El próximo 9 de agosto, este rincón del partido de Roque Pérez abre sus puertas para celebrar su aniversario con un desfile cívico-escolar, feria de artesanos, gastronomía casera y música en vivo. Una invitación a conocer un pueblo que supo transformar su historia ferroviaria en arte.
Buenos Aires, lunes 4 agosto (PR/26)–Hay pueblos que parecen detenidos en el tiempo, y Carlos Beguerie es uno de ellos. Ubicado a dos horas de Buenos Aires, sobre la Ruta 205, este pequeño poblado del partido de Roque Pérez celebra sus 114 años con una fiesta que promete emocionar a propios y visitantes.
El festejo central será el 9 de agosto, cuando las calles de tierra se llenen de vida con el tradicional desfile cívico-escolar, una feria de artesanos, una gran cantina popular y propuestas gastronómicas que reflejan lo mejor de la cocina de campo.
Un pueblo de apenas 450 habitantes
Con poco más de 450 habitantes, Carlos Beguerie conserva ese estilo de vida slow que atrae a quienes buscan escapar de la vorágine urbana: siestas silenciosas, gente tranquila y esos aromas de yuyos y comidas caseras que envuelven cada rincón.

Nacido al calor del ferrocarril, el pueblo mantiene intacta la esencia de aquellas comunidades que crecieron gracias al esfuerzo compartido. Sus casas bajas y su estación centenaria son testigos silenciosos de otra época.
Arte, memoria y comunidad en cada rincón
Uno de los grandes atractivos es el antiguo tanque del predio de la estación, hoy convertido en el museo La Perla del Provincial, un espacio que guarda la memoria ferroviaria del pueblo con mucho cariño.
Muy cerca, un sendero verde conduce hasta la huerta comunitaria, donde el trabajo compartido y los ciclos naturales siguen marcando el pulso cotidiano de los vecinos.

Muchas de las viviendas centenarias fueron recuperadas y hoy funcionan como alojamientos rurales, donde lo rústico convive con lo artístico. La técnica del trencadís, inspirada en el modernismo catalán, se despliega en murales que celebran la flora, la fauna y las tradiciones del lugar.
Las plazas intervenidas con arte popular, las luminarias pintadas con aves autóctonas y un mural en homenaje a las Islas Malvinas completan un recorrido que invita a caminar sin apuro y dejar que el paisaje hable por sí solo.
Sabores que cuentan historias
Sentarse a la mesa en uno de los almacenes de campo es, quizás, uno de los mayores placeres que ofrece el pueblo. Allí el tiempo se cocina a fuego lento y cada plato narra una historia.
Empanadas caseras, pastas, un asado con aroma a leña o unas chuletas a caballo son parte del menú que espera a quienes se acerquen. Comer allí no es solo alimentarse: es formar parte, por un rato, de esa calidez que el pueblo regala sin reservas.
Los imperdibles del recorrido
Entre los sitios que no hay que dejar de visitar están la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el Museo Ferroviario La Perla, la escultura El Gaucho, la Antigua Casilla Rural y la plaza San Martín.
También funciona la base de campamento La Perla del Provincial, punto de encuentro para actividades educativas y recreativas que suman una razón más para conocer este secreto bien guardado del interior bonaerense.

















