Buenos Aires, martes 19 de mayo (PR/26) .- Un buscador de Dios. Pedro Angeleri de Morone lo es desde joven cuando distingue en el silencio y en la belleza de la naturaleza, la dimensión favorable para contemplar al Creador para servir a los hermanos. Nacido en una familia campesina en Isernia en 1215, el penúltimo de doce hijos, a temprana edad huérfano de padre, y enviado por su madre a los estudios eclesiásticos. Atraído por la vida monástica, entra en la Orden benedictina. A los 24 años se convirtió en sacerdote, pero pronto eligió la vida eremítica en el Monte Morone en Los Abruzos italianos.
La oración, la penitencia y el ayuno marcan sus días. No faltan las tentaciones: Pedro las vence aferrandose a la cruz. Atraído por él, muchos lo siguieron: pronto nace el primer núcleo de los Ermitaños de Maiella con la aprobación de Urbano IV. Disfrutando de la benevolencia del Cardenal Latino Malabranca y el Rey de Nápoles, Carlos II d’Angiò, conocido como Zoppo, los «Celestini» – se llamarán así – se expanden fundando monasterios y restaurando abadías caídas. El tiempo para Pedro está marcado por la oración ininterrumpida. En Europa, se difunde su fama como hombre de Dios y vienen a él, de todas partes, para recibir consejos y sanaciones. A todos les indica la conversión del corazón como camino hacia la paz, en un momento histórico desgarrado por tensiones, conflictos -incluso dentro de la Iglesia- y pestes.
Un hombre de oración, extraño a los conflictos
Es el 1292: tras la muerte del Papa Nicolás IV vienen 27 meses de Sede vacante. Los once cardenales electores no son capaces de encontrar un acuerdo, polarizados por el conflicto entre las familias Orsini y Colonna y presionados por el deseo del rey Carlos II de encontrar un candidato de su agrado. Desde el aislamiento en la celda, Pedro de Morone envía a los cardenales la profecía del inminente castigo divino, evitable sólo con la elección del Sumo Pontífice en los próximos meses. La fama del ermitaño, conocido por sus milagros y su íntegra conducta espiritual, lleva a los votantes a identificar en él al candidato ideal para superar el puesto. Encontrado en la cueva de Maiella por una delegación de prelados, Pedro al principio se niega, y luego comprende que es Dios quien lo llama a una responsabilidad tan alta. Sin embargo, rechaza la invitación de los cardenales para llegar a Perugia y, el 29 de agosto de 1294, memoria de San Juan Bautista, escoltado por el rey Carlos, va a L’Aquila, sentado en un burro, para recibir la tiara en la gran Iglesia de Santa María en Collemaggio, construida por él unos años antes. Él elige el nombre de Celestino V y pone en marcha el primer Jubileo de la historia, conocido como «Perdón».
Un Pontificado breve y sufrido
Pronto se da cuenta de que no es libre en el ejercicio del ministerio, empujado por aquellos en la Curia que esperan beneficiarse de su inexperiencia de gobierno. Convoca un Consistorio y nomina a 12 cardenales. Muchos critican amargamente la decisión del Papa de confiar en la protección de Carlos de d’Angiò y de transferir la sede de la Curia a Nápoles. Pronto se dio cuenta de ser un rehén de la corona. En la pequeña celda de Castillo Nuevo, que se convirtió en su hogar, madura la decisión de renunciar al Pontificado, respaldado también por la opinión del cardenal Benedicto Caetani, experto en derecho canónico, que lo sucedió con el nombre de Bonifacio VIII. «Yo Celestino V, impulsado por razones legítimas, por la humildad y debilidad de mi cuerpo y la malicia de las personas, con el fin de recuperar la tranquilidad perdida abandono libre y espontáneamente el Pontificado y renuncio expresamente al trono, a la dignidad, al honor y al honor que ello conlleva”. Con estas palabras, el 13 de diciembre de 1294, Celestino deja las vestiduras y toma el viejo hábito. Solo once días después viene elegido el nuevo Papa, quien hace llevar a Pedro, que inicialmente había huido a lugares desiertos, al castillo de Fumone. Aquí, en una estrecha celda, el ermitaño muere en oración el 19 de mayo de 1296. Resumidamente pasado a la historia como el «gran rechazo», deplorado por Dante en la Divina Comedia, es un ejemplo de libertad evangélica y santidad. De hecho, fue canonizado por Clemente V en 1313. Sus restos mortales conservados en la Basílica de Collemaggio son destino de constantes peregrinaciones. Una de las peregrinaciones más ilustres fue aquella de Benedicto XVI, en 2009, quien quiso dejar el palio que recibió al inicio de su Pontificado.
Lectura del primer libro de los Reyes 8, 22-23. 27-30
En aquellos días, Salomón se puso en pie ante el altar del Señor frente a toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo:
«Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú que guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón.
¿Habitará Dios con los hombres en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he erigido!
Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Señor, Dios mío. Escucha el clamor y la oración que tu siervo entona hoy en tu presencia. Que día y noche tus ojos se hallen abiertos hacia este templo, hacia este lugar del que declaraste: “Allí estará mi Nombre”. Atiende la plegaría que tu servidor entona en este lugar. Escucha la súplica que tu siervo y tu pueblo Israel entonen en este lugar. Escucha tú, desde el lugar de tu morada, desde el cielo, escucha y perdona».
Salmo de hoy
Salmo 83, 3. 4. 5 y 10. 11 R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R/.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. R/.
Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Fíjate, oh, Dios, escudo nuestro,
mira el rostro de tu Ungido. R/.
Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Y añadió:
«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu
padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».
Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
“¿Es posible que Dios habite en la tierra?”
Este fragmento del primer Libro de los Reyes, nos presenta el relato de la consagración del Templo que Salomón había construido al Señor. Se traslada el Arca de la Alianza que contiene las tablas de la ley, desde la tienda llamada del encuentro, que había levantado el rey David, al magnífico Templo en el que no se habían escatimado materiales de calidad y ornamentación muy rica.
El rey Salomón que había sucedido a su padre David al frente del pueblo de Israel, estaba consolidando y organizando todas la conquistas realizadas y, al mismo tiempo, construye el Templo que su padre había prometido hacer al “Nombre de Dios”, expresión que en el lenguaje de la época venía a significar verdaderamente a la persona y la representa, donde está el “Nombre de Yahvé” está Dios presente de una manera muy especial, pero no exclusiva.
Se crea un paralelismo entre la Alianza que Dios realizó con el pueblo en el Sinaí, y la promesa que Dios hizo a David que su reino y su casa perduraría, por lo que Salomón reconoce la fe en Yahvé como único Dios, y confía en que el pueblo de Israel cumplirá su compromiso con Dios.
Reconoce la magnificencia de Dios, que en su inmensa grandeza pueda habitar simplemente en el Templo, pues ni en los cielos ni en la tierra cabe Dios, pero le implora que dirija su mirada hacia él y hacia el pueblo que suplica, para que proteja al templo que quiso para que residiera su Nombre, y proteja al pueblo que le implora su ayuda.
El salmo 83 es un canto a la magnificencia de Dios. Alabando la morada del Señor, deseando gozar de su presencia pues “vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.
Hoy la Iglesia celebra la memoria de Santa Escolástica, hermana gemela de San Benito de Nursia, que como él se inclina hacia la vida monástica y, siguiendo el ejemplo de su hermano, fundó un monasterio en Piumarola, cerca de Montecasino, del que fue abadesa, y llevó una vida ejemplar entregada a la oración y al estudio de la Palabra de Dios.
“Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”
Jesús al ser increpado por los fariseos, porque sus discípulos no guardaban los preceptos de lavarse las manos antes de comer, y otras similares, les recrimina por fijarse más en las apariencias externas que respetar los fundamentos de la ley, que había sido desvirtuada al asociar a la misma una enorme cantidad de preceptos humanos.
Es verdad que muchos de estos preceptos tenían como fin el prevenir frente a enfermedades contagiosas, aunque la gran mayoría lo ignoraban, pero a los fariseos poco les importaba las distintas situaciones humanas, su objetivo último era el cumplimiento de la ley y, fundamentalmente, si la interpretación de la misma redundaba a favor suyo.
Jesús les pone un ejemplo incontestable, y es que los preceptos eximen de la ayuda a los padres ancianos, si los bienes con los que iban a ayudarles los declaraban como “corbán”, es decir, ofrenda al templo, con lo que el mandamiento de honrar a los padres, quedaba eximido por la donación al templo.
Desgraciadamente, no se tratan de problemas ancestrales, hoy en día se sigue dando más importancia a la forma externa que al núcleo de nuestra fe, y sobre todo si con esto se mantienen los privilegios de unos pocos.
Jesús nos está animando continuamente a mantenernos firmes en lo realmente importante, el amor a Dios y al prójimo, y olvidarnos un poco de todo lo accesorio.
¿Nos mantenemos firmes en nuestra fe, o tenemos una fe de quita y pon? ¿Le damos más importancia a la forma externa, o lo que nos importa realmente es el fondo de nuestras convicciones?
Nací en Valencia en febrero de 1951 y bautizado en la Pila Bautismal de San Vicente Ferrer, en el seno de una familia con valores religiosos. Soy Licenciado en Medicina y Cirugía con la especialidad en Obstetricia y Ginecología que he ejercido hasta la jubilación. Siempre he estado vinculado a movimientos eclesiales y en 1996, tras varios años colaborando con el convento de los P.P. Dominicos de El Vedat en Torrent, fuí admitido en la Fraternidad Laical de Santo Domingo de dicho convento. He sido elegido presidente de la misma y también Presidente Provincial en varias ocasiones. En noviembre de 2024 fuí designado Presidente del Consejo Nacional de la Familia Dominicana de España.
Buenos Aires, sábado 20 diciembre (PR/25) — Cada 20 de diciembre se celebra a Santo Domingo de Silos, abad de origen español, perteneciente a la Orden de San Benito.
Domingo nació en Cañas, La Rioja (España), alrededor del año 1000. Ingresó como monje al famoso monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, donde hizo grandes progresos en la vida espiritual.
A San Domingo se le reconoce por el don de la sabiduría, del que echó mano para estudiar con lucidez la Sagrada Escritura. Sin duda, algo que solo es posible si se acepta la guía del Espíritu Santo.
En San Millán llegó a ser prior. Para nadie que lo conociera era un secreto el amor que profesaba por su monasterio. Por eso, una de las primeras cosas que dispuso como autoridad fue la restauración del edificio que albergaba a los monjes, algo que logró en solo dos años, siendo que los problemas de la construcción habían subsistido por larguísimo tiempo.
A San Domingo se le reconoce por el don de la sabiduría, del que echó mano para estudiar con lucidez la Sagrada Escritura. Sin duda, algo que solo es posible si se acepta la guía del Espíritu Santo.
En San Millán llegó a ser prior. Para nadie que lo conociera era un secreto el amor que profesaba por su monasterio. Por eso, una de las primeras cosas que dispuso como autoridad fue la restauración del edificio que albergaba a los monjes, algo que logró en solo dos años, siendo que los problemas de la construcción habían subsistido por larguísimo tiempo.
“Sobre el alma no tienes ningún poder”
Cuenta la historia que el prior se enfrentó al mismísimo rey de Navarra, quien se apareció alguna vez a las puertas del monasterio para exigir la entrega de los ornamentos litúrgicos -cálices y copones- y cuanta cosa valiosa hubiera, con la intención de financiar los gastos de su próxima campaña militar.
Santo Domingo de Silos no dudó en salir al frente para negarle al rey aquello que pedía: «Puedes matar el cuerpo y la carne, puedes hacer sufrir, pero sobre el alma no tienes ningún poder. El evangelio me lo ha dicho, y a él debo creer que sólo al que al infierno puede echar el alma debo temer».
El rey de Navarra, lleno de indignación, desterró al abad Domingo. Al enterarse de lo ocurrido, el rey Fernando I de Castilla, lo mandó llamar para confiarle el monasterio de Silos, ubicado en un lugar apartado, casi en ruinas y considerado “estéril” por la ausencia de vocaciones.
Dios es quien libera
Santo Domingo de Silos también participó en la liberación de numerosos cristianos prisioneros de los moros. Logró que más de 300 de ellos fuesen soltados. En esos días, aquellos que eran tomados prisioneros por los musulmanes solían ser tratados como esclavos. Por esta razón, en el arte, a Domingo se le suele representar acompañado de hombres encadenados.
Santo Domingo de Silos murió el 20 de diciembre de 1073 y sus restos se conservan en el famoso monasterio que lleva su nombre.
¡Rézale a Santo Domingo!
De acuerdo a una vieja tradición, noventa y seis años después de la muerte de Santo Domingo de Silos, este se apareció en sueños a la madre del futuro fundador de la Orden de Predicadores: Santo Domingo de Guzmán. El monje benedictino le anunció a la mujer que tendría un hijo que llegaría a ser un gran apóstol.
Por eso, aquel niño recibió el nombre de “Domingo”, en honor al Santo de Silos. Por ello también, muchas madres españolas se encomiendan hasta hoy al santo, para pedir que sus hijos nazcan sanos y lleven una vida santa al crecer.