Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de los Pobres 2026

Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de los Pobres 2026

 

Buenos Aires, lunes 15 de junio (PR/26) .- “El Señor es el refugio del pobre”, tomado del Salmo 14,6, es el título elegido por el Papa León XIV para su mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el 15 de noviembre de 2026. En el documento, publicado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede este domingo 14 de junio, el Santo Padre denuncia una “injusticia social que brota de la corrupción arrogante”, advierte que el “ambiente digital” aumenta la indiferencia hacia los pobres y llama a los cristianos a convertirse ellos mismos en refugio para quienes más sufren.

A continuación, el texto completo del mensaje del Papa León XIV para la X Jornada Mundial de los Pobres:

El Señor es el refugio del pobre (cf. Sal 14,6)

1. El Señor es el refugio del pobre (cf. Sal 14,6). Las palabras del Salmista sugieren el camino que estamos llamados a recorrer con vistas a la X Jornada Mundial de los Pobres. Una vez más es necesario volver a la Palabra de Dios para verificar la importancia que los pobres tienen en la vida de la Iglesia. La expresión del salmo se convierte en criterio de juicio para la existencia cristiana porque revela el rostro de Dios y reconoce la pobreza humana. En efecto, en un momento histórico dramático, como fue la destrucción del templo de Jerusalén, el pueblo se sintió privado de la presencia de Dios y experimentó una miseria material y moral sin precedentes.

Esta Palabra se le presenta a cada generación en toda su actualidad. Desde el principio muestra la contradicción en la que a menudo se cae todavía hoy. La primera constatación es esta: «Dice el necio para sí: “No hay Dios”. Se han corrompido cometiendo execraciones, no hay quien obre bien» (Sal 14,1). Esto pone de relieve el contraste entre quienes se comportan con sabiduría y quienes, en cambio, arrastran su vida como si no hubiera nada por encima de ellos. Se observa, lamentablemente, cuán difundida está también en nuestros días una injusticia social que brota de la corrupción arrogante, tan deplorable como discriminatoria. La pérdida del sentido de la trascendencia en la vida cotidiana ya no es tanto una negación teórica de la existencia de Dios; más bien se manifiesta en la falta de consideración de su bondad y misericordia para la construcción de la justicia personal y social.

Los primeros en sufrir sus consecuencias son los pobres, que no por casualidad aumentan en muchas sociedades. La ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento. Así se exhibe una lógica desacralizadora de prevaricación y de descarte que margina y humilla. En esta condición se encuentran no sólo personas individuales, sino pueblos enteros. Las palabras del salmo resuenan todavía llenas de verdad: «Devoran a mi pueblo como pan» (Sal 14,4).

2. El grito de justicia de los pobres hoy es acallado mediante múltiples técnicas, cada vez más sutiles, hasta dejar sin voz todo esfuerzo suyo por hacer oír sus peticiones. El ambiente digital radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas. Al pobre no le queda más que gritar hacia Dios (cf. Sal 34,7) y hacer llegar a Él su lamento, con la certeza de ser escuchado porque Dios es fiel y rico en misericordia.

Quienes están oprimidos, humillados e indefensos crecen también hoy en la certeza de tener que abandonarse a Dios, cargados de confianza y de espera. En este abandono total, vuelve a florecer el sentido de la propia dignidad, se reconocen hermanas y hermanos con quienes organizar sus sueños, y la esperanza se convierte silenciosamente en realidad. Refugiarse en Dios equivale a encontrar la protección verdadera y segura, aquella que los poderosos no pueden garantizar y prefieren negar.

El pobre, sin embargo, sabe reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial. Más semejante a Cristo que todos, reconoce a Dios como su propio refugio incluso cuando las circunstancias parecen desmentirlo, y está colmado de esperanza por su justicia, que no tarda en manifestarse. En la noche del abandono y de la soledad, el pobre “habita al amparo del Altísimo” (cf. Sal 91,1). Quienes están afligidos, quienes sufren injusticia y son ofendidos, quienes padecen sufrimiento y dolor, quienes están solos y privados del sentido de la vida pueden encontrar consuelo y nueva motivación junto al Señor.

Los pobres de nuestros días son los olvidados y los marginados: despojados de una palabra y de un rostro, además del pan. Que ellos puedan encontrar al Hijo de Dios, que se hace prójimo de todos sin descuidar a nadie. Que lo encuentren, ante todo, en quienes se dicen cristianos. En la Iglesia, su Cuerpo, es Jesús quien ofrece pan y amistad; trae luz y un horizonte de esperanza; pronuncia el nombre de cada uno y devuelve a todos la dignidad. Jesús de Nazaret es el don de Dios para los pobres. En Él todas las promesas se hacen realidad. Para quienes carecen de una casa, de un trabajo, de educación, de alimento, de salud, se abre un nuevo camino: el compartir como expresión del Reino de Dios (cf. Mt 5,3). A la obsesión de quienes acumulan riquezas sólo para sí se opone la obstinación de Dios que, en el testimonio de personas de carne y hueso, abre el corazón y acoge en su amor.

4. En Cristo estamos llamados, por tanto, también nosotros a hacernos pobres y a convertirnos en refugio para el pobre. La comunidad cristiana no puede permanecer insensible ante tantos que hoy están a la puerta y siguen siendo invisibles para quienes permanecen encerrados entre sus propios muros. La Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres. No olvidemos el comentario de san Agustín a la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro: «Calló el nombre del rico e indicó el del mendigo. Dios calló el nombre tan pregonado del primero; sin embargo, dio a conocer el del segundo […] ¿Qué elegirías: ser pobre como el uno o ser como el rico? No te dejes engañar: escucha cuál fue el final de ambos y advierte cuál es la elección equivocada» (Sermón 33A, 4).

Como recordé en la Exhortación apostólica Dilexi te, «Dios muestra predilección hacia los pobres, a ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberación del Señor y, por eso, aun en la condición de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado. Y la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado» (n. 21).

Surgen inevitablemente algunas preguntas, que en esta X Jornada Mundial de los Pobres tenemos la urgencia de hacer resonar en nuestra mente y en nuestro corazón. ¿Somos signo de un Dios que es refugio para los pobres? ¿Tenemos conciencia de nuestra pobreza y la preferimos a la riqueza injusta? ¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas? ¿Pronunciamos sus nombres con ternura divina? ¿Nuestra caridad reactiva y sostiene en ellos el deseo de justicia y de rescate? Estas y muchas otras preguntas obligan a un serio examen de conciencia, para verificar cuánto estamos todavía llamados a llegar a ser en favor de los pobres y de su liberación. Entonces veremos que los pobres se convierten ellos mismos en refugio para otros. La experiencia de la pobreza vuelve particularmente sensibles a una solidaridad renovada ante los desafíos.

El amor de Cristo nos hace, en efecto, partícipes de la vida de amor de Dios. En este sentido, los cristianos están llamados no sólo a buscar refugio en Dios, sino también a hacerse, en Él, refugio para los demás, sin «distinguir entre el que asiste y el que es asistido, entre el que parece dar y el que parece recibir, entre el que se presenta pobre y el que siente la necesidad de ofrecer tiempo, capacidades y ayuda. Somos la Iglesia del Señor, una Iglesia de pobres, todos preciosos, todos partícipes, cada uno portador de una Palabra única de Dios. Cada uno es un don para los demás» (Homilía, 17 agosto 2025).

5. El octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís nos impulsa a recordar cómo, llegado a Roma como peregrino a la tumba del apóstol Pedro, fue conmovido por la compasión hacia los mendigos. Para comprender y experimentar su sufrimiento, se quitó sus propias vestiduras y las cambió por los vestidos andrajosos de uno de ellos, sentándose a pedir limosna y pasando todo el día entre los pobres con alegría de espíritu (cf. Fuentes Franciscanas, 1405-1406). Queremos testimoniar que es posible, también hoy, experimentar la misma alegría al ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, en vez de sólo hablar de ellos. Quien tiene a Dios por refugio es libre de tomar decisiones proféticas, que testimonian cómo todo puede ser repensado desde abajo, en la humildad y en la fraternidad que, sólo ellas, reparan un mundo herido por la prepotencia.

Confío en que esta X Jornada Mundial de los Pobres pueda constituir una etapa significativa para redescubrir el rostro de tantos hermanos y hermanas que buscan refugio en Dios y desean sentirse en casa en nuestras comunidades. Mantengamos viva la obediencia a la Palabra de Dios, que suscita la conversión del corazón. Que la Virgen María, que en la carne crucificada del Hijo contempló el amor de Dios que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías (cf. Lc 1,53), interceda por nosotros.

 

Primicias Rurales
Fuente: Aciprensa
“Muchas gracias por habernos salvado”: León XIV a la tripulación del avión Falcon que lo llevó a Roma

“Muchas gracias por habernos salvado”: León XIV a la tripulación del avión Falcon que lo llevó a Roma

España, domingo 14 junio (PR/26) — “Muchas gracias por habernos salvado”. Han sido las palabras del Papa León XIV en agradecimiento a la tripulación del avión Falcon en el que volvió a Roma el viernes, tras el desperfecto sufrido por la aeronave de Iberia en la que debía regresar al concluir su viaje a España.

“Las palabras de Su Santidad el Papa León XIV a la tripulación del Falcon del Ala 45 son un reconocimiento a la profesionalidad, dedicación y vocación de servicio de quienes trabajan cada día por España”, indicó en su cuenta de X el Ejército del Aire y del Espacio español.

Fue el Rey Felipe VI quien, al ver el problema del avión del Papa, subió a la aeronave de Iberia para invitarlo a descender y esperar a que se solucionara la “incidencia técnica”, como explicó el capitán a bordo.

Al confirmarse luego que no se iba a poder reparar el avión a tiempo, el monarca español ofreció al Santo Padre volver a Roma en el avión Falcon del Ala 45, que tiene como misión transportar a las autoridades del Estado y la Familia Real.

El Falcon despegó de Tenerife a las 18:08 (hora local) y aterrizó en el Aeropuerto Internacional Leonardo Da Vinci de Roma-Fiumicino a las 23:05.

“Al regresar a Roma tras concluir mi viaje apostólico, deseo expresar una vez más mi gratitud a Su Majestad, a las autoridades y al pueblo de España por la cálida acogida y la generosa hospitalidad que me brindaron durante esta visita”, escribió el Papa León XIV en un telegrama enviado al Rey de España.

“Asegurándoles a ustedes y a todos los españoles mis continuas oraciones por la paz y la unidad de la nación —añadió— invoco cordialmente sobre cada uno de ustedes la abundancia de bendiciones divinas”.

 

De puño y letra: Los mensajes más emotivos que el Papa León XIV dejó en su viaje por España

Las “firmas de honor” del Papa León en su viaje por EspañaFirma del “Libro de Honor del Ayuntamiento” en Madrir, España. | Crédito: Ayuntamiento Madrid

Muchas instituciones cuentan con un “Libro de Honor”, reservado para las firmas y mensajes de personajes destacados que la visitan. A lo largo de su viaje apostólico, el Santo Padre dejó varias inscripciones. Aquí te presentamos algunos:

Uno de los primeros mensajes fue escrito la tarde del 6 de junio, durante su visita al proyecto social CEDIA 24 Horas, en Madrid, dedicado a la atención de personas en situación de pobreza y migrantes.

Ahí, firmó del Libro de Honor de la institución, donde instó a trabajadores y voluntarios a dejarse interpelar “por la mirada de quienes necesiten vuestra ayuda y acogedlos con la caridad de Cristo”.

Al día siguiente, el Ayuntamiento de Madrid le otorgó la “Llave de Oro”, una distinción honorífica que ofrece a un personaje público, según publica el mismo ayuntamiento en su sitio web.

El 8 de junio, como es habitual en sus viajes apostólicos, el Santo Padre sostuvo un encuentro con los obispos de la Conferencia Episcopal Española (CEE). En la dedicatoria que dejó a los prelados españoles, los animó a que “la comunión eclesial anime constantemente la acción pastoral, para gloria de Dios y en beneficio de toda la Iglesia”.

Ese mismo día, el Pontífice asistió al Congreso español, donde dirigió un fuerte mensaje a los diputados y senadores sobre la defensa de la vida y la familia. Ese mismo espíritu quedó plasmado en el “Libro de Honor” de la institución.

“Con el deseo de que el respeto a los derechos de todos esté siempre en el ejercicio de la actividad legislativa de esta sede democrática de la soberanía nacional española”, escribió el Papa.

Otro de los momentos más significativos del viaje tuvo lugar el 10 de junio en Barcelona, con la visita a la Virgen de Montserrat, venerada bajo la advocación de la Bienaventurada Virgen María con el Niño Jesús y popularmente conocida como “la Moreneta”.

La devoción del Papa León XIV a la Virgen de Montserrat tiene también una huella peruana. Antes de ser elegido Sucesor de Pedro, el entonces P. Robert Prevost fue el primer párroco de Nuestra Señora de Monserrate de Trujillo, comunidad erigida por los agustinos en 1994.

El Papa León XIV ora ante la imagen de la Virgen de Montserrat. . Crédito: Vatican Pool
El Papa León XIV ora ante la imagen de la Virgen de Montserrat. . Crédito: Vatican Pool 

Durante su estancia en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, el Santo Padre firmó el “Libro de Honor” en el que puede leerse: “Pongo mi ministerio petrino a los pies de la ‘Virgen María’ de Montserrat, para que su intercesión maternal proteja a toda la Iglesia. Con mi afecto y bendición”.

 

Fuente: ACI Prensa
Primicias Rurales
El Papa en la Sagrada Familia, la Iglesia más alta del mundo: Levantemos el rostro de quienes yacen en el polvo

El Papa en la Sagrada Familia, la Iglesia más alta del mundo: Levantemos el rostro de quienes yacen en el polvo

El Papa León XIV celebró la Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, donde bendijo la torre de Jesucristo y llamó a los fieles a comprometerse con los más postergados.

Barcelona, jueves 11 junio (PR/26) — La tarde de este miércoles, 10 de junio, tras la oración ante el Santísimo y la tumba de Gaudí, el Papa León XIV celebró la Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona y bendijo la torre de Jesucristo. La noticia se volvió viral.
En su homilía alentó dijo que, “como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo».

“La Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”, estas fueron las palabras de aliento del Papa León XIV en la homilía que pronunció este miércoles, 10 de junio, en la Santa Misa celebrada en la Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona, en el marco de su Viaje Apostólico a España.

 

¡Qué glorioso es su nombre por toda la tierra!

 

Al iniciar su homilía, el Santo Padre agradeció a las autoridades civiles y religiosas, y todos los que se unieron en oración: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas.

“En esta tarde de fiesta para toda la ciudad y el pueblo, extiendo mi saludo agradecido a las autoridades públicas, así como a los miembros de otras comunidades cristianas y de otras religiones que participan en nuestra acción de gracias”.

 

El Papa en la Misa en la Sagrada Familia   (@Vatican Media)

 

Un signo de unidad y de concordia

 

Y hablando en catalán, el Pontífice señaló que, hoy la Basílica de la Sagrada Familia nos acoge en esta hermosa ciudad, abriendo sus puertas como si fueran sus brazos para invitar a cada uno a este altar, a escuchar la Palabra de Dios.

“Es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es com la ciutat comtal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo”.

Mientras damos gracias al Señor por su caridad hacia nosotros, precisó el Obispo de Roma, damos gracias en particular por esta extraordinaria basílica, que el Papa Benedicto XVI consagró en 2010, recordando que es signo visible del Dios invisible, por cuya gloria se alzan sus torres. Y en continuidad con la oración de mi Predecesor, agregó, dentro de unos momentos bendeciré la torre más alta, la de Jesucristo.

 

Todos nosotros somos las piedras vivas de la Iglesia

 

En este sentido, el Papa León dijo que, esta iglesia es un único edificio, compuesto por muchas piedras. Una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto.

“Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo”.

 

La Sagrada Familia de Barcelona   (@Vatican Media)

 

Somos templo del Espíritu Santo

 

Por ello, el Santo Padre subrayó que, no habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia.

“Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama. Puesto que somos templo del Espíritu Santo (cf. 1 Co 6,16.19), esta obra coincide con nuestra vida, que Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a colaborar con Él (cf. 1 Co 3,9)”.

 

«¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?»

 

A este respecto, guardamos en nuestro corazón las palabras que el Señor dirigió al rey David, precisó el Pontífice, cuando le dijo: «¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?» (2 Sam 7,5). Al contrario, «el Señor te anuncia que te va a edificar una casa» (v. 11).

“Con este anuncio, la Escritura nos enseña que no somos nosotros quienes damos un lugar a Dios, como si fuera un elemento de una serie o parte de un todo mayor que Él. Es Dios en cambio quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores”.

Un momento de la celebración Eucarística   (@Vatican Media)

 

Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros

 

Y comentando el Evangelio, el papa afirmó que, son Palabras fuertes, que no son en absoluto amenazas, ni un chantaje. Son una invitación a la salvación, es decir, un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno. Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor.

“Hecho hombre, Él se convierte para nosotros en el Emmanuel, fuente de gracia y perdón, de salvación y de vida nueva. Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”.

 

En la cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen

 

Y nuevamente hablando en catalán, el Santo Padre dijo que la Cruz de Cristo corona esta basílica. Las tres fachadas de la Sagrada Familia lo atestiguan: el Primero se hace el último por nosotros en la Natividad; con su sacrificio nos redime mediante la Pasión; su muerte nos da la vida eterna haciéndonos partícipes de la gloria divina.

 

 

“Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos. Mirando a Cristo podemos ver el mundo con ojos renovados: la torre de la cruz se convierte entonces en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza. En la cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen, como profesa la inscripción que se encuentra en la base de la aguja: ‘Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, tu solus Altissimus’. Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo”.

 

La Sagrada Familia de Barcelona   (@Vatican Media)

 

La luz de Cristo brilla en las tinieblas

 

Por ello, el Pontífice afirmó que, la luz de Cristo brilla en las tinieblas, aunque las tinieblas no la hayan acogido (cf. Jn 1,5.11). Sin embargo, este rechazo no hace que falte el amor de Dios: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre —dice el Señor— entonces sabréis que Yo Soy y que nada hago por mí mismo, sino que hablo como el Padre me ha enseñado» (Jn 8,28).

“Es necesario pasar por la pasión del Crucificado para ser iluminados por la gloria del Resucitado: desde siempre, en efecto, el Padre enseña a dar la vida y el Hijo, que la recibe de Él, la da a todos con el poder del Espíritu Santo. He aquí por qué la cruz es el signo luminoso de su amor. Cuando Cristo es elevado, su magnífica humanidad resplandece y nuestras obras glorifican a Dios. Son las obras de la fe, y el arte destaca entre ellas”.

 

El hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio

 

Es precisamente la fe la que da forma a las piedras y sentido al edificio que habitamos juntos. En nuestra oración descubrimos, por tanto, el vínculo originario de las cosas con Dios, creador del cielo y de la tierra: Él es el artista que ha impreso su esplendor en el cosmos. Creado a su imagen, el hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio: así es como el artista convierte el talento en alabanza y la creatividad en testimonio del mismo Creador. Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros.

“Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz. En su sabiduría, la Iglesia renueva así la Biblia pauperum de las antiguas catedrales, que son en sí mismas mensajes de evangelización de gran riqueza. En este tiempo de la imagen, resulta aún más evidente cómo el arte y la belleza son eminentes canales de evangelización”.

El Papa León durante la homilía   (@Vatican Media)

 

Levantar el rostro de quienes yacen en el polvo

Finalmente, el Papa León XIV destacó la la belleza de este templo que nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor el arte de vivir según su Evangelio. Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, dijo el Papa, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo (cf. 1 Sam 2,8).

“Y demostremos así que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”.

 

 

Fuente: Vatican News

 

Historia de la Iglesia de la Sagrada Familia

La Basílica de la Sagrada Familia, ubicada en Barcelona y considerada la iglesia más alta del mundo, alcanzará los 172,5 metros de altura una vez finalizada por completo la torre de Jesucristo, cuya aguja central está coronada por una gran cruz.

El proyecto comenzó en 1882, pero fue el célebre arquitecto Antoni Gaudí quien asumió el mando un año después y transformó radicalmente el diseño original en una obra maestra que combina el estilo gótico con el modernismo de formas orgánicas inspiradas en la naturaleza.

Gaudí dedicó 43 años de su vida de manera exclusiva a este templo, al que concebía como una «catequesis de piedra» destinada a narrar los misterios de la fe cristiana a través de sus imponentes fachadas y torres. Al momento de su trágica muerte en 1926  atropellado por un tranvía —año del cual se conmemora su centenario—, sólo se había construido alrededor del 25% del total del edificio.

Desde entonces, diversas generaciones de arquitectos y artesanos han continuado la construcción siguiendo minuciosamente los planos, maquetas y el concepto espiritual que el arquitecto catalán dejó como legado.

Antoni Gaudí es considerado Venerable por la Iglesia Católica, el paso previo a la beatificación.

El proceso para su canonización comenzó formalmente en el año 2000. Tras una exhaustiva investigación sobre su vida y sus virtudes, el Papa Francisco aprobó el decreto que reconoció oficialmente sus virtudes heroicas en diciembre de 2023, otorgándole el título de Venerable.

Este reconocimiento resalta que, más allá de su genialidad arquitectónica, Gaudí vivió una fe profunda, austera y mística, plasmada por completo en la concepción espiritual de la Sagrada Familia. Actualmente, para que sea declarado beato, la causa requiere la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión.

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El Papa León XIV en Barcelona: Un enérgico llamado a la unidad de la Iglesia en un mundo fragmentado

El Papa León XIV en Barcelona: Un enérgico llamado a la unidad de la Iglesia en un mundo fragmentado

Tras su paso por Madrid, el Papa León XIV llegó a Barcelona y, durante el rezo de la Hora Media en la catedral local, pronunció una homilía donde llamó a la Iglesia a ser testigo de comunión y paz en un mundo fragmentado.

 

 

Homilía del Papa León XIV durante el rezo de la Hora Media en la Catedral de Barcelona

El Papa León XIV durante el rezo de la Hora Media en la Catedral de Barcelona. | Crédito: Daniel Ibáñez / EWTN News.

Barcelona, miércoles 10 junio (PR/26) — A su llegada a Barcelona, tras su paso de más de tres días por Madrid, el Papa León XIV dirigió el rezo de la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia de Barcelona y pronunció una homilía, que ofrecemos íntegramente a continuación.

 

[Español y catalán]

Estimats germans i germanes,

Amb gran goig començo la meva visita resant l’Hora sexta en aquesta Catedral amb tots vosaltres.

Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría inicio mi visita rezando la Hora sexta en esta Catedral junto a vosotros.]

El Concilio Vaticano II define el Oficio divino como «la voz de la misma Esposa que habla al Esposo» (Sacrosanctum Concilium, 84) y «la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre» (ibíd.). También la Lectura que hemos escuchado subraya que todos «hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo» (1 Co 12,13). Podemos entonces dejarnos ayudar, en nuestra reflexión, precisamente por estas dos imágenes: la Esposa y el Cuerpo.

La primera nos recuerda que la Iglesia, y en particular esta asamblea, rica de dones y carismas y de la variedad de las historias de cada uno, es ante todo una Esposa amada. Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas. Él os ha elegido a vosotros para representar hoy la “comunidad de los santos” (cf. 1 Co 1,2) que está en Barcelona. Y es con esta conciencia que os invito a renovar, concordes, el propósito de caminar juntos, todos, fieles y Pastores, tras las huellas de Cristo, hacia la plenitud de la vida. La Iglesia es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios y, ante todo, crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor.

Sus palabras indican el clima que estamos llamados a difundir en nuestros ambientes, en las familias, en las parroquias, en los lugares de trabajo y de formación, en los ambientes de la Curia y en cualquier otro ámbito de vida: un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón.

Estimats amics, Barcelona, en aquest sentit, té una gran tradició d’Església. Ho recordava sant Joan Pau II quan, en la seva visita aquí, lloava «l’ànim acollidor que al llarg de la història ha dut als barcelonins i catalans, a tots vosaltres, a compartir la ciutadania humana i cristiana amb moltíssima gent» (Àngelus, Barcelona, 7 novembre 1982), i us animava a «proclamar davant l’Església que aquesta ciutat i aquesta regió són un lloc ampli i obert a la fraternitat cristiana» (ibíd.).

Amb les seves paraules trobem rostres de tants germans i germanes que entre vosaltres s’han entregat i s’entreguen per construir harmonia i comunió, més enllà de tota polarització. I també avui hi trobem confirmació en la vitalitat de tantes obres d’anunci, de formació i de caritat de les quals tots vosaltres sou animadors i protagonistes.

[Queridos amigos: Barcelona, en esto, tiene una gran tradición de Iglesia. Lo recordaba san Juan Pablo II cuando, en su visita aquí, alababa el «ánimo acogedor que a lo largo de la historia ha llevado a barceloneses y catalanes, a vosotros, a compartir ciudadanía humana y cristiana con innumerables gentes» (Ángelus, Barcelona, 7 noviembre 1982), y os animaba a «proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana» (ibíd.).

En sus palabras encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Y también hoy ellas se ven confirmadas en la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad de las que todos vosotros sois animadores y protagonistas.]

Esto nos lleva a la segunda imagen en la que queremos detenernos: la del cuerpo, objeto inmediato de la lectura que hemos escuchado (cf.1 Co 12,12-13). Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros, «hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5,9), todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad.También esto es importante, porque nos recuerda que para nosotros trabajar juntos no es una elección de “estilo”, sino una necesidad fisiológica, fundada en la gracia concedida a cada uno «según la medida del don de Cristo» (Ef 4,7), y a la que correspondemos poniendo en juego los carismas recibidos en el respeto de los ministerios confiados.

Es el Espíritu quien, como partes de una única estructura viva, nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza.

Como en un cuerpo, también entre nosotros hay miembros más fuertes y otros más débiles, algunos visibles, que desempeñan funciones evidentes hacia el exterior, otros escondidos, que actúan desde dentro, en algunos casos sin detenerse nunca y cumpliendo funciones vitales, sin que nadie siquiera se dé cuenta.

Son muchas las imágenes con las que podríamos ilustrar la variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros, pero el mensaje es siempre el mismo: en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos (cf. Ef 4,4). Por tanto, es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día.

Barcelona és anomenada “Cap i Casal de Catalunya”. Això dóna a aquesta comunitat, i a tots vosaltres, barcelonins i catalans, una vocació i una responsabilitat especial per convertir-vos, amb l’ajuda de Déu, en constructors d’unitat.

Ara venerarem les restes de santa Eulàlia copatrona d’aquesta Catedral, d’aquesta Arxidiòcesi i d’aquesta Ciutat.

[Barcelona es llamada “Cap i Casal de Catalunya”. Lo que da a esta comunidad, a todos vosotros, barceloneses y catalanes, una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad.

Dentro de poco veneraremos los restos de santa Eulalia, copatrona de esta Catedral, de esta Archidiócesis y de esta Ciudad.]

San Agustín, hablando de los Mártires, decía: «No nos parezca poca cosa el ser miembros de aquel de quien lo fueron aquellos con quienes no podemos equipararnos […] obedecemos al mismo Señor […], perseguimos la misma caridad y abrazamos la misma unidad» (Sermón 280, 6).

Queridos hermanos y hermanas: con este espíritu es que también nosotros, en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser “mártires”, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias. Como la virgen Eulalia y tantos otros mártires, queremos responder nuestro “sí”, dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre (cf. Mt 16,24-26).

Això ens ensenya el Crucificat, a això ens conviden l’apòstol Pau i els exemples dels sants, això volem fer plegats, segons l’oració de Jesús al Pare, durant el l’ Últim Sopar: « Que jo estigui en ells i tu en mi, perquè siguin plenament u. Així el món reconeixerà que tu m’has enviat i que els has estimat a ells com m’has estimat a mi» (Jo 17,23).

Que Maria, Mare de l’Església i Mare de la unitat, ens ajudi a ser fidels a aquest compromís i a aquesta missió. «Mare de Déu de la Mercè, pregueu per nosaltres».

[Esto nos enseña el Crucificado, a esto nos invitan el apóstol Pablo y los ejemplos de los santos, esto queremos hacer juntos, según la oración de Jesús al Padre, durante la Última Cena: «Yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí» (Jn 17,23).

Que María, Madre de la Iglesia y Madre de la unidad, nos ayude a ser fieles a este compromiso y a esta misión: «Santa Maria de la Mercè, pregueu per nosaltres».]

 

 

 

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Fuente: ACI Prensa
León XIV a la Virgen de la Almudena: Ayúdanos a ser constructores de paz

León XIV a la Virgen de la Almudena: Ayúdanos a ser constructores de paz

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

Foto: El Papa le entrega la Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena

 

El Pontífice presidió la oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la catedral madrileña, donde evocó la historia de la patrona de Madrid para invitar a los fieles a reconstruir la esperanza y fortalecer la unidad frente a los desafíos del mundo actual.

 

Madrid, martes 9 junio (PR/26) — En un clima de profunda devoción mariana, el Papa León XIV presidió este lunes 8 de junio de 2026 por la tarde la oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, en Madrid.

Ante numerosos fieles y autoridades eclesiásticas, en el marco del tercer día de su Viaje Apostólico a España, el Pontífice dirigió un mensaje centrado en la esperanza, la fe y la necesidad de superar las divisiones y temores que afectan a la sociedad contemporánea.

Las palabras del Pontífice fueron precedidas por un canto de bienvenida, un saludo del Cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, la oración y la lectura del Evangelio.

Al inicio de su homilía, el Santo Padre agradeció la acogida de don José y destacó la importancia espiritual de la Virgen de la Almudena para el pueblo madrileño.

Recordó que la patrona de Madrid ha acompañado durante siglos la vida de los creyentes y ha sido signo de protección y unidad en momentos difíciles de la historia.

León XIV evocó especialmente el episodio histórico en el que la imagen mariana fue escondida dentro de la muralla de la ciudad para protegerla durante tiempos de persecución religiosa.

Según la tradición, la talla permaneció oculta durante años hasta ser hallada intacta tras el derrumbe de un tramo del muro.

«Fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su pueblo. Y este hecho es providencial, porque señala el camino que Jesús, a través de su Madre Santísima, nos invita a recorrer», agregó el Papa, quien explicó: «En un primer momento, una muralla que cae provoca ruido, caos, desorden; pero también abre espacios, restaura posibilidades e impulsa restablecimientos».

El Pontífice utilizó esta imagen como símbolo para reflexionar sobre los desafíos actuales. «En nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan», afirmó.

También acotó que a veces, «al pensar en que derribarlas supone tener que enfrentar lo que no nos gusta, preferimos la comodidad de sólo apuntalarlas y, más frecuentemente, de ignorarlas».

 

 

 

No obstante, el mensaje de Nuestra Señora de la Almudena, con su presencia y la seguridad de su protección, es otro:

“Para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros, porque para reemprender la ruta son necesarios espacios que nos permitan vislumbrar el horizonte.”

Por ello, convencidos de que el Señor camina con su Pueblo santo, escucha sus temores y acoge con solicitud todos sus esfuerzos de bien, el Obispo de Roma exhortó a todos «a no desfallecer en vuestro testimonio de fe, para contemplar el designio de amor del Padre; de caridad, para uniros como una única familia de hermanos y hermanas; y de esperanza, para sosteneros en vuestra acción en el mundo».

Además, deseó que «con el ejemplo y la intercesión de Santa María la Real de la Almudena, la Virgen del Magníficat que sigue proclamando la grandeza del Señor y exultando en Dios su Salvador, Él custodie y fortalezca vuestro amor a Jesús y a la Iglesia, de modo que podáis ser constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia». Y haciendo suyas algunas palabras del himno dedicado a ella, encomendó a todos al potente auxilio de su maternal amor:

 

Santa María de la Almudena,

Virgen y Madre del Redentor,

Reina del Cielo, Madre de Amor,

bajo tu manto, Virgen sencilla

buscan tus hijos la protección,

Madre amorosa, Templo de Dios,

ampáranos Señora y ayúdanos a ser

constructores de paz y reconciliación.

Amén.

 

Posteriormente, el Pontífice depositó la Rosa de Oro y rezó junto a la asamblea antes de impartir la Bendición Apostólica. Para este momento tan especial, se quitó la peana que hay normalmente a los pies de la Virgen, en su camarín, y se instaló una nueva columna con un centro de plata.

La Rosa de Oro es una distinción pontificia de carácter extraordinario que los Papas conceden, de manera excepcional, a determinadas advocaciones marianas como signo de especial veneración y reconocimiento espiritual.

Este honor fue instituido en 1049 por el Papa León IX, antecesor en el nombre del actual Pontífice.

En sus primeros siglos, además de otorgarse a imágenes de la Virgen, también era concedido a figuras destacadas por su defensa de la fe católica.

Entre ellas estuvo la reina Isabel II, gran devota de la Virgen de la Almudena y donante de uno de sus mantos, quien recibió esta distinción en 1868.

Con la concesión a la Virgen de la Almudena, ya serán cuatro las advocaciones marianas españolas distinguidas con la Rosa de Oro, junto a la Virgen de la Cabeza de Jaén (2009), la Virgen de Montserrat (2023) y la Esperanza Macarena de Sevilla (2024).

 

 

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Fuente: Vatican News