May 14, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 13 mayo (Especial para NA por Susana Merlo*)–
La política económica elegida por el Gobierno, y la prioridad de
"ganar las elecciones" de medio término en octubre en forma
excluyente para poder mantener la gobernabilidad dejan, sin
embargo, varios flancos muy expuestos, tal el caso de muchas
exportaciones que viene cayendo inexorablemente como en el agro.
Si bien globalmente se logró el año pasado cierto superávit
comercial vía una fuerte restricción de las importaciones (no sólo
de productos de consumo, sino también intermedios, y hasta de los
muy necesarios bienes de capital), la realidad muestra la
declinación del ingreso de divisas por dos causas fundamentales:
el debilitamiento internacional del valor de los transables y la
caída de los volúmenes de venta debido a la falta de
competitividad en la que cayeron la mayoría de los productos
argentinos.
Esto, que fue reclamado desde el principio por analistas y
observadores, se fue multiplicando a medida que transcurrían los
meses y los distintos sectores iban disminuyendo sus
posibilidades de ingresar al comercio exterior y también, de
mantener los mercados ya logrados.
Así, mientras desde el Poder Ejecutivo se destacaba la
innegable importancia de controlar la inflación, desde la otra
punta las empresas comenzaban a reducir trabajo en función,
tanto por el amesetamiento (caída para algunos) de la demanda del
mercado interno, como por la imposibilidad de competir con los
productos en el plano internacional.
La resultante, obvia, es la demora en la reactivación
económica, junto al freno relativo en la creación de puestos de
trabajo, tema mucho más notable en las pequeñas localidades donde
apenas hay un par de empresas, mayormente relacionadas con la
agroindustria y, en especial, con el rubro alimenticio.
Naturalmente, casi todos los funcionarios relacionados con el
tema fueron, y son, concientes del problema: el nuevo atraso que
se fue produciendo con el tipo de cambio después de la devaluación
inicial de diciembre de 2015, aunque esto no alcanzó para que el
Ejecutivo desistiera de la prioridad política, como objetivo
central del Gobierno hasta el próximo octubre.
Sin embargo, la creciente presión de parte de gobernadores e
intendentes que se fueron sumando a los reclamos de los sectores,
determinó algunas decisiones a modo de "parche" que, aunque
intentan ganar tiempo para pasar los próximos 6 meses con cierta
calma y atenuar en parte los daños que se van generando, en
realidad ponen de manifiesto que además del alto costo argentino,
que resta mucha competitividad a las exportaciones, el atraso en
el tipo de cambio ya es indisimulable, y la causa principal del
empeoramiento de la perfomance del comercio externo.
De hecho, algunos estiman que para que el dólar alcanzara el
nivel de 2007 debería ubicarse en los $ 25, mientras que para
alcanzar el rango de la salida de la Convertibilidad, en 2002,
ascendería a $ 36. Y si algo falta para evidenciar esta situación,
aparece el auge de los tours de compras en Chile, Miami, etc.; o
la alta demanda de vuelos internacionales, que ponen de manifiesto
que "el dólar en Argentina, está exageradamente barato".
Pero si no hay decisión de corregir este punto en lo inmediato,
y se necesita bajar el costo argentino, entonces se deberían tomar
una serie de decisiones que ya se demoraron más de un año y,
además, van a tardar 2-3 ciclos más para comenzar a ver los
primeros resultados.
En ese caso, ¿cual es la alternativa que queda para saltar los
6 meses que quedan hasta las elecciones?
La opción elegida, en voz baja y con cuentagotas para sectores
elegidos, la mayoría agroindustriales (que son los que hoy
justifican más del 70% de las divisas que ingresan por
exportaciones) fueron, directamente, los reintegros y/o los
recortes de las retenciones pendientes, lo que representa una
mejora directa del tipo de cambio.
Al girasol, por ejemplo, se le devolvieron los 3 puntos que
había de diferencial con el aceite, mientras que a los productores
de soja de las provincias del norte (incluidas en el Plan
Belgrano) se le quitaron otros 5 puntos de las retenciones (ahora
quedan en 25) por las primeras 2.000 toneladas.
Pero todos los rubros están en igual situación y los
frigoríficos que no pueden ni siquiera completar la otrora
codiciada Cuota Hilton, esperan que se cumplan los compromisos
oficiales de fines del año pasado.
Los polleros pretenden acceder al mismo estatus, lo mismo que
los molineros, y así sucesivamente.
La pregunta entonces es ¿alcanza con esta opción para evitar el
retroceso? ¿no había otras alternativas? ¿tuvo que pasar un año y
medio para que comenzaran las correcciones?
Lo concreto es que aún el sector más competitivo del país: la
agroindustria, ya casi no puede exportar si no es con ayuda de
reintegros que, para colmo, se demoran.
(*) Periodista especializada. Productora
Primicias Rurales
NA
May 7, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 6 mayo (Especial para NA, por Omar Príncipe*)–
Resulta complejo resumir cómo está la producción agropecuaria en
la actualidad porque no todas las actividades pasan por la misma
situación, pero hace falta una agenda agropecuaria que resuma los
temas.
El productor granario de soja o de maíz o trigo no se encuentra
en la misma situación financiera económica y comercial que un
productor tambero en la Argentina o que en algunas economías
regionales, que están profundizando una crisis que viene desde
hace muchos años.
Al no tocar problemas estructurales de esas economías
regionales, los problemas persisten. Por ejemplo, los problemas de
fletes que siguen siendo altos.
La Argentina continúa como uno de los países más caros en el
tema transporte, en el flete. Persisten los conflictos en la
comercialización que tienen los productores.
Continúa habiendo una gran distorsión de precios entre lo que
genera el productor, el alimento y lo que llega a góndola.
En la yerba, como caso, lo que produce el yerbatero hay que
multiplicarlo por diez veces para llegar al precio final de
góndola: esto es una muestra en repetición de muchas de las
economías regionales.
Hay muchos pequeños productores que todavía no han podido
ingresar en el sistema formal de comercialización y en el sistema
formal impositivo y financiero de la Argentina.
Lograrlo es el verdadero desafío de este 2017.
Por eso desde la Federación Agraria venimos insistiendo en que
hay que construir una "agenda agropecuaria" donde trabajemos una
reforma impositiva, el tema del flete, el financiero, hay miles de
productores que no están bancarizados y si alguno tiene la
posibilidad de tomar un crédito, las tasas son de más del 20 por
ciento anual.
No hay ninguna producción que pueda pagar esa renta financiera.
Estos son los temas que para nosotros hay que incorporar en una
agenda agropecuaria.
Hay que sumar el asunto semillas, que para nosotros es una
deuda del 2016, la empresa Monsanto sigue invadiendo y presionando
a los productores, enviando cartas documento y son los puntos en
los que Federación Agraria Argentina está trabajando y está
gestionando con el Gobierno, particularmente con el Ministerio de
Agroindustria.
Reconocemos que el ministro (Ricardo Buryaile) y el Ministerio
tienen una buena predisposición para escuchar, para el diálogo y
atender a las entidades, pero no siempre significa que dan
respuestas y resultados.
Estos problemas que recién enumeré son consecuencia de no tener
respuesta, pero más allá de la coyuntura, lo que no podemos perder
como posibilidad es empezar a plantear políticas a largo plazo.
Si solamente pensamos en tapar parches, creemos que es una gran
pérdida de oportunidades de pensar en políticas públicas a largo
plazo que es lo que, justamente, le puede dar previsibilidad a los
pequeños productores que son los más vulnerables.
(*) Presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA).
Primicias Rurales
NA
May 7, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 6 mayo (Especial para NA, Nicolás Tereschuk) —
Las tensiones de la fragmentación social y la desigualdad, en un
contexto de crisis del modelo de integración europea, aparecen
como telón de fondo de las elecciones francesas.
En una reciente columna en el diario The New York Times, el
analista Ross Douthat afirmó que los problemas franceses "guardan
cierto parecido" con los de Estados Unidos en la actualidad.
"En Europa como en los Estados Unidos, ciertas tendencias en la
cultura y en la economía han elevado a una clase alta educada, al
tiempo que la han separado, geográfica e ideológicamente y de
varias otras formas de una declinante y fragmentada clase obrera",
puntualizó Douthat.
Al mismo tiempo, "en Europa al igual que en los Estados Unidos
una población inmigrante creciente sirve a esa clase alta mientras
aparece como compitiendo con los ciudadanos nativos en declinación
por los trabajos, la vivienda y los beneficios sociales".
"En Europa como en los Estados Unidos, la coalición de
centroizquierda se ha convertido en una especie de arreglo
clientelar entre una meritocracia multicultural y grupos
minoritarios nuevos y viejos, mientras que la clase trabajadora
blanca navega hacia la derecha y vota por el Brexit, (Donald)
Trump y ahora (Marine) Le Pen", puntualizó.
A su vez, el diario británico The Guardian, a través del
columnista Larry Elliott planteó un escenario de frustración
prolongada para Francia.
Señaló que desde hace 30 años, los mandatarios franceses
provenientes de los principales partidos de centroizquierda y
centroderecha no han podido "resolver" los problemas económicos
del país.
"Algo dice sobre el pobre desempeño el hecho de que bajo la
gestión de François Hollande un crecimiento de algo más de 1 por
ciento en 2016 haya sido bueno en comparación con los años
recientes", advirtió Elliott.
Destacó que el desempeño económico de Francia en los años
recientes "ha sido decepcionante, especialmente cuando se lo
compara con el de Alemania".
"Hace quince años, los dos grandes países de la eurozona
disfrutaban de estándares de vida comparables. Hoy en día, los de
Alemania son al menos un quinto más altos que los de Francia. De
igual modo, cuando comenzó a circular el Euro, en 2002, las tasas
de desempleo tanto de Francia como de Alemania eran de alrededor
del 8 por ciento. En la actualidad, la desocupación en Alemania
está por debajo del 4 por ciento, mientras que en Francia está
cerca del 10 por ciento", remarcó.
Hay más datos económicos sobre los que poner la lupa para
entender el clima político francés -y europeo- donde florecen los
"outsiders".
La columna de Elliott los lista: casi uno de cada cuatro
menores de 25 años está desocupado, lo cual implica una tasa de
desocupación en esa franja mucho más alta que la de Alemania.
Y más del 85 por ciento del crecimiento del empleo durante 2016
en Francia se debió a empleos temporarios, la mayoría de ellos
correspondientes a contratos de menos de un mes de duración.
"Estos no son problemas nuevos. Desde mediados de los años 90
hasta el comienzo de la crisis financiera internacional en 2007,
sólo Italia entre los miembros ricos de la OECD ha crecido más
lentamente que Francia. Desde la crisis, la recuperación de
Francia quedó muy por detrás de las de Estados Unidos, Gran
Bretaña y Alemania", recordó el analista.
Del lado positivo, están buenos niveles de productividad, una
fuerte base industrial y niveles de desigualdad similares a los de
Alemania y Holanda -mucho más bajos que los de Estados Unidos y
Gran Bretaña-.
De todos modos, el "complejo de inferioridad" con respecto a
una Alemania más fuerte económicamente -un tema que no es
cualquiera en la memoria europea- se hace notar.
Y de fondo están los problemas de la integración europea: "el
desempleo económico divergente ha dejado a Francia en un rol
claramente secundario, por lo que Alemania está preocupada de que
más integración quiera decir habilitar cheques en blanco al resto
de la eurozona", indicó.
"Berlín se ha vuelto más impaciente del fracaso de los
políticos franceses para llevar adelante reformas que han
prometido. Como resultado de ello, ya no se trata de una sociedad
entre iguales Angela Merkel nunca tomó a Hollande con seriedad",
advirtió Elliott.
Algunos datos y miradas que servirán para tener a mano cuando
se conozcan los resultados de la elección francesa de este domingo
y se dé un paso más en la redefinición del futuro de Europa.
Primicias Rurales
NA
Abr 29, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 29 abril (Especial de NA, por Gabriel Profiti)
— En dos meses Mauricio Macri se habrá entrevistado con los
mandatarios de las cuatro economías más grandes del mundo y
ampliará un álbum que -en 500 días de gobierno- incluyó al menos
una reunión con los rectores de las diez naciones más influyentes
y de diecisiete de los primeras veinte.
El mes próximo realizará visitas oficiales a China y Japón y
tendrá en Buenos Aires su primer encuentro con el primer ministro
italiano Paolo Gentiloni, sucesor de Matteo Renzi. En junio será
anfitrión de la canciller alemana Angela Merkel.
La Argentina presidirá el estratégico G20 en 2018 y a fin de
año será la sede de la próxima Conferencia Ministerial de la
Organización Mundial del Comercio (OMC), dos organizaciones con
las que el kirchnerismo se llevó a las patadas.
Ese protagonismo internacional levanta las acciones de un
Gobierno que todavía es escrutado por buena parte de los
argentinos a partir de razones muy concretas: las medidas
económicas que permitieron amigarse con el mundo no repercutieron
fronteras adentro y en algún caso lo hicieron negativamente.
No obstante, que todo el mundo desarrollado diga que está
haciendo bien las cosas apuntala de cara a las elecciones a un
Macri cuya popularidad ya había crecido luego de la marcha del
1A, según revelaron distintos encuestadores.
.
Trump, limones y después
.
La visita a Estados Unidos y el encuentro con Donald Trump
estuvieron rodeados de múltiples particularidades: se trata de un
mandatario impopular en el mundo, con una imagen declinante en
su país y que a diferencia de su antecesor Barack Obama exacerba
el histórico sentimiento antiestadounidense argentino.
Está presente también el recuerdo del alineamiento político,
militar y de modelo económico durante el gobierno de Carlos
Menem, cuando Estados Unidos regía al mundo sin rivales (ahora
transcurre un escenario más multipolar), cuya contribución al
bienestar argentino fue nulo.
El viaje de Macri deberá transformar en beneficios económicos
la sintonía personal exhibida por los presidentes, pero aun así
representa un activo para el Presidente.
Se puede decir que después del inoportuno apoyo a Hillary
Clinton, la relación política está encarrilada. "Vinimos a buscar
que la agenda trazada con Obama se cumpliera. En algún momento
tuvimos miedo de que bajara todo como hizo con los limones pero
dijo que todo va a seguir y ese es el compromiso que nos
llevamos", sintetizó un funcionario argentino.
"¿Por qué es tan importante el tema de los limones?", preguntó
extrañado el secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross,
a Susana Malcorra, antes de la cumbre presidencial. "Porque es
simbólico para la relación, hace muchos años que se viene
pidiendo por esto y es poco dinero pero muy importante para la
economía regional", respondió la canciller argentina.
Al día siguiente Trump mencionó el tema burlonamente durante
un contacto con la prensa y, más tarde, el propio Ross le
garantizó al ministro de la Producción, Francisco Cabrera, el
franqueo al cítrico argentino.
La reapertura del mercado estadounidense a los limones
tucumanos y el apoyo de la principal potencia mundial al ingreso
argentino a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
(OCDE), el club de los países más ricos del mundo, fueron los
principales anuncios del viaje.
Sería más significativo que finalmente Estados Unidos vuelva a
permitir el ingreso del biodiésel argentino a su mercado. Las
ventas del biocombustible representaron el año pasado un cuarto
de las exportaciones a ese país, U$S 1.120 millones sobre un
total de 4.420 millones y ahora están frenadas en análisis por
una denuncia privada de dumping.
También, que contribuya a la "lluvia" de inversiones
extranjeras en la Argentina, pero esta aspiración va a contramano
del esfuerzo del magnate por reindustrializar su país.
.
Hormiguero electoral
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La política vernácula ya comenzó a moverse al ritmo electoral,
pese a que faltan dos meses para el cierre del plazo para la
presentación de candidaturas, cuatro meses para las PASO y seis
para las elecciones generales del 22 de octubre.
En Cambiemos, la pulseada pasa por ordenar internamente al
frente. Hay chisporroteos entre el PRO y el radicalismo, el más
sonoro en la Ciudad de Buenos Aires, donde las autoridades
locales de la UCR respaldan a Martín Lousteau y las nacionales se
encolumnan detrás de la estrategia de Horacio Rodríguez Larreta
de dejar fuera del frente a su principal amenaza para 2019.
La paz llegará si ambos sectores mantienen algunos acuerdos
básicos de convivencia ya fijados: donde gobierna el oficialismo,
ya sea radical o macrista, el gobernante define la estrategia y
al mismo tiempo debe ser generoso con sus aliados.
Mientras, el PJ entró en estado de agitación. La Cámpora y
sectores del peronismo clásico salieron a proponer la confección
de una lista de unidad en Buenos Aires para desafiar a un
Florencio Randazzo que logró construir una base política e
insiste en competir en primarias.
Operadores del randazzismo sostienen que esa lista de unidad
no será posible y que el exministro del Interior está dispuesto a
enfrentar a cualquier rival, incluso Cristina Kirchner, quien
sigue midiendo muy bien en el Conurbano bonaerense.
En ese contexto, Sergio Massa y Margarita Stolbizer buscaron
cortar el escenario de polarización vigente entre el oficialismo
y el PJ. Presentaron conjuntamente un proyecto para eliminar el
IVA en los principales productos de la canasta básica y se espera
que instalen una agenda sobre temas irresueltos.
Las propuestas de Massa suelen ser taquilleras pero
fiscalmente dolorosas. Con algunas les fue bien y con otras no.
NA
PRIMICIAS RURALES
Abr 29, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 29 abril (Especial para NA, por Gustavo López*)–
A mediados de abril las compras de granos realizadas por
los exportadores e industriales en total ascendían a 44.3 millones
de toneladas, contra 39.3 en igual período del año anterior, es
decir 5 millones de toneladas de diferencia entre ciclos. Ello se
explica en gran medida por la mayor cosecha que se espera en el
2016-2017, calculada en aproximadamente 125 millones de toneladas.
Cuando se analizan las cifras, vemos cierto retraso, ya
que de los 44.3 millones de toneladas, el 70% son a "precio
hecho", en tanto que el resto aun no ha sido fijado el valor. En
el ciclo anterior para esta época de los 39.3 lo efectivamente
vendido superaba el 75%.
Si a su vez se desagregan los totales por grano, se observa un
ritmo febril de ventas de trigo y maíz, tanto totales como a
precio hecho, pero no así en soja donde la demora es muy
significativa. El total comprado en este ciclo de esta oleaginosa
alcanza las 16 millones de toneladas, en tanto que a precio hecho
sólo se han realizado 5.3 millones de toneladas, es decir 33% del
total adquirido.
Sin duda el productor para tomar la decisión de venta de
su soja está considerando, a) la incertidumbre en las condiciones
climáticas actuales, donde el exceso de precipitaciones ponen en
peligro una cosecha que sólo se ha realizado en el 20% del total,
b) los precios internos, que distan de ser similares a los que
habían vendido su mercadería en el año anterior, c) la posibilidad
de modificaciones en el tipo de cambio.
Respecto del primer punto, si bien habíamos tenido algunas
semanas con clima estable, en los últimos días se registraron
intensas lluvias en gran parte de la región pampeana, que han
limitado el avance de las labores de cosecha, incrementándose las
pérdidas de hectáreas y, en muchos lotes, serios problemas de
calidad.
En relación a los precios, la supercosecha actual y la
perspectiva que en la próxima se siga expandiendo el área sembrada
en los principales productores mundiales, Estados Unidos, Brasil y
Argentina, resta posibilidades que las cotizaciones tiendan a
mejorar, al menos en el corto plazo.
Finalmente, los rumores de modificaciones en el tipo de
cambio, probablemente luego de las elecciones también influyen a
que el productor, se "siente" en su soja –principal moneda de
cambio que dispone- esperando una mejor relación de precio entre
el peso y la soja, incrementando así su margen por hectárea.
Ello influye en toda la cadena comercial, ya que si bien
empieza a disponer de mercadería "física", se tiene la
incertidumbre en cuanto a los precios de la misma y es difícil
establecer la rentabilidad del negocio, ya sea de la exportación
de materia prima como la elaboración de ésta y posterior
comercialización de sus derivados.
No obstante, se estima que en las próximas semanas debería
acelerarse el proceso de fijación de precios, despejada la
incógnita del volumen de la cosecha y considerando las necesidades
financieras del productor, con miras a la siembra del nuevo ciclo.
(*) Director de Agritrend SA.
PRIMICIAS RURALES
Abr 26, 2017 | Opiniones
A pesar de las declaraciones (y la creencia pública bastante generalizada), de que el campo es uno de los pocos sectores capaces de ofrecer hoy respuestas rápidas a un Gobierno urgido de buenos resultados, y que ya transcurrió casi un año y medio de Administración Macri, parecen muy pocas las acciones encaradas para tratar de asegurar al máximo esos resultados, especialmente en lo que respecta a la producción de granos, principal fuente del ingreso de divisas, y de importantes aportes impositivos. Esto, sin olvidar la urgente necesidad de contención de la mayoría de las economías extrapampeanas, para que no compliquen más los tantos con mira a las elecciones de octubre.
Para colmo, no solo los precios internacionales se fueron debilitando en ese lapso, sino que también el clima (además de dejar muy mal parados a casi todos los meteorólogos), vuelve a poner en jaque una cosecha que, igual que el año pasado, sigue demorándose y perdiendo volumen con cada día que pasa, aunque todavía se mantienen cifras interesantes que, de todos modos, distan hasta ahora en 15-18 millones de toneladas de las cifras oficiales, y que podrían caer aún más.
Lo más grave, sin embargo, es que el actual gabinete nacional habiendo asumido con inundaciones (a fines de 2015), no solo no aportó algún proyecto de ley orientado a los seguros agrícolas, asunto pendiente desde hace más de una década y media, sino que tampoco tomó medidas inmediatas con un tema recurrente que se agravó, otra vez, al mantenerse los excesos de humedad desde la primavera pasada: las inundaciones.
Unas pocas obras aisladas con esfuerzos provinciales, y el plan de la Cuenca del Salado (que cuentan con bastante financiación internacional), y que impulsa especialmente Buenos Aires, y no mucho más.
Sin embargo, y aunque los números oficiales no lo reflejen, solo en esta campaña, las pérdidas directas que está provocando el exceso de agua ya superan los U$S 3.000 millones por caída de producción, sin contar, otros daños en infraestructura, lucro cesante, menor actividad económica, aportes fiscales, etc., etc. que podrían duplicar esa cifra.
Por supuesto que tal monto habría permitido encarar buena parte de las obras para evitar los daños recurrentes pues, aunque no se pueden evitar las precipitaciones, sí es factible contener y guiar los excesos de agua.
Naturalmente alguno podrá sostener que “con arcas vacías no se pueden hacer obras”, lo cual es relativamente cierto, como también lo es que si se hubiera podido evitar la pérdida de 5-6 millones de toneladas de granos, el país contaría con más de U$S 2.000 millones por ventas directas, más los impuestos, y con mayor actividad económica.
Sin embargo, el tema parece mucho más grave aún, porque implica el desaprovechamiento de algo que ya existe, y está subejecutado.
Debido la reiteración de desastres agropecuarios, hacia fines de los ´90, junto con el Plan Maestro del ´98 (para regular la Cuenca del Salado), se ideó un fondo que tomó forma definitiva en 2001, y que se conformaba con aportes directos de la venta de combustibles, con el objetivo de encarar obras de infraestructura para evitar las inundaciones en zonas productivas rurales, que evitaran las cuantiosas pérdidas que estas generan.
Si bien al principio ese fue el objetivo y así fue ocurriendo (aunque nunca fue pleno el aprovechamiento de la recaudación anual), las cosas cambiaron en 2006 cuando, vía el Congreso, se logró modificar la ley -26-181- derogando la “especificidad rural” que tenía el fideicomiso constituido hasta ese momento.
Más allá de que algunos sospecharon ver en esa determinación, especulaciones politicas para el inminente ciclo electoral de 2007, ya que la flexibilización posibilita desde entonces distribuir los fondos entre los intendentes para encarar, teóricamente, obras urbanas en esas localidades, lo cierto es que tampoco así se llegó a ejecutar la totalidad de la recaudación, situación que se arrastra hasta hoy.
La magnitud del desaprovechamiento es tal que en 2015 (año de elecciones) solo se usó el 35% de los $ 2.042 millones recaudados, mientras que el año pasado, de los $ 3.421 millones anuales del fideicomiso, se aplicó apenas el 15%, y en lo que va de este año (con inundaciones y todo), solo se ronda el 8%…
No es público el destino del resto del dinero aportado por los combustibles.
De más está decir que el Fondo Hídrico en cuestión, que nunca recibió mayor interés tampoco de las entidades del campo, que deberían estar entre los principales interesados en el tema, acumula también cantidad de objeciones por parte de la AGN (Auditoría General de la Nación), que tampoco se dieron a conocer.
La gran pregunta es entonces: cuanto daño se podría haber evitado adjudicando correctamente esos fondos??, cuantas pérdidas no hubieran existido?, cuanto más se podría haber hecho con los recursos genuinos provenientes de políticas correctas?, quienes son -y fueron- los responsables primarios de semejante ineficiencia?.
Se podría seguir mucho más, pero no es necesario…
Primicias Rurales
Fuente: