En la Solemnidad de la Asunción, el Papa León XIV reflexionó sobre la verdadera belleza del cuerpo humano, señalando que esta no se basa en cánones estéticos consumistas, sino en la pureza del corazón y en los signos del amor eterno que trascienden el paso del tiempo.
“La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin”, dijo el Papa León XIV.
“Con la edad, de hecho, nuestro cuerpo no se hace más ágil, sino más pesado; la piel no se vuelve más fresca, sino que muestra los signos de la vejez; el cabello no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco”, señaló.
Por ello, preguntó el Pontífice: “Entonces, ¿qué tenemos en común con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos?”.
La verdadera belleza y la pureza de corazón
El Papa León XIV indicó que para comprender esta realidad “debemos mantener unidos” los signos que son “el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado”. En Ella y en nosotros, comentó, es la pureza del alma la que “por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo”.
En ese sentido, el Santo Padre aseguró que la Asunción de María invita a todos los católicos “a revisar muchos de los cánones estéticos”, sobre todo “de tipo hedonista y consumista” que el mundo de hoy impone “y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados, haciéndonos desperdiciar energías valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre”.
“En la experiencia común, se pueden encontrar personas con el rostro marcado por los años y los sufrimientos, pero capaces de irradiar serenidad, benevolencia y paz a su alrededor; como se pueden observar otras, quizás exteriormente atractivas, pero duras y frías en su interior. Y es fácil entender dónde está la verdadera belleza y dónde, en cambio, hay todavía necesidad de conversión, perdón y curación”, añadió.
El amor como fundamento de la verdadera belleza
Para verdaderamente “descubrir y cultivar la belleza divina que nos rodea y para la que hemos sido creados”, además de difundirla en nuestro entorno, el Papa invitó a “aprender a leerla” en lo más sencillo de nuestra cotidianidad: en el rostro de un niño y en las arrugas de un anciano, en la vivacidad de los jóvenes y en la compostura de los adultos.
“Debemos escuchar las historias de amor únicas que cada una de estas realidades nos cuenta, reconociéndolas como pequeños destellos en el cielo”, dijo. Y añadió: “El amor es el ornamento más hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida”.
Es el “encuentro de extremos” el milagro que la Santísima Virgen vivió en su corazón inmaculado. La Madre del Cielo, continuó, “nos habla de modo sencillo de grandes misterios”. Especialmente en el día de la Asunción, cuya sublimidad no debemos buscar lejos, sino encontrarla allí donde hay verdadera caridad.
“Queridos hermanos, el rostro bellísimo de la Asunción es único, supera toda representación posible y, sin embargo, al mismo tiempo nos es conocido: es el de las personas que están a nuestro lado, incluso en este momento, de los hermanos y hermanas con quienes compartimos, en la fe, la ofrenda diaria de nuestra vida”, señaló el Papa.
Finalmente, recordó que la comunidad cristiana se ve a sí misma en María, la mujer del Apocalipsis:
“En su humanidad santa, por gracia de Dios, está también la nuestra, estamos llamados a vivir su misma plenitud de vida y a compartir su misma gloria”.
Canciones para escuchar hoy en el Día de la Asunción de María: https://www.youtube.com/watch?v=9l880TqhOZM


















