Copa Airlines fue reconocida por Cirium como la aerolínea más puntual de Latinoamérica en 2025, con un índice de puntualidad del 90,75%, el más alto de todo el continente americano y el segundo mejor a nivel mundial.
El ranking anual también evaluó cumplimiento de itinerarios y tasas de cancelación. Con un 99,8% de vuelos completados, Copa se posicionó como la aerolínea con menor nivel de cancelaciones en América y entre las mejores del mundo.
Buenos Aires, miércoles 14 enero (PR/26) — Copa Airlines (NYSE: CPA), subsidiaria de Copa Holdings S.A. y miembro de la red global de aerolíneas Star Alliance, fue reconocida por undécima vez como la “Aerolínea más puntual de Latinoamérica” por Cirium, firma especializada en el análisis y recopilación de datos de la industria aérea.
De acuerdo con el informe “On-Time Performance 2025”, Copa Airlines alcanzó un índice de puntualidad del 90,75%, el más alto entre todas las aerolíneas de América y el segundo mejor del mundo, incluso superando el promedio registrado en la categoría del ranking global.
Además de la puntualidad, el informe evaluó el cumplimiento de itinerarios y las tasas de cancelación de las principales aerolíneas del mundo. En ese rubro, Copa Airlines obtuvo un índice de cumplimiento del 99,80%, lo que la ubica como la aerolínea con menor tasa de cancelaciones del continente americano y una de las más confiables a nivel global.
“Ser reconocidos por Cirium como la aerolínea más puntual de Latinoamérica por undécima ocasión es un logro que nos llena de orgullo, no solo por lo que representa en términos de excelencia operativa, sino por el valor que la puntualidad y el cumplimiento tienen para nuestros pasajeros. Este reconocimiento refleja el compromiso de nuestros 9.000 colaboradores con una operación segura, confiable y a tiempo”, afirmó Pedro Heilbron, presidente ejecutivo de Copa Airlines.
Durante 2025, Copa Airlines sostuvo su liderazgo regional en puntualidad operando una red confiable en más de 85 destinos de 32 países del continente americano, incluyendo nuevas rutas hacia San Diego, Salta, Tucumán y Los Cabos.
Cómo se elabora el ranking de Cirium
El ranking de Cirium evalúa el rendimiento de las principales aerolíneas según criterios como puntualidad, cantidad de vuelos, asientos ofrecidos y disponibilidad de asientos por kilómetro, y las clasifica en categorías globales y regionales.
El análisis se basa en información proveniente de más de 2.000 fuentes internacionales de vuelos en tiempo real, que incluyen aerolíneas, aeropuertos, sistemas de distribución global, datos de ubicación y organismos de aviación civil.
Otros reconocimientos recibidos en 2025
Este galardón se suma a otros premios obtenidos por Copa Airlines durante 2025, entre ellos:
“Mejor Aerolínea de Centroamérica y el Caribe”, por décimo año consecutivo (Skytrax).
“Mejor Servicio de Personal en Centroamérica y el Caribe” (Skytrax).
Distinción APEX de Aerolínea de Cuatro Estrellas 2025.
Reconocimiento como Honoree en los Webby Awards 2025 por la Copa Airlines App, en la categoría Apps & Software – Travel.
Referencia – Fuente:Cirium On-Time Performance Review 2025
Acerca de Copa Airlines
Copa Airlines, subsidiaria de Copa Holdings, es una aerolínea líder en transporte de pasajeros y carga en América Latina. En sus 76 años de operación, ha desarrollado el Hub de las Américas®, en Ciudad de Panamá, como uno de los principales centros de conexión del continente.
Cuenta con una de las flotas más modernas de la industria, compuesta por Boeing 737-800 NG y Boeing 737 MAX 9, y mantiene un índice de puntualidad cercano al 90%, entre los mejores del mundo. Es miembro de Star Alliance y ofrece el programa de viajero frecuente ConnectMiles, que permite acumular y canjear millas en más de 25 aerolíneas de la alianza.
Cirium reúne datos y análisis avanzados para la industria aérea y de viajes, brindando información clave a aerolíneas, aeropuertos, fabricantes, instituciones financieras y empresas del sector. Forma parte de RELX, proveedor global de herramientas de análisis y toma de decisiones basadas en información.
Las acciones de RELX PLC cotizan en las bolsas de Londres (REL), Ámsterdam (REN) y Nueva York (RELX).
Comenzaría este editorial con un recuerdo. Hubo un día, en diciembre de 2001, en que miles de argentinos salieron a las calles con una consigna que parecía sintetizarlo todo: ¡Que se vayan todos! No uno solo, todos. Fue un grito que exigía la desaparición completa de la clase política. Fue más que un reclamo, fue un síntoma de agotamiento profundo con la democracia representativa, una declaración de que nadie merecía ya ejercer poder.
Buenos Aires, martes 20 de enero (PR/26) .- Nunca hasta ese momento, la legitimidad política se había desplomado de un plumazo. Esta vez, ni los militares gozaban de autoridad para animarse a su acostumbrada disciplina de un nuevo orden.
Veintitantos años después, la frase sigue resonando más como diagnóstico que como consigna: Ahora se la denomina “casta” y debemos destruirla. Y sin querer, ingresamos en una nueva etapa de la argentina, donde la democracia sigue, pero el entusiasmo ciudadano no.
El hartazgo como paisaje psicológico
Con esta introducción, observamos que, en Argentina, y en buena parte de América Latina, la democracia ya no inspira, sino que por el contrario desgasta. Las instituciones formales siguen existiendo, pero la relación entre ciudadanía y política está corroída por la apatía, el descreimiento y la ironía amarga. Según Latinobarómetro 2023-24, todas las instituciones básicas —partidos, Congreso, Poder Judicial, gobierno— están en niveles de baja confianza histórica, con partidos políticos prácticamente en el sótano y legislaturas que despiertan poca fe.
Pareciera incluso, que esta nueva moda, no es solo cuestión de “no gustar” sino que, en muchos casos, la gente ve la política como una maquinaria que funciona contra ellos mismos.La confianza en partidos y Congreso argentinos ronda porcentajes exiguos que parecen diseñados para un experimento sociológico más que para una democracia vibrante. En ese contexto, el clásico esquema democracia y participación se ha agrietado. La participación electoral puede sostenerse por tradición o por rutinas sociopolíticas, pero eso no significa que el sujeto político bajo ese esquema crea en el sistema. Hay una especie de participación zombificada: se vota porque hay que votar, no porque se crea que votar cambia algo.
Este desencanto con la política puede ser interpretado de dos maneras diferentes. Una como fracaso de las instituciones, incapaces de ofrecer soluciones reales. La otra, es un cambio cultural, un estado emocional de fatiga colectiva ante promesas incumplidas.
Todos los analistas políticos más destacados, afirman que Latinoamérica muestra que el apoyo a la democracia como sistema ha bajado considerablemente en la región desde 2010 (del 63% al 48% en 2023), mientras que quienes no prefieren ningún régimen aumentan de 16% a 28%. Eso no es un simple dato sociológico: es la prueba de que la cordura democrática está en oferta débil.
Este dato de la realidad es más que preocupante. No estamos hablando solo de desconfianza en los políticos sino de un desvinculamiento emocional con la idea misma de democracia representativa. Cuando la gente empieza a pensar que la democracia podría funcionar “sin Congreso”, como muestran algunas respuestas de Latinoamérica lo que brilla no es la creatividad política sino la irritación ante las mediaciones institucionales que supuestamente deberían canalizar demandas y solucionar problemas.
El yo cansado frente al nosotros constitucional
Hay una dimensión subjetiva de este cansancio que pocos análisis políticos abordan con honestidad. La democracia no se agota por falta de reglas, sino por falta de fe en las mediaciones. La política representativa se apoya en el principio de que electores y representantes están en un pacto de confianza mutua: vos me elegís, yo te represento. Cuando esa confianza se quiebra, la política se vuelve un trámite vacío.
Los ciudadanos quieren que se solucionen sus problemas, salarios, seguridad, servicios, justicia, pero no quieren implicarse en los circuitos donde esas soluciones se negocian. De golpe, todos nos transformamos en espectadores democráticos. Exigimos resultados, pero desde la tribuna, sin confiar en los jugadores.
El grito de “que se vayan todos” fue una explosión, pero hoy en día, esa misma lógica se hizo menos violenta y más silenciosa. Ahora es el voto blanco, el abstencionismo, la crítica ácida en redes sociales, la adhesión tibia a opciones que prometen externalizar la solución, como líderes fuertes, outsiders, rupturas radicales. Y lo peor, es que este fenómeno no es solo argentino, sino que invade a toda América Latina donde los ciudadanos muestran un patrón similar de desconfianza e indiferencia hacia las instituciones tradicionales y sus representantes.
El hartazgo no es antidemocracia… ¿o sí?
La confianza en gobiernos y otras instituciones en la región cayó hasta niveles alarmantes en muchos países. El desencanto no se limita a los gobiernos, sino que también abarca parlamentos, partidos y poderes judiciales, generando un contexto de desconfianza sistémica. Sin embargo, el apoyo a la democracia en términos abstractos creció ligeramente hasta el 52%, lo que muestra que la gente prefiere la democracia como concepto, pero no cree en quienes la encarnan.
En Argentina, solo el 17% confía en los partidos, y menos del 25% en el Congreso. La confianza en el presidente también es baja. A diferencia de otros países como Uruguay, donde ciertas instituciones aún gozan de respeto, Argentina atraviesa una crisis de representatividad más profunda, acompañada por la inflación crónica, los escándalos y la polarización crónica.
Todo este contexto, crea lo que podríamos definir un crecimiento de la participación vaciada: se vota, pero sin convicción, sin esperanza. Se elige desde el cansancio, desde la bronca. El resultado está a la visa. Emergen liderazgos que canalizan ese hartazgo en forma de rebelión anti institucional: figuras como Javier Milei son más síntoma que solución. Prometen terminar con el sistema desde adentro, borrar las mediaciones, refundarlo todo. Dicho de otro modo, la democracia funciona formalmente, pero sus ciudadanos están emocionalmente desvinculados.
El bienestar fatigado: cuando el éxito se convierte en carga
A mi humilde opinión, el cansancio democrático actual no surge del fracaso, sino del éxito inconcluso del Estado de Bienestar.
Las sociedades alcanzaron logros impensados en el siglo XX (salud, educación, seguridad social, consumo), pero una vez alcanzados, comenzó la fatiga de sostenerlos, especialmente cuando el contexto económico y político ya no permite expandirlos sin conflictos. La humanidad, nunca creció tanto ni consolidó tantos valores, bienestar o derechos como en todo el Siglo XX. Sin embargo, este proceso generó en forma paralela una reacción ambigua: el ciudadano defiende lo conseguido, pero no quiere comprometerse activamente para sostenerlo o actualizarlo.
Esa lógica conservadora del bienestar es lo que observamos a diario en toda la sociedad actual occidental: que no me lo toquen, pero tampoco me pidan que participe para cuidarlo.
De este modo y en forma paradójica, parte de este cansancio ciudadano puede explicarse por el éxito —no el fracaso— del siglo XX. El Estado de Bienestar, esa construcción colectiva que brindó educación, salud, trabajo formal y movilidad social, generó condiciones de vida que nunca antes se habían alcanzado. Pero ese proceso, en lugar de consolidarse, empezó a deshilacharse con las crisis económicas, el endeudamiento crónico y las nuevas formas de desigualdad. Y la reacción no fue una mayor implicación cívica, sino una mezcla de bronca y nostalgia: Así aparece el síndrome del “usuario enojado del sistema”. Exigimos que funcione, pero sin asumir los costos políticos, fiscales o sociales de su sostenimiento.
En ese marco, el descreimiento democrático crece no porque el sistema haya sido siempre fallido, sino porque ya no entrega lo que prometía, y la ciudadanía ya no cree posible volver a conquistarlo colectivamente. La democracia, entonces, se convierte en una estructura vacía: todos queremos los beneficios, pero nadie quiere ser parte del proceso.
Conclusión: la democracia que nadie quiere… pero que necesitamos
La política del cansancio es una descripción precisa de un fenómeno real. Las instituciones existen, pero su legitimidad se desvanece. La gente sigue votando, pero sin creer. La indiferencia se disfraza de pragmatismo. Una democracia formal sin compromiso ciudadano real. Mientras más gente dice que la democracia “no sirve”, menos gente parece dispuesta a arreglarla desde adentro. Y así, terminamos con una democracia que nadie quiere realmente, pero que encima hay que defender.
El problema no es solamente que la democracia representativa está cansada: es que ya no hay nadie que le escriba cartas de amor.
La aceleración digital en la región expuso una paradoja clave: nunca fue tan fácil operar online y nunca fue tan complejo garantizar quién está del otro lado. En ese escenario, la confianza digital emerge como el activo estratégico que define la sostenibilidad del crecimiento tecnológico en América Latina.
Buenos Aires, 7 de enero (PR/26) .- La digitalización de servicios financieros, trámites públicos, comercio electrónico y trabajo remoto avanzó con fuerza en América Latina durante los últimos años. Sin embargo, ese crecimiento vino acompañado de un aumento sostenido del fraude digital, la suplantación de identidad y los ataques basados en ingeniería social, obligando a empresas y organismos públicos a repensar cómo se construye la confianza en entornos virtuales.
En este nuevo contexto, la identidad digital dejó de ser un proceso técnico aislado para convertirse en un componente estructural de la experiencia online. Así lo analiza Ricardo Patiño, ingeniero de Preventa de OCP TECH, quien trabaja en la implementación de soluciones de verificación de identidad e inteligencia artificial aplicada en distintos países de la región.
De la validación inicial a la confianza continua
Durante años, la seguridad digital se apoyó en controles puntuales: un usuario validaba su identidad al momento del registro y, a partir de allí, el sistema asumía que esa identidad se mantenía confiable. Ese modelo, hoy, resulta insuficiente frente a un ecosistema digital caracterizado por accesos distribuidos, múltiples dispositivos y operaciones en tiempo real.
Desde la experiencia de proyectos regionales, Patiño sostiene que la identidad digital debe entenderse como un proceso continuo, capaz de evaluarse a lo largo de toda la relación entre el usuario y la plataforma. La incorporación de inteligencia artificial permite analizar patrones de comportamiento, contexto de uso, dispositivos y señales de riesgo, ajustando dinámicamente los niveles de autenticación sin afectar la experiencia del usuario.
Este enfoque no solo eleva los estándares de seguridad, sino que también reduce fricciones en procesos clave como el onboarding digital, el acceso a servicios o la validación de transacciones sensibles.
Inteligencia artificial, pero explicable
A medida que la inteligencia artificial asume un rol central en la toma de decisiones críticas, surge una exigencia transversal en la región: que esos sistemas sean comprensibles, auditables y alineados con los marcos regulatorios locales.
En sectores como finanzas, gobierno, salud o telecomunicaciones, la posibilidad de explicar por qué un sistema valida o rechaza una identidad resulta tan importante como la decisión en sí. Desde esa perspectiva, Patiño remarca la necesidad de modelos de IA explicables, que permitan trazabilidad, revisión y cumplimiento normativo.
Esta demanda cobra especial relevancia en países como Argentina, Perú, Colombia, Ecuador y Panamá, donde la digitalización avanza en paralelo con regulaciones cada vez más enfocadas en la protección de datos y la transparencia de los procesos automatizados.
Confianza, soberanía y control de los datos
Otro eje que atraviesa el debate sobre confianza online en América Latina es el control de la información. La región muestra una creciente preocupación por la localización de los datos, el cumplimiento normativo y la dependencia de infraestructuras externas.
En ese marco, la posibilidad de desplegar soluciones de identidad digital e inteligencia artificial bajo esquemas de soberanía tecnológica se vuelve un factor clave para organizaciones públicas y privadas. Patiño explica que la confianza no se construye únicamente desde la seguridad técnica, sino también desde la certeza sobre dónde se procesan los datos y quién tiene control sobre ellos.
Este enfoque resulta especialmente relevante en proyectos de transformación digital del Estado, servicios financieros y plataformas que manejan información sensible de millones de usuarios.
El impacto del fraude en la experiencia digital
Los documentos analizados coinciden en un punto: el crecimiento del fraude digital en América Latina no solo genera pérdidas económicas, sino que erosiona la confianza de los usuarios y frena la adopción de servicios digitales.
La suplantación de identidad, el acceso no autorizado y el uso indebido de credenciales obligan a las organizaciones a reforzar sus esquemas de autenticación. Sin embargo, los modelos excesivamente rígidos suelen generar abandono, reclamos y deterioro de la experiencia.
Desde la práctica regional, Patiño plantea que el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre seguridad y usabilidad, combinando biometría, análisis de comportamiento, autenticación multifactor y modelos de riesgo adaptativos que respondan al contexto de cada interacción.
Un estándar emergente para la región
El avance del trabajo híbrido, los servicios digitales y la economía basada en plataformas está redefiniendo la noción de confianza en América Latina. Hoy, validar identidades, proteger accesos y garantizar integridad digital ya no es solo una cuestión tecnológica, sino una condición básica para competir y crecer.
La experiencia regional muestra que la confianza online no se construye con soluciones aisladas, sino con estrategias integrales que integren tecnología, regulación, experiencia de usuario y control de datos. En ese camino, la identidad digital inteligente se consolida como uno de los pilares sobre los que se apoya el futuro de la economía digital latinoamericana.
Buenos Aires, domingo 28 diciembre (PR/25) — La reciente derrota del Frente Amplio chileno permite reflexionar trascendiendo el caso puntual para observar mediante análisis comparados el derrotero de las coaliciones progresistas.
Gabriel Boric. Defendió a Ucrania frente a Rusia. | AFP
Este resumen breve de algunos hechos destacados del gobierno de Gabriel Boric sirve como disparador del análisis más amplio que se propone en esta nota. Por ejemplo:
– Mantuvo intocada la estructura distributiva heredada
– Atacó a Venezuela y a Nicaragua
– Condenó a Cuba por DD.HH.
– Defendió a Ucrania frente a Rusia.
– Mantuvo procesos judiciales sobre manifestantes del 2019.
– No indultó a los presos políticos que protestaron a su lado en 2019.
– Mantuvo la militarización en el Wallmapu (territorio mapuche).
– Canceló su programa de reformas (como pensiones y tributaria), negociando acuerdos con la oposición de derecha y empresarios.
– Tomó distancia de Lula, Petro y Claudia Sheinbaum en asuntos como criticar la injerencia de Washington, las deportaciones y los aranceles.
– Hubo persecución política de líderes comunistas como Daniel Jadue
– Reconoció a María Corina Machado y a Edmundo González en Venezuela y recientemente los al menos “opacos” resultados electorales en Honduras.
– Estableció acuerdos con el Comando Sur de EE.UU.
En síntesis, Gabriel Boric llegó al poder prometiendo cambiar la forma de hacer política y su sistema de alianzas tradicionales entusiasmando a miles de jóvenes y terminó gobernando con y como los mismos que por años criticó.
No es un caso aislado. La llamada “Tercera Vía”, la socialdemocracia reformista ha sido presentada en las últimas décadas como una alternativa capaz de conciliar crecimiento económico bajo patrones neoliberales, pero con “justicia social”.
Sin embargo, la experiencia reciente en América Latina y Europa muestra un patrón recurrente: las coaliciones progresistas que adoptan políticas neoliberales terminan debilitadas, fracturadas y abren el camino a gobiernos de derecha o ultraderecha. Veamos algunos ejemplos.
Grecia: la traición del referendo. En 2015, Syriza tuvo la oportunidad histórica de enfrentar la austeridad impuesta por la troika. El referendo popular rechazó con contundencia las políticas de ajuste, pero Alexis Tsipras decidió desconocer ese mandato y aceptar las condiciones de los acreedores.
El resultado fue la fractura interna del partido y, finalmente, el triunfo de Nueva Democracia en 2019 y 2023. Grecia ejemplifica cómo la renuncia a un programa propio en favor del neoliberalismo desemboca en el retorno de la derecha con mayoría absoluta.
Portugal: la “geringonça” y la austeridad encubierta
La alianza inédita entre socialistas, comunistas y el Bloque de Izquierda permitió a António Costa gobernar desde 2015. Sin embargo, la estrategia de “austeridad oculta” debilitó los servicios públicos y erosionó la confianza ciudadana.
Aunque el Partido Socialista logró mantenerse en el poder, la ruptura de la coalición abrió espacio para el crecimiento de la extrema derecha, que hoy supera el 20% de los votos. Portugal muestra que incluso cuando la socialdemocracia logra estabilidad, el costo es la degradación de su base social.
España: la reforma laboral y la pérdida de identidad
La coalición PSOE-Podemos prometió derogar la reforma laboral del Partido Popular, pero terminó legitimando sus aspectos centrales. La flexibilización del despido y la prevalencia de convenios empresariales fueron avaladas por Unidas Podemos, lo que generó una crisis de identidad y el debilitamiento de su representación.
El Partido Popular, en alianza con Vox, capitalizó el desencanto y se consolidó como opción competitiva. España evidencia cómo el progresismo, al ceder en cuestiones estructurales, refuerza la agenda conservadora.
Brasil: el ajuste como razón de ser. Dilma Rou-sseff entregó la conducción económica a Joaquim Levy, representante del sector financiero. El ajuste ortodoxo provocó una crisis interna en el PT, el desplome de la popularidad presidencial y el golpe parlamentario encabezado por Michel Temer.
Este proceso abrió el camino al triunfo de Jair Bolsonaro en 2018. Brasil confirma que cuando el progresismo adopta el neoliberalismo como política central, pierde legitimidad y habilita el ascenso de proyectos autoritarios.
Argentina: la trampa del centro
El Frente de Todos, bajo la presidencia de Alberto Fernández, convalidó la deuda externa contraída por Mauricio Macri y profundizó el deterioro distributivo. La pérdida de millones de votos en 2021 reflejó el desencanto popular.
Como advierte George Lakoff, el “centro político” no existe; lo que existen son ciudadanos biconceptuales. Al escorarse hacia la derecha, el peronismo reforzó valores conservadores y se alejó de sus bases. La experiencia argentina también muestra que la búsqueda del centro conduce a la pérdida de identidad y a la derrota electoral a manos de la ultraderecha.
El análisis comparativo revela un patrón claro: las coaliciones progresistas que adoptan políticas neoliberales terminan debilitadas y abren el camino a la derecha y la ultraderecha.
Como insistimos desde hace casi una década en estas columnas, la “Tercera Vía” está agotada. La búsqueda del centro político constituye una trampa que erosiona la identidad y la luego representación electoral.
La única alternativa viable es afirmar un polo propio, sostener la unidad desde un programa popular-democrático y apartarse de la agenda del FMI y del sector financiero.
La lección es contundente: no se construyen mayorías renunciando a los valores propios, sino atrayendo al centro político desde una identidad firme coherente con la historia de la fuerza y normalmente estas experiencias son la cabecera de playa del desembarco de la ultraderecha al Gobierno.
Buenos Aires, jueves 25 diciembre (PR/25) — En un contexto internacional atravesado por guerras y tensiones, el Papa León XIV centró su mensaje del Urbi et Orbi en un llamado urgente a la paz y a la responsabilidad ética de la comunidad internacional.
Ante unas 26.000 personas reunidas en la Plaza de San Pedro, afirmó que la paz auténtica no surge espontáneamente, sino que exige asumir responsabilidades concretas orientadas a actuar con amor, reconciliación y justicia.
También exhortó a que “el Niño Jesús inspire a quienes tienen responsabilidades políticas en América Latina”, de modo que, ante los numerosos desafíos, “se dé espacio al diálogo por el bien común y no a las exclusiones ideológicas y partidistas”. A este respecto, observó que la Navidad es real cuando ilumina la vida pública y motiva decisiones capaces de fortalecer la convivencia y la paz social .
La Navidad como fuente de una paz que transforma
El Pontífice recordó que la paz anunciada en el nacimiento de Jesús no se construye desde la imposición, sino desde la misericordia de Dios. Es una paz —afirmó— que nace en la misericordia de Dios y que convoca a la conciencia humana a comprometerse activamente en la transformación de la realidad.
A partir de la liturgia de la Navidad, observó que la venida de Cristo conserva actualidad como signo de esperanza frente a las divisiones del mundo actual. La paz proclamada en Belén, dijo, no se ha extinguido, sino que sigue ofreciendo luz y orientación en medio de las sombras de la historia.
Foto: Vatican News
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El Dios que nace en la pobreza y se acerca a los excluidos
El obispo de Roma, indicó que el nacimiento de Jesús hecho hombre, desde la sencillez y la precariedad reveló la opción de Dios por acercarse a los más vulnerables. Al elegir la pobreza, Cristo se identifica con quienes viven en los márgenes y dignifica su sufrimiento.
Por otra parte, remarcó que la grandeza que propone el Evangelio no pasa por el poder ni la acumulación, sino por la cercanía con quienes viven el abandono y la injusticia. En ese sentido, señaló que la Navidad llama a descubrir a Cristo en las heridas de la historia.
Paz y responsabilidad: un camino que compromete a todos
El líder religioso subrayó que Jesucristo es “nuestra paz” porque invita a enfrentar el mal con responsabilidad y conversión. Según explicó, La paz, aclaró, no se construye ignorando las faltas, ni echando culpas, sino reconociendo errores, abriéndose al perdón y trabajando por la reconciliación de las relaciones.
En su mensaje, León XIV planteó que los procesos de reconciliación tienen una raíz profundamente humana y personal, pero consecuencias sociales y políticas. Apuntó que únicamente una humanidad abierta al perdón y capaz de perdonar puede construir estructuras más justas y pacíficas.
Foto: Vatican News
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Un clamor por las regiones heridas del mundo
El Papa amplió su mirada a los numerosos escenarios marcados por la violencia, la guerra y las catástrofes humanitarias. imploró al Niño de Belén “paz y consuelo para las víctimas de todas las guerras, especialmente las olvidadas”, y para quienes padecen “la injusticia, la inestabilidad política, la persecución religiosa y el terrorismo”. Recordó de modo especial a Sudán, Sudán del Sur, Malí, Burkina Faso y la República Democrática del Congo. Incluyó en sus oraciones al pueblo de Haití, para que cese toda forma de violencia y el país pueda avanzar por el camino de la paz y la reconciliación.
En ese contexto, pidió a los responsables de las naciones y a la comunidad internacional un compromiso renovado con la paz, la justicia y la ayuda solidaria y observó que la figura del Niño Jesús debe inspirar a quienes toman decisiones de impacto global, recordándoles que el poder encuentra su sentido auténtico en el servicio y la protección de la vida humana.
América Latina y el desafío del diálogo
De forma particular, el Papa volvió la mirada hacia América Latina, una región marcada por fuertes tensiones sociales y políticas, invitó a sus líderes a escuchar y dialogar sin exclusiones, dejando de lado la polarización política, como camino para enfrentar a las necesidades de sus pueblos.
El Pontífice afirmó que únicamente un diálogo centrado en el bien común, puede abrir caminos para construir la paz y permitir el desarrollo en contextos de desigualdad y exclusión social.
Cercanía con quienes más sufren
En su mensaje, el Papa manifestó su preocupación por quienes viven en situaciones de mayor vulnerabilidad —pobres, migrantes, refugiados, jóvenes desempleados y privados de libertad—, haciendo ver que Cristo se identifica con ellos. Para ayudar a subsanar estas heridas, invitó a la comunidad cristiana y a la sociedad a comprometerse activamente con la solidaridad y la defensa de la dignidad humana.
El Pontífice recordó al final de su mensaje que la Navidad es la certeza de un Cristo que no condena, sino que salva y sana, acompañando a la humanidad en sus sufrimientos. Apuntó, que esta celebración llama a toda la humanidad a asumir la responsabilidad de construir una sociedad más fraterna, iluminada por gestos concretos de amor y justicia .