El especialista Gustavo Schüenemann demostró en Córdoba cómo la higiene ambiental, la reducción de tierra en la dieta y el control estricto de micotoxinas resultan determinantes para optimizar la producción lechera.

 

 

Buenos Aires lunes 31 agosto (PR/26)– Nada mejor que abrir un gran Congreso con una voz potente y muy esperada en los procesos de alimentación para vacas de tambo. Un auditorio que ocupó todas las sillas acompañó atento la disertación del Dr. Gustavo Schüenemann.

Para no andar con titubeos, el especialista compartió la primera placa en el Congreso Argentino de Contratistas Forrajeros en Córdoba: Agua + Consumo de Materia Seca + Ambiente y manejo.

“La calidad de los forrajes define la suerte de la actividad”, afirmó contundente el investigador. Y allí nomás espetó retóricamente: ahora bien, ¿qué es lo que define realmente a un programa de forrajes?

 

Para mejorar, a los forrajes de calidad, sumarle sanidad biológica y "muuucha" higiene

 

“Cambiaron los híbridos, mejoró la genética y con ellos aparecieron los forrajes de alta digestibilidad. Si a eso le ingresamos un mínimo contenido de tierra y baja contaminación de micotoxinas, obtenemos un programa eficiente”.

“Como verán, esto tiene que ver directamente con la higiene necesaria para mejorar los resultados productivos”, justificó. En Córdoba y otros puntos del país la calidad ha mejorado mucho, pero se deben moderar los riesgos asociados.

Entre los principales peligros a controlar se destacan la contaminación con tierra, las fallas en el guardado del forraje y, por supuesto, la presencia de hongos que deterioran la reserva.

“El ácido butírico tiene un impacto directo que hay que monitorear. Debemos pensar a los sistemas como un proceso integrado donde resulta vital cuidar cada uno de los eslabones”, subrayó el experto.

A su vez, Schüenemann recordó un concepto fundamental que todos conocemos pero que no siempre se vigila con el celo suficiente: el agua es determinante en todo este proceso nutricional.

 

El kit de control higiénico y el impacto de la tierra

 

Para garantizar la pulcritud de los alimentos, el especialista detalló un kit imprescindible para controlar la higiene. Este incluye saber tomar adecuadamente la muestra y analizar la digestión a las 7 horas.

Asimismo, se requiere un riguroso conteo de mohos y levaduras, junto al seguimiento de micotoxinas clave como DON, Zearalenona, Fumonisinas, T-2 y Aflatoxinas que atentan contra el ganado.

También es decisivo medir el Clostridium perfringens, bacteria que daña la barrera intestinal y altera el epitelio. Esto genera un entorno propicio para que prolifere secundariamente en animales de alta producción.

 

Para mejorar, a los forrajes de calidad, sumarle sanidad biológica y "muuucha" higiene

 

Finalmente, el protocolo exige el conteo de enterobacterias, microorganismos muy peligrosos capaces de producir infecciones graves en el pulmón, intestino y vías urinarias de las vacas.

¿Saben cuánta tierra puede comer una vaca en una alimentación sin cuidados?, preguntó el investigador egresado de Tandil e integrante de la Universidad de Ohio en Estados Unidos.

Sin los recaudos adecuados, un animal puede llegar a ingerir 1,5 kilos de tierra por día. Aunque es imposible reducirla a cero, lo normal y aceptable oscila entre los 250 y 300 gramos diarios.

Las cenizas totales en un maíz deben situarse en torno al 4 o 5%, mientras que en el sorgo se tolera hasta un 8%. Hay que auditar la dieta completa con extrema atención.

 

Impacto de la alimentación del las vacas lecheras en las emisiones de gases – Secretaria de Ciencia y Tecnología – Gobierno de Córdoba

 

Existen raciones TMR que alcanzan un insólito 11% de cenizas, lo que representa unos 60 kilos de tierra por tonelada. Una solución práctica es contar con mayor superficie cementada.

El especialista dedicó un párrafo aparte a los lotes en terrenos arcillosos, los cuales acrecientan este problema. En Córdoba la presencia es moderada salvo en el sur, mientras que en Santa Fe y Entre Ríos es de alta a moderada.

 

Claves operativas: picado, logística y sellado del silo

 

Por todo ello, Schüenemann enfatizó que si se logra reducir la tierra en la ración, ese sobrante se reemplaza por comida real, elevando la producción de leche de manera sustancial.

A modo de repaso, los pilares centrales consisten en eliminar la contaminación por cenizas, asegurar la estabilidad microbiana y combatir sin tregua a las micotoxinas dañinas.

 

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El investigador recordó que las micotoxinas elevan los niveles de cortisol e impactan fuertemente en la reproducción, generando un marco de inflamación y estrés físico permanente en el rodeo.

En cuanto a la estructura del alimento, volvió a poner el foco en evaluar con precisión la calidad de la fibra y el almidón, diseñando reglas prácticas y parámetros claros para interpretarlos.

Al abordar el momento clave del picado de silo, advirtió: “Si no se cuenta con máquinas propias hay que contratar según día y hora. Organizar la logística del silaje resulta determinante”.

Mostró una picadora con cabezal de 6 hileras y recomendó realizar cortes de 1,4 cm de largo, con una velocidad de avance que no debería superar nunca los 5 a 6 km por hora.

Aconsejó además mantener una altura de corte óptima, ya que al cortar demasiado bajo la maquinaria termina arrastrando e incluyendo una mayor cantidad de tierra en la reserva guardada.

Otro aspecto crítico es la velocidad para tapar el silo. El experto exhibió videos de tambos estadounidenses donde un ejército de operarios logra un sellado hermético y veloz de las reservas.

Como un recitado imprescindible, repasó la química del proceso: las condiciones anaeróbicas, bacterias y azúcares solubles elevan el ácido láctico y hacen descender rápidamente el valor del pH.

Si el pH se detiene en 6 habrá serios problemas. Para esterilizar el forraje y conservarlo impecable, es requisito indispensable lograr una caída profunda y veloz de dicho indicador ácido.

Precisó que el ácido butírico es un ácido graso de cadena corta que estimula la producción hepática de cuerpos cetónicos, actuando en sinergia con la cetosis para proteger la salud intestinal.

 

La auditoría como herramienta para el éxito nutricional

 

Si se reconoce que se trabaja en campos arcillosos, la preocupación por la higiene debe ser máxima. Es necesario someter a una auditoría completa a todo el proceso de alimentación.

Resulta imperioso repasar el diseño de la dieta, supervisar en qué condiciones se mezclan los insumos, cómo se realiza la distribución en mixer y qué come realmente la vaca.

“Si detectamos micotoxinas debemos incorporar secuestrantes de toxinas y suplementar minerales, evitando las graves hemorragias intestinales que provoca la contaminación”, alertó Schüenemann.

 

Impacto de las micotoxinas en la producción lechera - Veterinaria Digital - Avicultura, Porcicultura, Rumiantes y Acuicultura

 

Asimismo, brindó recomendaciones de manejo: mantener pisos de cemento y gomas de tractores limpias, regando caminos de tránsito frecuente para evitar levantar densas polvaredas sobre el pasto.

Es fundamental monitorear los equipos de confección, cuidar la presencia de microorganismos aeróbicos y controlar la temperatura para que la ración no pierda calidad en el comedero.

Evitar en la mezcla la selección de alimento por parte de la vaca es clave para que no descarte el forraje buscando solo el grano. En este esquema, los inoculantes de calidad juegan un rol central.

“Hay que medir absolutamente todo. No es una cuestión de suerte, es estar preparados. Para tener éxito hay que aprender incluso de los fallidos”, concluyó el reconocido investigador de Ohio.

 

 

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Fuente: todolecheria