El arzobispo de Salta presidió la misa estacional del Señor del Milagro. Ante miles de peregrinos, destacó que «cada año crece la necesidad de incorporar a más personas al pacto con el Señor».
Monseñor Cargnello en la misa estacional del Señor de los Milagros (Fotografía: Lisardo Maggipinto)
Miles de fieles participaron ayer 15 de septiembre, de la misa estacional tradicional del Señor del Milagro, celebrada en el atrio de la catedral basílica de Salta y presidida por el arzobispo local, monseñor Mario Cargnello.
La celebración contó con la presencia del gobernador provincial Gustavo Sáenz, su esposa Elena Cornejo, el intendente de la capital Emiliano Durand y autoridades provinciales, así como de una multitud de peregrinos llegados desde distintos puntos del país.
Concelebraron la Eucaristía el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez; el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Martín; el obispo de Jujuy, monseñor Daniel Fernández; el obispo prelado de Cafayate, monseñor Darío Quintana OAR; y sacerdotes del clero salteño.
El pacto de fidelidad, «un llamado actual»
En su homilía, monseñor Cargnello recordó la historia de la imagen del Señor del Milagro y el pacto de fidelidad establecido en 1845 por el pueblo salteño, que se renueva cada 15 de septiembre.
«Este pacto no debe ser un gesto de mera tradición, sino descubrir en él la fuerza de la alianza que Dios hace con su pueblo. Cada año traemos nuestra historia personal, familiar, provincial, y le decimos al Señor: ‘Hoy, ¿qué?'», subrayó.
El prelado insistió en que la fe abre a la responsabilidad social y al compromiso comunitario: «Ser de Dios te exige ser de los demás. No podés creértelas solo. No podés ponerte delante de Dios en un ‘mío’ o en un ‘tú’ que no te lleve a un ‘nosotros'».
Fe, solidaridad y compromiso social
En la homilía, monseñor Cargnello señaló que cada año crece la necesidad de incorporar a más personas al pacto con el Señor, porque la fe no encierra, sino que abre a reconocer al otro.
«El Señor, en la medida en que entra en nuestra vida, no nos deja quietos: nos invita a salir de nosotros mismos, a darnos a los demás», expresó.
Asimismo, destacó el sentido de la cruz: «Creemos en un Cristo crucificado, no en un Cristo torturado. Él aceptó la muerte para hacernos libres y hermanos. Por eso, al celebrar el Milagro, abrimos el corazón para sentirnos más unidos».
El arzobispo salteño agradeció de modo especial a los peregrinos que llegan cada año: «Gracias a los peregrinos porque sacuden nuestra inercia y nos recuerdan que el Milagro no es una posesión de los salteños, sino un don de Dios para Salta que debe compartirse con los demás».
Monseñor Cargnello llamó a renovar el compromiso comunitario: «Hoy el Señor vuelve a mirarnos y a desinstalarnos. Hoy nos dice: soy de ustedes, ustedes son míos. Que Salta se ponga al servicio de todos. Que Él nos dé la fuerza para hacerlo y nos saque de cualquier tentación de instalarnos».
La misa concluyó con cantos y alabanzas de los fieles, en un clima de profunda devoción y gratitud al Señor y la Virgen del Milagro.
La llegada de las imágenes sagradas, la misteriosa desaparición de la embarcación que las transportó desde España y los sismos que resistieron contribuyeron a la devoción. Cada 15 de septiembre, una procesión de creyentes y no creyentes, locales y visitantes, moviliza al noroeste argentino: es la segunda manifestación más importante del país, solo detrás de la peregrinación a Luján. Historia de una tradición de identidad salteña
La procesión del Milagro reúne a más de 700.000 personas y es la segunda peregrinación más grande de Argentina (Gobierno de Salta)
Salta, lunes 15 septiembre (PR/25) — La devoción al Señor del Milagro y la Virgen del Milagro en Salta, Argentina, es una de las expresiones de fe más profundas y arraigadas del país, sólo comparable con la peregrinación a la Virgen de Luján en Buenos Aires.
Estas imágenes sagradas, obras maestras del barroco castellano, llegaron a América en 1592 bajo circunstancias extraordinarias y se convirtieron en símbolos de protección tras un devastador terremoto en 1692.
El 19 de junio de 1592, el puerto del Callao, en la costa peruana del océano Pacífico, fue testigo de un hecho insólito. Dos cajones de madera, flotando en las aguas sin rastro de la embarcación que los transportaba, llegaron a la orilla. En uno de los cajones, una inscripción grabada a fuego rezaba: “Un Cristo Crucificado para la iglesia matriz de la ciudad de Salta”. En el otro, se leía: “Una Virgen del Rosario para el convento de predicadores de la ciudad de Córdoba”. Una nota dentro de los cajones revelaba que las imágenes habían sido enviadas por Fray Francisco de Victoria, antiguo obispo del Tucumán, quien había participado en la fundación de Salta en 1582 junto a Hernando de Lerma.
Las imágenes, pertenecientes a la escuela barroca castellana, son ejemplos excepcionales del arte religioso del siglo XVI. Los investigadores Iris Gori y Sergio Barbieri describen la imagen del Cristo: “El Señor del Milagro es la imagen de Cristo muerto, de tres clavos, con la cabeza inclinada sobre el hombro derecho. La anatomía es vigorosa, aunque no demasiado realista en el detalle, mientras que la composición se apoya en algunos Cristos hispanos del siglo XVI. Sin embargo, los rasgos son americanos, siendo un elemento sugestivo, el uso de tela encolada para el paño de pureza, que nos remitiría a un taller peruano del siglo XVII. Los sucesivos repintes a que ha sido sometido no lograron empobrecer la belleza y dramatismo de la figura. En 1844 se le cambió la cruz y se le colocó un resplandor de plata, obra del chileno Víctor Nazario Morales, residente en Salta, y en el que se invirtieron veinticinco kilos de plata. Es lamentable que esta obra desapareciera, siendo reemplazada en 1902 por la nueva aureola con querubines y nimbo de nubes. Madera tallada; policromía no originaria; tela encolada; plata sobredorada, repujada, fundida y cincelada. Altura máxima: 300 cm; altura del Cristo: 190 cm”.
Las imágenes sagradas llegaron a América en 1592 y se convirtieron en símbolos tras el terremoto de 1692 (Catedral de Salta)
La Virgen del Rosario, destinada a Córdoba, es una escultura de pie, de aproximadamente 1.5 metros, que representa a María con el Niño Jesús en brazos y un rosario en la mano. Su rostro, de rasgos suaves y expresión compasiva, está enmarcado por un manto tallado con pliegues naturales, típicos del barroco. La policromía, aunque desgastada por el tiempo, conserva tonos azules y dorados que realzan su carácter celestial. Esta imagen, destinada al convento de Santo Domingo en Córdoba, llegó a su destino tras un arduo viaje, pero su contraparte en Salta, la Virgen del Milagro, tendría un origen distinto. El virrey García Hurtado de Mendoza, asombrado por la llegada sobrenatural de las imágenes, ordenó cumplir la voluntad de Fray Francisco de Victoria. Las esculturas fueron trasladadas en procesión desde el Callao hasta Lima, la capital del virreinato. Desde allí, emprendieron un viaje épico de 2800 kilómetros por el camino del Inca, un trayecto que atravesaba cumbres andinas, valles profundos y ríos turbulentos. Transportadas a lomo de mula por españoles e indígenas, las imágenes soportaron condiciones extremas, desde el frío de las alturas hasta el calor de los desiertos. En Salta, el Cristo Crucificado fue recibido con fervor y colocado en la sacristía de la iglesia matriz, mientras que la Virgen del Rosario continuó hacia Córdoba. Sin embargo, con el paso de los años, la imagen del Cristo en Salta fue olvidada, relegada a un rincón de la sacristía.
La llegada de las imágenes en 1592 se enmarca en el contexto de la colonización española y la evangelización de América. Fray Francisco de Victoria, obispo del Tucumán entre 1578 y 1587, fue una figura clave en la consolidación de la fe católica en la región. Su decisión de enviar estas imágenes desde España refleja el esfuerzo de la Iglesia por fortalecer la presencia religiosa en las nuevas tierras, especialmente en áreas remotas como Salta, fundada apenas una década antes. El camino del Inca, utilizado para transportar las imágenes, era una red de senderos prehispánicos adaptada por los españoles para conectar el virreinato del Perú con sus provincias más australes. Este trayecto, descrito como heroico por Monseñor Miguel Ángel de Vergara en 1942, simboliza la fusión de culturas indígenas y europeas en la empresa colonial.
La misteriosa llegada de los cajones al Callao, sin rastro de la embarcación que los transportaba, fue interpretada como un signo divino. Nunca se supo qué ocurrió con el navío o su tripulación, lo que añadió un aura milagrosa a las imágenes desde su arribo. Este evento, registrado en crónicas coloniales, reforzó la percepción de que las imágenes estaban destinadas a cumplir un propósito sagrado en las tierras americanas.
El viaje de las esculturas desde el Callao hasta Salta y Córdoba atravesó 2.800 kilómetros de caminos andinos (Catedral de Salta)
El 13 de septiembre de 1692, a las 10 de la mañana, un poderoso terremoto devastó la ciudad de Esteco, a pocos kilómetros de Salta, reduciéndola a escombros. Los temblores también afectaron a Salta, causando daños significativos en la iglesia matriz y otras edificaciones. Los habitantes, atemorizados, acudieron al templo para evaluar los destrozos y encontraron una escena que marcó un antes y un después en la historia de la ciudad. Una imagen de la Inmaculada Concepción, propiedad de una familia salteña y colocada en un nicho superior del retablo principal para la fiesta de la Natividad de María (8 de septiembre), había caído al suelo. Sorprendentemente, la Virgen estaba intacta, en una postura de súplica con las manos juntas, como si orara al sagrario pidiendo clemencia.
Esta imagen, conocida desde entonces como la “Virgen del Milagro” según los historiadores Iris Gori y Sergio Barbieri nos la describen como: “(…) está tallada con articulaciones en los codos y muñecas, lo que indica que fue hecha para ser vestida. (…) María, de pie sobre el cuarto creciente, aplasta al dragón que enrosca por delante su cabeza y su cola asaetada. La peana es prismática y rectangular. Inclina la cabeza hacia delante con la mirada dirigida hacia abajo. El cabello, partido al medio, pasa por encima de las orejas y se continúa por la espalda en forma triangular, pero solamente ha sido tallado adelante el extremo que cae; el resto de la cabeza es lisa. La túnica, con cinturón anudado al frente, llega hasta sus pies en pliegues geométricos que sólo quiebran su verticalidad y paralelismo a la altura de las rodillas. Bajo la orla del vestido asoman las puntas de los zapatos. Contrastan con el tratamiento de dicho vestido los múltiples pliegues de las mangas, dispuestos a partir de los hombros y hasta las muñecas. Grandes motivos de roleos encontrados, estofados, ornamentan simétricamente la túnica, lo que indica la importancia de la imagen ya que después sería cubierta con los ropajes de tela. Bajo el cuello, sobre el pecho, dentro de una tarjeta cuya parte superior ostenta una orla con un motivo central, fitomorfo, en relieve, se lee: Tomás Cabrera, la encarnó. Año 1795. La afirmación tan concreta la encarnó alude, sin dudas, a una reciente hechura de la imagen. Además, las características formales en especial, en la cabeza, nos recuerdan claramente a las obras conocidas de Tomás Cabrera. Está vestida con túnica y manto; lleva corona de plata y peluca. Madera tallada; policromía no originaria; ojos de cascarón; plata fundida y cincelada. Altura máxima: 105 cm“.
En medio del caos, el padre jesuita José Carrión afirmó haber escuchado una voz clara que advertía: “Mientras no saquen al Santo Cristo, los terremotos no cesarán”. La voz señaló la imagen del Cristo Crucificado, olvidada en la sacristía desde su llegada en 1592. A pesar de los escombros, los fieles lograron rescatar la escultura, que milagrosamente no presentaba daños. El Señor del Milagro, con su expresión de sacrificio sereno, fue colocado junto a la Virgen del Milagro en el atrio de la iglesia derruida.
Los sacerdotes lideraron rogativas y procesiones, implorando el perdón divino. El 15 de septiembre, los temblores disminuyeron, y el 16 de septiembre, la calma regresó a la ciudad.
Este cese de los sismos fue atribuido a la intervención de las imágenes, dando origen al “Milagro” de Salta. Desde 1692, la Fiesta del Milagro se celebra cada 15 de septiembre con una procesión multitudinaria que recorre las calles de Salta.
Las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, adornadas con miles de claveles rojos y blancos respectivamente, son llevadas en andas por los fieles, acompañadas por cánticos, sirenas y campanas. En el monumento al 20 de febrero, los salteños renuevan su “Pacto de Fidelidad” con las palabras: “Señor, nosotros somos tuyos y tú eres nuestro”. Esta procesión, que atrae a más de 700,000 personas anualmente, es la manifestación religiosa más importante del noroeste argentino y la segunda del país, solo detrás de la peregrinación a Luján. En 1902, por iniciativa del obispo Matías Linares, el Papa León XIII concedió la coronación pontificia a ambas imágenes, un honor que reafirmó su importancia espiritual. La ceremonia, celebrada el 13 de septiembre de 1902, contó con la presencia de autoridades eclesiásticas de Roma y Argentina.
La Catedral Basílica de Salta alberga las imágenes, que son objeto de restauraciones y veneración constante (Palacio Arzobispal y Catedral/Lisardo Maggipinto)
Hoy, las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro se encuentran en la Catedral Basílica de Salta, construida entre 1855 y 1882 en el sitio de la antigua iglesia matriz. El Señor del Milagro, ubicado en un retablo lateral dentro de una urna de cristal, sigue siendo un foco de devoción, atrayendo a miles de fieles que encienden velas y oran frente a ella. La Virgen del Milagro, se exhibe en un altar cercano al del Señor del Milagro. Los fieles admiran su rostro sereno y los mantos bordados que la adornan durante las festividades. Ambas imágenes son cuidadosamente mantenidas por la arquidiócesis de Salta, con restauraciones periódicas para preservar su integridad. Durante la novena, que comienza el 6 de septiembre, las imágenes son entronizadas en el altar mayor, y miles de peregrinos, desde la Puna hasta los Valles Calchaquíes, llegan a pie, en bicicleta o a caballo para rendirles homenaje.
En la misma catedral también se venera un cuadro la que se lo llamó Virgen de las lágrimas. Se trata de una pintura al óleo de 30×25 cm que retrata a la Inmaculada Concepción, una reproducción fiel de una de las versiones de La Madonna del pintor renacentista italiano Giovanni Battista Salvi da Sassoferrato. La obra pertenecía al sacerdote Juan de Arisaga, quien la tenía en su escritorio del Colegio de la Compañía, rodeada de estantes llenos de libros, como parte de su devoción personal. Un día, el religioso notó que la imagen estaba completamente humedecida en el rostro, ojos, cuello y manos, con gotas de agua cristalina que resbalaban hasta el borde del cuadro. Este hecho extraordinario ocurrió durante tres días consecutivos, el 4, 5 y 6 de agosto de 1749, y se repitió después, los días 5, 6 y 7 de octubre de ese mismo año, en diferentes lugares donde se colocaba la imagen. Curiosamente, estos episodios siempre coincidían con momentos de incertidumbre en Salta debido a temblores o fenómenos telúricos. Por estos prodigios, la imagen fue nombrada “Virgen de las lágrimas” y fue coronada con aprobación pontificia el 13 de septiembre de 1952.
El sincretismo cultural de la Fiesta del Milagro fusiona tradiciones indígenas y cristianas en una celebración única (Gobierno de Salta)
El contexto histórico de la Fiesta del Milagro revela un sincretismo cultural único. Los peregrinos, muchos de origen indígena, combinan prácticas cristianas con tradiciones autóctonas, como danzas y música de la Puna, durante la procesión. Este sincretismo refleja la fusión de la evangelización española con las culturas andinas, un legado que se mantiene vivo en la festividad. Además, crónicas como las de J. Toscano (1907) y Monseñor Miguel Ángel de Vergara documentan la importancia de las imágenes en la vida colonial, destacando su rol como anclas espirituales en una región propensa a desastres naturales. Un aspecto menos conocido es el impacto económico y social de la Fiesta del Milagro. En septiembre, Salta se transforma en un centro de peregrinación internacional, atrayendo turistas y generando actividad económica.
La Fiesta del Milagro es más que un evento religioso; es un pilar de la identidad salteña. La procesión une a creyentes y no creyentes, locales y visitantes, en una expresión de fe y comunidad. La devoción a las imágenes, reforzada por su llegada milagrosa y su intervención en 1692, trasciende generaciones, convirtiendo a Salta en un santuario permanente. La Catedral Basílica, declarada Basílica Mayor en 1934, también alberga los restos de héroes como Martín Miguel de Güemes, integrando la fe con la historia patria.
El Señor y la Virgen del Milagro son emblemas de una fe que ha resistido siglos de adversidad. Desde su llegada en 1592 hasta su consagración como patronos de Salta, estas imágenes han inspirado un pacto de fidelidad que se renueva cada año. En la Catedral Basílica, donde reposan, continúan siendo un faro de esperanza para los salteños y miles de peregrinos. La Fiesta del Milagro, con su procesión del 15 de septiembre, no solo conmemora un evento histórico, sino que reafirma la unión de un pueblo con su fe, su historia y su identidad.
La alegría del Evangelio puede desbordarse en risas, ya que la santidad no excluye el ingenio, la alegría o la despreocupación. Conoce a estos santos con humor
España, lunes 15 septiembre (PR/25) — No solemos imaginar a los santos riendo. El arte sacro suele representarlos en actitud de tranquila contemplación, con el rostro vuelto hacia el cielo, solemnes y serenos. Sin embargo, la santidad no es incompatible con el humor. De hecho, la alegría del Evangelio puede desbordarse en risas, recordándonos que la santidad no excluye el ingenio, la alegría o la despreocupación. He aquí tres santos cuyo humor formó parte de su testimonio.
1San Felipe Neri (1515-1595)
San Felipe Neri (1515 – 1595)
Conocido como el «Apóstol de Roma», Felipe Neri reunía a la gente con su calidez, su música y su guía espiritual. Pero era su humor lo que lo distinguía. Una vez se afeitó la mitad de la barba antes de una ceremonia importante, simplemente para evitar que los demás lo trataran con demasiada seriedad. Sus bromas, a menudo a costa suya, enseñaban humildad y aflojaban el yugo del orgullo. «La alegría fortalece el corazón y nos hace perseverar en una vida buena», aconsejaba. Para Felipe, la risa era una medicina para el alma y un puente hacia Dios.
Teresa, la gran reformadora y mística carmelita, tenía un ingenio agudo además de una profunda vida de oración. Una vez bromeó con sus hermanas diciendo: «Señor, líbranos de los santos con cara de pocos amigos». Cuando el carro en el que viajaba volcó en el barro, se dice que le dijo a Dios: «Si así es como tratas a tus amigos, ¡no me extraña que tengas tan pocos!». Su humor brotaba de la confianza: podía burlarse con Dios porque lo conocía como amigo. Incluso en medio de la reforma y las dificultades, la risa de Teresa recordaba a su comunidad que la santidad no sofoca la alegría, sino que la amplía.
Este querido Papa se ganó los corazones con su amabilidad pastoral y su humor espontáneo. Cuando le preguntaron cuántas personas trabajaban en el Vaticano, respondió: «Aproximadamente la mitad». En otra ocasión, le dijo a un periodista: «Los hombres son como el vino: algunos se vuelven vinagre, pero los mejores mejoran con la edad».
Su alegría suavizó las tensiones e hizo que la Iglesia fuera más accesible en una época de cambios. Detrás de las bromas había una profunda convicción: la alegría cristiana no era una máscara, sino una expresión de fe en la Resurrección.
Un fruto del Espíritu Santo
El humor, vivido correctamente, refleja una libertad arraigada en el amor de Dios. Evita que la ambición se convierta en arrogancia y nos ayuda a vernos a nosotros mismos con sinceridad. Como enseña el Catecismo, «la alegría es uno de los frutos del Espíritu» (CEC 1832). Estos santos nos recuerdan que la alegría no es una distracción de la santidad, sino un signo de ella.
Las risas de Felipe, Teresa y Juan XXIII siguen invitándonos a vivir nuestra fe de una manera más ligera y libre. Su humor nunca fue cruel ni descuidado, sino un don que elevaba los corazones hacia Dios. En un mundo a menudo marcado por la pesadez, su alegre ingenio sugiere que la santidad no solo consiste en un esfuerzo serio, sino también en la gracia de sonreír, incluso a nosotros mismos.
Ciudad del Vaticano, lunes 15 septiembre (PR/25) — El Papa León XIV no faltó a su tradicional cita dominical con los fieles para el rezo del Ángelus, en una jornada marcada por un tono especial: su 70º cumpleaños.
Desde primera hora de la mañana, la Plaza de San Pedro se fue llenando de peregrinos que portaban pancartas, carteles de felicitación y banderas, preparados para celebrar el aniversario del Pontífice.
“Parece que lo sabéis: hoy cumplo 70 años”, dijo el Pontífice con una sonrisa, improvisando unas palabras de agradecimiento. “Doy gracias al Señor y a mis padres, y a todos los que han tenido un recuerdo en la oración”, añadió.
El Pontífice se mostró visiblemente emocionado al escuchar las bandas de música que, desde la plaza vaticana, interpretaron el popular “Cumpleaños feliz”. Los miles de asistentes acompañaron el gesto con aplausos y vítores, agitando sus carteles con mensajes de gratitud y bendiciones.
Durante su alocución tras el rezo del Ángelus, el Pontífice recordó los 60 años de la puesta en marcha del Sínodo de los Obispos por parte de Pablo VI, a quien deseó un renovado compromiso por la sinodalidad en la misión de la Iglesia.
Ambiente en la plaza de San Pedro. Crédito: Vatican Media
Sus reflexiones durante el Ángelus estuvieron focalizadas en la Exaltación de la Santa Cruz, que la Iglesia Católica celebró este domingo.
Al comentar el evangelio del día, el encuentro de Jesús con Nicodemo (cf. Jn 3,13-17), aseguró que el líder judío “tiene necesidad de luz, de guía, busca a Dios y pide ayuda al Maestro de Nazaret, porque en Él reconoce un profeta, un hombre que cumple signos extraordinarios
Jesús se le revela como el Hijo de Dios al decirle: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna”. Sin embargo, Nicodemo “no comprende plenamente el sentido de estas palabras”, lo hará tras la muerte y “después de la crucifixión, ayudará a sepultar el cuerpo del Salvador”.
«Dios, para redimir a los hombres, se hizo hombre y murió en la cruz”
“Comprenderá entonces que Dios, para redimir a los hombres, se hizo hombre y murió en la cruz”, explicó el Papa.
“Dios nos salvó mostrándose a nosotros, ofreciéndose como nuestro compañero, maestro, médico, amigo, hasta hacerse por nosotros pan partido en la eucaristía. Y para cumplir esta obra se sirvió de uno de los instrumentos de muerte más cruel que el hombre haya jamás inventado: la cruz”, prosiguió León XIV.
Para el Pontífice esta es la “exaltación” de la cruz. La definió como una celebración que “hacemos por el amor inmenso con el que Dios, abrazándola para nuestra salvación, la transformó de medio de muerte a instrumento de vida, enseñándonos que nada puede separarnos de Él y que su caridad es más grande que nuestro mismo pecado”.
El Papa concluyó su reflexión previa a la oración pidiendo con María “que también en nosotros se arraigue y crezca su amor que salva, y que también nosotros sepamos donarnos los unos a los otros, como Él se ha donado enteramente a todos”.
Foto: La Piedad hecha con 3000 drones iluminando.Por Victoria CardielCiudad del Vaticano, lunes 15 septiembre (PR/25) — El Papa clamó contra el “negocio” de las guerras, al tiempo que condenó las actitudes de rechazo e “indiferencia” hacia los migrantes y los pobres, al recibir en el Vaticano a algunos de los participantes de la tercera edición del World Meeting on Human Fraternity.
El Papa clamó contra el “negocio” de las guerras, al tiempo que condenó las actitudes de rechazo e “indiferencia” hacia los migrantes y los pobres, al recibir en el Vaticano a algunos de los participantes de la tercera edición del World Meeting on Human Fraternity.
Entre los presentes había también un grupo de premios nobel de la paz, como la activista iraquí Nadia Murad, la estadounidense Jody Williams, la liberiana Leymah Gbowee, la yemení Tawakkol Karman, el periodista ruso Dmitry Muratov, la abogada ucraniana Oleksandra Matviichuk, la periodista filipina Maria Ressa y el médico congoleño Denis Mukwege.
Ante ellos, el Pontífice reflexionó sobre la necesidad de fraternidad y reconciliación en un mundo donde el negocio de las guerras “destrozan la vida de los jóvenes obligados a empuñar las armas”.
El mundo “valora más el beneficio que a las personas”
En su alocución, clamó por la situación de muchos “migrantes despreciados, encarcelados y rechazados” que buscan salvación y esperanza y “solo encuentran muros e indiferencia”. Asimismo, denunció que en muchas ocasiones los pobres son “culpados de su pobreza, olvidados y descartados, en un mundo que valora más el beneficio que a las personas”.
También puso en evidencia que existe una “vida hiperconectada en la que la soledad corroe los lazos sociales y nos hace extraños incluso a nosotros mismos”.
Ante todas estas injusticias, León XIV aseguró que “la respuesta no puede ser el silencio”.
“Ustedes son la respuesta, con su presencia, su compromiso y su valentía. La respuesta es elegir una dirección diferente de vida, de crecimiento, de desarrollo”, subrayó en el discurso que pronunció en el Palacio Apostólico.
Alianza fundada no en el poder, sino en el cuidado
Del mismo modo, llamó a crear una amplia “alianza de lo humano”, que esté fundada “no en el poder, sino en el cuidado; no en el beneficio, sino en el don; no en la sospecha, sino en la confianza”.
“El cuidado, el don y la confianza no son virtudes para el tiempo libre: son pilares de una economía que no mata, sino que intensifica y amplía la participación en la vida”, dijo.
Así, el Santo Padre invitó a reconocer que el otro es un “hermano o una hermana”, lo que en la práctica significa “liberarnos de la ficción de creernos individuos aislados o de la lógica de formar relaciones solo por interés propio”.
Planeta marcado por conflictos y divisiones
El Papa dijo que el planeta está marcado “por conflictos y divisiones”, y reivindicó que los participantes de esta nueva edición del World Meeting on Human Fraternity estén “unidos por un fuerte y valiente no a la guerra y por un sí a la paz y a la fraternidad”.
León XIV citó la encíclica de su predecesor el Papa Francisco, Fratelli Tutti, para reiterar que la amistad social y la fraternidad universal requieren necesariamente el “reconocimiento del valor de cada persona humana, siempre y en todas partes”.
También destacó que el Papa Francisco enseñó que “la guerra no es el camino correcto para salir de los conflictos”.
El Santo Padre entroncó sus reflexiones con el relato bíblico del asesinato de Abel a manos de su hermano Caín y reflexionó sobre cómo esta relación fraternal acabó siendo de inmediato “dramáticamente conflictiva”.
Sin embargo, señaló que ese primer homicidio “no debe llevarnos a concluir: ‘siempre ha sido así’”.
“La violencia de Caín no puede tolerarse como normal”, aseveró a continuación.
Para el Papa, la pregunta divina dirigida al culpable que narra el Génesis es intrínseca a “nuestra vocación” y al “canon de la justicia”. “Dios no se venga de Abel en Caín, sino que le plantea una pregunta que acompaña todo el camino de la historia”, manifestó.
“Más allá de aquellas fraternidades que reconocen solo a los semejantes y rechazan a los diferentes”
De este modo, enfatizó que las grandes tradiciones espirituales y la maduración del pensamiento crítico nos permiten ir “más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de aquellas fraternidades que reconocen solo a los semejantes y rechazan a los diferentes”.
Para el Santo Padre es también interesante que en la Biblia, como ha revelado la exégesis científica, son los textos más recientes y maduros los que narran una “fraternidad que trasciende los límites étnicos del pueblo de Dios y que se funda en la humanidad común”.
“Los relatos de la creación y las genealogías dan testimonio de que todos los pueblos, incluso los enemigos, tienen el mismo origen, y que la Tierra, con sus bienes, es para todos, no solo para algunos”, explicó.
Asimismo, destacó que la fraternidad es el nombre más auténtico de la cercanía y que para los creyentes significa “reconocer el Misterio”, es decir, la imagen misma de Dios “en el rostro del pobre, del refugiado e incluso del adversario”.
De este modo, los exhortó a identificar caminos, locales e internacionales, que desarrollen “nuevas formas de caridad social, de alianzas entre saberes y de solidaridad entre generaciones”.
No sólo enumerar derechos sino incluir acciones
Por otro lado, pidió “caminos populares, que incluyan también a los pobres, no como destinatarios de ayuda, sino como sujetos de discernimiento y de palabra”.
El Santo Padre los animó a proseguir en este trabajo de “siembra silenciosa”, de la que, según dijo, puede nacer un proceso “participativo sobre lo humano y sobre la fraternidad, que no se limite a enumerar derechos, sino que incluya también acciones y motivaciones concretas que nos hagan distintos en la vida cotidiana”.
15 mesas temáticas
Los organizadores de la tercera edición del World Meeting on Human Fraternity han estructurado este evento internacional, promovido por la Basílica De San Pedro en torno a 15 mesas temáticas.
Se trata de espacios de diálogo que funcionarán como laboratorios de confrontación de ideas en torno a varias temáticas, como el mundo de la información; el medio ambiente y la sostenibilidad; la economía y el ámbito de las finanzas y la inteligencia artificial.
Una noche que pasó a la historia
Además, en este contexto la Plaza de San Pedro acogió este sábado un concierto gratuito y abierto al público en general que parece marcar un antes y un después en la relación entre cultura, fe y espectáculo.
Bajo el nombre de Grace for the World, la plaza vaticana se convirtió en un escenario al aire libre que reunió a artistas internacionales como Karol G, el tenor italiano Andrea Bocelli y otros cantantes como Pharrell Williams, John Legend, Teddy Swims, Jelly Roll, BamBam y Angélique Kidjo.
El concierto también reunirá las voces de un coro internacional de 250 personas, entre ellas las del Coro de la Diócesis de Roma. Todo el conjunto estará orquestado por Adam Blackstone, productor musical de renombre mundial.
Espectáculo de luces y sonido con 3.000 drones
Pero el espectáculo fue más allá de la música. La empresa Nova Sky Stories presentóá una creación visual que iluminó el cielo de Roma con una coreografía de más de 3.000 drones, inspirada en los frescos de la Capilla Sixtina.
Esta innovadora puesta en escena convirtió la noche en un auténtico fresco viviente de sonidos y luces, una experiencia sensorial sin precedentes en el corazón de la cristiandad, según anunció el Vaticano.
El icono de la Virgen también fue proyectado. Crédito: Courtney Mares/EWTN News
La puesta en escena, inédita en la historia del Vaticano, marcó el tono del evento: una invitación a la fraternidad universal, al diálogo entre culturas y a la esperanza en tiempos de crisis global.
Ciudad del Vaticano, lunes 15 septiembre (PR/25) — El Vaticano lanzó este sábado, en la víspera de su 70 cumpleaños, el tráiler del documental Leo from Chicago, sobre la vida del Papa León XIV en Estados Unidos, país donde nació.
El documental, realizado por la Dirección Editorial del Dicasterio para la Comunicación, en colaboración con la Arquidiócesis de Chicago y el Apostolado El Sembrador Nueva Evangelización (ESNE), recorre la historia, hasta sus raíces, del Papa en el país norteamericano.
Tráiler de Leo from Chicago | Crédito: Vatican Media.
El proyecto, señala Vatican News, ha estado a cargo de los periodistas Deborah Castellano Lubov, Salvatore Cernuzio y Felipe Herrera-Espaliat, muestra distintos lugares como el área de Dolton en Chicago, donde el Papa vivía con su familia., con los recuerdos y relatos de los dos hermanos del Santo Padre, Louis Martin y John.
También se ven las oficinas, escuelas y parroquias dirigidas por los agustinos, el centro de estudios Unión Teológica Católica, y los lugares frecuentados por Robert Prevost, como el restaurante Aurelio’s Pizza o el Rate Field, el estadio del equipo de los White Sox.
El recorrido también incluye la Universidad de Villanova cerca de Filadelfia, y Port Charlotte (Florida), donde vive el hermano mayor del Papa.
En el documental aparecen unos 30 testimonios de personas que conocieron a León XIV en su niñez y juventud cuando, por ejemplo, fue a marchar a Washington para apoyar la causa de la defensa de la vida.