En el Domingo del Buen Pastor, el Santo Padre ordenó a diez nuevos presbíteros para la diócesis de Roma, instándolos a ser canales de fe y no filtros. Durante su homilía, destacó la importancia de mantener las puertas abiertas de la Iglesia y acompañar a los fieles en sus realidades cotidianas con paciencia y ternura.
Renato Martínez – Ciudad del Vaticano
Ciudad del Vaticano, martes 28 abril (PR/26) — Este Domingo del Buen Pastor, con ocasión de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Santo Padre ha ordenado diez nuevos presbíteros para la diócesis de Roma. En su homilía el Papa alentó a los neo-presbíteros a ¡mantener la puerta abierta! “Dejen entrar y estén listos para salir. Es otro secreto para sus vidas: ustedes son un canal, no un filtro”.
“Aquellos para quienes serán sacerdotes —fieles laicos y familias, jóvenes y ancianos, niños y enfermos— habitan praderas que ustedes deben conocer. A veces les parecerá que no tienen los mapas; pero los posee el Buen Pastor, del que tienen que escuchar su voz, tan familiar”, lo dijo el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió en la Basílica de San Pedro, este 26 de abril, Domingo del Buen Pastor y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, en el cual ordenó a diez nuevos presbíteros para la diócesis de Roma.
¡Este es un domingo lleno de vida!
Al iniciar su homilía, el Santo Padre dijo que, en la disponibilidad de los jóvenes que la Iglesia hoy pide que sean ordenados presbíteros constatamos mucha generosidad y entusiasmo. Y que este es un domingo lleno de vida porque al reunirnos, tan numerosos y diferentes, en torno al único Maestro, advertimos una fuerza que nos renueva.
“Es el Espíritu Santo, que une personas y vocaciones en la libertad, de modo que ninguno viva más para sí mismo. El domingo —cada domingo— nos llama a salir del “sepulcro” del aislamiento y de la cerrazón para encontrarnos en el jardín de la comunión, del que el Resucitado es el guardián”.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA
El sacerdocio es un ministerio de comunión
Y dirigiéndose a los candidatos al sacerdocio el Pontífice les reveló un primer secreto en la vida del sacerdote, es decir, “cuanto más profunda es su unión con Cristo, más radical es su pertenencia a la común humanidad”. Por ello, el servicio del sacerdote, al que la llamada de estos hermanos nos invita a reflexionar, es un ministerio de comunión.
“Este misterio vivo y dinámico compromete el corazón a un amor indisoluble; lo compromete y lo llena. Ciertamente, como el amor de los esposos, también el amor que inspira el celibato por el Reino de Dios debe cuidarse y renovarse siempre, porque todo afecto verdadero madura y se vuelve fecundo con el tiempo. Están llamados a un modo de amar específico, delicado y difícil y, aún más, a un modo de dejarse amar en la libertad. Un modo que podrá hacer de ustedes, no sólo buenos sacerdotes, sino también ciudadanos honestos, disponibles, constructores de paz y de amistad social”.
La realidad no debe darnos miedo
Y al comentar el Evangelio de este IV Domingo de Pascua, el Papa León destacó la referencia de Jesús a figuras y a gestos de agresión, y dijo que “hay un gran realismo en las palabras del Señor” porque conoce la crueldad del mundo en el que camina con nosotros. Con sus palabras evoca formas de agresión física, pero sobre todo espiritual. Sin embargo, esto no lo disuade de dar la vida.
“La denuncia no se vuelve renuncia, el peligro no lleva a la fuga. Este es un segundo secreto del sacerdote: la realidad no debe darnos miedo. El que nos llama es el Señor de la vida. Que el ministerio que se les confía, queridos hermanos, comunique la paz del que, aun en medio de peligros, sabe por qué se siente seguro”.
Que su seguridad no resida en el rol que desempeñan
En este sentido, el Santo Padre instó a los ordenados a que su seguridad no resida en el rol que desempeñan, sino en la vida, muerte y resurrección de Jesús, en la historia de salvación en la que participan con su pueblo. Ya que hoy, la necesidad de seguridad vuelve los ánimos agresivos, encierra a las comunidades en sí mismas, instiga a buscar enemigos y chivos expiatorios.
“Es una salvación que ya actúa en tanto bien que se hace silenciosamente, entre personas de buena voluntad, en las parroquias y en los ambientes a los que ustedes se harán cercanos, como compañeros de viaje. Lo que anuncian y celebran los protegerá también en situaciones y en tiempos difíciles”.
Reunir es siempre establecer la Iglesia
Asimismo, el Santo Padre alentó a los nuevos presbíteros a crear comunidad, allí donde serán enviados son lugares donde el Resucitado ya está presente, donde muchos ya lo han seguido de manera ejemplar. Reconocerán sus llagas, distinguirán su voz, encontrarán a quienes se lo indicarán. Son comunidades que los ayudarán también a ustedes a ser santos. Y ustedes ayúdenlas a caminar unidas en pos de Jesús, el Buen Pastor, para que sean lugares —jardines— de la vida que renace y se comunica.
“Con frecuencia, lo que les falta a las personas es un lugar donde experimentar que juntos es mejor, que juntos es hermoso, que es posible vivir juntos. Facilitar el encuentro, ayudar a reunirse con quienes de otro modo no se conocerían nunca y acercar a los contrarios está íntimamente unido a la celebración de la Eucaristía y la Reconciliación. Reunir es, siempre y nuevamente, establecer la Iglesia”.
«Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas»
Luego, el Pontífice comentó la imagen de Jesús en el Evangelio cuando se describe como el “pastor”, pero parece que quienes lo escuchan no lo entienden; entonces, cambia la metáfora: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas» (Jn 10,7).
“En Jerusalén había una puerta que se llamaba precisamente así, “la puerta de las ovejas”, cerca de la piscina de Betsaida. Por allí entraban en el templo las ovejas y los corderos, antes de ser sumergidos en el agua y luego destinados a los sacrificios. Es espontáneo pensar en el Bautismo”.
La puerta a una vida en abundancia
Y continuando con la imagen de la puerta, el Papa dijo que, el Jubileo nos ha mostrado cómo esta imagen sigue hablando al corazón de millones de personas. Durante siglos la puerta —a menudo un auténtico portal— ha invitado a cruzar el umbral de la Iglesia. En algunos casos, la fuente bautismal se construía en el exterior, como la antigua piscina probática, bajo cuyos pórticos «yacía una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos».
“Al iniciar a otros en la fe, reavivarán la propia fe. Junto con los otros bautizados, cruzarán cada día el umbral del Misterio, ese umbral que tiene el rostro y el nombre de Jesús. Nunca oculten esta puerta santa, no la cierren, no sean un obstáculo para el que quiere entrar. «No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden» (Lc 11,52): es el reproche amargo de Jesús a aquellos que escondieron la llave de un paso que debía ser accesible a todos”.
Algunos candidatos al sacramento de la ordenación sacerdotal (@Vatican Media)
Ustedes son un canal, no un filtro
Hoy más que nunca, indicó el Santo Padre, especialmente cuando los números parecen marcar una distancia entre las personas y la Iglesia, ¡mantengan la puerta abierta! Dejen entrar y estén listos para salir. Es otro secreto para sus vidas: ustedes son un canal, no un filtro. Muchos creen que ya saben lo que hay detrás de ese umbral.
“Llevan consigo recuerdos, quizás de un pasado lejano; a menudo hay algo vivo que no se ha apagado y que los atrae; pero otras veces hay algo más, que aún sangra y provoca rechazo. El Señor lo sabe y espera. Sean reflejo de su paciencia y de su ternura. ¡Ustedes son de todos y para todos! Que este sea el perfil fundamental de su misión: mantener libre el umbral y señalarlo, sin necesidad de muchas palabras”.
Jesús no sofoca nuestra libertad
Por otra parte, el Obispo de Roma indicó que Jesús no sofoca nuestra libertad. Y advirtió que, hay afiliaciones que sofocan, compañías donde es fácil entrar y casi imposible salir. No es así la Iglesia del Señor, no es así la compañía de sus discípulos.
“Quien es salvado, dice Jesús, ‘entra, sale y encuentra su alimento’. Todos buscamos protección, descanso y cuidado: la puerta de la Iglesia está abierta. No para desentendernos de la vida; la vida no se agota en la parroquia, en la asociación, en el movimiento ni en el grupo. Quien es salvado sale y encuentra su alimento”.
Basílica de San Pedro en la Misa de ordenación (@Vatican Media)
Dios hace crecer sin que nosotros lo hayamos sembrado
Finalmente, el Papa León XIV alentó a los ordenados a salir al encuentro de la cultura, de la gente, de la vida. “Admiren aquello que Dios hace crecer sin que nosotros lo hayamos sembrado. Aquellos para quienes serán sacerdotes —fieles laicos y familias, jóvenes y ancianos, niños y enfermos— habitan praderas que ustedes deben conocer. A veces les parecerá que no tienen los mapas; pero los posee el Buen Pastor, del que tienen que escuchar su voz, tan familiar.
“¡Cuántas personas hoy se sienten perdidas! A muchos les parece que ya no pueden orientarse. No hay entonces testimonio más hermoso de aquel que confía: «Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre» (Sal 23,2-3). Su nombre es Jesús, “Dios salva”. Ustedes son testigos de esto. «Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida» (v. 6)”.
España, lunes 9 febrero (PR/26) — En 2022 inició el proceso de canonización de Elena Calero, una joven española con una trayectoria ordinaria marcada por la alegría, la oración y la entrega
¿Pronto habrá una nueva santa para los millennials? En octubre de 2022, la Iglesia católica inició el proceso de beatificación de Elena Calero Bahamonde, una joven española fallecida en 2014 a los 23 años, hoy Sierva de Dios. Una vida breve, llena de sencillez, que dio muchos frutos.
La alegre sencillez de la fe
Elena nació en 1990 en Madrid, en el seno de una familia cristiana. Sencilla, tranquila, alegre, siempre atenta a los demás, canta, baila y sueña con sus hermanas. Una adolescente con una vida normal. Sin embargo, hay una etapa que la marca profundamente: la preparación de su confirmación. En ella profundiza en su fe y la elige de verdad.
Estudiante de economía, Elena tiene novio y proyectos de futuro. Lo que la distingue de los demás es su amor por la Eucaristía. «Estaba profundamente enamorada de Cristo, Él era el centro de su vida», testimonia su hermana Belén. Primero comprometida con su parroquia, Elena encuentra luego su lugar en un grupo de jóvenes donde madura su apego y devoción por la Presencia Real.
Elena sabe que la Iglesia vive de la Eucaristía y que, sin sacerdotes, no hay sacramentos. Casi todos sus mensajes terminan con una oración por los seminaristas y las vocaciones. Su devoción no es una idea abstracta, sino un compromiso vivido. «Quiero ofrecer mi sufrimiento por los sacerdotes y por nuevas vocaciones», escribe más tarde en uno de sus cuadernos.
«Sin oración, nada es posible»
El núcleo de la espiritualidad de Elena reside en su apego a la oración. Para ella, rezar es tan vital como respirar, comer o dormir. Asiste a misa casi todos los días y permanece largo rato en silencio ante el Santísimo Sacramento. Todos los viernes participa en la Adoración y, a menudo, se detiene en una iglesia de camino a casa después de clase para rezar.
«Primero la oración. Sin oración, nada es posible», le gusta repetir a menudo. Un apego que da frutos en el corazón de sus compromisos más concretos. Cuando el grupo de jóvenes en el que participa se queda sin aliento, la joven vela discretamente para que no se apague.
Para animar a la oración comunitaria, cada semana envía por correo electrónico una cita de un santo. Reconocida naturalmente como líder, Elena se distingue más por su ejemplo que por su deseo de dirigir. Muchos también dan testimonio de la forma en que presta atención a los más vulnerables, para que nadie quede nunca marginado.
Elena Calero, Servante de Dieu espagnole
https://www.causaelenacalerobaamonde.es/
«El Señor me llama a seguirlo más de cerca»
Pero el 18 de junio de 2013, tras un simple análisis de sangre, le diagnostican leucemia mieloide crónica. Al principio, la joven espera una rápida recuperación. Poco a poco, Elena percibe su enfermedad como una llamada personal de Dios. En sus notas, medita sobre el sufrimiento:
«A veces, surgen obstáculos en nuestro camino. Nos gustaría rebelarnos, decirle al Señor que es demasiado. Pero en lugar de entregarle nuestras penas, desperdiciamos nuestras pocas fuerzas en quejarnos».
Nunca se pregunta «¿por qué?». Una sola pregunta la acompaña a lo largo de su enfermedad: «¿Cómo ofrecer lo que está pasando?»
Durante los meses más difíciles, elabora una lista de personas e intenciones a las que dedica sus sufrimientos: el Papa, los sacerdotes, su familia, los médicos…
Incluso en la prueba, repite: «No sirve de nada decir ‘Hágase tu voluntad’ si no estoy dispuesta a darte lo que me pides. ¡Cómo se entristece y se vacía nuestro corazón si rechazamos la mano tendida de Dios!». Un año después del diagnóstico, también testimonia: «El Señor me llama a seguirlo cada vez más de cerca, sin miedo, sin vacilar, solo por amor».
Unida a la Cruz
Con el agravamiento de la enfermedad, Elena se somete a quimioterapia, trasplante de médula ósea y semanas de hospitalización, sin quejarse nunca. Al contrario, cada noche se entrega a Dios, rezando ante la cruz de su habitación. Aunque muy debilitada, peregrina a Covadonga, santuario del norte de España, y simplemente dice: «Voy a ver a mi Madre».
Postrada en cama y moribunda en otoño de 2014, pensaba aún más en los demás. Durante los últimos días de su corta vida, afectada por una encefalitis herpética que le provocaba fiebre, convulsiones y alucinaciones, aún conseguía pedir, con gestos, la cruz y la Eucaristía.
Su obispo fue a visitarla al hospital: el rostro de Elena, aunque marcado por la enfermedad, brillaba de esperanza. Con un esfuerzo inmenso, recibe la comunión y la unción de los enfermos. El 20 de noviembre de 2014, a los 23 años, Elena regresa a la casa del Padre. Su rostro resplandece con una paz profunda. Su padre dirá más tarde que la veía como a Jesús en el sepulcro: marcada por el sufrimiento, transfigurada por la confianza.
La misa fúnebre de Elena reúne a una multitud de jóvenes. El ambiente no es triste, sino que está impregnado de una profunda esperanza. Un testimonio que dice simplemente que la juventud es también un periodo para vivir con Cristo. Incluso una vida ordinaria, en la que conviven la oración, la alegría, la fiesta y las amistades, puede dar grandes frutos.
Con su existencia, la joven nos recuerda que el verdadero tesoro reside en el amor que se ofrece en cada pequeña cosa y en la acción de gracias. Una alabanza a Dios en cada cosa, que Elena expresaba con estas palabras: «Todo lo que tengo me lo has dado tú, Señor».
En un encuentro marcado por la cercanía pastoral, el pontífice escuchó la realidad de la arquidiócesis de Santiago del Estero y alentó el camino misionero, juvenil y sinodal de la Iglesia santiagueña.
Ciudad del Vaticano, sábado 10 enero (PR/25) — El cardenal Vicente Bokalic CM, arzobispo de Santiago del Estero y primado de la Argentina, mantuvo el 7 de enero una audiencia privada con el papa León XIV, que -según un comunicado de la arquidiócesis- se desarrolló en un clima de cordialidad, escucha atenta y profunda cercanía pastoral.
El encuentro tuvo lugar en una sala contigua al Aula Pablo VI y se extendió durante aproximadamente 30 minutos.
Durante el diálogo, el arzobispo de Santiago del Estero pudo compartir con el pontífice la realidad pastoral de la arquidiócesis, la situación de sus parroquias y diversos aspectos de la historia de esta Iglesia particular, reconocida como primada de la Argentina.
El papa León XIV recibió en audiencia privada al cardenal Bokalic
En ese contexto, León XIV manifestó conocer con precisión el proceso que condujo a dicho reconocimiento, iniciado durante el pontificado del papa Francisco.
El Santo Padre se mostró particularmente atento a los desafíos actuales que enfrenta la arquidiócesis, entre ellos la disminución de las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.
En este marco, alentó especialmente la continuidad del diaconado permanente y expresó su apoyo al plan pastoral diocesano, estructurado en torno a tres ejes fundamentales: misión, juventud y sinodalidad.
De modo particular, León XIV destacó la centralidad de la misión, en plena continuidad con la orientación pastoral impulsada por su predecesor. Asimismo, se dialogó sobre la realidad de los jóvenes, marcada por la falta de oportunidades, la crisis de sentido, las pobrezas estructurales y el drama de las adicciones.
El pontífice manifestó un especial interés por los proyectos pastorales que la arquidiócesis desarrolla para acompañar estas situaciones y alentó a perseverar en este compromiso.
Otro de los temas abordados fue la dimensión vocacional y la formación permanente del clero. El Santo Padre valoró las iniciativas orientadas al acompañamiento de los sacerdotes, reconociendo la importancia de este tiempo particularmente significativo para la vida de la Iglesia.
Visita a la Argentina, en la agenda Al finalizar la audiencia, el cardenal Bokalic invitó al papa León XIV a visitar la Argentina y, de manera especial, la arquidiócesis de Santiago del Estero. El Santo Padre expresó su agrado por la invitación y señaló que esta posibilidad está siendo considerada en su agenda.
Los cardenales argentinos Bokalic y Rossi
Finalmente, la curia arquidiocesana encomendó los frutos de este encuentro y los trabajos realizados durante el consistorio extraordinario de los cardenales a la acción del Espíritu Santo, para que continúe guiando a la Iglesia en el camino de la misión, la comunión y la esperanza.
El Papa reunirá cada año a los cardenales en el Vaticano: el próximo será en junio
Una experiencia de colegialidad, fraternidad, cercanía al pontífice y la oportunidad de intercambiar ideas. Así describieron los purpurados el consistorio extraordinario convocado por León XIV.
El papa León XIV durante el consistorio extraordinario de cardenales en el Vaticano (VaticanMedia)
Durante una conferencia de prensa, tres cardenales hablaron sobre el consistorio extraordinario de dos días convocado por el papa León XIV y que concluyó este jueves 8 de enero.
«Fue una experiencia de colegialidad, fraternidad y cercanía con el Santo Padre», declaró el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, Colombia.
«Es también una experiencia de esperanza: para la Iglesia, para la evangelización, para la misión», añadió, al referirse a uno de los dos temas del encuentro: la evangelización y el compromiso misionero.
Evangelización y sinodalidad
Como añadió el cardenal Stefen Brislin, arzobispo de Johannesburgo, el debate durante el consistorio sobre la exhortación apostólica del papa Francisco, Evangelii gaudium, era necesario, aunque sólo fuera para determinar si los fieles conocen su contenido y si se está introduciendo en la formación en el seminario.
El cardenal Pablo David, obispo de Kalookan, Filipinas, destacó el formato sinodal de la reunión. «Comenzamos con reflexiones espirituales del cardenal Timothy Radcliffe, y luego todos tuvieron la oportunidad de comentar», declaró el cardenal durante la conferencia en la Sala de Prensa de la Santa Sede.
Próximos consistorios
Los periodistas preguntaron a los cardenales, entre otras cosas, sobre el próximo consistorio. Está previsto que se celebre justo antes de la festividad de los santos Pedro y Pablo en junio, según Mateo Bruni, portavoz de la Santa Sede.
Añadió que este consistorio también durará dos días y se convocará de forma similar al recién concluido. A su vez, en años posteriores, el Papa ya anunció la convocatoria de consistorios -uno por año- de tres o cuatro días de duración cada uno.
En el 60º aniversario de los decretos conciliares sobre el sacerdocio y la formación sacerdotal, el Papa aseguró que la renovación de la Iglesia depende en gran medida del ministerio sacerdotal.
Ciudad del Vaticano, lunes 22 diciembre (PR/25) — «Fidelidad que genera futuro» se titula la carta apostólica del papa León XIVpublicada este 22 de diciembre con motivo del 60º aniversario de los decretos conciliares sobre el sacerdocio y la formación sacerdotal: Optatam Totius y Presbyterorum Ordinis.
«La fidelidad que genera futuro es a lo que están llamados también hoy los sacerdotes», inicia el texto del pontífice, y señala que los decretos conciliares brindan la oportunidad de reconsiderar la identidad y la función del ministerio sacerdotal a la luz de lo que el Señor pide a la Iglesia hoy.
Gratitud por el testimonio y la dedicación de los sacerdotes
Al inicio, el Papa expresa su gratitud por el testimonio y la dedicación de los sacerdotes que, en todo el mundo, ofrecen su vida, celebran el sacrificio de Cristo en la Eucaristía, proclaman la Palabra, perdonan los pecados y se dedican generosamente cada día a los hermanos, sirviéndolos en la comunión y la unidad, y ocupándose especialmente de los que más sufren y viven necesitados.
«Sígueme», este es el comienzo
El Santo Padre nos recuerda que al comienzo de cada vocación se encuentra el encuentro con Cristo, su voz: «Sígueme».
«No se trata solo de una voz interior -escribe el Papa-, sino de un impulso espiritual que a menudo nos llega a través del ejemplo de otros discípulos del Señor y que se concreta en una valiente elección de vida. La fidelidad a nuestra vocación, especialmente en tiempos de prueba y tentación, se fortalece cuando no olvidamos esta voz, cuando somos capaces de recordar con pasión el sonido de la voz del Señor que nos ama, nos elige y nos llama».
Cuida tu vocación, vuelve al Señor
León XIV nos recuerda además que toda vocación debe custodiarse fielmente en una dinámica de conversión constante, mediante la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, la evangelización, la cercanía a los más pobres y la fraternidad sacerdotal.
«Cada día», escribe el Santo Padre, «el sacerdote regresa como al Mar de Galilea, al lugar donde Jesús le preguntó a Pedro: «¿Me amas?», para renovar su «sí»».
La formación es la imitación de Cristo
El Papa enfatiza que todos los sacerdotes deben ocuparse también de su propia formación. Esta no es un mero esfuerzo intelectual, sino una memoria viva y una actualización constante de la propia vocación, sobre todo imitando a Cristo mismo, conscientes de ser discípulos del Maestro. «Solo esta relación de imitación obediente y discipulado fiel puede mantener las mentes y los corazones en el buen camino, a pesar de las turbulencias que la vida pueda traer», añade el Santo Padre.
Seminario, escuela de sentimientos, amar como Jesús
León XIV también aborda el problema del abuso y el abandono del ministerio sacerdotal.
Estos hechos ponen de relieve la urgente necesidad de una formación integral que garantice la madurez humana de los candidatos al sacerdocio, así como un renovado compromiso con la formación, orientada a fortalecer el vínculo con el Señor, involucrando a toda la persona -corazón, inteligencia y libertad- y moldeándola a imagen del Buen Pastor. El pontífice enfatiza que el seminario debe ser una escuela de afecto, donde aprendemos a amar a imitación de Jesús.
Que sean gente feliz y sacerdotes
El Papa también anima a los seminaristas a trabajar interiormente en sus motivaciones, abarcando todos los aspectos de la vida. «Porque no hay nada en ustedes que deba ser rechazado, sino que todo debe ser aceptado y transformado según la lógica de la semilla, para que se conviertan en personas y sacerdotes felices: ‘puentes’, no obstáculos, hacia el encuentro con Cristo». «Solo los sacerdotes y las personas consagradas humanamente maduras y espiritualmente fuertes, es decir, personas en quienes las dimensiones humana y espiritual están bien integradas y, por lo tanto, capaces de relaciones auténticas con todos, pueden asumir el compromiso del celibato y anunciar con credibilidad el Evangelio del Resucitado», escribe el Santo Padre.
Apoyo en la fraternidad sacerdotal
León XIV destacó la importancia de la fraternidad sacerdotal. Nos recuerda que no es solo una tarea, un ideal o un lema, sino sobre todo un don, una gracia que nace de la propia ordenación, un elemento constitutivo de la identidad sacerdotal.
León XIV enfatiza que es particularmente importante en las circunstancias actuales, cuando un sacerdote ya no puede contar con el apoyo de la comunidad y, por lo tanto, es más vulnerable a la soledad, lo que puede llevar a un debilitamiento del celo apostólico y al ensimismamiento.
Por lo tanto, el Papa hace un llamado a promover la vida comunitaria y la ayuda mutua entre los sacerdotes.
El don del diaconado
Más adelante en la carta, León XIV escribe sobre la relación entre los sacerdotes y el obispo, los diáconos permanentes y los diáconos laicos.
Destaca que el diaconado, especialmente cuando se vive en comunidad con la familia, es un don que debe ser reconocido, apreciado y apoyado.
La sinodalidad no elimina las diferencias, sino que las resalta
El Papa dedica especial atención a la cooperación con los laicos. Recuerda que fue el Concilio el que animó a los sacerdotes a descubrir los carismas de los fieles laicos. El proceso sinodal ofrece una nueva oportunidad en este sentido.
Sin embargo, León XIV enfatiza que en una Iglesia sinodal, «el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y relevancia; al contrario, podrá centrarse más en sus tareas particulares y específicas. El reto de la sinodalidad -que no elimina las diferencias, sino que las resalta- sigue siendo una de las principales oportunidades para los futuros sacerdotes».
El Santo Padre añade que «el ministerio sacerdotal debe trascender el modelo de liderazgo exclusivo, que determina la centralización de la vida pastoral y la carga de todas las tareas que le son confiadas exclusivamente, buscando un liderazgo más colegial, en colaboración entre sacerdotes, diáconos y todo el Pueblo de Dios».
Ser «para», como enseñó Juan Pablo II
Al escribir sobre la identidad pastoral de los sacerdotes, el Papa enfatiza que esta se basa en el «ser para» y está inextricablemente ligada a su misión.
«Como enseñó san Juan Pablo II: ‘Los sacerdotes son en la Iglesia y para la Iglesia la presencia sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor. Proclaman su palabra con autoridad, repiten sus signos de perdón y el don de la salvación, especialmente en los sacramentos del bautismo, la penitencia y la Eucaristía. Comparten su cuidado amoroso hasta el don total de sí mismos por el rebaño, al que reúnen en uno y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo'».
Las tentaciones más importantes: el rendimiento y la retirada
León XIV también destaca dos tentaciones principales que amenazan la fidelidad a la misión sacerdotal hoy. La primera es una mentalidad basada en la eficiencia, según la cual lo que uno hace es más importante que quién es. La segunda tentación es una forma de quietismo: «aterrorizados por el contexto, nos encerramos en nosotros mismos, rechazando el reto de la evangelización y adoptando una actitud perezosa y derrotista».
Asume tu misión con confianza
El Papa enfatiza que, para superar estas tentaciones, el sacerdote debe ser fiel a la misión que se le ha confiado y, a pesar de sus debilidades, asumir con confianza la tarea de evangelización. «La fidelidad a la misión -escribe León XIV- significa aceptar el paradigma que nos transmitió san Juan Pablo II, recordando a todos que la caridad pastoral es el principio unificador de la vida sacerdotal. Es alimentando la llama de la caridad pastoral, es decir, el amor del Buen Pastor, que todo sacerdote puede encontrar el equilibrio en la vida diaria y ser capaz de distinguir entre lo útil y lo propio del ministerio, de acuerdo con las directrices de la Iglesia».
El Señor suscita vocaciones, cuidémoslas
Para concluir, el Santo Padre aborda el tema de las vocaciones. Expresa su esperanza en un nuevo Pentecostés vocacional en la Iglesia, que suscite vocaciones santas, numerosas y duraderas al sacerdocio. Enfatiza la necesidad de comprometerse con la promoción de las vocaciones y orar «al Dueño de la mies».
«Debemos tener la valentía», escribe el Papa, «de presentar propuestas fuertes y liberadoras a los jóvenes y de asegurar que en cada Iglesia local se creen ambientes y formas de pastoral juvenil, impregnadas del Evangelio, donde puedan surgir y madurar vocaciones a la entrega total. Convencidos de que el Señor nunca deja de llamar, debemos tener siempre presente la perspectiva vocacional en todos los ámbitos de la pastoral, especialmente en la juvenil y familiar. Recordemos: ¡no hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones!»
Desde su elección en mayo de 2025, el Papa León XIV había publicado dos cartas apostólicas importantes: la exhortación apostólica «Dilexi te» (octubre 2025), centrada en el amor por los pobres, y la carta apostólica «In unitatis fidei» (noviembre 2025), sobre el Concilio de Nicea, sumándose a la misión iniciada por Francisco.