Tras un 2025 de éxodo récord hacia el exterior, la llegada de viajeros extranjeros vuelve a ganar fuerza en 2026. A pesar de la recuperación del sector receptivo, la salida neta de divisas continuará ejerciendo una fuerte presión sobre las reservas del Banco Central.

 

 

Buenos Aires viernes 4 septiembre (PR/26)– Después de un 2025 convulsionado por un fuerte éxodo turístico y una salida récord de divisas, las últimas cifras oficiales del INDEC confirman un claro giro en las decisiones de viaje. Hoy son menos los argentinos que deciden vacacionar en el exterior y, al mismo tiempo, aumenta la llegada de visitantes extranjeros. A pesar de este alivio, el saldo negativo mantendrá un impacto elevado sobre la economía.

Aunque la marcada recuperación del turismo receptivo aportará niveles históricos de divisas a lo largo de 2026, la balanza turística seguirá funcionando como un drenaje significativo para las reservas internacionales. Se estima un déficit proyectado de entre US$ 5.700 y US$ 6.200 millones. Sin embargo, los datos más recientes ya muestran señales de reacomodamiento.

Esta dinámica de transformación resulta de gran valor para la generación de empleo local y el ordenamiento del frente externo. Durante el mes de julio, la llegada de turísticas no residentes registró un aumento del 9%, mientras que los viajes de argentinos hacia el exterior se contrajeron un 17% en la comparación interanual.

 

Cifras y desbalances en la balanza de viajeros

 

 

Si bien la brecha entre las salidas y las entradas de turistas sigue siendo relevante, muestra una mejora sustancial respecto de 2025. Solo en julio, la diferencia neta entre el turismo emisivo y el receptivo fue de aproximadamente 231 mil personas, confirmando que la distancia entre ambos flujos comenzó a acortarse progresivamente.

Al evaluar los primeros siete meses de 2026, se observa una reducción del 14% en la cantidad de argentinos que optaron por vacacionar fuera del país. En contraposición, el turismo receptivo creció un 8% globalmente, impulsado por las llegadas por vía aérea que se dispararon un 19% en el mismo período.

En cantidad de personas, la diferencia neta anual pasó de un récord negativo de 5,1 millones en 2025 a 3,7 millones de personas en 2026. En lo que va del año ya ingresaron 3,4 millones de turistas no residentes, mientras que 7,1 millones de residentes viajaron al exterior.

 

 

Al analizar el indicador clave de comportamiento, se aprecia que por cada turista internacional que arribó al país, unos 2,1 argentinos viajaron al extranjero. Esta relación es similar a la registrada en 2018 y se ubica holgadamente por debajo del pico histórico de 2,6 alcanzado en 2025.

 

Comportamiento por medios de transporte y factores estacionales

 

Al desglosar los medios de transporte, el turismo emisivo por vía aérea muestra un crecimiento del 9% frente al año anterior, mientras que las salidas por vía terrestre o marítima sufrieron una fuerte retracción. Esto evidencia una marcada diferencia de comportamiento según el perfil y costo del viaje.

 

 

Los viajes terrestres de menor costo exhibieron la mayor caída del período, al tiempo que el transporte aéreo mantuvo su expansión. Asimismo, el contexto del Mundial de Fútbol junto a otros factores climáticos y económicos frenó las decisiones de salida durante el invierno, registrando una marcada caída desestacionalizada.

 

Proyección de divisas y el desafío de la competitividad

 

La paulatina reactivación del turismo receptivo promete ser una fuente clave de divisas. La salida de fondos por residentes en el exterior bajaría a un rango de entre US$ 11.000 y US$ 12.000 millones, mientras que los ingresos por turistas extranjeros aportarían entre US$ 5.300 y US$ 5.800 millones, bordear o superar récords históricos.

 

 

De este modo, la salida neta de divisas turísticas rondará entre los US$ 5.700 y US$ 6.200 millones. Si bien este déficit se encuentra actualmente amortiguado por el superávit de la balanza comercial de bienes, no deja de representar una tensión evidente sobre la acumulación de reservas.

Para consolidar esta tendencia positiva y achicar de forma estructural el desbalance, resulta indispensable potenciar la competitividad del sector. Si bien la desregulación y la baja de la inflación ayudan, la apreciación cambiaria limita el atractivo relativo frente a otros destinos internacionales.

 

 

El desafío principal pasa por sostener políticas de largo plazo que mejoren la infraestructura, conectividad y pasos fronterizos, sumado a la ampliación del crédito y a un sistema tributario menos gravoso. Solo así el turismo podrá afianzarse como motor de inversión, empleo y divisas.

 

 

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Fuente: novedadeseconomicas.ieral.org