidos que cuando uno se manifiesta con argumentos y con respeto, el cooperativismo no puede quedarse callado.
(*)Presidente de la entidad cooperativista CONINAGRO.
NA
PRIMICIAS RURALES
Oct 19, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 19 octubre (PR/17) — El coloquio anual de IDEA es el punto de encuentro de dirigentes de los sectores relevantes del ámbito nacional e internacional. El objetivo es que, de forma independiente, se señalen los temas más importantes que afectan al futuro de nuestro país. Por eso, nuestra participación en nombre del cooperativismo argentino vale mucho para acercar la realidad del agro.
Este 52° Coloquio Anual de IDEA, denominado “Puentes hacia el futuro” nace a partir de la vocación de generar espacios de reflexión que se constituyan en puentes para lograr el desarrollo de nuestro país. Este último requiere, como condición central, trabajar en conjunto, unir voluntades, compartir objetivos, articular visiones y perspectivas.
Por eso, desde la ruralidad, apostamos al trabajo en equipo, a articular objetivos colectivos y unir la fuerza de todos los productores y empresas. Venimos a escuchar propuestas y testimonios.
Sin ir más lejos, el testimonio de la generación dorada de básquet, más allá de lo simpático, es un claro ejemplo de cómo unir el talento, el trabajo en equipo y el sacrificio. Son los parámetros por donde debemos ir.
Sin embargo y más allá de las frases, desde el cooperativismo esperamos propuestas. Sabemos y creemos
firmemente que debemos trabajar sobre un enfoque entre lo público y lo privado.
Por otro lado, también esperamos que la inserción de Argentina en el mundo sea una realidad. Como estamos,
lamentablemente no podemos competir. Por los costos logísticos y los costos internos nuestros nos descalzan con un tipo de cambio que no es el adecuado. Sin embargo, estamos en diálogo para buscar alternativas para encontrarle la solución al asunto.
El cooperativismo espera que la ruralidad se tenga en cuenta como opción de vida, para dar empleo, para agrandar el país y desarrollarlo. Por eso necesitamos una financiación acorde, ya que la actual no estamos bien con la tasa de interés. La política económica de gradualismo actual debe estar acompañada por acciones inmediatas.
Al campo también hay que apoyarlo, sobre todo, para darle productividad y ser sostenibles en la generación de
empleo.
Más allá de eso, el campo espera contar con más y mejor producción, más y mejor siembra y, sobre todo, más
productores. Porque más allá de todo, la naturaleza es la que no espera.
PRIMICIAS RURALES
Oct 14, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 14 octubre (Especial para NA, por Evangelina Zembo*) — Lobesia botrana es una polilla que ataca principalmente a los cultivos de vid. Está presente en algunas regiones de Mendoza, San Juan y Salta y se encuentra bajo control oficial en la República Argentina.
Esta plaga afecta la calidad de la fruta tanto para consumo en fresco como para vinificación, provoca un menor rendimiento por planta y favorece el ataque de diversos hongos patógenos que terminan pudriendo los racimos.
En uva para vinificar, además, los residuos que dejan estos hongos transmiten mal olor y sabor a los vinos.
También a causa de la plaga, la uva de mesa con destino a exportación debe dar cumplimiento a tratamientos cuarentenarios internacionalmente aceptados que elevan el costo de producción.
La plaga estuvo ausente en Sudamérica hasta 2008, cuando el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) de Chile detectó su presencia en su territorio.
De inmediato, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) argentino declaró el alerta fitosanitario, e implementó una serie de medidas de prevención a partir de la Resolución Senasa Nº 362/09 que establece, entre otras, la denuncia obligatoria de la presencia de la plaga.
En el marco de esas medidas de prevención, el Organismo implementó una red oficial de monitoreo con trampas específicas de atracción sexual distribuidas a lo largo de las principales zonas productoras de vid del país. Estas acciones de vigilancia fueron coordinadas por Senasa y se implementaron junto con organismos fitosanitarios provinciales.
Mientras que en febrero de 2010, como resultado de dichas acciones, se detectaron ejemplares adultos de la polilla en dos predios próximos a la localidad de Maipú, Mendoza.
A partir de ese momento se intensificó la red de vigilancia con el objeto de delimitar la dispersión de la plaga y se declaró la emergencia fitosanitaria a fin de contener y controlar la plaga.
Con el inicio de la campaña 2010/11, se aprobó e implementó el Programa Nacional de Prevención y Erradicación de Lobesia botrana (PNPyE Lb).
El Programa tiene como objetivo controlar la polilla en las áreas cuarentenadas, utilizando técnicas de control amigables con el medio ambiente y evitar su dispersión hacia el resto de las zonas productoras de hospederos del país libres de la plaga.
Actualmente, la Red de Monitoreo Oficial está compuesta por 7.266 trampas distribuidas en todas las áreas productivas de vid del país.
En el marco de la Ley 27.227, que declara de interés nacional el control de la plaga Lobesia botrana, en la campaña 2017-2018, se asiste a los productores afectados con insumos para el control fitosanitario.
La estrategia de control del PNPyE Lb para la presente campaña productiva, implementa la técnica de confusión sexual en áreas estratégicas, sumado a la utilización de insecticidas de bajo impacto ambiental en el resto de la superficie.
Así como las medidas de control cultural, de manera de asegurar un eficaz control en la totalidad de las áreas afectadas, minimizando con estas herramientas el impacto negativo que los mismos provocan en el ambiente.
La confusión sexual es una técnica de control para disminuir la población de la plaga en un área determinada. Consiste en colocar unos difusores que emiten feromonas idénticas a la producida por la hembra, que desorienta al macho y evita el apareamiento y la reproducción.
Los dispositivos son de fácil colocación y permiten controlar la plaga con bajo impacto ambiental. Deben instalarse en los viñedos antes de que comiencen los primeros vuelos de adultos en las zonas cuarentenadas (aislamiento preventivo).
De esta manera, en el marco de un plan integral de control y fortalecimiento de las economías regionales que cuenta con la colaboración de los gobiernos provinciales, hasta el momento se entregaron difusores de feromonas para 71.500 hectáreas, alcanzando a unos 9.500 productores vitícolas y con una inversión de más de 10 millones de dólares.
Por otra parte, se adquirirán insecticidas de bajo impacto ambiental para otras 250.000 hectáreas, con una inversión de más de 8 millones de dólares.
(*) Ingeniera agrónoma del Programa Nacional de Prevención y Erradicación de Lobesia botrana
NA
PRIMICIAS RURALES
Oct 7, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 7 octubre (Especial para NA, por Alejandro Ramírez*) — Comienzo de año optimista y con expectativas de tener un período productivo importante. El año se venía presentando como para ser uno muy bueno.
Como hace mucho tiempo no ocurría, el hombre de campo apostó "casi todo" a tener una buena cosecha, intentar hacer diferencias y poder seguir invirtiendo en su negocio, que es producir de la forma más eficiente y obteniendo los mejores rindes por hectáreas.
Pero nuevamente apareció el clima modificando las excelentes expectativas que existían tanto en las filas del sector agropecuario como en el Gobierno nacional.
Los días cortos, el exceso de precipitaciones y la falta de obras que no se realizaron en los años de los gobiernos Kirchneristas, hizo que gran parte de las tierras productivas de la Pampa Húmeda hoy se encuentren anegadas o totalmente inundadas, dejándolas inservibles.
Se barajan cifras de hectáreas sorprendentes cuando se habla de cuántas son las que quedaron improductivas, tanto para la cosecha fina como para la gruesa. Pero llama poderosamente la atención, que los mercados internacionales, todavía no acusan el recibo de semejante noticia negativa.
Porque esta improductividad de las zonas más importantes de la Argentina, debería influir en las cotizaciones de los commodities agropecuarios.
No obstante, Estados Unidos con su Departamento de Agricultura (USDA) continúa minimizando las posibles pérdidas que puede llegar a tener nuestro país, apuntando sus informes más a lo que ocurre dentro del gigante del norte de América.
En el caso de la soja, vemos como luego del último informe de oferta y demanda mundial del mencionado organismo, los precios bajaron abruptamente ante la noticia del aumento de los rindes y lógicamente, aumento de la producción.
Pero rápidamente a medida que pasaron los días, los valores se recuperaron quedando con sostenimiento. Por lo visto, los datos de estado de cultivo no son coincidentes con lo calculado en el informe. Además, existen zonas donde la seca golpeó fuerte, haciendo dudar de los rindes finales de esos cultivos.
Estados importantes de producción de soja como Iowa, Missouri, North Dakota e Illinois sufrieron una intensa sequía en el peor momento de evolución de los cultivos.
En lo que respecta a la Argentina, hay mucha soja sin vender en manos de los chacareros, haciendo pensar a los exportadores que cuando necesiten comprar, con tan solo aumentar un poco el precio, la oferta aparecerá.
Al maíz no le fue diferente. La caída de los precios luego del informe fue importante y con una recuperación de los valores bastante más lenta y tediosa. El USDA no tan sólo aumentó la posible producción, sino que también disminuyó el consumo de la mano de la menor utilización del etanol. La leve recuperación de los precios fue más por "contagio" de la soja que por factores propios.
Y el trigo continúa manteniendo una volatilidad poco habitual, con jornadas de bajas y otras de subas, para luego volver a bajar.
Aquí está influyendo la excelente cosecha de Rusia y el aumento en las estimaciones de las cosechas dentro de la Unión Europea.
Países como Dinamarca, Francia, Polonia y Rumania se encuentran con muy buenas posibles cosechas del cereal. Algunos datos para poder pensar que los valores podrían subir un poco: Australia se encuentra inmersa en una sostenida sequía, la Argentina tiene sus inconvenientes por el exceso de lluvias haciendo difíciles los trabajos de implantación y los problemas de producción que tuvieron los estadounidenses con su trigo de primavera, podrían generar aumentos puntuales en los valores.
Pero en definitiva, el trigo continúa con un panorama de amesetamiento con movimientos laterales en sus precios.
(*) Analista agropecuario
NA
PRIMICIAS RURALES
Oct 2, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 30 septiembre (Especial para NA, por Mariano Balestra*) — Las últimas lluvias registradas en las zonas productivas de la provincia de Buenos Aires, La Pampa y el sureste santafesino, ponen en riesgo la siembra de la cosecha gruesa.
Desde el propio Ministerio de Agroindustria se afirma que son más de 5 millones las hectáreas inundadas, con el impacto negativo que ello implica para la producción agropecuaria argentina.
Esta situación, inesperada e imprevisible, se dio después de las primeras cosechas de este año que certificaron el cambio de tendencia producido en el sector a partir del cambio de Gobierno y que, de alguna manera, ahora se ve afectado por el impacto climático.
No obstante este problema coyuntural, el potencial de crecimiento agropecuario del país sigue siendo muy importante. En el paper de KPMG Argentina "Inversiones en el sector agrícola" (KPMG, julio 2017), se afirmó que según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Argentina ocupa el cuarto lugar en el ranking de países con mayor superficie de tierra cultivable.
Según el organismo, el país tiene casi una hectárea per cápita y se ubica como un importante productor de cultivos a nivel global, posicionándose de esta manera como uno de los países con mejores perspectivas de inversión y desarrollo en lo referente a agronegocios.
Asimismo, y entre otras medidas adoptadas recientemente por el gobierno nacional, se destacan la eliminación de las retenciones a la exportación de trigo, girasol y maíz, como así también la reducción en 5 puntos del gravamen a la soja, que pasó de un 35% a un 30%; un ajuste que, de aquí en más, se repetirá anualmente hasta su total eliminación, fomentando así el crecimiento de la producción agrícola nacional de cara al futuro.
En este sentido, es importante recordar que la balanza comercial argentina pasó de terminar el 2015 con un déficit de alrededor de US$ 3.000 millones (debido en gran parte a la caída en el precio de las commodities y al contexto internacional desfavorable para el comercio de alimentos), a cerrar el 2016 con un superávit de US$ 2100 millones, con exportaciones que superaron los US$ 57.600 millones (un 1,5% por encima de las alcanzadas en 2015), de las cuales los productos primarios del agro representaron el 25% y las MOA el 40%.
De esta manera, si bien existió una mejora sustancial entre 2015 y 2016, fuentes del sector destacan que, para alcanzar un desarrollo sostenible, se necesitaría un superávit de comercio exterior de alrededor de US$ 12.000 millones, lo que evidencia los varios aspectos a mejorar en materia de inversiones y productividad.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), en el período 2015/2016, se observó un leve descenso en la producción de algunos cultivos como la soja y el trigo. No obstante, su productividad en relación con la superficie sembrada (el "rinde") se mantuvo en valores similares, e incluso aumentó significativamente en el caso del maíz.
Teniendo en cuenta que la cantidad de hectáreas sembradas en cada caso no registró grandes cambios en ese período (aunque hubo cierta merma en los casos del trigo y la soja), sí se detectó un incremento en la producción final de maíz (de 33,8 millones a 39,8 millones de toneladas).
En tanto, la producción de trigo y soja cayó en 2,63 y 2,60 millones de toneladas respectivamente en mismo período. La última cosecha, por su parte, profundizó la tendencia creciente en la producción de maíz, en tanto que refundó las de trigo y soja: mientras que para el maíz se destinaron casi 1 millón de hectáreas más que en la campaña anterior (llegando a un total de 7,95 millones de hectáreas).
Para el trigo casi 2 millones más (ya que pasó de 4,37 millones a 6,36 millones de hectáreas), la superficie de tierra sembrada con soja disminuyó en más de 1,7 millones de hectáreas, pasando de 20,5 millones a 18,75 millones.
Esta decisión productiva del sector permitió que las cosechas de maíz y trigo alcanzaran registros históricos en la última cosecha (47,5 y 18,3 millones de toneladas, respectivamente), mientras que la soja experimentó un leve descenso (pasando de 58,8 millones a 57 millones de toneladas).
Sin embargo, y a pesar de este nuevo resurgimiento del sector agrícola argentino, no debe pasarse por alto el freno indiscutible que supone la caída de los precios internacionales de las commodities en el mercado externo, cuyo impacto en las decisiones de producción estratégica de los principales actores de la industria es innegable.
Según datos del Banco Mundial, el precio del grano de soja pasó de rondar un promedio de US$492 la tonelada en 2014, a caer estrepitosamente a US$390 en 2015, finalizando con un leve repunte durante 2016 en valores cercanos a los US$406.
Durante 2017, sin embargo, la tendencia parecería continuar a la baja, con un precio que alcanzó una media de US$ 402 la tonelada en el primer semestre, circunstancia que, sumada al arancel que aún pesa sobre la exportación de este tipo de cultivos, puede explicar, en comparación al boom observado en otras commodities como el trigo y el maíz, la merma en el desempeño local de la soja en la última cosecha.
Si bien el precio del maíz no mostró caídas tan abruptas como la soja en los últimos años, sí puede decirse que, como ésta, observa una tendencia bajista: entre 2014 y 2016 pasó de un promedio de US$193/tn. a US$160/tn, en tanto que para los primeros seis meses de 2017 la tendencia pareciera mantenerse más o menos en los valores de 2016 (US$ 159/tn.).
En este caso, la eliminación de las retenciones jugó un rol determinante que permitió al sector suplir con mayor producción de este cultivo el margen de ganancia que se hubiera perdido con la caída de los precios.
Algo similar ocurrió con el trigo que, si bien arrastraba desde 2015 una tendencia a la baja en su precio (pasando de US$265/tn.
en 2014 a un promedio de US$205/tn. en 2015 y US$171/tn. en 2016), logró revertir levemente la misma durante el primer semestre de 2017 manteniendo el valor de 2016.
Ello, sumado a la quita de los aranceles a la exportación, explica, como en el caso del maíz, el aumento inédito en la producción de este grano; significando un impulso de gran magnitud para el sector agrícola nacional.
En base a los resultados observados en la última cosecha, y esperando superar pronto el problema que plantean las inundaciones sobre gran parte de la zona más productiva del país, las perspectivas del sector durante las próximas temporadas deberían ser favorables, más aún si son apalancadas por el diseño de políticas económicas a nivel nacional que ubiquen al productor agrícola como una prioridad, y permitan que las variables independientes del negocio, tal el caso de los precios internacionales, no afecten negativamente la rentabilidad de esta importante industria.
(*) Vice Director Ejecutivo, socio de Auditoría y líder de Agronegocios
NA
PRIMICIAS RURALES
Sep 28, 2017 | Opiniones
Las malezas constituyen un componente biológico importante y muy exitoso de los agro ecosistemas. Este éxito, depende, en general, de la capacidad que tienen las malezas para sobrevivir a los disturbios y ajustarse a la oferta ambiental y en la actualidad es remarcable en vista del esfuerzo dirigido a su control. Debido al sistema productivo de siembra directa y el uso de cultivos transgénicos, los herbicidas son la principal herramienta en la lucha contra las malezas. Sin embargo, a pesar del continuo uso de los mismos observamos cambios cualitativos y cuantitativos en la comunidad de las malezas y continúan siendo un serio problema en lotes cultivables.
Es así como surgió el concepto de malezas difíciles, especialmente en aquellas especies que presentan algún grado de complejidad en el control con glifosato. Entre los cambios florísticos observados encontramos biotipos de especies susceptibles que evolucionaron a resistencia como ser Sorghum halepense, Echinocloa colona, Eleusine indica, Urochloa panicoides, Digitaria insularis, Amaranthus hibridus y A. palmeri. Por otro lado, debido a los cambios experimentados en el manejo de los cultivos en los últimos años, se produjo una sucesión hacia especies tolerantes como Commelina erecta y Borreria verticilata. Finalmente, se encuentran las malezas perennes de nacimiento otoñal que llegan a la primavera con un porte importante y sobreviven a las aplicaciones de barbecho primaverales como ser Sphaeralcea bonariensis y Chloris elata.
El éxito en el manejo de este grupo de malezas, que de una u otra forma soportan el uso de glifosato, se puede basar en el uso de un producto eficaz. Sin embargo, no todos los productos son eficaces para todas las malezas y en aquellos que lo son, es importante considerar el momento oportuno de control, la correcta calibración del equipo y la aplicación de diferentes herbicidas.
Hoy el manejo de malezas en el NOA presenta una serie de fortalezas y debilidades. Entre las primeras podemos citar la identificación en los lotes de las malezas driver que manejan ese sistema, la incorporación en prácticamente toda la superficie del uso de herbicidas residuales, la comprensión de la importancia de rotar mecanismos de acción, de conocer la biología de la maleza problema y de no permitir que la planta semille. A través de grupos de investigación y desarrollo se obtiene en forma constante información de los herbicidas con mayor eficacia para cada maleza. Entre las debilidades podría citar que muchas veces utilizamos la mejor estrategia o producto y esto no se traduce en buenos resultados. La pregunta que nos debemos hacer entonces es qué nos lleva a la falta de eficiencia aún cuando contamos con un producto eficaz. No nos faltará entonces comprender el momento oportuno de uso, considerando el tamaño de maleza, el estado de la misma o las condiciones ambientales óptimas. O nos estamos olvidando de consideraciones relacionadas a la aplicación de esos buenos productos como ser el volumen de aplicación correcto, el tipo de coadyuvante elegido o el tamaño de gota con el que trabajamos.
Dicen que encontrar un error es encontrar un tesoro, todo indica que hoy es el momento de salir a buscarlo.
Fuente: Incrementar
Primicias Rurales