Un viaje inolvidable hacia una isla tropical que combina playas de ensueño, un mosaico cultural fascinante y una naturaleza salvaje que va mucho más allá de una simple postal paradisíaca.

 

 

 

Buenos Aires, sábado 22 agosto (PR/26)–Para llegar a isla Mauricio desde Madrid el avión tiene que cruzar África casi entera: desiertos, bosques, montañas y ciudades. En Mozambique deja el continente y sobrevuela la inmensa isla de Madagascar y la montañosa Reunión. Y por fin llega a Mauricio, un pedazo de tierra verde y rocosa bañada por aguas azul turquesa.

 

Templo Hindú Mauricio

 

Ya en tierra, los infinitos campos de caña de azúcar se suceden sin interrupción bajo la silueta de antiguos volcanes. En este rincón del océano Índico, las famosas lagunas conviven con selvas frondosas y pueblos muy tranquilos. Mauricio cautiva tanto por sus paisajes tropicales como por su cultura mestiza, fruto de la herencia africana, europea, india y china.

Un mosaico cultural fascinante y un puzle lingüístico único

 

Hace 400 años en la isla no vivía nadie, hasta que los holandeses la ocuparon trayendo esclavos africanos. Después llegaron los colonos franceses y luego los ingleses, quienes impusieron duras condiciones a la población india. Más tarde se instaló una comunidad china, hasta que en 1968 el país logró su independencia definitiva.

A pesar de las injusticias históricas, el país ha logrado construir una sociedad plural y extremadamente cohesionada. En las calles, los templos hindúes conviven con iglesias cristianas y mezquitas con total naturalidad. Los días festivos oficiales incluyen la Navidad, el Eid musulmán, el Año Nuevo chino y el Diwali hindú.

Isla Mauricio

La población de origen indio es la mayoritaria, seguida de la población criolla descendiente de africanos. La conducción se realiza por la izquierda y las cadenas de supermercados francesas están por todos lados. Aunque el inglés es el idioma oficial, el 90% se comunica en kreol morisien.

Sabores del mundo: una gastronomía mestiza a pie de calle

 

La comida refleja a la perfección la diversidad cultural con especialidades indias, técnicas francesas, recetas criollas y sabores chinos. El alma culinaria se saborea en los mercados locales de la capital, Port Louis, donde existen guiadas gastronómicas. La estrella indiscutible de la comida callejera es el dholl puri, un pan plano relleno de pasta de garbanzos al curry.

Mercado Sant Louis

Otros sabores típicos son el roti, la salsa de tomate rougaille, el vindaye, los curris de pescado y el picante achard. Estas delicias se acompañan con alouda, zumo de frutas, agua de coco fresca o el aromático ron local. Los amantes de esta bebida pueden visitar la Rhumerie de Chamarel para conocer su elaboración y hacer catas.

Le Morne Brabant: la memoria viva de la resistencia

 

En el extremo suroeste de Mauricio, la imponente silueta de Le Morne Brabant guarda una historia dolorosa. Durante los siglos XVIII y XIX, sus laderas sirvieron de refugio a esclavos fugitivos conocidos como cimarrones. Este icónico lugar es un símbolo de resistencia y desde 2008 fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

 Cascada de Chamarel

Para conocer este espacio histórico, se puede subir hacia el mirador para contemplar vistas espectaculares de la laguna. La ruta atraviesa primero un hermoso bosque y después un tramo más escarpado que requiere bastante precaución. También se puede visitar el International Slave Route Monument, un memorial dedicado a los esclavos.

Playas de ensueño, arrecifes de coral y vida marina

 

Playas como Belle Mare, Trou aux Biches, Mont Choisy o Blue Bay representan la imagen soñada del Índico. La arena de la laguna es blanca y fina, protegida por una gran barrera coralina. En la costa este el viento agita los filaos, mientras que el oeste ofrece un clima mucho más calmado.

Le Morne Mountain

Cerca de la zona de baño es posible nadar junto a tortugas gigantes, delfines e incluso imponentes ballenas. Muchas empresas locales realizan estas excursiones garantizando un respeto absoluto por el medio ambiente marino. Además, las condiciones son idóneas para practicar kitesurf, paseos en kayak, excursiones en catamarán y buceo.

Naturaleza asombrosa y la mágica Tierra de los Siete Colores

 

La Tierra de los Siete Colores es un lugar de cuento con dunas teñidas de tonos ocres, púrpuras y azules. Antiguas erupciones volcánicas dejaron depósitos de basalto que el clima tropical transformó en arcillas multicolores. Muy cerca se encuentra la impresionante Cascada de Chamarel, que se desploma más de cien metros.

Isla Mauricio

El Parque Nacional de Black River Gorges protege los últimos bosques nativos donde resiste el apreciado ébano endémico. Mauricio fue el hogar del famoso dodo, una ave extinguida que hoy es el símbolo nacional. Por su parte, las tortugas gigantes que habitan en reservas como La Vanille provienen de Madagascar y Seychelles.

Iconos de la hospitalidad y el ritmo ancestral del sega

 

La hotelería forma parte esencial del viaje, con complejos históricos como La Pirogue en Flic en Flac. Sus cabañas con techos de paja se integran perfectamente en un jardín tropical de gran exuberancia. Estos resorts destacan por su cuidado ambiental, un servicio exclusivo y espectáculos culinarios formidables.

La Pirogue Architecture 14

La verdadera energía de la isla se experimenta al caer la noche con la danza tradicional del sega. Moviéndose sobre la arena al ritmo de tambores de piel de cabra, el sega era un grito de liberación. De la fusión del sega con el reggae nació el seggae, uno de los ritmos más populares.

Tierra de los 7 colores

Para vivir una experiencia espiritual única, hay que visitar el lago sagrado Grand Bassin (Ganga Talao). Este impresionante recinto hindú está presidido por estatuas monumentales de 33 metros de Shiva y Durga. A solo 11 horas de viaje, Mauricio ofrece infinitas posibilidades para disfrutar de un viaje inolvidable.

Primicias Rurales
Fuente: Viajes National Geographic