Mar 6, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 4 marzo (Especial para NA, Nicolás Tereschuk) —
Si alguna señal faltaba para darse cuenta de que el mundo tal como
lo conocíamos está cambiando a gran velocidad, esta semana se
conoció la intención del presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, de practicar "juego brusco" contra las normas de la
Organización Mundial de Comercio (OMC).
El miércoles pasado, cuando el presidente Mauricio Macri
ofrecía aquí un discurso ante la Asamblea Legislativa, la Casa
Blanca puso por escrito su idea de ir contra las normas de una
institución a la que los Estados Unidos le dieron estatus casi
sagrado durante las últimas décadas.
En un documento en el que el gobierno norteamericano explicita
su agenda anual sobre comercio, se anunció la intención de la
gestión de Trump de tomar una actitud agresiva para combatir las
prácticas comerciales de otros países a los que considere
"injustas" y no descartó desafiar las reglas de la OMC que
interfieran con ese rumbo.
Así, la administración "no tolerará" prácticas de otros países
como la manipulación monetaria, subsidios "injustos", el robo de
propiedad intelectual y la actuación agresiva por parte de
empresas públicas.
En ese contexto, el gobierno norteamericano le adelantó al
Congreso de ese país que está dispuesto a empujar los límites que
marcan las reglas de la OMC para tomar represalias contra otros
países.
Traducido: si los funcionarios de Trump consideran que el
comercio norteamericano es discriminado por otros países, podría
imponer restricciones a las importaciones desde esas naciones sin
esperar a los procesos que se desarrollan en la OMC.
Y en ese marco, ningún experto descarta que eso a su vez
dispare medidas recíprocas por parte de los perjudicados, en una
vuelta a las "guerras comerciales" que -se suponía- organismos
como la OMC debían combatir.
"La administración Trump actuará agresivamente según lo
requiera para desalentar este tipo de comportamiento y alentar la
competencia en los mercados" internacionales, destacó el documento
oficial que significa una ruptura de proporciones con respecto a
la política del gobierno de Barack Obama.
El reporte indicó que existían "esperanzas" en el sistema
pautado por la OMC de que se obtendría un "mejor trato para los
trabajadores, granjeros, rancheros y empresarios norteamericanos"
pero "en lugar de eso, encontramos que en demasiadas instancia los
estadounidenses han sido puestos en una situación de injusta
desventaja en los mercados globales".
Leer ese tipo de retórica anti-globalizadora por parte de la
mayor potencia mundial no deja de sorprender para quienes
recuerdan los debates generados por órganos como el Foro Social
Mundial o para quienes recuerden las verdaderas "batallas" como
las que alguna vez se dieron en las calles de Seattle contra la
otrora todopoderosa OMC.
"Es tiempo para una nueva política comercial que defienda la
soberanía estadounidense, aplique las leyes de comercio locales,
use el apalancamiento del país para abrir mercados en el exterior
y negocie nuevos tratados de comercio quesean más justos y más
efectivos tanto para los Estados Unidos como para el sistema
mundial de comercio, en particular para aquellos países
comprometidos con la economía de mercado", sostuvo el impactante
documento.
El diario The Washington Post explicó la situación con
claridad: "Si Estados Unidos anuncia que no cumplirá con las
decisiones de la OMC y otros países imponen penalidades en
represalia contra las importaciones norteamericanas, se podría
acelerar la entrada en una era de proteccionismo económico a nivel
global".
"Economistas y grupos industriales temen que esta situación
pueda disparar un guerra de comercio global que sea disruptiva
para el intercambio y el crecimiento", advirtió.
El diario recordó que Estados Unidos ha iniciado desde 1995 más
de cien demandas ante la OMC y otros países han realizado 129
contra el gran país del norte.
Primicias Rurales
NA
Feb 27, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 25 febrero (Especial de NA, por Arturo Navarro*)
Si realmente queremos cambiar el país hay que salir de la
coyuntura y pensar en el largo plazo.
Se trata de un compromiso a asumir entre todos los sectores y
la dirigencia política para revertir definitivamente con grandeza
la actual decadencia.
Es necesario un proyecto planificado de crecimiento y de
desarrollo a largo plazo, en función de valores, objetivos
económicos generales y sectoriales de política agropecuaria y
agroindustrial a ser respetados por todos.
No estoy proponiendo un proyecto agro exportador tradicional.
Estoy promoviendo que el país se convierta rápidamente en un gran
exportador de alimentos para abastecer la creciente demanda
mundial y de esa forma poder generar un desarrollo equitativo de
todo del país junto a todos los otros sectores de la economía.
La agroindustria es la industria más eficiente y competitiva
del país, base fundamental para un desarrollo nacional equitativo
por la acción geopolítica que genera.
¿El objetivo inmediato? Aumentar las inversiones, las
fuentes de trabajo, las producciones y las transformaciones, para
exportar a todos los mercados del mundo y abastecer mejor el
consumo interno.
¿Un ejemplo a imitar? El de los emprendedores que motorizan
diferentes clúster regionales en todo el país. Ellos logran
integrar eficientemente las producciones y rompen la dinámica de
la expulsión territorial de los trabajadores.
Relativizaron el costo del flete transformando la materia prima
en origen y agregando valor a lo transportado. Éste es el ejemplo
a imitar y a generalizar en el país.
Significa solamente poner al complejo agroindustrial en
igualdad de condiciones con los otros sectores de la economía y
de integrarlo en un proyecto nacional basado en valores
fundamentales y con objetivos económicos generales y
sectoriales respaldado por un federalismo fiscal.
Es importante la promoción de la equidad distributiva para
lograr un mayor equilibrio regional, que aliente las posibilidades
de desarrollo y promueva la radicación de la población en el
interior del país en base a la educación y un trabajo digno que
los contengan. Además de una moderna y eficiente relación fiscal
Nación-provincias.
Los objetivos económicos serían lograr tasas sostenidas de alto
crecimiento de la producción, atemperando los ciclos y las
fluctuaciones bruscas, la promoción de inversiones atractivas en
la Argentina, para que contribuyan a reducir las tasas de
desempleo y promuevan el desarrollo regional. Esto alentaría a la
población a radicarse en todo el territorio nacional.
Cabe destacar que los objetivos sectoriales deben ser
coherentes con los valores y objetivos generales y menciono
algunas políticas de Estado:
1- Tipo de cambio nominal.
2- Que no haya control de cambio ni restricciones a operar en
moneda extranjera.
3- Eliminación de restricciones cuantitativas, cuotas y
toda traba para exportar e importar.
4- Política tributaria y de coparticipación actualizada,
para un país federal.
5- No habrá derechos de exportación, excepto aquellos
aprobados por ley del Honorable Congreso de la Nación.
6- Aranceles de importación no superiores al 10% para todos
los bienes.
7- Libertad de precios para todos los bienes y servicios.
8- Promoción de los mercados a término.
9- Promoción del crédito y de la asistencia financiera en
condiciones de mercado y asistencia promocional del BICE y del
Banco Nación, especialmente para las pymes.
10- Promoción de las coberturas de riesgo climático, con
participación del Estado hasta asegurar la generalización de su
empleo, con racionalidad económica en los casos en que los riesgos
sean imprevisibles y con primas de seguro que induzcan al
productor a cubrirse.
11- Promoción de la Biotecnología.
12- Promover el cuidado del medio ambiente a través de una
buena rotación de cultivos y el aumento de la productividad por
unidad.
13- Política de infraestructura y logística para atender el
crecimiento sostenido de la producción, del comercio y del
transporte.
14- Promoción de clúster productivos regionales. El sector
público agropecuario debe coordinar con el sector privado y los
gobiernos provinciales y locales la promoción, con proyectos
específicos y estratégicos, de una actividad principal y de sus
servicios ligados.
15- Extender a la familia rural todos los beneficios de las
políticas sociales y asistenciales de nivel nacional. Principio de
no discriminación: en el campo también se necesita de la
asistencia del Estado.
(*) Consultor. Ex presidente de CRA y CARBAP
Primicias Rurales
NA
Feb 27, 2017 | Opiniones
Dymock, United Kingdom, 26 febrero (PR/17) — En un campo del
suroeste de Inglaterra, el agricultor Charles Martell está
atendiendo a sus vacas de raza selecta mientras dos de sus
empleados elaboran el queso Gloucester Single, una exquisitez
británica.
Han pasado dos décadas desde que la Unión Europea (UE) otorgó a
Martell la protección de la Denominación de Origen (DO), lo que
significa que sólo puede hacerse de acuerdo a una receta
predefinida y en un lugar específico.
La inminente salida de Gran Bretaña a la UE amenaza esa
situación. "La razón por la que lo hice fue porque la gente estaba
empezando a hacer el queso fuera del condado, y pensé: ¡fuera, no
es su queso", dijo Martell a la AFP, rodeado de sus vacas de la
variedad Gloucester en el condado rural de Gloucestershire, en un
gélido día de febrero.
Se espera que, debido al Brexit, decenas de alimentos y bebidas
de Gran Bretaña pierdan su estatus especial, dejando a productores
como Martell ante la incertidumbre de cómo proteger sus negocios.
Desde la crema cuajada de Cornualles, al salmón salvaje
escocés, el whisky escocés o el queso Stilton, Gran Bretaña cuenta
con 77 productos que forman parte del mismo programa europeo del
que se benefician el champán francés o el jamón ibérico español.
El sello de la UE significa que los consumidores saben que
están recibiendo el artículo genuino. Según la Comisión Europea,
estos artículos se venden un promedio de 2,3 veces más que un
artículo similar pero no autentificado, y además los productores
pueden solicitar fondos europeos para promover sus productos.
– Mano de obra de la UE –
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Martell no quiso revelar qué votó en el referéndum del 23 de
junio, pero el condado de Gloucester votó mayoritariamente a favor
de salir de la UE.
Su principal motivación para obtener la Denominación de Origen
fue proteger el queso Single Gloucester, que él mismo recuperó en
1976 con la ayuda de una receta local de 1931.
Es un queso duro y graso que empezó a elaborarse en el condado
hace más de 200 años, y solo puede hacerse en las granjas de
Gloucestershire que tengan vacas de la raza Old Gloucester.
En sus inicios, Martell ordeñaba a mano tres vacas y vendía el
queso en un mercado local. Ahora lo exporta a 30 países.
Su negocio depende del trabajo de un pastor rumano y de las
habilidades de sus queseros polacos y búlgaros, cuyo derecho a
vivir y trabajar en Gran Bretaña también podría verse afectado por
el Brexit, una preocupación importante para muchos agricultores.
Martell dijo que su empleado rumano adquirió una experiencia en
el vacuno de su país que no suele encontrarse entre los jóvenes
candidatos británicos a un empleo.
– Una gran nación gastronómica –
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Los productores de salchichas Newmarket, hechas en el este de
Inglaterra con carne de cerdo y hierbas, se acogieron a una
etiqueta europea ligeramente diferente a la "Denominación de
Origen", la de Indicación Geográfica Protegida (IGP) de la UE,
para distinguirse.
Grant Powter, cuya familia fabrica las salchichas desde 1880,
dijo a la AFP que la designación era "sumamente importante" para
la calidad y la autenticidad, así como para las exportaciones.
El ministerio de Agricultura británico aún no ha esbozado un
programa para reemplazar todo este sistema después de que el Reino
Unido abandone el bloque europeo.
Sin embargo, una portavoz del ministerio dijo a la AFP que
"estos productos son extremadamente importantes para nuestra
reputación como una gran nación de alimentos y trabajaremos para
asegurar que sigan beneficiándose de la protección en el futuro".
Martell dijo que creía que el gobierno británico actuaría para
ayudar a proteger los alimentos regionales auténticos de las
imitaciones.
"No puedo creer que el gobierno no haga algo, una versión
británica de eso… Estarían locos si no lo hicieran".
AFP-NA
Primicias Rurales
Feb 24, 2017 | Opiniones
Berlín, 24 febrero (PR/17) — Del desierto australiano a
Hiroshima, del sur de Francia a México, invernaderos cada vez más
tecnológicos, logran que tomates o fresas maduren a mayor
velocidad, supervisados por un ordenador y sin necesidad de
pesticidas químicos o agua potable.
Sin necesidad de energías fósiles, insecticidas químicos o agua
potable, la granja solar de Sundrop Farms, fundada a finales de
2016 en Australia, hace crecer tomates en el desierto gracias a
dos recursos naturales gratuitos -el sol y el agua de mar- en un
complejo único en el mundo.
Su dueña, la compañía holandesa Van der Hoeven, la presentó a
principios de febrero en el salón Fruit Logistica de Berlín. El
proyecto, creado junto al danés Al Borg, consta de 200.000 metros
cuadrados de invernaderos de cristal, rodeados de 22.000 espejos.
Estos atraen los rayos del sol concentrándolos en lo alto de
una torre convertida en una especie de caldera gigante, que eleva
el agua marina a 800 grados centígrados, desalándola, lo que
permite refrescar e irrigar con ella las plantas.
Van der Hoeven, que obtiene el 95% de su facturación (70
millones de euros) con la exportación, "está negociando un
proyecto similar en Arabia Saudí", indica a la AFP Peter Spaans,
su director comercial.
En todas las latitudes se han adquirido otros invernaderos de
alta tecnología: de las estepas de Kazajistán a Hiroshima en Japón
o la selva tropical de México.
"Allí, el desafío es deshumidificar, gracias a la utilización
de materiales higroscópicos, una especie de esponjas", dice
Spaams.
"En México, en una zona tropical donde la humedad y las
enfermedades propias de ese clima obligarían a aplicar un
tratamiento químico diario, los invernaderos han hecho caer la
frecuencia de tratamiento a una al mes", explica por su parte a la
AFP Antoine Lepilleur, presidente de Richel Equipement, primer
constructor francés de invernaderos, basado en Saint-Rémy-de-
Provence (sur de Francia).
.
– Revolución –
"Con el cambio climático, cada vez se producen más fenómenos
extremos", agrega, como "lluvias en plena temporada seca en zonas
donde no llovía nunca". Y "todo un sistema de producción puede
hundirse de golpe", indica.
El único problema de granjas como la de Sundrop es el precio:
100 millones de euros.
Para hacer viable este proyecto, los inversores debieron
obtener de uno de los clientes un compromiso sobre el precio
mayorista de los tomates a tres dólares el kilo durante diez años,
indica una fuente cercana a las negociaciones.
Se trata de un precio impensable en Europa, donde el kilo
oscila entre 1 y 1,5 euros.
Pero hay quienes creen que vale la pena, como Vincent Clément,
joven productor de tomates agroecológicos, que se ha pasado al
sistema Van der Hoeven bautizado "eco-invernadero".
Su interior prácticamente hermético mantiene a raya a los
insectos y las plagas, limita el uso de fungicidas por el control
estrecho de la temperatura gracias a un ordenados y no requiere
tratar las raíces porque las plantas se obtienen de injertos.
"Es una revolución como la que no hemos conocido en 25 años y
que no volveremos a conocer en otros 25 asegura a la AFP
Primicias Rurales
AFP-NA
Feb 21, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 18 febrero (Especial para NA, por Gustavo
López*)– Luego de las severas condiciones climáticas
registradas entre diciembre y enero pasados, que llevó a ajustes
de importancia en las producciones de los granos de cosecha
gruesa, la estabilidad de las últimas semanas trajo cierto respiro
a los productores.
Con muchas zonas inundadas, anegadas y con manifiestos excesos
hídricos, en particular en el centro norte de la región pampeana,
NEA y NOA y otras afectadas por una persistente sequía como gran
parte del sur bonaerense, parecería que se va normalizando el
clima, factor decisivo en el comportamiento de las cotizaciones.
Si bien continúan anegados muchos lotes en la región
productiva, donde se descarta la pérdida total de los mismos, se
generaliza una situación de cierta esperanza en que, de mediar
condiciones más estables, hará que se registren muy buenos
rendimientos unitarios, en especial en soja y maíz que explican
con más de 90 millones de toneladas de producción conjunta el 75%
de la oferta total granaria de Argentina.
En tal sentido, tiende a consolidarse una producción final
récord en torno de 120 millones de toneladas, donde se destaca una
oferta de soja en 54 a 55 millones de toneladas y de maíz de 36 a
37 millones de toneladas, cifras donde existe coincidencia entre
la mayoría de las fuentes locales, incluso de las del Departamento
de Agricultura de Estados Unidos (USDA), según sus previsiones de
febrero del corriente.
Todo ello se da en un marco de precios internacionales
relativamente estables.
En efecto, si bien se observaron fuertes fluctuaciones,
producto de la incertidumbre de la oferta sudamericana, el intenso
ritmo de exportaciones de USA, y la creciente demanda de China,
los precios actuales continúan en valores atractivos. Como ejemplo
de ello, si se analiza el período de octubre 2016 a la fecha, la
mejora en el valor de la soja en Chicago alcanza 40 dólares la
tonelada con una mejora del 10.5% para cerrar en torno a los 400
dólares la tonelada.
Algo similar se da en maíz y trigo, que incrementaron sus
valores en dicho período en 15 y 14 dólares la tonelada
respectivamente.
Esta situación se reflejó en los mercados locales, que se
desarrollan con firmeza, tanto en las posiciones de entrega
inmediata como en las diferidas.
En el caso del trigo, producto de un febril ritmo de embarques
y por ende un volumen récord de compras, los precios internos
treparon de los 150 dólares la tonelada originales a 170 dólares
la tonelada para las posiciones actuales "spot" y hasta 180
dólares la toneladas en los futuros.
Mientras que en soja la situación es similar, con un nivel de
precios en el disponible sumamente atractivo en torno a los 280
dólares la tonelada, en tanto que las posiciones coincidentes con
la salida de la cosecha gruesa oscilan entre 260 a 270 dólareas la
tonelada.
Finalmente en maíz, los precios actuales, convergen con los de
la nueva cosecha en torno a 155 dólares la tonelada.
Ello implica, una mejora importante en los márgenes de los
productores, que en el actual esquema de derechos de exportación,
la eliminación de las restricciones comerciales y el ajuste del
tipo de cambio (aunque ya se manifiestan claros síntomas de
atraso), alientan a pensar en un ciclo de mayor rentabilidad y un
futuro optimista en cuanto a la nueva siembra del ciclo 2017-2018.
(*) Director de Agritrend SA
Primicias Rurales
NA
Feb 8, 2017 | Opiniones
Buenos Aires, 4 febrero (Especial para NA, por Susana
Merlo*) — Si para el Gobierno las cosas están ocurriendo con
mucha más lentitud de la que esperaban, y el país todo debe
aceptar que los resultados políticos y económicos no se condigan
con muchas de las urgencias de la sociedad, para el campo el
escenario es mucho peor, ya que el ritmo de la naturaleza también
es distinto.
Por caso, mientras asumía el nuevo gobierno, en diciembre de
2015, la campaña 2015-2016 ya estaba jugada y, a pesar de la
relativa euforia inicial, poco y nada se podía capitalizar de las
mejores expectativas.
Luego, las excesivas lluvias de abril y los meses transcurridos
desde el inicio de la nueva Administración Macri, obligaron a un
"baño de realismo" que frenó bastante el ímpetu productivo
inicial, especialmente, cuando los precios agrícolas comenzaron a
caer, los costos de producción continuaron trepando alentados por
una inflación que no parecía ceder.
Y mientras la cosecha se atrasaba en forma extraordinaria
(recién se concluyó en agosto¡), se demoraba el inicio del nuevo
ciclo 2016-2017 debido a las contingencias climáticas del otoño
anterior, el grado de encharcamiento que aún presentaban muchos
potreros y a la ocupación que todavía mostraban otros con cultivos
de verano que no se habían podido cosechar.
Junto con estos ingredientes, también el tipo de cambio campo
perdió parte de las ganancias que había registrado con la
devaluación y el recorte de las retenciones y la Argentina volvió
a retroceder en su competitividad frente a los competidores.
Esto determinó que por ejemplo en ganadería, si bien se produjo
cierta retención de vientres, no se dio el gran salto productivo
que se esperaba en base al atractivo mercado internacional y hoy
la oferta exportable sigue siendo escasa respecto a los volúmenes
que llegó a tener en otros tiempos cuando, además de abastecer al
mercado interno, se llegaron a exportar más de 750.000 toneladas,
vs las apenas 220.000 actuales.
En granos pasó algo otro tanto pues, si bien la intención de
aumentar el área de siembra y volver a los cereales (más trigo y
maíz y menos soja), estuvo desde el vamos, luego la realidad
obligó a los productores a modificar un poco los planes, entre
otras cosas, por el alto costo relativo del financiamiento.
El clima y los mercados internacionales hicieron el resto , a
pesar del voluntarismo oficial que quiso ver crecimientos mucho
más espectaculares que los que se estaban registrando, y más aún,
los que terminó habiendo.
Con ese escenario se llega a un 2017 en el que habrá elecciones
y el Gobierno ya adelantó que la prioridad es la política, ganar
la votación de medio término, por lo que los sectores productivos,
el campo entre ellos, deberán esperar, y amañarse con sus propios
fuerzas que, hasta ahora, vienen bastante menguadas.
Lamentablemente, para muchos productores que ya perdieron sus
cosechas o vienen registrando caídas importantes de rindes, como
ya ocurrió con parte del trigo en su zona típica, con el girasol
que venía muy bien hasta los excesos de humedad actuales que dañan
la calidad del grano, o la soja que no se pudo sembrar en la época
óptima por los excesos de agua (sin mencionar a los tamberos que
ya no tienen retorno), el ciclo es prácticamente terminal.
Sólo si aparecieran fuentes de financiación con 2 años de
gracia y tasas acordes a la actividad agrícola, esos
establecimientos estarían en condiciones de continuar.
Caso contrario, seguirán endeudándose y comiéndose el capital
productivo.
El resto puede tener un ciclo con recuperación relativa pero
que, en ningún caso, permitirá el salto productivo de volver al
crecimiento agrícola con más de 35 millones de hectáreas de
siembra "reales", más allá de los ficticiamente "inflados" 38,5
millones de campañas anteriores.
Tampoco, la reposición de al menos un 10% de los tambos
perdidos últimamente (unos 600 establecimientos) o de unos 2
millones de cabezas de vacunos, de las 11 a 12 que se perdieron en
la última década y de las que apenas se recuperó la mitad hasta
ahora.
Junto con el alto costo argentino, las muy pesadas cargas
laborales y el costo del dinero, el principal factor que frena
cualquier intento de crecimiento significativo, al menos por este
año; la altísima presión fiscal que difícilmente vaya a bajar en
un año de elecciones como el actual y que, solo en el área
agrícola, sigue implicando más de 60% de la renta de la actividad,
según estima la Fundación FADA.
(*) Periodista especializada. Productora.