La alfalfa para rollos se posiciona como una alternativa estratégica frente a la caída de precios de cereales y oleaginosas. Con alta calidad forrajera, retorno de inversión en cuatro años y márgenes superiores a los cultivos tradicionales, la leguminosa gana terreno en el campo argentino.

 

 

 

 

 

Por Dante Garciandía,comerciante y productor agropecuario, Carlos Tejedor.

 

Buenos Aires, lunes 1° de junio (PR/26)– En un contexto donde los precios internacionales de los cereales y oleaginosas atraviesan un momento difícil, la alfalfa destinada a la confección de rollos emerge como una opción más que atractiva. Así lo analiza Daniel “El Vasco” Garciandía, comerciante y productor agropecuario de Carlos Tejedor, quien destaca que el cultivo sobresale por sus atributos de calidad forrajera y los beneficios productivos y económicos que aporta al sistema ganadero.

Según Garciandía, la alfalfa se consolida no solo por su valor nutricional para el ganado, sino también como fuente de ingresos directos a través de la venta de rollos. “En un escenario donde la agricultura tradicional atraviesa momentos difíciles debido a los bajos precios internacionales, la alfalfa se convierte en una apuesta segura, con retorno sobre la inversión a mediano plazo”, afirmó.

 

 

Alta inversión inicial, amortizable en cuatro años

 

El especialista reconoce que el cultivo requiere una inversión inicial elevada, pero subraya que esta se amortiza en un plazo mínimo de cuatro años, durante los cuales el lote sigue produciendo. La clave, según él, está en tratarlo como un cultivo agrícola más: con planificación, tecnología adecuada y gestión profesional.

Los rollos se comercializan actualmente entre $ 95.000 y $ 120.000 por unidad, según su calidad y tamaño. “Si la inversión está bien planteada y ejecutada, compite fuertemente y se puede decir que les pasa el trapo a los cultivos agrícolas tradicionales”, aseguró Garciandía.

 

 

 

 

Calidad forrajera y paquete tecnológico: los pilares del éxito

 

El cultivo exige un equilibrio fino entre calidad y cantidad. Implica elegir el cultivar y grupo según el ambiente, aplicar un paquete tecnológico adecuado —que incluye el antecesor ideal, control de malezas y fertilización correcta— y contar con prestadores de servicios en la zona para la confección de rollos.

Uno de sus puntos fuertes es su resistencia a condiciones climáticas extremas: en años adversos, lo que no puede cortarse para rollos igual es aprovechado por el ganado. La variable crítica a monitorear es el exceso de lluvias, que deteriora los caminos rurales y puede impedir el ingreso de maquinaria al lote.

 

 

Los números hablan: la leguminosa supera a los granos

 

En una comparación directa de márgenes, la alfalfa para rollos muestra una relación económica claramente favorable frente a los cultivos convencionales. “No vamos a pasar el 100% de los lotes para confeción de rollos, pero sí es algo a tener muy en cuenta”, advirtió Garciandía.

 

 

 

En resumen, la alfalfa en rollos aporta doble valor al productor: calidad nutricional para el ganado y rentabilidad económica sostenida. Para Garciandía, la conclusión es contundente: “En lo que hace a calidad del forraje y rentabilidad, le corre a cualquiera”.

 

 

 

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Fuente: TodoAgro