Hoy la Iglesia Católica celebra a Nuestra Señora de Fátima

Hoy la Iglesia Católica celebra a Nuestra Señora de Fátima

El nombre oficial de esta advocación mariana es ‘Nuestra Señora del Rosario de Fátima’. La mención al Santo Rosario responde a los constantes pedidos de la Virgen a que sea rezado por todos los católicos, especialmente para que haya paz en el mundo.

 

Un portento frente a nuestros ojos

“No tengáis miedo. No os haré daño”, le dijo la Virgen María a Lucía, Jacinta y Francisco, los tres niños portugueses que, impactados por su presencia maravillosa, se llenaron comprensiblemente de temor. Aquellos pequeños -como probablemente cualquiera en esta tierra- fueron sobrepasados por lo que veían sus ojos: aquella “señora vestida de blanco, más brillante que el sol”.

Tras el impacto inicial, nuestra dulce Madre les reveló de dónde venía: había bajado del cielo para ayudar a fortalecer el lazo que hay entre Dios y los hombres. A continuación, pediría a los tres que volvieran a aquel mismo lugar el día 13 de cada mes, a la misma hora, por los siguientes seis meses. Después preguntó:

“¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores?».

Los pequeños respondieron que sí, por lo que la Virgen, con franqueza y ternura, les advirtió que sufrirían mucho porque los pecados de los hombres eran grandes.

Sin embargo, también les consoló diciendo que la gracia de Dios estaría siempre a su lado, dándoles fuerza. De inmediato, la Señora abrió las manos y una fuerte luz cubrió a los niños, quienes cayeron de rodillas y empezaron a rezar: “Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento”.

 

“Orad por la paz”

 

Antes de partir, la Virgen pediría: “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. Dicho esto se elevó hasta que no pudieron verla más.

La Madre portaba un mensaje de paz en días de horror para la humanidad: se desarrollaba la Primera Guerra Mundial y el comunismo empezaba a acechar al mundo como nunca antes.

 

 

En los siguientes meses, los niños acudieron a las citas con la Señora, tal y como ella había pedido. Lamentablemente, eso les valdría a los pequeños pastores convertirse en blanco de burlas, calumnias, e incluso amenazas de cárcel -el mundo se resistía a creer y aceptar su testimonio-.

Es cierto que muchos corazones fueron tocados en ese momento, pero también brotó mucha incomprensión. Las autoridades políticas de la localidad evidenciaron inmediatamente su disgusto por las grandes movilizaciones de gente, y un inesperado renacimiento religioso.

Incontables gracias para el mundo

Meses después de ocurridas las apariciones, Francisco y Jacinta Marto -quienes eran hermanos- fallecieron víctimas de la enfermedad. Lucía Santos les sobreviviría y se convertiría en monja de clausura.

Con los años, la Iglesia reconocería el testimonio de los niños y la veracidad de las apariciones milagrosas de la Madre de Dios, mientras tanto, la devoción a la Virgen de Fátima se iba expandiendo por el mundo como ninguna otra advocación mariana previa.

Algunas décadas más tarde, el Papa San Juan Pablo II consagró Rusia -nación esclavizada por el comunismo, ideología contraria a Dios y al ser humano- al Inmaculado Corazón de María, en cumplimiento del pedido de la Madre de Dios.

Finalmente, el Papa Peregrino, en el año 2000, beatificaría a los videntes Jacinto y Francisca, en una ceremonia que contó con la presencia de Sor Lucía, la última sobreviviente de los tres videntes. La religiosa falleció sólo unos años más tarde, en 2005.

 

Pedidos que la Virgen de Fátima hizo a los pastorcitos

En su Cuarta memoria, Sor Lucía Santos da cuenta de un pedido especial de la Virgen, hecho en la aparición del 13 de julio de 1917:

“Sacrificaos por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hagáis algún sacrificio: Oh Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”.

 

Elevados a los altares

El 13 de mayo de 2017, el Papa Francisco viajó a la ciudad de Fátima con motivo del primer centenario de las Apariciones. Ese día el Papa canonizó a los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto, quienes se convirtieron en los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia.

En 2022, se realizó la Peregrinación Internacional de Aniversario, con ocasión del 5º aniversario de la canonización de los hermanitos Marto.

¡Jacinta y Francisco, intercedan por el bien de la Iglesia!

¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!

Si deseas conocer más sobre las apariciones de Fátima te recomendamos leer este artículo: https://www.aciprensa.com/recursos/las-apariciones-1053.

Más información en el especial de la Virgen de Fátima.

 

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Fuente: ACI Prensa

Hoy 12 de mayo recordamos al Beato Álvaro del Portillo, sucesor de San Josemaría Escrivá y Prelado del Opus Dei

Hoy 12 de mayo recordamos al Beato Álvaro del Portillo, sucesor de San Josemaría Escrivá y Prelado del Opus Dei

Monseñor Álvaro del Portillo, a quien cariñosamente la gente sigue llamando ‘Don Álvaro’, fue el primer sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer en el gobierno de la Prelatura. San Josemaría fundó el Opus Dei el 2 de octubre de 1928.

Don Álvaro fue de profesión ingeniero civil (ingeniero de caminos), grado obtenido junto a los títulos de Doctor en filosofía y Doctor en Derecho Canónico.

En el corazón de la Iglesia

Álvaro del Portillo nació en Madrid (España) el 11 de marzo de 1914, en el seno de una familia muy devota. Ingresó al Opus Dei en 1935, mientras era estudiante de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid.

El 25 de junio de 1944, tras finalizar los estudios civiles y eclesiásticos, fue ordenado sacerdote en la capital española por el obispo local, Mons. Eijo y Garay. En la diócesis de Madrid ejerció su ministerio hasta que, en 1946, fue trasladado a Roma (Italia). Allí tuvo la oportunidad de continuar sus estudios y se doctoró en Filosofía y Letras, así como en Derecho Canónico.

Tras la muerte de San Josemaría Escrivá en 1975 Don Álvaro fue elegido para sucederle al frente del Opus Dei. Don Álvaro gobernó la Prelatura durante 19 años, hasta el día de su muerte.

Pastor de almas

El 28 de noviembre de 1982, al ser erigida ‘la Obra’ como Prelatura Personal, el Papa San Juan Pablo II nombró como Prelado del Opus Dei a Don Álvaro. Posteriormente, el 6 de enero de 1991, el mismo San Juan Pablo II le confirió la ordenación episcopal.

Álvaro del Portillo falleció el 23 de marzo de 1994, a los 80 años, después de haber participado en una peregrinación a Tierra Santa. San Juan Pablo II, durante su funeral, se presentó a orar ante sus restos mortales, como signo de reconocimiento por el servicio que el beato prestó al pueblo de Dios.

Camino a los altares

El 5 de julio del 2013 se hizo público el milagro concedido por intercesión de Don Álvaro. Este consistió en la curación del bebé chileno José Ignacio Ureta Wilson, quien con solo unos pocos días de vida sufrió numerosas y graves complicaciones de salud.

Al cumplir un mes, José Ignacio sufrió un paro cardíaco que duró entre 30 y 45 minutos. Sus padres pidieron la intercesión de Don Álvaro y el niño sobrevivió. Actualmente, José Ignacio goza de buena salud y no presenta secuelas de gravedad.

El Prelado del Opus Dei fue beatificado en Valdebebas (Madrid) por el Cardenal Ángelo Amato, el 27 de septiembre de 2014, en una Misa a la que asistieron más de 200 mil personas provenientes de todo el mundo.

Más información en el siguiente enlace.

 

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy celebramos a San Francisco de Gerónimo, misionero jesuita y apóstol de la misericordia

Hoy celebramos a San Francisco de Gerónimo, misionero jesuita y apóstol de la misericordia

Valiente predicador

Francisco se hizo célebre por su incansable trabajo en favor de la conversión de los pecadores, a quienes buscó a ejemplo del Buen Pastor, Jesucristo, que va en busca de la oveja perdida del rebaño. No temió ni las calles peligrosas ni acercarse a aquellos cuya reputación o indignidad eran motivo de rechazo. En ese sentido, Francisco dejó que a través de su noble corazón pobres, enfermos y oprimidos pudieran conocer el amor de Dios, y miró con compasión y amor fraterno a los pecadores empedernidos e irredentos, y precisamente entre ellos conquistó muchas almas para Dios, devolviéndoles el sentido de la vida.

Jesús, a quien Francisco adoró en la Eucaristía y frecuentó en la oración, fue quien moldeó su alma y lo animó a anunciar su Palabra ‘a tiempo y a destiempo’. Francisco respondió al amor de Dios con su vida disciplinada y ejemplar.

Amor y obediencia; obediencia y caridad

Francisco de Gerónimo nació el 17 de diciembre de 1642 en Grottaglie, una ciudad del sur de Italia. A los 16 años entró al colegio de Tarento, donde estuvo bajo la tutela de la Compañía de Jesús. En aquella institución estudió humanidades y filosofía, con tal éxito que el obispo lo envió a Nápoles para que asistiera a conferencias de Teología Canónica en el famoso colegio Gesu Vecchio [El colegio antiguo de Jesús], que por aquel entonces rivalizaba con las más grandes universidades de Europa.

“Muy gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por vuestras almas” (II Cor, 12)

Después de 4 años predicando en pequeños pueblos y de culminar sus estudios de teología, sus superiores lo nombraron predicador de la iglesia del Gesú Nuovo [La iglesia nueva de Jesús] en Nápoles. Sus sermones elocuentes, breves y enérgicos, llegaron a conmover a muchos, removiendo conciencias estancadas y despertando el sentido de la fe. Muchas conversiones obró el Señor a través de sus palabras, especialmente de personas que tenían el corazón endurecido y no sentían culpa alguna por sus malas obras.

En algunas ocasiones pasó por no menos de cinco aldeas en un solo día, predicando en calles, plazas públicas e iglesias. La gente que lo conocía solía decir que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año.

Una de sus obras de caridad habituales fue visitar hospitales y cárceles. Y cientos de veces fue en busca de algún alma perdida por calles peligrosas o lugares de mala reputación. Eso le valió más de una paliza a manos de delincuentes, pero no por eso dejó de insistir en el llamado a la conversión, sabiéndose él mismo un pecador perdonado. Ayudó mucho en su difícil misión, su aspecto ascético y a veces severo, siempre en actitud orante y de atención con los que sufren.

San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de la Compañía de Nápoles. Fue beatificado en 1758 por Benedicto XIV y canonizado en 1839 po el Papa Gregorio XVI.

Si deseas conocer más sobre San Francisco de Jerónimo puedes leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Francisco_de_Geronimo.

 

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy 10 de mayo se celebra a San Juan de Ávila, sacerdote y asceta, patrono del clero secular español

Hoy 10 de mayo se celebra a San Juan de Ávila, sacerdote y asceta, patrono del clero secular español

Juan de Ávila fue un agudo escritor de temas de espiritualidad y ascética; razón por la cual su obra terminó siendo tremendamente influyente. Esta es considerada como una de las más grandes contribuciones a la renovación de la Iglesia en el siglo XVI, tanto como en los siglos posteriores.

Este gran presbítero español, además, conoció y trató con varios de los santos más conocidos de su tiempo. Fue director espiritual de algunos de ellos o les brindó su acertado consejo u opinión.

Hoy, siglos después de su muerte, San Juan de Ávila sigue siendo fuente de inspiración y gran referente para tantos y tantos que se esfuerzan por ser fieles a Dios.

Desde 1946, es considerado santo patrono del clero secular español.

Camino formativo: sus padres, franciscanos, dominicos y jesuitas

Juan estudió primero leyes en la Universidad de Salamanca (1514), pero no concluyó los estudios, y regresó a su ciudad natal. En 1520 vuelve a la universidad animado por un sacerdote franciscano, esta vez en Alcalá de Henares, para estudiar Teología y Artes, dejando en claro el profundo cambio que se gestaba en su interior.

En Alcalá conoce al confesor del rey Carlos V, Padre Domingo de Soto O.P., y tiene trato con San Ignacio de Loyola.

Predicar es un asunto muy serio

La prédica de San Juan de Ávila fue notable; a través de ella, Dios tocó muchas almas.

Allí donde el santo celebraba la santa Misa, solía aumentar la concurrencia y la asiduidad de los fieles. Era evidente que la gracia lo asistía y justamente por eso era edificante ver cómo Juan se esforzaba para que esa gracia no cayera en saco roto. El sacerdote trabajaba por horas y horas en la elaboración de sus homilías, siempre en oración y recogimiento.

En ocasiones pasaba la noche entera en vela frente a Cristo crucificado o arrodillado ante el Santísimo Sacramento sólo para encomendar la homilía del día siguiente.

Al final, la reverencia a la Eucaristía y la sencillez de las palabras de San Juan granjearon muchas conversiones. Es una pena que gran parte de sus homilías no hayan podido ser conservadas, como sí lo han sido algunas de sus máximas, muestras de la riqueza de su mundo interior: «Para poder obtener conversiones hay que tener fe en que estas sí se conseguirán. ¡La fe mueve montañas!”; o, «Más preferiría vivir sin piel, que vivir sin devoción a la Virgen María».

Para San Juan de Ávila, sin fe auténtica y sin piedad filial a la Virgen María no es mucho lo que Dios puede obrar en el corazón del hombre, menos aún en el alma del sacerdote que anuncia al Señor y que se ha endurecido. Para el santo, la principal cualidad del buen predicador es siempre “¡Amar mucho a Dios!”. Y vaya que él lo hizo.

El camino del que quiere ser fiel al Señor no está exento de asperezas. San Juan de Ávila fue blanco del recelo de algunos y el odio de otros. Quienes lo acusaron injustamente ante la Inquisición, lo presentaron como alguien influenciado por ideas contrarias a la sana doctrina -cercano al erasmismo, corriente “protestatizante” y secularizada-. Sin embargo, el punto había sido otro: sus palabras habían sido sacadas de contexto. San Juan solía ser muy crítico con el comportamiento de algunos hijos de la Iglesia, especialmente de malos sacerdotes y obispos. Eso le granjeó la fama de “erasmista” (cercano a la visión del cristianismo inspirado en la obra del humanista renacentista Erasmo de Rotterdam).

Por esta razón, el santo sería llevado a prisión. Mientras duró el proceso, entre 1531 y 1533, San Juan aprovechó para escribir la que sería su obra más famosa: Audi filia [“Escucha hija”], célebre comentario al Salmo XLIV. Este opúsculo llegaría a ser considerado como uno de los más brillantes compendios de ascética. Tras ser exculpado, el santo ampliará dicha obra y recibiría la aprobación de las autoridades eclesiásticas para su publicación.

El apóstol es hijo de Dios e hijo de su tiempo

El destino de San Juan de Ávila sería convertirse en el autor espiritual más consultado e influyente del siglo XVI.

Juan, amigo de San Ignacio de Loyola, revisor de parte de la obra de Santa Teresa de Jesús, cercano a San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcántara y al Venerable Fray Luis de Granada, nunca perdió la oportunidad de contagiar su ánimo reformador. Eran días de efervescencia religiosa y cultural -el espíritu del Renacimiento flotaba en el aire-; y no todos entendían a cabalidad lo que estaba pasando.

Afortunadamente, muchos hombres y mujeres, bien asentados en la enseñanza de la Iglesia, pudieron poner en evidencia que el humanismo no necesariamente implicaba darle la espalda a la fe ni mucho menos. Tampoco la crítica a los vicios y malas prácticas de algunos católicos significaba “hacerle el juego” al protestantismo.

San Juan de Ávila partió a la Casa del Padre el 10 de mayo de 1569. Fue canonizado varios siglos después, en 1970, por el Papa San Pablo VI.

Doctor de la Iglesia

Así como San Juan de Ávila fue inspiración para sus coetáneos, lo fue también para muchos de los escritores espirituales posteriores: Antonio de Molina, Luis de la Palma, Luis de la Puente, Carlos Borromeo, Bartolomé de los Mártires, Diego de Estella, Pierre de Bérulle, Alonso Rodríguez, Francisco de Sales, Alfonso María de Ligorio, Antonio María Claret, entre muchos otros.

A inicios de la segunda década del siglo XXI, en el marco de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud celebrada en España (agosto de 2011), el Papa Benedicto XVI anunció que el santo de Ávila sería nombrado Doctor de la Iglesia.

La proclamación oficial llegaría al año siguiente, el 7 de octubre de 2012. Ese día el patrono del clero español recibió la distinción de Doctor al lado de la mística alemana Santa Hildegarda de Bingen. San Juan de Ávila es el cuarto santo español en alcanzar el título de Doctor de la Iglesia.

¡San Juan de Ávila: intercede por los sacerdotes y por todos los que anuncian al Señor! ¡Cuánta falta hacen los buenos predicadores que hagan llegar el mensaje de Dios con dignidad!

Si deseas saber más sobre la vida de este santo, te sugerimos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_de_%C3%81vila.

Más información:

 

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Fuente Aciprensa
Hoy 9 de mayo celebramos a Santa Luisa de Marillac, patrona de los huérfanos, viudas y obras sociales

Hoy 9 de mayo celebramos a Santa Luisa de Marillac, patrona de los huérfanos, viudas y obras sociales

Luisa contrajo matrimonio, pero enviudó. Después encontraría en el servicio al Señor sufriente la razón última de su existencia. Fue cofundadora, junto a San Vicente de Paul, de la Compañía de las Hijas de la Caridad.

Santa Luisa es un hermoso ejemplo de entrega incondicional al prójimo y de cómo “administrar” un espíritu impetuoso. Ella puso todas sus fuerzas al servicio de la misión que Dios le fue encomendando, pese a la dolencia que la acompañó a lo largo de su vida.

Abrazando la pobreza

Luisa de Marillac nació en París (Francia) en 1591. Fue hija natural de Luis de Marillac, señor de Ferrieres-in-Brie y de Villiers Adam, y de una mujer desconocida, que no formaba parte de la nobleza.

Hasta los 13 años recibió la educación que le correspondía a las niñas nobles, asistiendo al Monasterio Real de Saint Louis, en Poissy. Entre las religiosas que vivían en ese monasterio estaba una tía suya, quien le enseñó a leer, escribir y pintar; además de brindarle las bases de una rica formación humanística.

Amando la voluntad de Dios

En su juventud Luisa comenzó a frecuentar el convento de las hermanas capuchinas de Faubourg. Es en esta etapa que percibe los primeros indicios de una posible vocación religiosa. Sin embargo, su director espiritual desaconsejó su ingreso al convento porque su salud era muy frágil -sufría de constantes fatigas, probablemente a causa de algún problema respiratorio-. A la larga, Luisa logró persuadirse de que su camino era el matrimonio y la santidad en la familia.

En 1616, Luisa conoció a San Vicente de Paul, quien se convertiría en su confesor. El P. de Paul en aquel tiempo estaba organizando sus ‘Cofradías de la Caridad’ -grupos de asistencia a los más pobres- con el objetivo de mejorar la situación de miseria que se vivía en el ámbito rural. Para ello, San Vicente de Paul necesitaba a alguien que pudiese ayudarlo y que al mismo tiempo infundiera respeto, alguien que tuviera empatía y la capacidad de ganarse el corazón de la gente.

Conforme iba pasando el tiempo y San Vicente conocía mejor a Luisa, se dio cuenta de que ella era la persona que había estado buscando. Cuando enviudó, San Vicente le propuso que se comprometiera con la obra. Fue así como Luisa empezó a considerar que quizás Dios la quería en un camino distinto.

Para 1629, la santa sería enviada de visita a la Cofradía de la Caridad de Montmirail. ‘Madame Le Gras’, como la conocían, realizó este viaje con entusiasmo y compromiso.

“Amad a los pobres”

Cuando San Vicente le solicitó a Luisa que forme un centro de capacitación para voluntarias, ella puso a disposición la casa que había alquilado tras la muerte de su esposo. Allí acogió a cuatro candidatas que fueron instruidas por ella en el servicio a los pobres y enfermos.

En 1634, ya comprometida completamente con el proyecto, redactó la regla de vida que deberían seguir los miembros de la comunidad. Cuando San Vicente obtuvo el permiso pontificio para formar una congregación, la regla redactada por Luisa se convirtió en el estatuto de las Hermanas de la Caridad.

Para ese momento el monasterio de las Hermanas de la Caridad se había convertido en la casa de los pobres y los sin hogar, de aquellos que, forzados por las circunstancias, deambulaban por las calles de la capital francesa. Luisa y Vicente enviaban todos los días a los religiosos y religiosas de la congregación fuera del claustro para animar y socorrer a la mayor cantidad de gente necesitada.

En sus últimos años de vida, las dolencias de la santa le impidieron movilizarse. Postrada, antes de partir a la presencia de Dios, dejó un encargo a sus hermanas espirituales: «Sed empeñosas en el servicio de los pobres… amad a los pobres, honradlos, hijas mías, y honraréis al mismo Cristo».

Santa Luisa de Marillac murió el 15 de marzo de 1660. San Vicente de Paul la seguiría sólo medio año después.

Festividad

La fiesta de Santa Luisa solía celebrarse el 15 de marzo, sin embargo, desde el año 2016, se celebra el 9 de mayo, día del aniversario de su beatificación.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos -hoy convertida en Dicasterio- solicitó a la Congregación de la Misión –nombre que adquirió la fundación de San Vicente de Paul- cambiar la fecha para celebrar a Santa Luisa todos los años, debido a que “siempre [su día] cae en Cuaresma y es preferible no celebrar solemnidades durante ese tiempo litúrgico”.

El P. Gregorio Gay, Superior General de la Congregación, recibió la mencionada solicitud, fechada el 14 de diciembre de 2015, y así, el 4 de enero del año siguiente, 2016, fue publicado el decreto en el que se dejaba constancia de la aceptación del cambio.

Si quieres conocer más de esta santa, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Luisa_de_Marillac_Le_Gras.

Más información:

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy 8 de mayo: Celebramos a Nuestra Señora de Luján

Hoy 8 de mayo: Celebramos a Nuestra Señora de Luján

Buenos Aires, viernes 8 de mayo (PR/26).- La Virgen de Luján es una advocación mariana que cuenta con devotos en todo el mundo, pero de manera especial en Argentina, de la que es Patrona. Su santuario se encuentra en la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires. El Papa Francisco le profesó siempre una especial devoción y durante su pontificado le encomendó “las alegrías y preocupaciones de los argentinos”. Décadas atrás, San Juan Pablo II, durante su visita al santuario, recordó que muchos papas se encomendaron a la Virgen bajo esta dulce advocación. Ellos fueron Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII.

Corría el año 1630 y el portugués Antonio Farías, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán (Argentina), pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima para venerarla en la capilla que estaba construyendo dentro de sus tierras.

Aquel amigo, pensando en darle a Don Antonio la oportunidad de elegir la imagen de su agrado, envió dos estatuillas: una según el pedido original, y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas imágenes fueron colocadas en sus respectivas cajas y enviadas en una carreta junto con otros enseres.

Al llegar a las cercanías del Río Luján, zona de los Buenos Aires, después de tres días de duro viaje, los troperos encargados de transportar la preciosa carga decidieron pasar la noche en la estancia de don Rosendo de Trigueros.

La Madre que quiso quedarse al lado de sus hijos para siempre

Al día siguiente, con la claridad de las mañanas de mayo, los troperos se alistaron para continuar el viaje; sin embargo, como nunca, no lograron mover los bueyes que tiraban de la carreta. Era como si, de pronto, los animales se hubiesen vuelto incapaces de arrastrar la carga.

Todos los intentos para mover a las bestias fueron inútiles. De repente, a uno de los jinetes se le ocurrió bajar de la carreta una de las cajas que portaban a las imágenes, y ver qué sucedía, pero no hubo resultados.

Los hombres entonces decidieron volver la caja a la carreta y probar suerte bajando la otra, por si era esta la más pesada y la causa del problema. Para sorpresa de los presentes, los bueyes empezaron a jalar la carreta al instante.

Quienes presenciaron la escena interpretaron el hecho como que aquella imagen de la Virgen Inmaculada no quería irse del lugar; la Madre quería quedarse allí, en ese pueblito junto al río. Acto seguido, la imagen fue trasladada a la casa de uno de los locales, un tal Rosendo, cuya familia la recibió con alegría y devoción.

La noticia corrió por toda la región y despertó la piedad de la gente. Pronto muchas personas empezaron a acercarse al lugar, primero por curiosidad, luego con devoción, para pedir o agradecer a la Virgen favores y milagros.

Madre de los pontífices, protectora de la República Argentina

El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen de la Inmaculada, la Virgen de Luján. Años después la gruta sería reemplazada por una basílica erigida en el mismo lugar: el Santuario de la Virgen de Luján.

El Papa San Juan Pablo II, de visita en Argentina en 1982, durante la homilía de la Misa celebrada en el santuario, dijo: “Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma”.

 

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Fuente: Aciprensa