Santo Tomás de Aquino, llamado también el “Doctor Angélico”: el teólogo que iluminó la fe con la razón

Santo Tomás de Aquino, llamado también el “Doctor Angélico”: el teólogo que iluminó la fe con la razón

Santo Tomás de Aquino, uno de los pensadores más influyentes del cristianismo, es conocido como el Doctor Angélico tanto por la pureza de su vida como por la profundidad de su teología, especialmente su enseñanza sobre los ángeles y el orden divino de la creación.

 

España, viernes 30 enero (PR/26) — Santo Tomás de Aquino (1224/1225–1274) fue un fraile dominico, teólogo, filósofo y sacerdote italiano, considerado una de las mentes más brillantes del cristianismo. Lo llaman el doctor Angélico. Nació en Roccasecca, en el Reino de Sicilia (actual Italia), en el siglo XIII, plena Edad Media, una época de gran desarrollo intelectual en Europa gracias al surgimiento de las universidades.

Vivió y enseñó en centros académicos fundamentales como París, Nápoles y Roma, y su obra marcó para siempre la teología y la filosofía occidental. Fue canonizado en 1323, proclamado Doctor de la Iglesia en 1567 y, siglos más tarde, declarado patrono de las universidades y centros de estudio católicos.

Su pensamiento, que integra fe y razón con una profundidad extraordinaria, sigue siendo referencia obligada hasta hoy. Escribió la Suma Teológica, u tratado exhaustivo sobre Teología.


Es uno de los santos más respetados de la Iglesia Católica es santo Tomás de Aquino, a menudo llamado el “Doctor Angélico”. ¿De dónde viene este término y qué significa?

¿Por qué se le llama “Doctor”?

En primer lugar, en la Iglesia Católica, además de nombrar a ciertos individuos como santos, reconociendo su extraordinaria práctica de la virtud, a lo largo de los siglos, ha señalado a santos específicos como Doctores de la Iglesia. Este nombramiento especial solo puede conferirlo el Papa y lo hace con aquellos hombres y mujeres que son considerados maestros ejemplares en diversos temas teológicos y espirituales.

El título oficial de Doctor proviene de la raíz latina docere, que significa “enseñar”.

Santo Tomás de Aquino escribió extensamente durante su vida, produciendo uno de los textos más fundamentales de la teología católica, la Summa Theologiae. En ella, responde a diversas preguntas que se plantearon en su época, y sus respuestas siguen utilizándose hoy en día en defensa de la doctrina católica.

¿Y qué tal “angelical”?

No se sabe con certeza por qué Santo Tomás llegó a ser conocido como el “Doctor Angélico”. Existen diversas posibilidades, incluyendo una explicación dada por el Papa Benedicto XVI en una audiencia general en 2010:

“Fue llamado también Doctor Angelicus, quizá por sus virtudes y, en particular, por la sublimidad de su pensamiento y la pureza de su vida”.

La Enciclopedia Católica ofrece una explicación similar, destacando que la pureza de mente y cuerpo contribuye a la claridad de visión, y que la vida de Tomás fue considerada “angélica” por el don de la pureza y la profundidad de su intelecto iluminado por la gracia.

Esta tradición se vincula con un episodio de su vida relatado en los procesos de canonización, donde se cuenta que dos ángeles lo ciñeron con un cinturón de castidad, como signo de una pureza que marcaría toda su vida intelectual y espiritual.

Santo Tomás también escribió extensamente sobre los ángeles, y su teología sobre ellos es una de las más completas de toda la historia de la Iglesia.

Frases y enseñanzas de Santo Tomás de Aquino sobre los ángeles

En sus obras, Tomás describe a los ángeles como parte esencial del orden creado por Dios:

“Los ángeles cooperan en toda obra buena que hacemos”.

También explica su acción sobre la inteligencia humana:

“Los ángeles pueden iluminar el pensamiento y la mente del hombre, fortaleciendo el poder de la visión y acercándole algunas verdades que el ángel contempla”.

Para él, el universo está jerárquicamente ordenado, y los espíritus puros ocupan un lugar intermedio entre Dios y el hombre:

Enseña que el mundo de los espíritus puros está entre la naturaleza divina y el mundo humano, y que por la sabiduría de Dios lo más elevado cuida de lo inferior.

Sobre la misión concreta de los ángeles, afirma:

“Dios ha provisto esto nombrando a sus ángeles como maestros y guías para nosotros”.

Y respecto al orden celestial:

“Cada ángel tiene su propio oficio y su propio orden entre las cosas”.

Según su pensamiento, Dios muchas veces comunica sus inspiraciones a los hombres por medio de los ángeles, que actúan como mensajeros y servidores de la voluntad divina. También explica que en la antigüedad se consideraba un honor que un ángel se apareciera a un ser humano, porque los ángeles son superiores en dignidad y cercanía a Dios.


Conclusión

La reflexión de Santo Tomás sobre los ángeles no es un detalle secundario, sino parte de su visión total del universo como un orden querido por Dios. Los ángeles, para él, no son figuras simbólicas, sino inteligencias reales que participan en el gobierno divino del mundo y en la guía espiritual de los hombres.

Por su pureza de vida, la elevación de su pensamiento y su profunda teología sobre estos seres espirituales, santo Tomás de Aquino es conocido con justicia como el “Doctor Angélico”.

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Fuente: Aleteia/IA

Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

De acuerdo al Papa Benedicto XVI, “en el Renacimiento, Santa Ángela de Mérici propone un camino de santidad también para quien vive en un ámbito laico”, lo que constituyó un importante paso en el camino de comprensión del papel de quienes no están llamados a la vida consagrada dentro de la Iglesia.

La ‘pequeña amiga’ de Santa Úrsula

Santa Ángela nació el 21 de marzo de 1474 en Desenzano del Garda, localidad cercana a Brescia, en el norte de Italia. Pasó su primera infancia en el campo, al lado de sus padres, unos sencillos agricultores que trabajaban en el valle.

Fue su padre, Giovanni Merici, quien gustaba contarle historias de la vida de los santos. Ángela lo disfrutaba muchísimo mientras empezaba, casi sin querer, a desarrollar un sentimiento de cercanía por quienes siguieron los pasos de Jesús. Con mucha naturalidad, la niña empezó a relacionarse con ellos a través de la oración. De ahí el vínculo cordial que tenía con Santa Úrsula, la doncella que murió martirizada en el siglo IV, a quien Ángela terminó profesando un gran cariño y devoción. A través de los santos, o gracias a ellos, en el corazón de Ángela iba naciendo el deseo de entregar la vida a Dios por completo.

Mística precoz

Sin embargo, poco después, la hermana mayor moriría de manera intempestiva. Esto produjo una gran desazón en Ángela porque su hermana había muerto sin haber recibido los sacramentos. Grande sería el sufrimiento de la niña al no saber cuál había sido la suerte de su hermana frente a Dios.

En esas circunstancias, la santa se aferró a la intercesión de la Virgen María y a la figura de San Francisco de Asís. Se refugió por completo en la oración y en la práctica de la penitencia. En su corazón de niña, había brotado un deseo cada vez más grande de agradar a Dios y pedir su misericordia, en caso Él dispusiese conceder la salvación eterna a su hermana.

Terciaria franciscana

A los 13 años Ángela se hace terciaria franciscana. Previamente había hecho saber a sus tíos, quienes querían casarla, que ella deseaba permanecer virgen y ser religiosa.

A la muerte de su tío, cuando tenía 20 años, Santa Ángela vuelve a su tierra natal, Desenzano, donde se dedica a asistir a los pobres y a catequizar a las niñas. Convierte su casa en una suerte de escuela, convencida de que la instrucción es la mejor ayuda para quienes poseen poco o nada, de que era la herramienta más adecuada para una vida feliz, ayudar a la Iglesia y, por supuesto, obtener la vida eterna.

Ángela no era religiosa en ese momento, como corresponde a todo miembro de una tercera orden, pero había encontrado un camino de entrega total al Señor y de servicio a sus hijos más necesitados. Sin duda, un maravilloso precedente, tal como lo señalaba el Papa Benedicto XVI.

En 1516, los franciscanos le pidieron a la santa que fuera a Brescia a acompañar a una mujer que había perdido a su esposo e hijos en la guerra, y que pasaba por una experiencia de tristeza indecible. Ángela permanece dos años con ella, ayudándola material y espiritualmente. Luego decide permanecer en esa ciudad, hasta que en 1524 parte a Jerusalén con un grupo de peregrinos que se sentían convocados por su testimonio de santidad. Estando de paso en Creta, sufre de una ceguera temporal, que la obliga a ser guiada a Tierra Santa, a donde logra llegar. Milagrosamente, durante el viaje de regreso recupera la vista.

En 1525, parte a Roma y se entrevista con el Papa Clemente VII, quien la invita a hacerse cargo de un grupo de enfermeras; Ángela rechaza la oferta: «Es en Brescia donde Dios me quiere».

La santa le confiesa al Papa que había tenido una visión en la que unas doncellas ascendían al cielo en una escalera de luz. En la visión, las santas vírgenes estaban acompañadas por ángeles que tocaban dulces melodías. Todas portaban coronas con piedras preciosas. De pronto, la música cesó y Jesús la llamó por su nombre y le pidió que creara una sociedad de mujeres. De esta manera, el Santo Padre le otorgó el permiso para formar una comunidad de vida consagrada.

En una nueva visión, Santa Úrsula, su mayor inspiración, se le aparece a la santa y la nombra patrona de la fundación.

El 25 de noviembre de 1535, en la Iglesia de San Afra en Brescia, Ángela y 28 compañeras  consagraron sus vidas al servicio de la educación de las niñas. El nombre de la nueva familia espiritual fue “Compañía de Santa Úrsula”, que con el tiempo terminaría aglutinando varios institutos de vida activa y contemplativa.

El 27 de enero de 1540, Santa Ángela partió a la Casa del Padre. Las ursulinas recibieron el reconocimiento pontificio en 1544 por voluntad del Papa Pablo III. Posteriormente se establecieron como congregación en 1565. Tres años más tarde, en 1568, San Carlos Borromeo convocó a las ursulinas a Milán, persuadiéndolas de formar una rama de clausura, siguiendo la inspiración del Concilio de Trento (1545-1563).

Herederas de Santa Ángela de Mérici, sus hijas espirituales se han dedicado a la formación y educación de la juventud femenina a lo largo de los siglos.

Si deseas conocer más sobre Santa Ángela de Merici, puedes consultar la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Angela_Merici.

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Fuente: aciprensa

 

Hoy se celebra a San Antonio Abad, padre del monacato y copatrono de los animales

Hoy se celebra a San Antonio Abad, padre del monacato y copatrono de los animales

Antonio nació en Egipto, el 12 de enero de 251, en la llamada Heracleópolis Magna (parte del Egipto asimilado al Imperio romano), en el seno de una familia de labradores acaudalados. Murió a los 105 años, en 356.

Tendría unos 18 o 19 años cuando, participando de la Eucaristía, escuchó que se estaba leyendo el Evangelio de San Mateo y quedó prendado de las palabras de Jesús: “Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres” (Mt 19, 21).

El desierto: morir al mundo, vivir en Jesucristo

Cuando murieron sus padres -Antonio había cumplido los 20 años- decidió llevar a la práctica aquel mandato de Jesús que le marcó el alma; entonces, repartió su herencia entre los pobres y se marchó al desierto. Allí vivió como ‘ermitaño’, en completa soledad, dedicado a la penitencia y la vida de oración.

Por años vivió en la ‘ermita’ que él mismo construyó, una fosa ubicada al lado de un cementerio. Esa “cercanía con la muerte” -como le gustaba pensar- despertó en su corazón muchas reflexiones en torno a la vida del Señor Jesús. Rumiaba frecuentemente -allí en lo profundo del espíritu- aquella verdad insondable en torno a Jesús, vencedor de la muerte. Algunas de esas reflexiones fueron puestas por escrito y providencialmente han sobrevivido al tiempo, llegando hasta nosotros.

San Atanasio Obispo, a quien Antonio conoció y que más tarde fuera uno de sus biógrafos (hagiógrafo), escribió:

“[Antonio] Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: ‘El que no trabaja que no coma’; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres”.

El trabajo en la tradición y cultura cristianas dignifica al hombre y moldea su espíritu. Por el trabajo el ser humano se hace cooperador de Dios en la gran obra de la creación. San Antonio Abad interiorizó aquellas verdades a la perfección, de manera que animó al monje o ermitaño a trabajar, y hacer de su esfuerzo oración elevada al cielo.

Padre del monaquismo

Antonio Magno -como también es conocido nuestro santo- se convirtió en el organizador de algunas comunidades de varones con llamados semejantes al suyo, buscadores de Dios en la renuncia al mundo y el silencio. Muchos de esos hombres vivieron el mismo estilo ascético en el desierto, o hicieron de la soledad ‘espacio’ de encuentro y diálogo con Dios.

Contra el error

San Antonio Abad, junto a San Atanasio, defendió la fe y la doctrina cristiana contra el arrianismo, la peligrosa herejía que negaba la divinidad de Jesucristo comprometiendo la naturaleza misma de la Santísima Trinidad.

Además, de acuerdo a San Jerónimo de Estridón (342-420), Antonio el “Abad” (esto es “padre”) -como lo llamaban quienes lo seguían- conoció a San Pablo el Ermitaño, otro de los inspiradores del monacato.

En la tradición y el arte: patrono de los animales

San Antonio Abad murió en 356, en el monte Colzim, próximo al Mar Rojo. Se le venera como patrón de los tejedores de cestos, fabricantes de pinceles y carniceros; así como de los cementerios.

Desde hace mucho tiempo, en el Vaticano, se celebra una bendición de los animales el día de su fiesta. Ciertamente, a San Antonio se le conoce también como “patrono de los animales”.

La segunda historia tiene que ver con una jabalina (cerdo salvaje) que encontró cerca de su ermita, cuyas crías nacieron todas ciegas; y que San Antonio Abad curó cuando se apiadó de ella. Se cuenta que el animal lo seguía a todas partes como el más fiel guardián, y jamás se apartó de su lado.

Estas historias han sido fuente de inspiración para monjes de todas las épocas y también para una rica tradición iconográfica que suele representarlo acompañado por un jabalí. Brillantes pintores como Miguel Ángel, Tintoretto, Teniers, el Bosco, Cézanne y Dalí hicieron del Abad tópico de magníficas obras.

Si deseas conocer más sobre San Antonio Abad, te sugerimos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Antonio.

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Fuente: aciprensa

Hoy: Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, establecieron la divinidad del Espíritu Santo

Hoy: Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, establecieron la divinidad del Espíritu Santo

Buenos Aires, viernes 2 enero (PR/26) — La Memoria de los Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, Obispos y Doctores, se celebra el 2 de enero como una fecha dedicada a dos grandes amigos y teólogos del siglo IV, pilares de la fe católica y ortodoxa.
Conocidos como los Padres Capadocios, que defendieron la Trinidad y la divinidad del Espíritu Santo, fundaron el monaquismo oriental y destacaron por su sabiduría, oratoria y caridad, siendo esenciales en la lucha contra la herejía arriana y la unidad de la Iglesia. 
¿Quiénes fueron?
  • San Basilio Magno (330-379): Obispo de Cesarea, fundador del monaquismo oriental, educador y defensor de la fe; apodado «Magno» por su sabiduría.
  • San Gregorio Nacianceno (c. 329-390): Arzobispo de Constantinopla, llamado «El Teólogo» por sus escritos sobre la Trinidad, gran orador y filósofo. 
Su Amistad y Legado:
Amigos de la infancia: Se conocieron en Cesarea y fortalecieron su amistad en Atenas, ambos de familias piadosas.
  • Defensores de la Trinidad: Jugaron un papel crucial en el Concilio de Constantinopla, estableciendo la divinidad del Espíritu Santo.
  • Padres Capadocios: Junto con San Gregorio de Nisa (hermano de Basilio), son conocidos como los Padres Capadocios, figuras clave en la patrística oriental.
  • Fundadores del Monaquismo: Basilio estableció las bases de la vida monástica oriental, enfatizando la oración, el trabajo y la caridad.
  • Obras y Oratoria: Gregorio es famoso por sus Cinco Discursos Teológicos, mientras que Basilio es reconocido por sus escritos y la creación de las «Basiliades» (hospitales y asilos). 
En la Liturgia:
  • Memoria Obligatoria: Su memoria es una fiesta litúrgica importante, celebrada el 2 de enero en el calendario católico, recordando su vida y enseñanzas.
  • Textos: Las lecturas bíblicas se centran en la negación del Anticristo y la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 
En Resumen: Son dos gigantes de la Iglesia, recordados por su profunda amistad, su defensa inquebrantable de la ortodoxia trinitaria y sus contribuciones invaluables a la vida espiritual y doctrinal del cristianismo. 

San Basilio se consagró al servicio como Arzobispo de Cesarea, Doctor de la Iglesia y Patriarca de los Monjes de Oriente. Nació en Cesarea, la capital de Capadocia, en el año 329. Entre sus nueve hermanos figuraron : San Gregorio de Nissa, Santa Macrina la joven y San Pedro de Sevaste. Su padre era San Basilio el viejo, y su madre, Santa Emelia. Inició su educación en Constantinopla y la completó en Atenas. Allá tuvo como compañero de estudio a San Gregorio Nazianceno, quien se convirtió en su amigo inseparable. Cuando Basilio recibió el bautismo, tomó la determinación de servir a Dios dentro de la pobreza evangélica.

Comenzó por visitar los monasterios de Egipto, Palestina Siria y Mesopotamia, con el propósito de observar y estudiar la vida religiosa. Se estableció en un paraje agreste en la región del Ponto, separado de Annesi, por el río Iris. En aquel retiro solitario se entregó a la plegaria y al estudio. Formó el primer monasterio que hubo en Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a través de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente. San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.

Por aquella época, la herejía arriana estaba en su apogeo y los emperadores herejes perseguían a los ortodoxos. En el año de 363, Basilio fue ordenado diácono y sacerdote en Cesarea, pero para evitar generar ciertos conflictos con el arzobispo Eusebio, decidió retirarse calladamente al Ponto. Sin embargo, Cesarea lo necesitaba y lo reclamó. Dos años más tarde, San Gregorio Nazianceno, en nombre de la ortodoxia, sacó a Basilio de su retiro para que le ayudase en la defensa de la fe, del clero y de la Iglesia. En el año de 370, año en que murió Eusebio, Basilio fue elegido para ocupar la sede arzobispal vacante. Tiempo después, la muerte de San Anastasio dejó a Basilio como único paladín de la ortodoxia en el oriente, y éste luchó para fortalecer y unificar a todos los católicos que, sofocados por la tiranía arriana y descompuestos por los cismas y las disenciones entre sí, parecían extinguirse. El santo murió el 1 de enero de 379, a la edad de 49 años.

Hoy se celebra a Santo Domingo de Silos, el abad sin miedo

Hoy se celebra a Santo Domingo de Silos, el abad sin miedo

A San Domingo se le reconoce por el don de la sabiduría, del que echó mano para estudiar con lucidez la Sagrada Escritura. Sin duda, algo que solo es posible si se acepta la guía del Espíritu Santo.

En San Millán llegó a ser prior. Para nadie que lo conociera era un secreto el amor que profesaba por su monasterio. Por eso, una de las primeras cosas que dispuso como autoridad fue la restauración del edificio que albergaba a los monjes, algo que logró en solo dos años, siendo que los problemas de la construcción habían subsistido por larguísimo tiempo.

 

“Sobre el alma no tienes ningún poder”

Cuenta la historia que el prior se enfrentó al mismísimo rey de Navarra, quien se apareció alguna vez a las puertas del monasterio para exigir la entrega de los ornamentos litúrgicos -cálices y copones- y cuanta cosa valiosa hubiera, con la intención de financiar los gastos de su próxima campaña militar.

El rey de Navarra, lleno de indignación, desterró al abad Domingo. Al enterarse de lo ocurrido, el rey Fernando I de Castilla, lo mandó llamar para confiarle el monasterio de Silos, ubicado en un lugar apartado, casi en ruinas y considerado “estéril” por la ausencia de vocaciones.

Dios es quien libera

Santo Domingo de Silos también participó en la liberación de numerosos cristianos prisioneros de los moros. Logró que más de 300 de ellos fuesen soltados. En esos días, aquellos que eran tomados prisioneros por los musulmanes solían ser tratados como esclavos. Por esta razón, en el arte, a Domingo se le suele representar acompañado de hombres encadenados.

¡Rézale a Santo Domingo!

De acuerdo a una vieja tradición, noventa y seis años después de la muerte de Santo Domingo de Silos, este se apareció en sueños a la madre del futuro fundador de la Orden de Predicadores: Santo Domingo de Guzmán. El monje benedictino le anunció a la mujer que tendría un hijo que llegaría a ser un gran apóstol.

Por eso, aquel niño recibió el nombre de “Domingo”, en honor al Santo de Silos. Por ello también, muchas madres españolas se encomiendan hasta hoy al santo, para pedir que sus hijos nazcan sanos y lleven una vida santa al crecer.

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Fuente: ACIPrensa