Hoy recordamos al Beato Agustín Kazotic, obispo que combatió la superstición y la brujería

Hoy recordamos al Beato Agustín Kazotic, obispo que combatió la superstición y la brujería

Predicador paciente 

Agustín ingresó antes de los 20 años a la Orden de Predicadores (dominicos); estudió primero en Spalato, su región natal; y posteriormente en la Universidad de París (Francia), hacia 1286. Acabados sus estudios viajó a Hungría, donde entabló una profunda amistad con el Cardenal Nicolás Boccasini, quien más tarde se convertiría en el Papa Benedicto XI.

En 1303, el Cardenal Boccasini consagró a Agustín como obispo de Zagreb, capital de Croacia. Por aquel entonces, Zagreb era un territorio caracterizado por las pugnas entre facciones aspirantes al trono. La nobleza estaba dividida y la diócesis padecía los estragos producidos por la inestabilidad política y social. En ese contexto, el Obispo Agustín se convirtió en el gran promotor de la virtud y la paz entre los ciudadanos, destacando por su prudencia y tenacidad. Tuvo que aguardar cerca de 20 años para que esos enfrentamientos desaparecieran de manera definitiva. En ese largo periodo el beato no escatimó ni esfuerzos ni oración.

Tratado contra la adivinación, la brujería y la superstición

En 1318, Agustín se entrevistó con el Papa Juan XXII -uno de los papas del periodo de  Aviñón- para solicitar su intervención para darle solución al conflicto entre el rey de Croacia y el rey de Hungría, Carlos I. Por fortuna, aquella gestión dio los frutos esperados y Croacia pudo mantenerse en paz.

Defensor de la fe cristiana en Lucera

Algunos años después, en 1322, el mismo Papa Juan XXII envió al Obispo Agustín a la diócesis de Lucera, Puglia (Italia), donde desarrolló una gran obra en favor de los pobres y necesitados, así como de la promoción de la vida religiosa. Fundó varios conventos, algunos de los cuales serían regentados por miembros de su Orden, los dominicos.

Lucera era una ciudad conocida por haber sido el hogar de miles de musulmanes sarracenos deportados desde Sicilia. Estos, en cierto momento, habían logrado expulsar a los cristianos, por lo que la voluntad del Papa era que la ciudad fuera recuperada. En los años de la ocupación, los sarracenos llamaban a la ciudad Luceria Saracenorum [Lucera de los sarracenos] así que al producirse el triunfo de la resistencia cristiana, los católicos la rebautizaron como Città di Santa Maria [Ciudad de Santa María].

Al Obispo Agustín Kazotic se le encomendó, entonces, la tarea de reconstruir la presencia de la Iglesia en el lugar. Bastó un año para que sus esfuerzos, apartados de cualquier tipo de imposición violenta, empezasen a dar fruto, lo que le acarreó enemistades entre los líderes de los remanentes árabes. Fue, precisamente, un sarraceno quien atentó contra su vida, golpeándolo y dejándolo mal herido. Falleció a causa de ese ataque, el 3 de agosto de 1323.

Culto

Singulares episodios se relatan sobre el beato. Se dice, por ejemplo, que mientras fue obispo en Zagreb se produjo una gran sequía, y que gracias a sus oraciones, brotó agua frente a la catedral que se encontraba en proceso de construcción, constituyéndose una gran fuente.

Por otro lado, un famoso lienzo representa al beato realizando un milagro durante una tormenta acaecida en Lucera en el siglo XVIII. La pintura está basada en un relato según el cual el santo apareció entre las nubes negras, alejándolas con sus manos del lugar hasta que volvió la calma. En esa antigua historia se basa la tradición que lo reconoce como protector de la ciudad.

Siglos después de su muerte, el Papa Clemente XI lo proclamó beato, el 4 de abril de 1702, ratificando lo escrito en el Breve Apostólico del Papa Juan XXII publicado en 1326.

Sus reliquias se encuentran en la Basílica de Santa María de la Asunción en Lucera, Italia.

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    Fuente: Aciprensa
Hoy 2 de agosto se celebra a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica

Hoy 2 de agosto se celebra a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica

Buenos Aires, domingo 2 de agosto (PR/26) .- Cada 2 de agosto se celebra a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica.

Si bien es cierto los orígenes de esta advocación mariana provienen de Europa, la devoción a la Virgen de los Ángeles puede considerarse como propia de América desde hace ya varios siglos, desde los tiempos de la conquista española. Aunque su presencia y sus devotos están distribuidos en todo el Continente, su arraigo en Costa Rica ha llegado a ser tal que el Congreso de la República de ese país la declaró oficialmente “Patrona de Costa Rica” en 1824.

Posteriormente, dicho patronazgo ha sido ratificado hasta en dos oportunidades por el parlamento costarricense: en 1924 y 2002. Dos años después de la primera ratificación, el Papa Pio XI le concedió a Nuestra Señora de los Ángeles la Coronación Pontificia (1926).

Este año 2025 se celebra el 390 aniversario del hallazgo, en Cartago (Costa Rica), de la estatuilla que despertó el amor especialísimo que los costarricenses profesan a la Madre de Dios.

La imagen

La imagen original de la Patrona de Costa Rica es pequeña (de unos 20 cm) y está hecha de roca volcánica, grafito y jade. Es de color negro y por eso sus devotos la llaman cariñosamente ‘la Negrita’.

Según la tradición, el 2 de agosto de 1635, una mujer a quien la historia ha denominado ‘Juana Pereira’, encontró sobre una roca una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en brazos. El lugar del hallazgo se llamaba Puebla de los Pardos (una alusión a la población de raza negra) en la zona de Cartago (Costa Rica), donde hoy está la Basílica consagrada a esta advocación.

La historia popular afirma que aquella mujer, tras el hallazgo, trasladó la imagen a su casa, y al día siguiente la encontró en el mismo lugar de donde la tomó. Primero pensó que se trataba de una segunda imagen, pero grande fue su sorpresa al percatarse que el lugar donde había dejado la estatuilla el día anterior estaba vació. Volvió a guardar la imagen en un lugar seguro, y lo mismo sucedió al tercer día. Todo indicaba que la imagen era la misma y que por alguna misteriosa razón por sí sola regresaba al mismo lugar.

Primero se construyó una ermita y posteriormente, a inicios del siglo XX, la Basílica. Con el transcurso de los años la veneración a la santa imagen se fue extendiendo en todo el país. La gente empezó a llamarla Nuestra Señora de los Ángeles, por haber aparecido el día en que la Iglesia (particularmente los franciscanos) celebra a la Virgen bajo esa advocación.

En el alma de Costa Rica

Desde finales del siglo XIX, miles de personas peregrinan una vez al año al santuario de la Virgen de los Ángeles. Los fieles acompañan el traslado de la imagen desde allí hasta la Catedral de Nuestra Señora del Carmen, donde permanece hasta inicios de septiembre, cuando es devuelta a la basílica en un nuevo traslado. En ambas romerías llegan a participar de dos a tres millones de peregrinos, nacionales y extranjeros.

Hoy, día central de las celebraciones, se sienten los ecos de la carta que envió el Papa Benedicto XVI en honor de Nuestra Señora de los Ángeles a todos los católicos de Costa Rica -un gesto que se produjo en el marco de la clausura del Año Jubilar 2011-. En la misiva el Pontífice afirmó que esta devoción mariana “es un signo sagrado de la religión cristiana y la fe en Latinoamérica”.

Benedicto XVI recordó, además, que «existen innumerables signos sagrados capaces de difundir la religión cristiana sobre la tierra y de acrecentar la devoción de los fieles», y entre estos testimonios «está también la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles conservada en la Basílica de Cartago».

Rastreando los orígenes: San Francisco de Asís y la Virgen de los Ángeles

Además de la basílica de Cartago, existen otras muchas basílicas dedicadas a esta advocación mariana en el mundo, especialmente en Italia, donde se encuentran tres de las más importantes. La principal está ubicada en la ciudad de Asís, donde la Virgen se le apareció a San Francisco en 1208, año en el que “recibió su vocación”.

En 1216, en una visión, San Francisco le pidió al Señor, que se encontraba al lado de la Virgen y sus ángeles, que le concediera una indulgencia a cuantos visitasen la Iglesia dedicada a la Virgen bajo la advocación de María de los Ángeles.

El Señor aceptó y le ordenó al santo que se dirigiese a Perugia, para obtener del Papa el favor deseado. Esta indulgencia es conocida como «la indulgencia de la Porciúncula» o «el Perdón de Asís», y fue aprobada por el Papa Honorio III en el siglo XIII.

 

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a San Alfonso María de Ligorio, patrono de confesores y teólogos moralistas, autor de «Las glorias de María»

Hoy celebramos a San Alfonso María de Ligorio, patrono de confesores y teólogos moralistas, autor de «Las glorias de María»

 

 

Devoción e iconografía

A San Alfonso se le representa generalmente con el crucifijo en las manos, encorvado -padeció una terrible dolencia que le deformó la espalda-, rodeado de libros, un rosario, y acompañado de una imagen de la Santísima Virgen María, por quien profesó la más profunda de las devociones.

Su nombre, ‘Alfonso’, tiene origen germánico y significa ‘listo para el combate’, ‘el que está dispuesto’; curiosamente, su vida terminó siendo la realización del significado del nombre que sus padres escogieron para él.

 

 

Teólogo de la moral y predicador

Este santo italiano, natural de Nápoles, nació el 27 de septiembre de 1696. Con solo doce años fue admitido en la facultad de Derecho y a los dieciséis obtuvo el doctorado en Derecho Civil y Canónico. Es autor de numerosas obras consideradas grandes aportes a la teología: La práctica de amar a JesucristoLa preparación para la muerteLas glorias de María. Un lugar especial entre ellas ocupa su Teología moralis (Teología moral), escrito que goza de gran fama e influencia, utilizado por siglos en la formación del sacerdocio.

Asimismo, San Alfonso fue reconocido por sus bellos y edificantes sermones. Predicaba con sencillez y enseñaba a los misioneros que “un sermón sin lógica resulta disperso y falto de gusto. Un sermón pomposo no llega a la gente. Por mi parte, puedo deciros que jamás he predicado un sermón que no pudiese entender la mujer más sencilla».

Sobre la parte final de esta cita vale una aclaración. Esta no constituye ofensa alguna, ni encierra algún tipo de sarcasmo: en la época de San Alfonso las mujeres raramente eran educadas o letradas. Dicha condición ha ido cambiando con el tiempo, y, más bien, las palabras del santo deben ser interpretadas como expresión de cuán consciente era de las disparidades sociales y que justamente su intención era no ponerle trabas a la enseñanza y llegar a todos.

Gracias a esa sensibilidad pastoral, Alfonso envía de alguna manera un potente mensaje a los predicadores de hoy: el sacerdote debe preocuparse de que sus sermones sean realmente medios puestos al servicio del pueblo, para que este llegue a Dios, y no un obstáculo que confunda o distorsione el mensaje evangélico. En esto radica el reto para cualquier predicador que quiera anunciar a Cristo y no a sí mismo. Alfonso lo sabía muy bien.

 

Conocedor del alma humana

 

San Alfonso, por otro lado, es fuente de ideas inspiradoras, de esas que pueden orientar el espíritu en su lucha cotidiana. Entre sus dichos más conocidos está ese que reza: “No hay gente débil y gente fuerte en lo espiritual, sino gente que no reza y gente que sí sabe rezar” -toda una provocación para el alma autoindulgente y un llamamiento a confiar en el poder de la oración-.

El Papa Benedicto XVI explicaba a los fieles, un día como hoy del año 2012, que este santo «nos recuerda que la relación con Dios es esencial en nuestra vida: sin la relación con Dios falta la relación fundamental», decía, y que «Dios nos ha creado por amor, para podernos donar la vida en plenitud”.

San Alfonso María falleció a la edad de 90 años, el 1 de agosto de 1787, en medio de circunstancias muy dolorosas, pues había sido separado injustamente de la Orden que fundó. Gracias a Dios, fue rehabilitado post mortem (después de muerto).

Fue canonizado el 26 de mayo de 1839 por el Papa Gregorio XVI, y declarado Doctor de la Iglesia el 7 de julio de 1871 por el Papa Pío IX.

Si quieres saber más sobre San Alfonso María de Ligorio, te recomendamos el siguiente articulo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Alfonso_María_de_Ligorio.

Más información:

 

 

 

 

Fuente: ACI Prensa   
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Hoy 31 de julio celebramos a San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús

Hoy 31 de julio celebramos a San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús

Los miembros de la Compañía -cuyo primer general (superior) fue Ignacio- son conocidos como “jesuitas”, y hoy continúan trabajando al servicio de la Iglesia, vinculados al mundo de la educación y la cultura.

San Ignacio de Loyola ejerce muchos patronazgos, de variada índole. Se le considera, por ejemplo, patrono de los ejercicios espirituales, los retiros y las jornadas de conversión o meditación; y, al mismo tiempo, es patrono de quienes integran el ejército o las Fuerzas Armadas.

Maestro del discernimiento

Este gran santo es uno de los maestros del “discernimiento de espíritus” (la capacidad de encontrar la voz del Espíritu de Dios en los detalles o situaciones de la vida cotidiana). Así mismo imprimió un carácter renovador a los “ejercicios espirituales”, práctica característica de la tradición cristiana que consiste en silenciar el exterior (el ruido del mundo) para ingresar en la interioridad del alma, santuario en el que resuena la voz del Creador.

En el esfuerzo del seguimiento de Cristo, Ignacio desarrolló una espiritualidad característica  que ha inspirado la génesis y el crecimiento de numerosas familias espirituales dentro de la Iglesia, así como de las más diversas iniciativas y obras pastorales.

La Compañía de Jesús, la orden que fundó Ignacio, ha provisto a la Iglesia de misioneros, educadores y evangelizadores por siglos, en todo el mundo. Su más noble fruto han sido los cientos de santos y mártires que dieron la vida para ‘mayor gloria de Dios’. El Papa Francisco se cuenta entre los hijos de San Ignacio.

“Tomad la armadura de Dios” (Ef 6, 11)

Íñigo (Ignacio) López de Loyola nació en Azpeitia, País vasco (España), en 1491. Desde corta edad quiso ser militar y, como tal, llegó a participar de la Batalla de Pamplona (1521), donde fue herido.

Posteriormente abandonó las armas para hacerse servidor de la Iglesia. Su conversión se produjo tras haber leído  La vida de Cristo, del cartujo Ludolfo de Sajonia, así como el Flos sanctorum (recopilación de la vida de los santos escrita por el dominico Jacobo de Vorágine). Ambas lecturas lo dejaron impactado y, de manera especial, la segunda lo volcó sobre la vida legendaria de aquellos que vivieron y murieron por Cristo, quien llama a todos a alcanzar la santidad.

Ignacio se cuestionaba así: «¿Y si yo hiciera lo mismo que San Francisco o que Santo Domingo?». Sobre su proceso de conversión, San Juan Pablo II diría: “Ignacio supo obedecer cuando, en pleno restablecimiento de sus heridas, la voz de Dios resonó con fuerza en su corazón. Fue sensible a la inspiración del Espíritu Santo».

Por la única gloria

Ad Maiorem Dei Gloriam -en latín, «para mayor gloria de Dios»- es, quizás, el lema con el que mejor se identifica al fundador de los jesuitas. Sin embargo, muchos otros tesoros pueden extraerse de sus textos o dichos. Las palabras de este gran santo poseen siempre una fuerza especial que enciende las mentes y los corazones: “Ruégale a Dios por todos los que como tú deseamos extender el Reino de Cristo, y hacer amar más a nuestro Divino Salvador”.

Ejercicios espirituales

Entre sus escritos más importantes destaca los “Ejercicios espirituales”, conjunto de meditaciones desplegadas de forma ordenada para que la persona se encuentre consigo misma y con Dios actuando en su vida. Los Ejercicios son un auténtico pilar de la espiritualidad católica moderna.

En una oportunidad, el Papa Pío XI, haciendo referencia a esta obra, indicó que el método ignaciano de oración «guía al hombre por el camino de la propia abnegación y del dominio de los malos hábitos a las más altas cumbres de la contemplación y el amor divino».

La vocación del jesuita

El Papa Francisco, primer Pontífice jesuita de la historia de la Iglesia, al celebrar la fiesta de su fundador al inicio de su pontificado (2013), hizo una reflexión en torno al lema que identifica a la Compañía: “Iesus Hominum Salvator» [Jesús, Salvador de los hombres]. El Papa recordó a sus hermanos jesuitas que están llamados a tener siempre como centro a Cristo y a la Iglesia, a quienes se han obligado a servir.

San Ignacio de Loyola murió en Roma el 31 de julio de 1556. El Papa Paulo V lo beatificó en 1609, y fue canonizado por Gregorio XV en 1622. Hoy, sus restos reposan en la Iglesia de Gesù en la Ciudad Eterna.

Su legado y testimonio, siempre actuales, son un verdadero don de Dios por el que todo católico debe estar agradecido.

Si quieres saber más sobre San Ignacio de Loyola, puedes leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Ignacio_de_Loyola.

También puedes encontrar información sobre la espiritualidad ignaciana en la Enciclopedia Católica (https://ec.aciprensa.com/wiki/Abandono_y_espiritualidad_ignaciana) o sobre los Ejercicios espirituales (https://ec.aciprensa.com/wiki/Ejercicios_Espirituales_de_San_Ignacio).

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Fuente: Aciprensa

Hoy es fiesta de San Pedro Crisólogo, “el hombre de palabras de oro”

Hoy es fiesta de San Pedro Crisólogo, “el hombre de palabras de oro”

Se le llama “crisólogo” (palabra de oro) como reconocimiento a su gran elocuencia, plasmada en numerosos y bellos sermones.

San Pedro Crisólogo fue un incansable predicador, muy dado a animar a los fieles en el ejercicio de la virtud, el amor a Cristo y el deseo de santidad. Basta mostrar un fragmento de sus sermones para que eso quede en evidencia:

“Llevemos íntegra y con plena semejanza la imagen de nuestro Creador: no imitándolo en su soberanía, que sólo a él corresponde, sino siendo su imagen por nuestra inocencia, simplicidad, mansedumbre, paciencia, humildad, misericordia y concordia”.

“Él le dijo: ‘Apacienta a mis ovejas’” (Jn 21, 15)

San Pedro Crisólogo nació en Imola (Italia), alrededor del año 400, sin que se haya podido establecer con exactitud la fecha exacta de su nacimiento.

De acuerdo a una tradición muy antigua, a la muerte del arzobispo de Rávena, el clero local y el pueblo se abocaron a elegir a su sucesor. Una vez elegido el candidato, pidieron al Obispo Cornelio que encabece la comitiva que habría de presentar el nombre del elegido al Papa San Sixto III, en la ciudad de Roma, a la espera que este confirme al sucesor.

Pedro -quien no era el candidato elegido- formaba parte de la comitiva.

La noche previa al encuentro, el Pontífice tuvo en sueños una visión en la que aparecían San Pedro Apóstol y San Apolinar, primer obispo de Rávena. Ambos le pidieron que no confirmara al candidato propuesto por la comitiva.

Blanco del rechazo de los suyos

Acogiendo el mensaje, el Papa no aceptó al candidato propuesto, y, en su lugar, señaló nada menos que a uno de los integrantes del grupo llegado de Rávena: Pedro, el diácono que ya destacaba por su talante espiritual y elocuencia.

Acto seguido, el Papa ordenó los arreglos pertinentes para su consagración. Una vez consagrado obispo, Pedro Crisólogo se trasladó de vuelta a Rávena, donde sería recibido con frialdad.

Los designios de Dios son perfectos

Sin embargo, con el tiempo, los fieles empezaron a ver en Pedro a un magnífico pastor. Su sencillez, cercanía y claridad para el discurso le valieron el respeto de muchos de los que le habían dado la espalda.

Además, sus éxitos en la lucha contra las formas de paganismo presentes en su grey y su autoridad para corregir abusos o desviaciones de la doctrina le ganaron el cariño de la comunidad. Enfrentó las herejías del arrianismo, el monofisismo y el pelagianismo; aunque siempre equilibró su tarea apologética con el trabajo en pos del perfeccionamiento moral de los fieles.

El hombre de las palabras de oro

San Pedro era de los que sabía escuchar con igual atención y caridad a los humildes y a los poderosos; y siempre tenía una palabra precisa para todos sus hijos espirituales.

Nada de esto fue tarea fácil, pero el santo supo aferrarse a la Eucaristía y alentar al pueblo a acercarse a Dios en la oración y los sacramentos -entre otras enseñanzas y buenos ejemplos, plasmados en sus sermones-. El arzobispo se había convertido en el “hombre de las palabras de oro”.

Al final de sus días, San Pedro Crisólogo retornó a Imola, donde murió el 31 de julio del año 451 (otras versiones señalan como fecha de su tránsito el 3 de diciembre del 450). Fue declarado Doctor de la Iglesia en 1729 por el Papa Benedicto XIII.

En el Martirologio Romano

Dice el Martirologio Romano: «San Pedro, “Crisólogo” de sobrenombre, obispo de Ravena y doctor de la Iglesia, que, habiendo recibido el nombre del santo apóstol, desempeñó su oficio tan perfectamente que consiguió capturar a multitudes en la red de su celestial doctrina, saciándolas con la dulzura de su palabra. Su tránsito tuvo lugar el día treinta y uno de este mes en Imola, en la región de la Emilia Romagna (c. 450)».

Si quieres saber más sobre San Pedro Crisólogo, puedes leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica’: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pedro_Crisólogo.

Más información:

 

 

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy la Iglesia celebra a los santos Marta, María y Lázaro, los amigos cercanos de Jesús

Hoy la Iglesia celebra a los santos Marta, María y Lázaro, los amigos cercanos de Jesús

Cada 29 de julio, la Iglesia Católica celebra conjuntamente a los santos Marta, María y Lázaro, los entrañables amigos y discípulos de Jesús en Betania, recordando su testimonio de servicio, escucha y fe en el Señor.

 

 

 

 

Buenos Aires, miércoles 29 julio (PR/26) — Cada 29 de julio la Iglesia Católica celebra a Marta, a su hermana María y a su hermano Lázaro, amigos y discípulos de Jesús. De acuerdo a la Escritura, el Señor se hospedó al menos en tres oportunidades en casa de los tres, en Betania, ciudad ubicada a unos kilómetros de Jerusalén.

Hasta hace unos años, el día 29 de julio estaba destinado sólo a la celebración de Santa Marta. Sin embargo, a partir del 2021 se dispuso que los santos María y Lázaro sean también conmemorados en esta fecha.

“El Sumo Pontífice Francisco, acogiendo la propuesta de este Dicasterio, ha dispuesto que el 29 de julio se inscriba en el Calendario Romano General la memoria de los santos Marta, María y Lázaro” (Cardenal Robert Sarah, en ese momento prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos).

 

Patronazgos

 

Santa Marta es patrona de los imposibles, del hogar, de las casas de huéspedes; también lo es de las cocineras, las amas de casa, las sirvientas, los hoteleros y lavanderas.

María, por su parte —a veces identificada con María Magdalena o con la mujer que enjugó los pies del Maestro con perfume— es patrona de quienes viven dedicados a la contemplación o la oración, así como de los vendedores de perfumes.

San Lázaro de Betania es patrono de los moribundos y los necesitados.

Lázaro vuelto a la vida

Jesús profesó un cariño muy especial por su amigo Lázaro. Prueba de esto es que, como dice el Martirologio Romano: “Lázaro, hermano de Marta, fue a quien lloró el Señor al enterarse de que había muerto, y al que resucitó” (ver: Jn 11).

De acuerdo al Evangelio, Lázaro había caído gravemente enfermo y sus hermanas enviaron gente para advertirle a Jesús —que no estaba en Betania— de que su amigo podría morir.  Jesús, ocupado en su misión, no acude de inmediato al llamado y Lázaro muere.

Por eso, si hay una buena razón por la que los fieles recurren a Santa Marta para pedir su ayuda en las urgencias y dificultades, es porque ella conmovió a Jesús con su fe: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Luego le pide al Maestro con confianza absoluta que lo devuelva a la vida: “Pero aún ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá” (ver: Jn 11, 22).

Jesús le responde: “Tu hermano resucitará” (Jn 11, 23).

 

 

 

Marta y María, hermanadas por Cristo

 

 

Es a Marta a quien el Señor dijo, mientras estaba alojado en su casa: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” (Lc 10, 41-42).

Marta, cuyo deseo de servir era auténtico, se dejó interpelar por Jesús. Él le mostró cuál es el sentido último de cuanto hacemos por otros, empezando por el necesario servicio doméstico: amar a Dios.

Por eso, así como ella es ejemplo para todo aquel que quiera cumplir sus deberes con diligencia y responsabilidad, María, su hermana, es modélica en torno a la necesidad de la oración y la relación cercana de escucha o contemplación de la Palabra (“la parte buena”). Si el trabajo se hace sin amor, no tiene sentido; lo mismo que si Dios no es el centro, aun las cosas más nobles pueden hacer que se pierda de vista lo esencial (ver: 1 Cor, 13).

 

 

Marta hoy

 

 

En 1894, en Antigonish, Nueva Escocia (Canadá), fue fundada la congregación de las Hermanas de Santa Marta, institución religiosa inspirada en la figura de la santa de Betania.

La Casa de Santa Marta o Residencia de Santa Marta, ubicada en la Ciudad del Vaticano, adyacente a la Basílica de San Pedro, lleva ese nombre en honor a la discípula de Jesús. Se trata de un edificio construido en 1996 bajo el gobierno del Papa San Juan Pablo II.

El Santo Padre dispuso que fuera la residencia de los cardenales electores durante los cónclaves.

 

 

 

 

 

 

Fuente: ACI Prensa
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