Tras años de restricciones y cortes recurrentes en pleno invierno, el desarrollo masivo de Vaca Muerta y un ambicioso plan de infraestructura prometen saldar una deuda histórica para siempre.
Buenos Aires jueves 16 julio (PR/26)–El frío intenso golpea y, de inmediato, reaparece el fantasma de siempre: las estaciones de servicio sin GNC y las industrias con el suministro al límite. Esta postal invernal, repetida en ciudades como La Plata, vuelve a poner en debate la fragilidad de nuestro sistema energético ante las bajas temperaturas.
Para el ex secretario de Energía y Minería, Emilio Apud, este escenario no es ninguna sorpresa, sino una vieja limitación de contratos e infraestructura que arrastra dos décadas. Sin embargo, el especialista asegura que esta realidad tiene una inminente fecha de vencimiento.

“Esto arrancó en el año 2008 y va a terminar en el año 2028”, sostiene el ingeniero, proyectando un horizonte de solo dos años para lograr el autoabastecimiento definitivo. La raíz del problema es física, estacional y, sobre todo, una cuestión de capacidad de transporte.
La trampa detrás de los meses más fríos
Cuando llega el invierno, el consumo de gas en los hogares argentinos prácticamente se duplica, pasando de unos 140 millones de metros cúbicos diarios a picos que rozan los 170 millones. Semejante salto satura las cañerías del país.

Esa caída de presión obliga a las distribuidoras a tomar medidas drásticas para proteger los hogares: cortar el servicio a quienes tienen contratos interrumpibles. Estos usuarios, entre los que figuran las estaciones de GNC, pagan tarifas mucho más bajas a cambio de aceptar el riesgo de quedarse sin gas.
El motor del cambio: Vaca Muerta y el boom exportador
La solución definitiva no pasa por administrar la escasez, sino por aprovechar la abundancia que esconde el suelo de Vaca Muerta. Según Apud, la magnitud de estas reservas de gas no convencional es tan inmensa que el mercado interno no alcanza para absorberla.
Para liberar este potencial, se está consolidando un histórico plan de obras con inversiones proyectadas en 70.000 millones de dólares. Esto abarca la construcción de nuevos gasoductos, oleoductos de exportación, terminales en puertos y plantas de licuefacción.

El cambio de paradigma es total: en apenas cinco años, la Argentina estará en condiciones de exportar más gas del que consume a nivel interno, transformándose en un actor energético global y dejando en el olvido los cortes de cada invierno.
















