El trasplante de embriones le permite a Vidal Bada Vázquez multiplicar en pocos años la genética de sus mejores animales. En 9 de Julio, su cabaña “La Coincidencia” combina esta técnica con corrales de última generación para medir la eficiencia de cada ternero.
Por Carlos Marín Moreno 
Buenos Aires miércoles 1 julio (PR/26)–Vidal Bada Vázquez (52) sabe lo que es producir bajo presión. Su familia tuvo tambo durante muchos años, una actividad que exige una intensificación constante para ser rentable. Cuando el campo viró hacia la producción de carne, esa misma exigencia se trasladó con él.
Hoy, en su establecimiento “La Coincidencia”, ubicado en el partido de 9 de Julio sobre 400 hectáreas propias y alquiladas, el tapiz natural quedó atrás. En su lugar hay pasturas y sorgo forrajero para el verano, y raigrás, cebada y avena como verdeos de invierno, además de silaje de maíz y de cebada. La hacienda se mueve en parcelas chicas con alambrado eléctrico, y todo el sistema gira en torno a una obsesión: el mejoramiento genético.

Para eso, Bada Vázquez instaló en su propio campo un centro de trasplante embrionario. De las 1000 vacas que tiene el rodeo, seleccionó a las 60 mejores por mérito genético y fenotipo. Esas vacas son las donantes: sus óvulos se fertilizan in vitro y luego se implantan en receptoras que llevan adelante la gestación.
Una vaca, veinte crías: la matemática que cambia todo
La cuenta que entusiasma a Bada Vázquez es simple y contundente: “en vez de obtener una ternera de gran calidad por año y por vaca, se pueden sacar 20”, resaltó, con la ventaja adicional de poder usar siempre el semen del mejor toro disponible.
El productor abrió las tranqueras de su campo a colegas y técnicos en un encuentro organizado por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) junto al INTA, y allí explicó por qué esta técnica cambia el ritmo de toda una cabaña: “permite avanzar con pasos agigantados en la calidad del rodeo; permite criar tantos hijos de muy buena genética como óvulos fértiles sean gestados; es mucho más rápido que criar una vaquillona, preñarla a los 15-18 meses y esperar la parición para evaluar su genética”.
Esto redefine, incluso, qué significa ser una cabaña grande. “Con trasplante embrionario, el tamaño de una cabaña pasa por la cantidad de embriones logrados a término, y no por la cantidad de vacas de alto mérito genético”, resumió Bada Vázquez.
Limangus, la raza elegida para crecer rápido y rendir bien
La raza sobre la que trabaja todo este esquema genético es Limangus, reconocida por sus características carniceras y de crecimiento. Tiene 3/8 de Limousin, que aporta musculatura y muy buena eficiencia de conversión de alimento a carne, y 5/8 de Angus, responsable de la calidad de carne, la precocidad, la eficiencia reproductiva y la habilidad materna.
El resultado, según el productor, se nota en el mostrador: “Limangus tiene un cuarto trasero -donde están los cortes de mayor valor- más grande que el del Angus puro, lo mismo que el área del ojo del bife. Además, muestra muy buena conversión del alimento en carne sin sobrecargarse de grasa”, aseguró.
Cómo funciona el trasplante, paso a paso
La razón detrás de todo este desarrollo en “La Coincidencia” fue concreta: sus titulares querían multiplicar rápido genética de calidad. A partir de una vaca superior apareada con semen de un toro también superior se producen embriones que luego se transfieren a otras vacas de menor mérito genético dentro del rodeo general, explicó Lucio Scardaccione, de InOva Biotech, la empresa que se encarga de la producción de embriones in vitro.
El trasplante embrionario puede hacerse de dos maneras: por aspiración o por lavado. En la aspiración, la obtención de óvulos no requiere hormonas, ya que una vaca tiene naturalmente un pool de folículos del que se pueden extraer óvulos. Estos se llevan al laboratorio, donde se fertilizan y se colocan en condiciones que imitan el ambiente uterino.

La técnica en sí es bastante quirúrgica: “la aspiración se realiza con la introducción de un vástago de ecógrafo conectado a una bomba de aspiración, a través de la vagina. Se aspiran 10 a 20 óvulos de los dos ovarios”, detalló el veterinario. De ese total fertilizado en laboratorio, alrededor del 30% da lugar a embriones, y los embriones implantados generan una tasa de preñez de entre 45% y 50%.
Las vacas receptoras no se eligen al azar: deben tener el alta ginecológica, un aparato reproductor normal, todas las vacunas aplicadas y una nutrición que les permita alcanzar la condición corporal necesaria para entrar en celo.
Para dimensionar el proceso completo, sirve un ejemplo con 100 receptoras. Primero se sincronizan los celos con hormonas. Una vez logrado el celo, en lugar de servicio natural o inseminación artificial, a los 7 días se implantan los embriones. De esas 100 vacas, unas 75 suelen estar disponibles por haber tenido celo, y de esas 75 trasplantadas, la mitad desarrolla preñez. El resultado final: alrededor de 35 preñeces sobre el total inicial.
Las vacas que no logran preñarse no quedan descartadas de entrada: “las vacas que no desarrollaron los embriones se pueden volver a sincronizar a los 30 días y el proceso se puede repetir a los 60. Si no desarrollan embriones se pueden destinar al servicio con monta natural o descartarse del rodeo”, diferenció Scardaccione.
El costo de esta técnica equivale a 220 kilos de carne de novillo Cañuelas por ternero logrado, por lo que no se trata de una herramienta para un rodeo general, sino que se justifica para generar reproductores de pedigrí o puros controlados que después alcanzan precios altos en los remates.

También existe la variante in vivo: se inyecta una hormona a la donante para superovular y generar entre 10 y 15 óvulos, se hace inseminación artificial y a los 7 días se extraen los embriones con lavaje uterino, para trasplantarlos o congelarlos. El producto final es el mismo, pero esta vía tiene una ventaja: la vaca genera los embriones por sí misma y la tasa de preñez es entre 7% y 8% más alta que con la técnica in vitro, porque la manipulación de los embriones fuera del animal compromete, en alguna medida, su viabilidad.
Las terneras y terneros que nacen de las receptoras de “La Coincidencia” hacen su primera recría a corral y se clasifican. Los de mejores condiciones quedan para seguir mejorando la genética del rodeo, y el resto continúa su desarrollo en el mismo campo o en otro establecimiento de la firma en Ataliva Roca, La Pampa, según la disponibilidad de pasto.
Corrales que miden hasta el último kilo de alimento
Durante la jornada del Ipcva, los visitantes también conocieron otra apuesta tecnológica del campo: los corrales RFI, diseñados para evaluar la eficiencia de conversión de alimento en carne y el crecimiento de cada animal en forma individual. El sistema pesa lo que cada animal consume en el comedero y lo cruza con su ganancia de peso, generando indicadores de conversión que muestran qué animales producen más con menos alimento.

Esos datos después se comparan con un promedio para ver si cada animal queda por encima o por debajo. Pero la lectura cambia según el objetivo: “para seleccionar animales con vistas a ser toros no convienen los que se ubiquen muy por debajo de la media porque darían animales demasiado musculosos, sin grasa intercostal y poca condición carnicera; conviene los que se ubican levemente por debajo. La situación es distinta cuando se evalúan animales que van a ir al feedlot, donde se buscan los que estén muy por debajo del promedio para aprovechar esa ventaja asociada al costo de la alimentación”, distinguió Bada Vázquez, quien montó la pista de corrales RFI más grande del país, con capacidad para evaluar hasta 300 animales simultáneamente.
Primicias Rurales
Fuente: LN Campo
















