Hoy 7 de mayo conmemoramos a Sor María de San José, primera beata de Venezuela

Hoy 7 de mayo conmemoramos a Sor María de San José, primera beata de Venezuela

Buenos Aires, jueves 7 de mayo (PR/26) .- Cada 7 de mayo, celebramos a la primera beata nacida en Venezuela, Sor María de San José. Ella fue una dedicada religiosa, cofundadora de la Congregación de las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús y su primera superiora general.

Las Hermanas Agustinas Recoletas se dedican al cuidado de adultos mayores en estado de abandono, personas sin recursos económicos, niños de la calle y enfermos en general; para el cumplimiento de su tarea cuentan con albergues y hospitales.

Laura Alvarado Cardozo, conocida como la Madre María de San José, o, simplemente,  la Madre María, nació el 25 de abril de 1875 en el pueblo de Choroní (Venezuela). Fue bautizada en octubre de ese mismo año recibiendo el nombre de Laura Evangelista.

Consagrada a amar y servir

Cuando tenía 5 años toda la familia se mudó a la ciudad de Maracay, capital del estado de Aragua, en la región central del país. El 8 de diciembre de 1888, día de la Inmaculada Concepción, Laura hizo la Primera Comunión y prometió al Señor, de forma privada, que se mantendría virgen a perpetuidad. En ese momento tenía solo 13 años.

Unos años más tarde, a los 18, Laura empezó a ser la encargada de la preparación para la Primera Comunión en su parroquia. Era 1893 y la joven, con la compañía espiritual del sacerdote y párroco de Maracay, P. Justo Vicente López Aveledo, se convirtió en cofundadora de la Sociedad de las Hijas de María. Laura integraba el grupo inicial de voluntarias y hace sus primeros votos a los 22 años. Por ese entonces, el P. López inaugura el primer hospital de la ciudad, el Hospital San José, donde la beata se dedica al cuidado de los enfermos. A punto de cumplir los 24 años, en 1899, Laura recibe del P. López un encargo importantísimo: ser la directora y administradora del Hospital San José.

Para 1901 el P. Vicente López, con la mente puesta en el crecimiento de esta obra que Dios había suscitado, funda la congregación de las ‘Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús’, Orden aprobada por San Pio X, a la que Laura se integra el 22 de enero de 1901. La joven se consagra como hermana hospitalaria agustina y adopta el nombre de ‘Sor María de San José’. Dos años más tarde, en 1903, la ‘Madre Laura’ se convertía en la primera superiora de la congregación.

En los años sucesivos, las agustinas recoletas se dedican con esfuerzo y tenacidad a trabajar por y con los más débiles. Se fundan asilos, orfanatos, casas maternas, hospitales y colegios. Y como si esto fuera poco, las hermanas agustinas recoletas llegaron a abrir hasta 35 casas a lo largo y ancho del territorio venezolano.

La Madre María se ocuparía de servir a su comunidad religiosa y sus obras apostólicas por muchos años, viviendo y trasladándose por distintas partes de Venezuela como Maracaibo, Caracas, Coro, Ciudad Bolívar, la mayoría de las veces laborando como directora en centros de salud u hospitales, pero siempre en contacto directo con los que sufren.

A la etapa inmediatamente posterior a la fundación de la Orden pertenece la creación del Instituto Agustiniano Casa Hogar ‘Doctor Gualdrón’, a la que seguiría la fundación de la que sería la Unidad Educativa (U.E.) Instituto ‘Madre María’ en 1945. Tras la muerte de la Madre, dicho Instituto fue cedido a la Arquidiócesis de Barquisimeto.

La Madre María de San José falleció el 2 de abril de 1967 en su querida Maracay. Sus restos reposan en la Capilla de las Hermanas Agustinas de la Casa Hogar ‘Inmaculada Concepción’ de su ciudad, donde la Madre vivió la mayor parte de su vida.

Una profecía y el milagro

En 1982 ocurrió el milagro por el que la Madre María sería beatificada. Se trata de la curación de la Hermana Teresa Silva, quien había quedado inválida a causa de una penosa enfermedad. La Madre le había profetizado su curación años antes de morir.

El 7 de mayo de 1995, el Papa San Juan Pablo II proclamó ‘beata’ a la Madre María. En la ceremonia de beatificación, el Santo Padre dijo: «La Madre María es una mujer que supo fundir de manera admirable oración y acción (…) consumándose en un amor ilimitado hacia Dios y en la práctica de la más genuina caridad hacia el prójimo».

 

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy 6 de mayo la Iglesia celebra a Domingo Savio, el santo adolescente, patrono de las embarazadas

Hoy 6 de mayo la Iglesia celebra a Domingo Savio, el santo adolescente, patrono de las embarazadas

Domingo, dada su madurez espiritual, se hizo santo precozmente; el único que, sin haber padecido el martirio, ha llegado a los altares con sólo catorce años.

¡Quién no quiere ser feliz!

“¡Quiero ser santo!”, exclamaba Domingo cada vez que se le presentaba una buena oportunidad para esforzarse. Esta era su alegre forma de dirigirse a Dios, ofreciéndole amorosamente cada instante de su vida.

Este jovencito italiano es el santo patrono de los niños que integran los coros de las iglesias, y de todos aquellos que participan en el ministerio de la música. También lo es de las embarazadas, en virtud a un encargo recibido de la Virgen María y que cumplió con el patrocinio de su preceptor, San Juan Bosco.

El Oratorio de San Francisco de Sales y la Compañía de María

Allí organizó un grupo de amigos devotos llamado la “Compañía de la Inmaculada”, para la que escribió un “reglamento” que San Juan Bosco aprobaría haciéndole mínimas modificaciones.

Junto a sus compañeros de la ‘Compañía’ frecuentaba los sacramentos, rezaba el Rosario, ayudaba en los quehaceres domésticos y cuidaba de los niños más difíciles. Era de los que mantenía siempre el espíritu alegre; un niño como cualquier otro, que le gustaba jugar y estudiar, pero que tenía una disposición interior única: quería hacerle las cosas fáciles a Jesús, evitando cualquier cosa que pudiera empañar la amistad que tenía con Él.

Don Bosco

El primer biógrafo de Santo Domingo Savio fue el propio San Juan Bosco. El fundador de los salesianos quería conservar por escrito la vida aleccionadora y llena de amor del pequeño Domingo. Impulsado por ese deseo, se animó a escribir una biografía del pequeño. Se dice que después de haberla concluido, la releía con cierta frecuencia. Y cada vez que lo hacía, las lágrimas terminaban rodando por sus mejillas.

En aquella Vita (biografía), intitulada Vida del jovencito Domingo Savio, alumno del Oratorio de San Francisco de Sales (1859), Don Bosco no solo relató aquellos pasajes de la vida de Domingo que revelaban su madurez para las cosas de Dios, sino también esos momentos en los que se gastaba bromas con los amigos o arrancaba sonrisas. Quedaron también plasmadas las imágenes que permanecerían para siempre en la memoria del sacerdote, como las varias ocasiones en las que vio a Domingo arrobado después de recibir la Eucaristía o hincado de rodillas rezando en la capilla.

En la Vita del Giovanetto Savio Domenico [Vida del jovencito Domingo Savio]se describe un episodio singular.

Cierto día, Don Bosco encontró a Domingo en el coro del templo. Dijo el santo: «Voy a ver, y hallo a Domingo que hablaba y luego callaba, como si diese lugar a contestación; entre otras cosas entendí claramente estas palabras: “Sí, Dios mío, os lo he dicho y os lo vuelvo a repetir: os amo y quiero seguir amándoos hasta la muerte. Si veis que he de ofenderos, mandadme la muerte; sí, antes morir que pecar”». Cuando Don Bosco le preguntó qué hacía en esos momentos, Domingo le contestó: “Es que a veces me asaltan tales distracciones que me hacen perder el hilo de mi oración, y me parece ver cosas tan bellas que se me pasan las horas en un instante”».

Intercesor de las mujeres en estado de buena esperanza

Durante el proceso de investigación llevado a cabo para su canonización, la hermana de Domingo, Teresa, narró que cierta vez el pequeño santo se presentó ante Don Bosco y le pidió permiso para ir a casa de su familia. Don Bosco le preguntó el motivo y el joven le contestó: “Mi madre está muy delicada y la Virgen la quiere curar”.

Entonces, el sacerdote le preguntó quién le había hecho llegar tales noticias, a lo que  Domingo contestó que nadie, pero que él lo sabía con certeza. Don Bosco, que ya conocía de los sorprendentes dones del chiquillo, le concedió el permiso y le dio dinero para el viaje.

El 12 de septiembre de 1856, cuando el muchacho llegó a ver a su madre en Mondonio, se percató de que estaba embarazada, pero que sufría de fuertes dolores. Domingo, acto seguido, la abrazó fuertemente, la besó y se sentó junto a ella para oírla. La madre le pidió que fuera inmediatamente con unos vecinos. Domingo, por supuesto, obedeció.

Al rato llegó el doctor y después de examinarla vio que la mujer estaba repuesta y lucía sana. Mientras el médico y algunas vecinas preparaban todo para que la madre diera a luz, quedó al descubierto alrededor del cuello de la mujer una cinta verde que estaba unida a una seda doblada y cosida como un escapulario. Era el presente que Domingo le había dado como signo de que la Virgen sería su compañía. Sin mayores contratiempos, ese día nació su hermana Catalina.

Después, Domingo le pediría a su madre que conservara el escapulario y que lo prestase a las mujeres del pueblo cada vez que lo necesitaran. Así se hizo; y muchas de ellas obtuvieron gracias particulares por haber tenido puesto el escapulario de la Virgen.

Prefiero morir antes que pecar” (Domingo Savio)

No pasaron muchos días hasta que Domingo Savio emprendió el retorno hacia el oratorio salesiano. Lamentablemente, no permanecería allí por mucho tiempo más. Su salud se resquebrajó al punto que los médicos se convencieron de que no sobreviviría. Aparentemente estaba desarrollando una pulmonía.

Savio tuvo que despedirse de Don Bosco y sus compañeros y volver a su casa en Mondonio. Antes de morir, con su último aliento, alcanzó a decir: “¡Qué cosa tan hermosa veo!”; ¡bendita visión del cielo!

Santo Domingo Savio partió a la Casa del Padre el 9 de marzo de 1857, a los catorce años de edad.

 

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Fuente: Aciprensa

 

 

 

Hoy celebramos a San Ángel, a quien Dios concedió una visión del “futuro de la Iglesia”

Hoy celebramos a San Ángel, a quien Dios concedió una visión del “futuro de la Iglesia”

Buenos Aires, 5 de mayo (PR/26) .- Cada 5 de mayo la Iglesia celebra a San Ángel de Sicilia, mártir, conocido también como San Ángel de Jerusalén, presbítero nacido en Palestina y uno de los primeros miembros de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas). Al lado de San Bartolo, fundador de la Orden, Ángel viajó desde su tierra natal hasta Roma con el propósito de pedir la aprobación de la Regla para su Orden.

La etapa final de su vida la pasó en Sicilia, donde predicó contra los vicios de la sociedad local, con lo que se hizo de peligrosos enemigos. Murió asesinado por odio a la fe en 1226.

El camino de la oración y el anuncio

Este santo nació en la ciudad de Jerusalén en 1185. Sus padres fueron judíos conversos al cristianismo. De acuerdo a una antigua tradición, la Virgen María se apareció a sus progenitores para hacerlos discípulos de su Hijo.

Ángel mostró desde niño un gran interés por las cosas de Dios y un corazón deseoso de servir. Con poco más de 10 años empezó a estudiar y a los 15 ya dominaba el griego, el latín y el hebreo. Al llegar a los 25, más maduro en la fe, solicitó ser incorporado al Carmelo en el monasterio de Santa Ana en Jerusalén.

Durante los siguientes cinco años vivió como ermitaño y el mismo Jesús se le apareció para mostrarle el mal que le esperaba a Tierra Santa a causa de la invasión de los sarracenos. El Señor le encomendó luego que se dirija hacia Occidente para predicar y convertir a los pecadores, y así despertar en ellos el amor a Dios y a la Iglesia.

Cristo y las ‘nuevas columnas de la Iglesia’

Por orden del Sumo Pontífice, San Ángel predicó por un tiempo en la basílica de San Juan de Letrán (Roma), con abundantes frutos de santidad. Esos intensos días de oración y predicación fueron ocasión para un encuentro inesperado.

Frutos de conversión

Concluída esta etapa, San Ángel sería enviado como predicador a la isla de Sicilia (Italia), con el propósito de aleccionar y convertir a los seguidores del ‘catarismo’ (herejía que condenaba el sacramento de matrimonio, negaba la resurrección de los muertos y planteaba una comprensión errada de la doctrina moral cristiana; sus partidarios se autodenominaba ‘los puros’). Con la ayuda de Dios, el santo tuvo éxito convirtiendo a muchos de los herejes; y gracias a su ascendencia judía, logró acercar el Evangelio a muchos de sus connacionales. Incluso se dice que logró convertir a más de 200 judíos en Palermo.

La devoción a San Ángel de Sicilia se hizo muy popular desde mediados del siglo XV, cuando su culto fue oficialmente reconocido por el Papa Pío II, en 1459.

 

    Primicias Rurales
    Fuente: Acoprensa
Hoy la Iglesia conmemora a San Florián mártir, patrono de los bomberos

Hoy la Iglesia conmemora a San Florián mártir, patrono de los bomberos

Lorsch es un antiguo pueblo de Alemania donde está ubicada la célebre abadía imperial de Lorsch, recinto benedictino.

Buen soldado, mejor cristiano

Florián vivió entre los siglos III y IV en tiempos del Imperio Romano, a cuyo servicio se consagró como militar. Florían estuvo encargado de las fuerzas imperiales destacadas en Baviera (hoy Alemania). Es considerado patrono de Polonia, de la ciudad de Linz (hoy perteneciente a Austria); de los limpiadores de chimeneas y de los bomberos.

San Florián nació alrededor del año 250, en la ciudad de Aelium Cetiumin, hoy conocida como Saint Pölten, ubicada en el actual territorio de Austria. Florián vivió en Lauriacum (Enns, Alta Austria) y, según la tradición, intervino en un gran incendio logrando apagar las llamas con escasísimos recursos -una simple cubeta-. Cómo pudo salvar muchas vidas, la tradición le otorgó el patronazgo de las compañías de bomberos.

 

Dignidad y martirio

En tiempos de Diocleciano -cruel emperador romano perseguidor de la Iglesia- arribó a Baviera su representante, el cónsul Aquilino, con la orden de acelerar la eliminación de la creciente comunidad cristiana local.

Aquilino tuvo un encuentro con Florián en el que le solicitó su disposición para hacer valer el edicto del emperador en contra de la Iglesia. Florián se negó rotundamente a seguir órdenes que fueran en contra de los cristianos, alegando que él mismo era un converso a la causa de Cristo. Además, quiso dejar en claro frente a todos que se sentía parte de la comunidad que habitaba la región. En un acto de extremo valor, Florián puso su cargo a disposición de la autoridad imperial y decidió compartir la suerte del resto de sus hermanos en la fe.

Las Actas de los mártires detallan que Florián no opuso resistencia a los soldados de Aquilino. Confrontado frente a las imágenes de unas divinidades romanas, se negó a adorarlas, por lo que se ordenó que fuese azotado hasta quedar despellejado.

Patrono de Polonia

 

Las reliquias del fiero soldado fueron rescatadas de las aguas y trasladadas a Roma. El Papa Lucio III, en 1138, regaló una parte de estas al rey Casimiro de Polonia y al obispo de Cracovia. Desde entonces, se considera a San Florián como el patrono de esa nación. Hoy es posible venerar sus restos en Cracovia, Polonia, en la iglesia que le fue dedicada.

Veneración e iconografía

Este santo aparece generalmente representado con una cubeta de agua en la mano, en alusión a la historia del incendio que apagó él solo. Existen otros relatos que consideran también la posibilidad de que San Florián haya formado un grupo de soldados romanos especializados en apagar incendios.

Los patronazgos de San Florián incluyen también a los deshollinadores de chimeneas, fabricantes de jabón, cerveceros, viticultores; también es intercesor de quien está en peligro de ahogarse en las aguas.

 

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Fuente: ACI Prensa

Hoy la Iglesia celebra a santos apóstoles Felipe y Santiago, amigos cercanos de Jesús

Hoy la Iglesia celebra a santos apóstoles Felipe y Santiago, amigos cercanos de Jesús

Cada 3 de mayo, la Iglesia celebra a Felipe y Santiago, quienes formaron parte del grupo de discípulos más cercanos a Jesús, los Apóstoles.

 

Buenos Aires, domingo 3 mayo (PR/26) — Felipe y Santiago, el menor, ambos coronaron sus vidas, consagradas al anuncio de la Buena Nueva, en el martirio. Ese fue el signo de su santidad y fidelidad absoluta a Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre.

Felipe

Felipe nació en Betsaida y antes de seguir a Jesús fue discípulo de Juan el Bautista. Fue uno de los primeros a los que llamó el Señor.

Felipe aparece en varios pasajes de la Escritura: fue él quien preguntó al Señor: “¿Cómo vamos a darle de comer a tanta gente?” (Jn 6, 5-7), preocupado por aquellos que seguían al Maestro y no tenían qué comer.

A él se dirigió un grupo de paganos que deseaban conocer al Señor (Jn 12, 20-22). Además, Felipe fue quien le pidió a Cristo que le “muestre al Padre” (Jn 14, 8-11) mientras compartían la última cena.

Después de la Ascensión del Señor a los Cielos, junto al resto de apóstoles y la Virgen María, Felipe recibió el Espíritu Santo en Pentecostés. De ahí partió a la región de Frigia (ubicada hoy entre Turquía, Hungría, Ucrania y el Este de Rusia) para anunciar la Buena Noticia a las gentes de esas tierras.

Santiago, el menor

 

En la Escritura Santiago recibe el sobrenombre de “el Hijo de Alfeo”; también se le llama “primo del Señor” porque su madre era pariente de la Virgen María. A él se le atribuye la autoría de la primera epístola católica. En está se encuentra consignado uno de los principios más importantes de la vida cristiana: “La fe sin obras, está muerta” (Sant. 2, 26).

Además, el Apóstol de Gentes cuenta que después de su conversión quiso entrevistarse con Pedro, pero no encontró en la ciudad a ningún discípulo sino a Santiago. En su última visita a la Ciudad Santa, el mismo Pablo fue directamente a casa de Santiago, donde se reunió con todos los jefes de la Iglesia de Jerusalén (Hech. 21,15).

A veces se designa a Santiago como “el que intercede por el pueblo”. Según la tradición este apóstol recibe este sobrenombre debido a que oraba siempre pidiendo perdón a Dios por los pecados de su pueblo.

La misma tradición conserva el relato de un episodio en el que Santiago fue causa de  escándalo entre fariseos y escribas. El sumo sacerdote, Anás II, aprovechando la concurrencia que se presentaba en la fiesta judía, lo interpeló diciendo: “Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti grande admiración, te presentes ante la multitud y les digas que Jesús no es el Mesías o Redentor”. Ante este pedido, Santiago respondió: “Jesús es el enviado de Dios para salvación de los que quieran salvarse. Y lo veremos un día sobre las nubes, sentado a la derecha de Dios».

El apóstol cayó de rodillas y murió mientras lo apedreaban. En su agonía no cesaba de repetir las palabras de Cristo: “Padre Dios, te ruego que los perdones porque no saben lo que hacen».

Más información:

 

 

 

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Fuente: ACI Prensa

Hoy celebramos a San Atanasio, enviado al exilio por defender la verdad sobre Cristo

Hoy celebramos a San Atanasio, enviado al exilio por defender la verdad sobre Cristo

Buenos Aires, sábado 2 mayo (PR/26) — Atanasio fue obispo de Alejandría (Egipto), ciudad donde nació y creció. Fue una de las figuras más importantes de los primeros siglos del cristianismo gracias a su defensa de la ortodoxia contra el arrianismo, una de las más potentes herejías de la antigüedad.

Precisamente por su fidelidad a la doctrina fue víctima de la persecución y padeció el exilio en repetidas oportunidades. A pesar de ello, jamás desistió de proclamar a Cristo ni se apartó de la Iglesia.

San Atanasio fue Patriarca de Alejandría entre los años 328 y 373, año de su fallecimiento.

Defensor de la Encarnación

Atanasio nació en Alejandría el año 295, y desde niño tuvo noticia de las sangrientas persecuciones emprendidas por el Imperio romano contra los cristianos. En el año 326 fue ordenado sacerdote por el Obispo Alejandro, a quien sirvió como secretario.

Tuvo una elevada formación en filosofía, gramática y teología. Dominaba el griego en sus distintas variantes, así como el copto. Desde joven demostró talento para escribir -don que supo utilizar después como teólogo y pastor de almas-. Sus dos primeros escritos fueron Contra los paganos y la Encarnación del Verbo.

Con todo, lo que hizo célebre a Atanasio fue la controversia que libró contra los “arrianos” o “arrianistas”. Esta doctrina calificada de herética tuvo por autor a Arrio, presbítero del norte de Alejandría, quien sostenía que Cristo no era verdadero Dios sino una creatura, excepcional, por supuesto, verdadero hijo de Dios Padre, también, pero de ninguna manera eterno (no consubstancial con él).

Una postura de este tipo tiene consecuencias terribles para la comprensión de Dios, Uno y Trino, y para la comprensión de la obra salvífica de Dios.

El obispo de Alejandría por aquellos días, Alejandro, llevó consigo a Atanasio para que participara con él en el Concilio Ecuménico de Nicea, con el propósito de combatir a los partidarios de Arrio y pedirle a este una retractación. Aunque al principio Atanasio jugó un papel secundario en el Concilio, su elocuencia lo llevó presentar una refutación pública de los argumentos de Arrio, quien no se retractaría y por ello sería excomulgado.

Atanasio envió numerosas cartas a los obispos de Oriente en las que advertía del peligro que suponía tergiversar la doctrina sobre Cristo, advirtiendo, además, que asumir las posiciones heréticas devendría en la excomunión del que profese o defienda la herejía.

El emperador sabía que esta controversia debía ser resuelta prontamente e impedida su difusión en Occidente -se sabía que era un peligro potencial para la estabilidad y unidad tanto del Imperio como de la Iglesia-.

A la muerte del Obispo Alejandro, Atanasio, por aclamación, fue elegido como su sucesor. Desde ese momento, el santo fue reconocido como defensor de la fe verdadera, algo que quedó en evidencia por su participación en el Concilio de Nicea. Simultáneamente, se fue convirtiendo en el gran enemigo de los herejes, quienes aún tenían poder e influencia, especialmente entre figuras políticas y algunos obispos. Los arrianistas no cesaron de hostilizar a Atanasio hasta que lograron que fuera desterrado de Alejandría.

El sucesor del trono imperial, Constancio II (hijo del emperador Constantino), estaba bajo la influencia del obispo arriano Eusebio de Nicomedia. Por su lado, Atanasio ya era blanco habitual de los ataques provenientes de los círculos políticos.

El exilio

En el año 356, cinco mil soldados rodearon el templo donde vivía San Atanasio con el propósito de arrestarlo. El obispo logró escapar y huyó al desierto donde fue acogido por monjes anacoretas. Desde el destierro siguió escribiendo a los fieles de Alejandría y redactó la biografía de San Antonio Abad, su amigo y compañero.

En el año 362 el nuevo emperador, Juliano el Apóstata, emitió un edicto en el que pedía el regreso de todos los obispos exiliados. Sin embargo, los consejeros de Juliano percibían a Atanasio como un hombre peligroso y lograron que el emperador lo enviara de nuevo al destierro. El santo se escondió en el desierto hasta que Juliano murió. Entonces, volvió a Alejandría por mandato del nuevo monarca, Valente.

El santo volvería a ser enviado al exilio el año 365. Pese a estas tribulaciones, Atanasio se mantuvo firme en la doctrina y su enseñanza. Su regreso definitivo a Alejandría se produjo por aclamación popular, ya que la ciudad lo reclamó siempre como su verdadero obispo.

Si quieres saber más sobre San Atanasio, puedes leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Atanasio.

 

 

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Fuente: ACI Prensa