El fenómeno ya es un hecho confirmado en el Pacífico tropical y sus primeros efectos se ven donde menos se los espera: en la base de la cadena alimentaria del océano. 

 

 

 

Buenos Aires, miércoles 19 agosto (PR/26)–Desde junio de 2026, El Niño dejó de ser una posibilidad para convertirse en un hecho confirmado en el Pacífico tropical. Y sus consecuencias ya no son solo un pronóstico: las imágenes satelitales de la NASA muestran una caída marcada en las concentraciones de clorofila del Pacífico central.

La comparación es contundente: entre junio de 2025, con el océano en condiciones neutras, y junio de 2026, con El Niño ya en pleno fortalecimiento, el color del mar cambió de forma visible desde los satélites. Ese cambio de color tiene un nombre y una causa muy concreta.

La clorofila es el pigmento que delata la presencia del fitoplancton, esos organismos microscópicos que sostienen toda la trama de vida marina. Cuando su concentración baja, el problema no se queda en el agua.

Los satélites de la NASA registraron una caída marcada de clorofila, la señal que delata que el fitoplancton se está quedando sin nutrientes para crecer.

Hay menos alimento para el zooplancton, para los peces, para las aves marinas y para los mamíferos marinos que dependen de esa cadena para sobrevivir. Es un efecto dominó que empieza siendo invisible y termina golpeando pesquerías enteras, como ya está ocurriendo en Perú.

 

 

La Climate Prediction Center (CPC) de la NOAA confirma el panorama: el organismo elevó su estado de alerta a El Niño Advisory el 11 de junio de 2026, después de haber estado en fase de vigilancia.

Y no se trata de un episodio pasajero. La proyección indica que el fenómeno seguirá fortaleciéndose durante todo 2026, con una probabilidad del 97% de mantenerse activo hasta comienzos de la primavera del hemisferio norte de 2027. Lo que hoy muestran los mapas de clorofila recién está empezando.

 

Por qué el calentamiento del mar deja al océano sin nutrientes

 

El mecanismo detrás de esta caída no tiene que ver con menos luz solar ni con contaminación, sino con física oceánica pura y dura. En condiciones normales, los vientos alisios empujan el agua cálida de la superficie hacia el oeste del Pacífico.

Ese movimiento permite que agua fría y rica en nutrientes ascienda desde las profundidades en la zona ecuatorial este, un proceso conocido como surgencia o upwelling. Ese ascenso es justamente lo que alimenta al fitoplancton y, con él, a toda la cadena marina.

Durante El Niño, los vientos alisios se debilitan y el agua cálida se acumula en el centro y el este del Pacífico, formando una capa profunda que bloquea la surgencia de nutrientes. El resultado es exactamente lo que captó el satélite PACE: menos clorofila, menos fitoplancton, menos alimento disponible.

 

El 8 de junio de 2026, pocos días antes de la declaración de El Niño, se observan niveles del mar superiores a lo normal (en rojo) en el Pacífico central y oriental. Los datos para el mapa fueron obtenidos por el satélite Sentinel-6 Michael Freilich y procesados por científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.

 

Este mecanismo fue documentado en detalle por un equipo liderado por Hyung-Gyu Lim, del Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos (GFDL) de la NOAA, en un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters.

Con un modelo de nueva generación llamado ESM4.1, los investigadores lograron reproducir con mucha mayor precisión que antes tanto la caída de clorofila durante El Niño como su recuperación posterior, un fenómeno que se conoce como «rebote de clorofila».

Según el estudio, ese rebote se explica en gran parte por un transporte anómalo de hierro desde el Pacífico occidental hacia la zona ecuatorial, reforzado además por el aporte de hierro que llega con el polvo desde tierra tras el evento.

 

Perú ya siente el golpe: la pesca de anchoveta, suspendida

 

Mientras los satélites documentan el fenómeno desde el espacio, sus consecuencias económicas ya se sienten en el mar. El Ministerio de la Producción de Perú (PRODUCE) dispuso la suspensión de las actividades extractivas de anchoveta y anchoveta blanca en la zona norte-centro del litoral peruano.

La decisión se apoyó en informes del Instituto del Mar del Perú (IMARPE), que advirtió sobre la persistencia e intensificación de condiciones cálidas y una mayor vulnerabilidad del stock durante la Primera Temporada de Pesca 2026.

 

El gobierno de Perú ha decidido suspender la pesca de anchoveta. La decisión se adopta bajo el enfoque precautorio para resguardar la sostenibilidad de la principal pesquería del país ante la alta vulnerabilidad del stock y la intensificación de condiciones cálidas.

 

La anchoveta es la especie más importante de la pesca industrial peruana y sostiene buena parte de la producción de harina y aceite de pescado del país. No es un dato menor.

La temporada había arrancado con una cuota de 1.914.049 toneladas, la más baja en diez años y un 36% inferior a la del año anterior. El vínculo con lo que observa la NASA es directo: menos nutrientes, menos fitoplancton, menos alimento para la anchoveta.

 

Qué se espera de acá en adelante

 

La gran incógnita es hasta dónde llegará esta alteración si El Niño sigue fortaleciéndose durante 2026. La NOAA no descarta que el episodio alcance una magnitud muy elevada hacia fin de año.

 

Las anomalías diarias muestran una extensa zona con anomalías superiores a 3 °C en el Pacífico central y oriental. Créditos: Meteored/Adaptado de NASA Worldview.

 

Mientras tanto, la ciencia podrá seguir su evolución con un nivel de detalle inédito. El satélite PACE permite observar a diario los cambios en el color del océano y el fitoplancton.

Una oportunidad excepcional para seguir, casi en tiempo real, cómo El Niño transforma la productividad del Pacífico y, eventualmente, cómo empieza su recuperación.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Meteored Argentina