Hoy Día del Periodista argentino, a 216 años de la fundación del primer periódico patrio, el oficio se debate entre el mandato histórico de informar y el asedio oficial que busca disciplinar las voces críticas.
La chispa de Mayo
Por Matilde Fierro, editora de Primicias Rurales
Buenos Aires, domingo 7 junio (PR/26) — El Día del Periodista que se celebra los 7 de junio en la Argentina no nace de una celebración azarosa, sino de una profunda necesidad política y emancipadora, clave en los albores de la patria.
El 7 de junio de 1810, Mariano Moreno fundó la «Gaceta de Buenos Ayres», el primer bando que rompió el monopolio informativo de la corona española.
Moreno entendió, con una lucidez adelantada a su tiempo, que un pueblo sin acceso a la verdad es un pueblo fácilmente gobernable por el despotismo.
Para el prócer, la libre expresión era el pilar invisible sobre el cual debía edificarse una sociedad democrática, soberana, genuinamente republicana.
El periodismo como trinchera
Aquel legado transformó al oficio en un contrapoder indispensable, una herramienta diseñada para incomodar a los poderosos, para fiscalizar el ejercicio de la gestión pública.
A lo largo de la historia local, la prensa argentina pagó costos altísimos, sufriendo censura, persecuciones, desapariciones durante los procesos más oscuros del país. A Mariano Moreno lo fueron envenenando lentamente en un viaje en barco a Europa, pero no lograron acallar su voz ni destruir su legado.
Sin embargo, la premisa fundamental de buscar la verdad y contrastar los datos frente al discurso oficial, se mantuvo como un faro ético innegociable.
El rol del editor y del cronista no es agradar al funcionario de turno, sino garantizar el derecho a la información que asiste a toda la ciudadanía.
La era del hostigamiento
En la actualidad, ese histórico mandato morenista choca de frente con la retórica de Javier Milei, quien implementó una estrategia sistemática de descalificación hacia la prensa.
Desde la cúspide del Estado, se fustiga diariamente a los profesionales de los medios, tildándolos de «ensobrados», «mentirosos», «corruptos», sin aportar pruebas ni matices.
Este asedio digital, potenciado en redes sociales, busca anular la intermediación periodística, para imponer un relato único, directo, libre de preguntas incómodas.
La asfixia económica, el cierre de agencias estatales y el ataque personalizado a cronistas, configuran un escenario de altísima vulnerabilidad para la libertad de expresión.
El valor del oficio
Frente al insulto y la descalificación que bajan desde los atriles oficiales, la respuesta del periodismo sigue siendo la misma: rigor profesional, investigación, memoria.
La confrontación actual demuestra que la palabra independiente sigue teniendo peso, y que el poder económico o político aún teme a la verdad documentada.
Celebrar este día exige hoy, más que nunca, defender el espacio de la crítica, resistir la agresión burda, y honrar el compromiso de informar con libertad.
Por Matilde Fierro, editora de Primicias Rurales

















