El presbítero Carlos Pérez fue una figura clave en el desarrollo de ese santuario mariano y gran impulsor de la causa de beatificación de la hermana María Crescencia Pérez.
San Nicolás de los Arroyos, sábado 6 junio (PR/26) — La comunidad diocesana de San Nicolás, Buenos Aires, despidió con profundo pesar al sacerdote Carlos Pérez, quien falleció el 4 de junio a los 87 años.
Ordenado sacerdote el 2 de junio de 1963 en Pergamino, dedicó toda su vida al servicio pastoral y se convirtió en una de las figuras más representativas de la historia reciente de la diócesis.
El presbítero Pérez fue el primer rector del santuario de María del Rosario de San Nicolás, desempeñando un papel fundamental en el crecimiento y consolidación de este importante centro de peregrinación mariana.
Bajo su guía pastoral se inauguró la primera etapa del santuario en marzo de 1989 y se concretó la culminación total de las obras en mayo de 2004.
Fue además confidente de a vidente Gladys Motta que recibió las apariciones de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás.
El 25 de septiembre de 1983, una vecina de San Nicolás de los Arroyos, Gladys Herminia Quiroga de Motta sintió mientras oraba en su casa que el mundo se iluminaba. Tenía ante sus ojos a la Virgen María. En la segunda aparición juntó coraje y le preguntó cuál era su deseo.
El 12 de octubre, Gladys compartió el suceso con el Padre Carlos Pérez, sobrino de la beata Crescencia Pérez.
Al día siguiente, la Virgen le dirigió la palabra por primera vez, y el 15 de noviembre, Gladys recibió un mensaje que resonaría profundamente: “Soy Patrona de esta región. Haced valer Mis derechos”.
Este título, aunque olvidado con el tiempo, estaba vinculado a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, quien había sido declarada como la primera patrona del curato de los Arroyos.
La historia de esta devoción se remonta al año 1884, cuando se inauguró el actual templo parroquial de San Nicolás de Bari en esa localidad del norte bonaerense.
Para la ocasión, se donó una hermosa imagen de la Virgen del Rosario, bendecida por el Papa León XIII en Roma.
En 1983, el 27 de noviembre, día de la Medalla Milagrosa y primer día de la Novena a San Nicolás, el Padre Pérez, confesor de Gladys y párroco de la catedral nicoleña, hizo un descubrimiento asombroso.
La imagen de Nuestra Señora del Rosario, que durante mucho tiempo estuvo en la catedral y ahora yacía en un depósito en el campanario, coincidía sorprendentemente con la descripción que Gladys había proporcionado de la Virgen.
En un emocionante momento, la Virgen se manifestó frente a la imagen y le comunicó a Gladys: “Me tienen olvidada, pero he resurgido.Ponedme allí, porque me ves tal cual soy”. La restauración inicial de la imagen fue realizada por la Sra. Alicia Cowan.
La noche del 24 de noviembre, poco antes del reconocimiento oficial de la imagen en el campanario, Gladys guió a un grupo de personas hasta el lugar elegido por la Santísima Madre para la construcción del templo.
En ese instante, un intenso rayo de luz descendió sobre el lugar, como hundiéndose en el suelo.
Una niña de nueve años también fue testigo de este fenómeno. Tres meses después, el suceso se repitió.
Retrato de Gladys Herminia Quiroga de Motta
El entonces obispo de San Nicolás, Monseñor Domingo Salvador Castagna, tomó las riendas de la situación y emprendió una investigación canónica sobre estos eventos.
La construcción del santuario se puso en marcha, y el 19 de marzo de 1989, la imagen de la Virgen fue trasladada desde la catedral al nuevo templo, a la vez que se bendijo la primera parte de la edificación.
El primer Rector del Santuario, el Padre Carlos Pérez, con la asistencia del Padre Pablo Montero y el Padre Hugo Detto, lideró este proyecto monumental.
El templo fue diseñado para albergar entre ocho y nueve mil personas de pie, a través de una planta baja y entrepisos especiales. Para los eventos al aire libre, se construyeron terrazas y explanadas. La cúpula, con 24 metros de diámetro, compuesta por 64 gajos de hormigón armado y revestida con placas de cobre, destacaba como un ícono arquitectónico.
En agosto de 1990, la ciudad recibió la visita ilustre del teólogo mariólogo francés René Laurentin, quien se adentró en el estudio del caso de las apariciones marianas que habían sacudido a esta comunidad.
Su profundo análisis dio lugar a la publicación de un libro de 163 páginas titulado “Una llamada de María en Argentina: las apariciones de San Nicolás”, arrojando luz sobre los eventos que habían capturado la atención de miles de creyentes.
Un momento emblemático de estas apariciones tuvo lugar el 25 de mayo de 2009, cuando Monseñor Cardelli, sucesor de Monseñor Castagna en el obispado de San Nicolás, coronó solemnemente la imagen de María del Rosario de San Nicolás.
Ante una multitud que se congregó para la celebración litúrgica, Mons. Cardelli, tras exclamar sus palabras de devoción, depositó la corona sobre la cabeza de la imagen. La respuesta de la multitud fue un estruendoso aplauso y vítores, un momento de profunda emoción y fe.
El 19 de marzo de 1989, la imagen de la Virgen fue trasladada desde la catedral al nuevo templo que puede alojar entre 8000 y 9000 fieles (NA)
Sin embargo, en un giro infortunado, el 22 de noviembre de 2012, las coronas que adornaban a la imagen fueron robadas y nunca se recuperaron, ni se encontraron rastros de los ladrones o las coronas originales.
El 25 de mayo de 2014, se inauguró el interior del Santuario en su totalidad, un hito en la historia de San Nicolás. Gladys continuó viendo a la Virgen y recibiendo sus mensajes, que compartía con previa autorización del Obispo.
La ciudad fue testigo de eventos extraordinarios, como la danza del Sol (la posibilidad de ver al astro de frente y sin encandilarse), figuras de rosarios iluminados en las puertas de las casas y un penetrante aroma a rosas en el campo que rodea al templo.
El 22 de mayo de 2016, Monseñor Héctor Cardelli, en una misa dedicada a los peregrinos, promulgó un decreto que otorgaba veracidad a las apariciones marianas en San Nicolás. En sus palabras, declaró: “En virtud de todo lo afirmado… reconozco el carácter sobrenatural de los felices acontecimientos con los que Dios a través de su hija predilecta, Jesús por medio de su Santísima Madre, el Espíritu Santo por medio de su dilecta esposa, ha querido manifestarse amorosamente en nuestra diócesis”. Este acto significativo confirmó la autenticidad de las apariciones en el ámbito diocesano.
Posteriormente, Monseñor Héctor Cardelli fue sucedido en la diócesis por Mons. Hugo Santiago, quien en marzo de 2017, en un video dirigido a los creyentes, explicó que, después de solicitar una autorización al Vaticano, se dejarían de difundir los mensajes que la Virgen María había expresado a la creyente Gladys Motta. Este cambio marcó un nuevo capítulo en la relación entre las apariciones y la Iglesia.
Qué dice la Iglesia sobre las apariciones
La Iglesia Católica, guardiana de la fe cristiana, sostiene que la revelación oficial y pública concluyó con la partida del último de los apóstoles, abarcando todo lo necesario para la salvación eterna. Sin embargo, abrió las puertas a la posibilidad de revelaciones privadas, como apariciones, visiones y mensajes, tanto divinos como de los santos, incluida la Virgen María. Estos episodios, a lo largo de la historia, han generado respuestas diversas por parte de la Iglesia, desde la indiferencia hasta la enérgica desaprobación, con raras aprobaciones explícitas.
La ciudad de San Nicolás se convierte en un faro espiritual que a cientos de miles de fieles (Fundacion Ninawa Daher)
La restauración inicial de la imagen de la Virgen del Rosario de San Nicolás fue realizada por Alicia Cowan
La naturaleza o forma de la visión también se somete a escrutinio. ¿Cómo se manifiesta la aparición? ¿Qué elementos la acompañan? Estos interrogantes son fundamentales para evaluar la singularidad y autenticidad del evento religioso.
Por último, la finalidad de la visión o aparición se analiza meticulosamente. ¿Cuál es el propósito detrás de esta manifestación divina? ¿Qué efecto busca lograr en los creyentes? Estas respuestas ayudan a contextualizar la aparición en el marco de la fe cristiana.
Es crucial comprender que, en este proceso, la autoridad para conceder veracidad a una aparición no recae en la Santa Sede, como se cree comúnmente, sino en el Obispo del lugar donde ocurre el fenómeno. Es el Obispo quien debe velar por la piedad de los fieles y tomar medidas cuando se trata de juzgar las supuestas apariciones o visiones dentro de su diócesis. Aunque puede solicitar asistencia a la “Congregación para la Doctrina de la Fe” en Roma, esto se hace a modo de sugerencia y no constituye una aprobación directa.
En este contexto, es importante destacar que un católico puede optar por creer o no en una aparición o manifestación privada sin que esto afecte su fe en los dogmas fundamentales de la religión. La devoción a la Virgen María se basa en la “hiperdulía”, es decir, el culto como mediadora ante Dios. Las imágenes y objetos de veneración, lejos de poseer poderes mágicos, funcionan como recordatorios y expresiones de afecto.
La adoración de estatuas, contrariamente a lo que se piensa, constituiría idolatría, una creencia no compartida por la mayoría de los católicos, ortodoxos y algunas ramas de la Iglesia Anglicana. En lugar de ello, estos actos representan una demostración de cariño hacia aquellos que ya no están o están lejos.
A pesar de la diversidad de devociones marianas entre los fieles católicos y ortodoxos, el mensaje central de la Virgen María para los devotos cristianos es claro y unificador: “Hagan todo lo que Jesús les diga”. Esta enseñanza se mantiene como un faro de fe y guía espiritual para aquellos que buscan una conexión más profunda con lo divino a través de la devoción mariana en San Nicolás de los Arroyos.
El Padre Pérez siempre presente en San Nicolás
La comunidad diocesana de San Nicolás despide con profundo pesar al sacerdote Carlos Pérez, quien falleció el 4 de junio a los 87 años. Ordenado sacerdote el 2 de junio de 1963 en Pergamino, dedicó toda su vida al servicio pastoral y se convirtió en una de las figuras más representativas de la historia reciente de la diócesis.
El presbítero Pérez fue el primer rector del santuario de María del Rosario de San Nicolás, desempeñando un papel fundamental en el crecimiento y consolidación de este importante centro de peregrinación mariana.
Bajo su guía pastoral se inauguró la primera etapa del santuario en marzo de 1989 y se concretó la culminación total de las obras en mayo de 2004.
En reconocimiento a su trayectoria y servicio a la Iglesia, el papa Francisco lo había distinguido con el título honorífico de capellán de Su Santidad, lo que le otorgó el tratamiento de Monseñor.
Además de su labor pastoral como párroco y rector, se destacó por su compromiso con la promoción de la causa de beatificación de la hermana María Crescencia Pérez, religiosa de Ntra. Sra. del Huerto, tarea a la que dedicó numerosos esfuerzos y años de trabajo.
Sus restos fueron velados en el Santuario de María del Rosario de San Nicolás y la misa exequial, este viernes 5 de junio a las 15, fue presidida por el obispo, monseñor Hugo Santiago.
Posteriormente, recibió sepultura en la cripta de ese santuario, lugar estrechamente vinculado a su ministerio y legado pastoral.
Una vida marcada labor pastoral
El presbítero Carlos Pérez había nacido en Guerrico, partido de Pergamino, en la provincia de Buenos Aires y su relación con la beata María Crescencia Pérez era muy cercana ya que ella fue su tía paterna.
El sacerdote desempeñó un papel crucial en la preservación de su memoria y en el proceso de su beatificación. Es autor de la obra «María Crescencia Pérez: La Violeta del Huerto», que recopila cartas y testimonios sobre la vida de la religiosa.
Su vínculo con la Virgen de San Nicolás y el santuario lo llevó a convertirse en uno de los protagonistas históricos del acontecimiento mariano de San Nicolás iniciado en septiembre de 1983. Fue el «confesor» designado de Gladys Quiroga de Motta, la vidente, siendo él a quien ella contó las apariciones por primera vez el 12 de octubre de 1983.
Es también autor del libro «Soy tu Madre», que relata la visión testimonial de ese acontecimiento mariano.
Su labor junto al arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Castagna fue fundamental para que el santuario se convirtiera en uno de los centros de peregrinación más importantes de Argentina.
En el primer aniversario de su pontificado, el Papa León XIV presidió una multitudinaria misa en Pompeya, Italia, donde advirtió que sólo el amor divino podrá salvar al mundo y llamó a fortalecer la oración por la paz y la familia.
El Papa León XIV durante la Misa este 8 de mayo en Pompeya | Crédito: Daniel Ibáñez/ EWTN News
Ciudad del Vaticano, sábado 9 mayo (PR/26) — Tras venerar los restos de San Bartolo Longo, el Papa León XIV presidió una Misa en la plaza que lleva el nombre de este santo —que él mismo canonizó el pasado octubre—, y que fue fundador del santuario de Pompeya, donde el Papa ha celebrado este 8 de mayo el primer aniversario de su pontificado.
Ante cerca de veinte mil fieles reunidos en la explanada, el Santo Padre recordó a San Bartolo Longo quien, junto a su esposa, pusieron hace 150 años la primera piedra “de toda una ciudad mariana”, después de que Pompeya quedó enterrada tras la erupción del Vesubio en el año 79 d.C.
Miles de fieles esperan al Papa León XIV en la plaza de San Bartolo Longo de Pompeya. Crédito: Daniel Ibáñez/EWTN News
El Papa León XIV recordó que este 8 de mayo le fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, coincidiendo con la jornada de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. “Debía por tanto venir aquí, a poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa”, aseguró.
Al reflexionar sobre el Evangelio de la Anunciación, el Pontífice precisó que se trata de una invitación a la alegría: “Dice a María, y en ella a todos nosotros, que sobre las ruinas de nuestra humanidad probada por el pecado y por ello siempre inclinada a prevaricaciones, opresiones y guerras, ha venido la caricia de Dios, la caricia de la misericordia, que en Jesús toma un rostro humano”.
Fieles sujetan un Rosario durante la Misa del Papa León XIV. Crédito: Daniel Ibáñez/ EWTN News
El Rosario, un acto de amor
Así, destacó el Pontífice, “María se convierte “en Madre de la misericordia”. Este momento de la historia, añadió, “tiene una dulzura y una fuerza que atraen el corazón y lo elevan a esa altura contemplativa donde germina la oración del Santo Rosario”.
A continuación, el Papa León XIV ofreció a los fieles una hermosa reflexión sobre esta oración “popular y sencilla”, ligada a la Bienaventurada Virgen María del Santo Rosario de Pompeya.
“La repetición de esta oración en el Rosario es como el eco del saludo de Gabriel, un eco que atraviesa los siglos y guía la mirada del creyente hacia Jesús, visto con los ojos y el corazón de la Madre”, señaló.
León XIV subrayó también que la oración del Rosario es un acto de amor: “¿No es propio del amor repetir sin cansarse: ‘¿Te quiero’? Un acto de amor que, en las cuentas del rosario, como bien se ve en el cuadro mariano de este Santuario, nos hace remontarnos a Jesús y nos lleva a la Eucaristía”.
En este contexto, puntualizó que el Rosario “tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico”. Si el Rosario es rezado y celebrado, agregó el Pontífice, se convierte en “fuente de caridad”. Por ello, se refirió a San Bartolo Longo como el apóstol del Rosario y también de la caridad.
El Papa destaca la familia y la paz como las necesidades actuales más urgentes. Crédito: Daniel Ibáñez/ EWTN News
Las necesidades del mundo: la familia y la paz
En este sentido, indicó que esta oración “impulsa la mirada hacia las necesidades del mundo”, especialmente la familia, “que sufre el debilitamiento del vínculo conyugal”, y la paz, “puesta en peligro por las tensiones internacionales y por una economía que prefiere el comercio de armas al respeto de la vida humana”.
También recordó que el próximo año se cumplirán 25 años desde que San Juan Pablo II convocó el Año del Rosario. Al dirigir su mirada a la actualidad, el Papa León lamentó que “los tiempos desde entonces no han mejorado”.
“Las guerras que aún se combaten en tantas regiones del mundo piden un renovado compromiso no solo económico y político, sino también espiritual y religioso. La paz nace dentro del corazón”, indicó.
Tras subrayar la importancia de rezar por la paz, aseguró que “no podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos presentan las crónicas”, y recordó con esperanza que “Jesús nos ha dicho que todo puede obtener la oración hecha con fe”.
A modo de conclusión, remarcó que “ninguna potencia terrenal salvará el mundo, sino solo la potencia divina del amor, esta potencia divina del amor que Jesús, el Señor, nos ha revelado y donado”.
La tradicional travesía de tres kilómetros por el arroyo Yaguarón reunió este año a más de 450 fieles y nadadores, en una jornada marcada por la devoción mariana, la solidaridad y el sentido comunitario.
San Nicolás de los Arroyos, Buenos Aires, viernes 12 diciembre (PR/25) — La procesión acuática, a nado que se realiza cada 8 de diciembre en honor a la Virgen del Rosario de San Nicolás, volvió a convertirse en uno de los eventos más emotivos del calendario religioso local con la participación de unos 450 fieles y nadadores.
El recorrido se desarrolló sobre el arroyo Yaguarón —curso de agua que marca el límite entre Santa Fe y Buenos Aires, con una cuenca de más de 3.200 km² y desembocadura en el río Paraná— cuya tranquilidad matinal acompañó el movimiento ondulante de los nadadores.
La imagen de la Virgen encabezó la travesía
Antes de iniciar la marcha acuática, los organizadores invitaron a los presentes a “llevar a María brazada tras brazada”, mientras una estatua de la Virgen del Rosario de San Nicolás encabezaba la procesión desde una embarcación especialmente acondicionada con flores celestes y blancas.
A su paso, vecinos y fieles saludaron desde la costa con pañuelos, canciones marianas y promesas personales.
Bendición y acompañamiento pastoral
El acto inaugural contó con la presencia del obispo de San Nicolás de los Arroyos, monseñor Hugo Santiago, quien impartió una bendición especial antes del ingreso al agua. También participaron el presbítero Damián Vidano y representantes de distintas comunidades parroquiales, que animaron a los nadadores a ofrecer su esfuerzo “por la paz, la esperanza y las intenciones del corazón”.
La jornada coincidió con la solemnidad de la Inmaculada Concepción, lo que sumó un matiz espiritual aún mayor.
Un gesto de fe intergeneracional y solidario
Entre los participantes predominó la generación silver (más de 50 años), aunque también se sumaron jóvenes y algunas familias que decidieron nadar juntas. Cerca de un tercio de los inscriptos lo hizo por primera vez, muchos de ellos cumpliendo promesas personales o agradecimientos.
Además, se recolectaron alimentos no perecederos destinados al comedor Inmaculada Concepción, que atiende diariamente a familias de San Nicolás, reforzando el espíritu solidario del evento.
Seguridad garantizada durante todo el trayecto
La travesía, que no tiene carácter competitivo, fue supervisada por efectivos de la Prefectura Naval Argentina y voluntarios de la Cruz Roja, quienes acompañaron el desplazamiento de los nadadores con embarcaciones de apoyo y equipos de rescate. “Es una actividad de fe, no una carrera. Requiere preparación y discernimiento”, recordaron los organizadores.
Una tradición que crece año a año
Con el correr de los años, la procesión a nado del Yaguarón se convirtió en un símbolo de la religiosidad popular nicoleña.
La presencia de la Virgen flotando sobre el arroyo, acompañada por cientos de fieles en el agua, volvió a ofrecer una postal inolvidable: un gesto de unidad, entrega y esperanza compartida.