Mar 3, 2026 | Columnas, Especial
Del paisaje como personaje a los silencios que dicen más que las palabras, el cine rural argentino construye una mirada pausada, federal y profundamente identitaria sobre el territorio, el tiempo y las tensiones sociales del interior del país.
Por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine, especial para Primicias Rurales
Buenos Aires, sábado 28 febrero (PR/26) — El cine rural en Argentina constituye un campo fértil y profundamente identificatorio dentro de la producción audiovisual nacional. A lo largo de las últimas décadas, ha funcionado como una ventana hacia territorios, culturas y problemáticas que rara vez ocupan el centro de la escena mediática. Lejos del ritmo vertiginoso de las grandes ciudades, este tipo de cine propone una mirada pausada, contemplativa y, muchas veces, íntima sobre la vida en el interior del país.

Características:
Una de las características más distintivas del cine rural argentino es su fuerte anclaje en el paisaje. La pampa, el monte, la cordillera o las zonas áridas del norte no son meros escenarios, sino elementos narrativos que condicionan la vida de los personajes.
El entorno natural influye en sus decisiones, en sus silencios y en sus conflictos. En este sentido, la geografía se convierte en un personaje más, cargado de simbolismo y potencia visual.
Un ejemplo muy claro de esto se ve en La ciénaga de Lucrecia Martel (2001).
La película transcurre en una finca rural del noroeste argentino, en un clima sofocante, húmedo y estancado. La naturaleza —el calor, la vegetación densa, el agua turbia de la pileta— no solo rodea a los personajes, sino que refleja su deterioro físico, emocional y moral. El ambiente condiciona su apatía, su violencia contenida y su imposibilidad de cambio.
Lo podemos ver en este diálogo
—Hace calor… no se puede respirar.
—Siempre hace calor acá.
—La tormenta nunca llega.
—No va a llegar.
(Este intercambio ocurre mientras los personajes miran un cielo cargado, inmóvil. La tensión climática refleja la tensión interna: todo parece a punto de estallar, pero nada cambia.)
En esta escena, el clima no es sólo contexto:
El calor opresivo simboliza el estancamiento social y familiar.
La tormenta que no llega funciona como metáfora de una transformación que nunca ocurre.
Escena: https://youtu.be/WDlBxSifvpc?si=GAu5Lxxk4TWeDkNw
Trailer: https://youtu.be/en3Gw7SSsbg?si=WQ_c7uwW-nN-4_Z5
El tratamiento del tiempo también es particular. A diferencia del cine comercial, donde la acción suele ser constante, el cine rural privilegia los ritmos lentos, los planos largos y los espacios de contemplación. Este enfoque permite al espectador sumergirse en una experiencia más sensorial, donde lo cotidiano adquiere una dimensión poética. Las tareas rurales, los vínculos familiares y las tradiciones locales se presentan sin artificios, muchas veces con una estética cercana al documental.
Un ejemplo representativo es la película Jauja de Lisandro Alonso (2014).
Ambientada en la Patagonia del siglo XIX, la película se caracteriza por sus planos largos, silencios prolongados y una narrativa mínima. El tiempo parece dilatarse: caminar, esperar o simplemente observar el paisaje son acciones que ocupan gran parte del metraje. La experiencia no pasa por lo que “ocurre”, sino por cómo se percibe ese transcurrir.
Se puede ver en este diálogo:
—¿Cuánto falta para llegar?
—En estas tierras… no se llega. Se sigue.
—Todo parece igual.
—No es igual. Es el tiempo… que no apura.
(Los personajes avanzan lentamente por un paisaje casi inmóvil. El viento y el silencio pesan más que las palabras.)
Los planos largos obligan al espectador a habitar el tiempo de los personajes. La escasez de diálogo refuerza una experiencia sensorial más que narrativa. Las acciones cotidianas (caminar, orientarse, esperar) adquieren una dimensión casi existencial. La estética cercana al documental (poca música, actuaciones contenidas) genera una sensación de autenticidad.
Trailer: https://youtu.be/t4FHN8nkDnM?si=obTsEcVC9eQV0oKj
Lo vemos en una película más “costumbrista”, centrado en los vínculos familiares y el trabajo rural, es Las acacias de Pablo Giorgelli (2011).

El film sigue a un camionero que transporta madera desde Paraguay hacia Buenos Aires y, casi sin proponérselo, termina compartiendo el viaje con una mujer y su bebé. Aunque gran parte transcurre en la ruta, el universo que construye es profundamente rural: el trabajo, los tiempos muertos, la rutina y los silencios.
En este tipo de cine, el tiempo no “empuja” la historia: la deja respirar. Y en esa respiración aparecen lo afectivo, lo humano y lo profundamente cotidiano del mundo rural.
Trailer: https://youtu.be/3vJMCmEtCwg?si=TdWQBoEBixNspEKA
Otro rasgo clave es la exploración de identidades y tensiones sociales.
El cine rural argentino aborda temas como el arraigo, el desarraigo, la migración hacia las ciudades, el trabajo en el campo, la desigualdad y la relación con la tierra. En muchos casos, las historias reflejan el choque entre lo tradicional y lo moderno, entre generaciones o entre formas distintas de habitar el territorio.
Un claro ejemplo de este es La deuda interna de Miguel Pereira (1988).
Ambientada en una comunidad rural del noroeste argentino, la película muestra la vida de un niño indígena y su maestro, en un contexto atravesado por la pobreza, la desigualdad estructural y el abandono estatal. Allí se evidencian tensiones entre el mundo rural tradicional y las promesas —muchas veces incumplidas— de la modernidad.
Se observa en este diálogo.
—¿Para qué sirve aprender todo esto, maestro?
—Para que puedas elegir.
—¿Elegir qué?
—Quedarte… o irte.
—Acá no hay nada.
—Hay tierra. Hay historia.
—Pero allá dicen que hay futuro.
(Silencio. El viento en la puna, la inmensidad del paisaje.)
El conflicto entre arraigo y desarraigo aparece en la decisión de migrar o permanecer.
La desigualdad social se refleja en las limitadas oportunidades del entorno rural.
El choque entre tradición y modernidad se encarna en la escuela: promesa de progreso, pero también de ruptura cultural. La relación con la tierra no es sólo económica, sino de identidad y pertenencia.
Trailer: https://youtu.be/eJ_9A4Xnung?si=Gb8pzlnGQRIQfqgg
Asimismo, este tipo de cine ha sido una plataforma importante para visibilizar voces regionales. Directores provenientes de distintas provincias han logrado plasmar miradas auténticas, alejadas de los estereotipos centralistas. Esto ha contribuido a diversificar el panorama cinematográfico argentino y a construir una narrativa más federal.
Un ejemplo claro de cómo el cine argentino ha funcionado como plataforma para visibilizar voces regionales puede verse en directores de distintas provincias que filman desde sus propios territorios:
El invierno – Emiliano Torres (Patagonia, 2016)
Retrata la vida en una estancia patagónica, donde el clima extremo y el aislamiento moldean las relaciones laborales y humanas. La mirada surge desde el sur profundo, lejos de los imaginarios urbanos tradicionales.
Trailer: https://youtu.be/YM6NHUXCHhs?si=ByuNH9w1RI0ggP2H
Nosilatiaj. La belleza – Daniela Seggiaro (Salta, NOA, 2012). Aborda la identidad indígena y las tensiones culturales en el norte argentino, incorporando lengua y cosmovisión wichí. Ofrece una perspectiva íntima y situada, poco representada en el cine centralista.
Trailer: https://youtu.be/h5NPtQRJfhI?si=d5wdAwYUBz8G-5YA
La mujer sin cabeza – Lucrecia Martel (Salta, NOA, 2008)
Aunque con mayor proyección internacional, mantiene un fuerte anclaje regional. Expone las desigualdades sociales y raciales del norte argentino desde una mirada sensorial y crítica.
Trailer: https://youtu.be/YZuZ06rmdqI?si=JYOdw2bcgWqtkBAI
El movimiento – Benjamín Naishtat (interior / mirada federal, 2015)
Reinterpreta conflictos históricos en territorios rurales, aportando una visión descentralizada de la construcción política y social del país.
Trailer: https://youtu.be/XJrhY22eWvc?si=LXFBb-HwoTt8Sjw6
En conjunto, estos directores construyen relatos desde sus propios territorios, no desde una mirada externa.
Incorporan lenguajes, problemáticas y culturas locales.
Rompen con el predominio de Buenos Aires como único centro narrativo.
Contribuyen a un cine argentino más federal, diverso y representativo.
Este conjunto de miradas demuestra cómo el cine rural y regional amplía la identidad cinematográfica del país, integrando múltiples voces y experiencias.
Estética:
En términos estéticos, el cine rural suele apoyarse en actuaciones naturalistas, muchas veces con actores no profesionales, y en el uso de locaciones reales.
La iluminación natural, el sonido ambiente y la economía de recursos refuerzan la sensación de autenticidad. Este minimalismo formal no implica falta de complejidad; por el contrario, exige una gran precisión en la construcción narrativa.
Un par de ejemplos ilustrativos:

La libertad – 2001
Dir. Lisandro Alonso
Protagonizada por un hachero real (no actor), filmada en locaciones rurales con mínima intervención. Predomina el sonido ambiente y casi no hay diálogo.
Trailer: https://youtu.be/9STM-CUrrDA?si=ANjz23bkIwRx_k_l

Los muertos – 2004
Dir. Lisandro Alonso
Actor no profesional en un entorno selvático del Litoral. Uso de luz natural y largos silencios que refuerzan la sensación documental.
Trailer: https://youtu.be/4dCRxW6_hec?si=OJY4G8ZAgIv_yryq
Los últimos años:
En los últimos años, el cine rural ha ganado reconocimiento en festivales internacionales, consolidándose como una de las vertientes más valoradas del cine argentino contemporáneo. Su capacidad para narrar lo local con una sensibilidad universal le permite conectar con públicos diversos, más allá de las fronteras.
Premios y reconocimientos:
Jauja – 2014 Dir. Lisandro Alonso. Premio FIPRESCI en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes.
Nosilatiaj. La belleza – 2012. Dir. Daniela Seggiaro. Reconocida en festivales como Berlín.

En definitiva, el cine rural en Argentina no sólo documenta formas de vida, sino que también interpela al espectador sobre su relación con el territorio, el tiempo y la identidad.
En un mundo cada vez más urbanizado, estas historias ofrecen una pausa necesaria y una oportunidad para redescubrir la riqueza cultural y humana del ámbito rural.
No podemos dejar de referirnos a los clásicos fundacionales
Cine rural ligado a lo social y a la construcción de identidad nacional (gaucho, trabajo, tierra).
- Prisioneros de la tierra (1939) – Dir. Mario Soffici-
Trailer: https://youtu.be/CYtz74yQ9Ag?si=DhxPs4l6NBRTLxBA
- La guerra gaucha (1942) – Dir. Lucas Demare
Trailer: https://youtu.be/Ng2WSTD13lE?si=bAc5p_Gdo0AjeJmD

Transición y modernidad (años 60–80) Ruralidad más simbólica, marginalidad y figuras míticas.
- El dependiente (1969) – Dir. Leonardo Favio
Trailer: https://youtu.be/nENzsuvLHIY?si=Ep2PByDvJt0_y0Uy
Nuevo Cine Argentino (los 90–2000): Aparición del paisaje como protagonista y narrativas mínimas.
- La libertad (2001) – Dir. Lisandro Alonso (arriba mencionado)
- Historias mínimas (2002) – Dir. Carlos Sorín
Trailer: https://youtu.be/1vB3bXPwNbM?si=pNF7CHFYhqxytXRh
- Los muertos (2004) – Dir. Lisandro Alonso (arriba mencionado)
- El viento (2005) – Dir. Eduardo Mignogna
Trailer: https://youtu.be/r1FMMZ-cmxw?si=rSWHEueOqayHTWYA
Cine rural contemporáneo (2010–2020s): Ruralidad como experiencia sensorial, política y existencial.
- Las acacias (2011) – Dir. Pablo Giorgelli (arriba mencionado)
- La patota (2015) – Dir. Santiago Mitre
Trailer: https://youtu.be/iwrOi36_XEo?si=Hm-Z5kNP1ctwgrm3
- El invierno (2016) – Dir. Emiliano Torres (arriba mencionado)
- Zama (2017) – Dir. Lucrecia Martel
Trailer: https://youtu.be/XZLXAnVZT3k?si=LNlMvrbtJmfFvPu5

Plataformas clave para cine rural argentino:
- AR PLAY (INCAA)
- Retina Latina
- TV
- MUBI
- Amazon Prime Video (alquiler/compra)
- Apple TV
- Google TV
- YouTube
Especial para Primicias Rurales por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine
Mar 3, 2026 | Aventura y Turismo, Especial
Entre caminos que invitan a bajar la velocidad, flores que guardan secretos antiguos y atardeceres que tiñen todo de rosado, se encuentra San Gervasio, la pulpería que vio nacer a Tapalqué y se convirtió en un refugio elegido por viajeros y memoriosos. Un espacio donde la historia se mezcla con los sabores criollos https://drive.google.com/drive/folders/1yJN-1NBC-Q1mzqOwUhVeor-QvnWKQ2xU?usp=sharing
Buenos Aires, 3 de marzo (PR/26) .- El viento arma remolinos de tierra y el silencio parece guardar historias: así aparece la Pulpería San Gervasio, escondida en el paraje Campodónico. Llegar es parte del encanto y una verdadera aventura campestre. La Ruta Provincial 50 combina postales verdes que, por momentos, se ocultan tras el polvo y la serenidad del camino, hasta alcanzar el límite entre Azul y Tapalqué. Allí, el paisaje invita a bajar la velocidad y disfrutar del entorno. A mitad de camino entre Cacharí (31 km) y Tapalqué (23 km), esta pulpería histórica nos recuerda los orígenes de Tapalqué y también la vida rural de otros tiempos.
Sus raíces se remontan a 1850, cuando Manuel Cabral adquirió estas tierras y las bautizó “Estancia de la Libertad”, nombre que luego daría paso a la conocida “Estancia San Gervasio”. Desde entonces, fue un lugar elegido por la gente de campo, escenario de anécdotas y punto de encuentro para viajeros que buscaban descanso, historias y un vaso bien servido.
Antes de que lleguen las empanadas y las picadas, el paseo por la pulpería invita a detenerse en los detalles que la vuelven única. El jardín está lleno de flores que también guardan historias: la tradicional corona de novia, aquella planta que antiguamente se cultivaba en las casas de quienes soñaban con casarse con su gran amor; los conejitos rosados -o boca de dragón- que llenan de colores las antiguas paredes. Ese entorno delicado contrasta con el espíritu bien criollo de la pulpería, famosa por sus empanadas, una receta que ya lleva tres generaciones dentro de la misma familia. El resultado es una bienvenida perfecta antes de que empiece un almuerzo para recordar.
Cuando la puerta de la pulpería se abre, el campo infinito se despliega como una postal viva: los caballos parecen figuras en tres dimensiones recortadas sobre el paisaje, mientras la sombra fresca protege las mesas del sol de diciembre. A los costados, las vacas pastan con calma y los árboles se vuelven custodios del silencio y el lugar preferido de las aves durante la temporada veraniega. El verde domina en todas las direcciones y, al atardecer, el cielo rosado se funde con las paredes antiguas de San Gervasio, creando escenas que parecen pinturas fugaces.
Sobre los manteles blancos, decorados en las esquinas con una delicada guarda pampa, los cuencos de cerámica anuncian el ritual de la comida. En el aire comienza a esparcirse el aroma tentador de las empanadas, mientras los visitantes, relajados y sonrientes, comparten una picada que acompaña la escena con el ritmo sereno del campo.
Al lugar siempre vuelven viejos amigos, esos que alguna vez la habitaron durante más de sesenta años y regresan para revivir momentos felices o simplemente para contemplar el atardecer más bello sobre el campo abierto, antes de retomar la rutina con el corazón más conectado a sus raíces y a la naturaleza. Y entre esas pequeñas postales del lugar también aparece el clásico “panadero” -o diente de león-, que muchos soplan por costumbre o deseo. Lo que pocos saben es que ese gesto activa su mecanismo natural de dispersión: cada filamento blanco es una semilla alada, diseñada para viajar y conquistar nuevos rincones. El viento es su gran compañero, pero la intervención humana, incluso sin quererlo, prolonga ese viaje. Así que cuando vayas, podés soplar un diente de león, ayudar a que sus semillas lleguen más lejos, pedir un deseo y desearles un buen viaje para ellas… y vos.
Si andas buscando vivir una experiencia diferente San Gervasio mantiene vivo ese espíritu auténtico con sus paredes que cuentan secretos, mostradores que sobrevivieron a generaciones y un ambiente que huele a tradición. Un rincón ideal para quienes aman los lugares con alma, lejos del ruido y cerca de la esencia del campo bonaerense. Ir es hacer un viaje al pasado… y quedarse con ganas de volver. No olvides de contactarte a través de sus redes antes de ir, ya que no siempre está abierto!.@pulperiasangervasio
Cómo llegar
La Pulpería San Gervasio se encuentra en el paraje Campodónico, sobre la Ruta Provincial 50, justo en el límite entre los partidos de Azul y Tapalqué. Está ubicada a unos 23 km de Tapalqué y a aproximadamente 31 km de Cacharí, lo que la convierte en una parada accesible desde distintos puntos de la región. Para llegar desde Tapalqué, solo hay que tomar la Ruta 50 rumbo a Campodónico, donde un desvío señalizado conduce por un camino de tierra directo a la pulpería. Quienes viajen desde Azul o desde CABA pueden tomar la Ruta Nacional 3 hasta Cacharí y luego continuar por la Ruta 50 hasta llegar a San Gervasio, en un recorrido que combina campo abierto, tranquilidad y la antesala perfecta para descubrir este histórico rincón bonaerense. La pulpería está a 277 km de Buenos Aires. @pulperiasangervasio
Fuente: Prensa y difusión Sandra Kan & Cristela Cicaré
Primicias Rurales
Mar 2, 2026 | Agricultura, Columnas, Desarrollo Humano, Especial, Salud
Hemos olvidado que el suelo es un organismo vivo, un diseño perfecto del Creador que no necesita de venenos para prosperar. Al tratar la tierra como una fábrica inerte, hemos desconectado nuestra nutrición de su fuente de vida. Es hora de entender que la verdadera agronomía no es una guerra contra las plagas, sino un acto de mayordomía que reconoce que nuestra salud comienza en el respeto sagrado por la microbiología del suelo.
Por Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales
Para tener en cuenta: La salud del alma y la salud del suelo están íntimamente ligadas
Buenos Aires, lunes 2 marzo (PR/26) — En las últimas décadas, los campos del mundo se han transformado en escenarios de una guerra silenciosa.
Agrónomos, técnicos y productores, armados con el arsenal de la química moderna, batallan contra «malezas», insectos y hongos.
Sin embargo, tras años de «victorias» tecnológicas, el balance es alarmante: el suelo está más agotado, las plagas son más resistentes y, lo más grave, la humanidad padece una crisis sanitaria sin precedentes.
¿Qué estamos haciendo mal?
La Trofobiosis: El pecado de la sobrealimentación
La ciencia moderna nos ha llevado a olvidar un principio básico: la Trofobiosis. Al forzar el crecimiento de las plantas con fertilizantes sintéticos —especialmente el Nitrógeno soluble—, creamos organismos con una savia «dulce», llena de aminoácidos libres que son el banquete perfecto para las plagas.
En nuestra soberbia por controlar los tiempos de la naturaleza, hemos creado plantas metabólicamente desequilibradas. Una planta sana, nutrida por la compleja red de micorrizas y minerales traza del suelo, produce proteínas complejas que los insectos simplemente no pueden digerir. La plaga no es el enemigo; es el mensajero de un desequilibrio que nosotros mismos provocamos.
Suelo muerto, comida hueca, cuerpo enfermo
El suelo no es un soporte inerte; es un organismo vivo. Al tratarlo como una factoría de extracción, hemos roto la cadena de la vida.
- La pérdida de vitalidad: Una planta que crece en un suelo tratado con biocidas carece de metabolitos secundarios (antioxidantes y polifenoles).
- El impacto en la salud: Consumimos comida «hueca». Esta carencia nutricional, sumada a los residuos químicos, desregula nuestro sistema endocrino y daña nuestro microbioma intestinal, donde reside el 80% de nuestra inmunidad. La explosión de cánceres, alergias y enfermedades autoinmunes no es casualidad: es el reflejo de una biología interna que ya no reconoce lo que ingiere como «alimento vivo».

La solución a gran escala: Agricultura Regenerativa y Sintrópica
¿Es posible alimentar al mundo sin venenos? La respuesta es un rotundo sí, pero requiere un cambio de paradigma: de la extracción a la regeneración.
- Agricultura Sintrópica: Propuesta por Ernst Götsch, busca imitar la dinámica de los bosques. Se basa en la sucesión natural y la alta densidad de especies que cooperan en lugar de competir. En estos sistemas, la poda se convierte en el motor que fertiliza el suelo de forma gratuita y constante.
- Remineralización y Microbiología: Sustituir el NPK químico por harina de rocas y microorganismos eficientes. Esto devuelve al suelo la «memoria mineral» necesaria para que las plantas recuperen su sistema inmunológico.
- Manejo Holístico: Integrar animales y cultivos para cerrar los ciclos de nutrientes, devolviendo al suelo la materia orgánica que el sol y la fotosíntesis generan.
Una visión espiritual: El Creador y la Mayordomía
Más allá de la técnica, hay una verdad que hemos ignorado: la tierra no nos pertenece. En nuestra carrera por el rendimiento máximo, hemos olvidado el rostro del Creador en la creación. Existe un diseño inteligente en cada raíz y en cada filamento de hongo.
La salud del alma y la salud del suelo están íntimamente ligadas. Un suelo enfermo es el síntoma de un espíritu desconectado de su origen. Al envenenar la tierra, estamos profanando el sustento que nos fue dado para nuestra vitalidad y propósito.
Recuperar la agricultura es, en última instancia, un acto de humildad: es reconocer que no somos los dueños de la vida, sino sus guardianes o «mayordomos».
En un suelo sano, la vida florece sin esfuerzo. En un corazón conectado, la sabiduría de la naturaleza se vuelve evidente. Es hora de dejar de luchar contra la creación y empezar a danzar con ella.
Reflexión final: El cambio comienza en el suelo de nuestras propias decisiones. Cada vez que elegimos cómo producir o qué consumir, estamos votando por el mundo que queremos habitar.
Por Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales
Primicias Rurales
Fuentes : Life & Energy in Agriculture – Arden B. Andersen
Agroecología – Miguel Altieri
La Vida Secreta de las plantas
Mar 2, 2026 | Actualidad, Especial
En un contexto en el que la obra pública y su ejecución continúan generando controversias, está demostrado que los geosintéticos permiten aumentar la vida útil de los pavimentos, al mismo tiempo que reducen las tareas de mantenimiento y la necesidad de realizar trabajos de gran envergadura en vías deterioradas. Por su versatilidad, los geosintéticos se consolidan como una herramienta estratégica para el desarrollo de una red vial más segura, eficiente y sustentable.
Se estima que Argentina solo tiene entre un 10 y un 11% de sus caminos pavimentados y en condiciones de alta circulación.
Buenos Aires, 2 de marzo de (PR/2026) .- En medio del debate sobre la obra pública y con rutas cuyo estado resulta clave para el desarrollo de las economías regionales, el uso de geosintéticos gana protagonismo como una alternativa eficiente, económica y sustentable. Estas soluciones permiten reducir costos hasta en un 50% y, al mismo tiempo, minimizar el impacto ambiental. Su aplicación contribuye a prolongar la vida útil de los pavimentos y a disminuir las tareas de mantenimiento, evitando además intervenciones de gran envergadura en caminos deteriorados.
La longitud total de la red vial, incluyendo rutas nacionales, provinciales y caminos municipales, está en torno a más de 600.000 kilómetros según datos del Banco Mundial y otras fuentes sectoriales, aunque solo una porción que ronda entre el 10 y el 11% está pavimentada y en condiciones de alta circulación.
“Según estos datos, queda en evidencia que aún resta pavimentar decenas de miles de kilómetros, tanto en rutas principales como en caminos rurales, lo que expone la brecha existente entre la extensión total de la red vial y la porción efectivamente asfaltada”, señaló Víctor Guajardo, gerente general de Amanco Wavin. “La pavimentación de caminos mejora la seguridad vial, reduce los costos logísticos, impulsa el desarrollo económico regional y garantiza la conectividad y el acceso a servicios, entre múltiples beneficios”, concluyó.
Los geosintéticos son materiales elaborados a partir de polímeros industriales que permiten mejorar el comportamiento de los suelos en aspectos clave como el drenaje, la filtración y la impermeabilización. Su incorporación en obras viales se traduce en rutas más duraderas, menores tiempos de ejecución y una reducción significativa en el uso de maquinaria. Además, al optimizar los procesos constructivos, contribuyen a disminuir las emisiones de dióxido de carbono. Por su versatilidad, los geosintéticos se consolidan como una herramienta estratégica para el desarrollo de una red vial más segura, eficiente y sustentable.
Es por ello que Amanco Wavin, la empresa de construcción e infraestructura de Orbia, identificó siete ventajas de utilizar geosintéticos en la construcción de una ruta.

1- Facilidad en la construcción: los geosintéticos resultan más simples de manipular e instalar que muchos materiales tradicionales, lo que agiliza los tiempos de obra y permite reducir el período durante el cual una ruta permanece inhabilitada o con circulación restringida.
2- Durabilidad: al reforzar el suelo y optimizar la gestión del agua, los geosintéticos contribuyen a extender significativamente la vida útil de las rutas. Su uso reduce la necesidad de mantenimiento y los costos asociados a largo plazo, mejorando el desempeño estructural de una obra. En comparación con soluciones tradicionales, permiten duplicar la vida útil de una ruta y disminuir los costos de construcción y mantenimiento hasta en un 50%.
3- Refuerzo del suelo: Los geosintéticos, como los geotextiles y los geocompuestos, entre otros, se utilizan para reforzar y estabilizar el suelo sobre el cual se desarrolla un camino. Su aplicación evita la deformación diferencial y la migración de finos, contribuyendo a mantener la integridad estructural a lo largo del tiempo.
4- Separación y filtración: también se emplean para separar las distintas capas del pavimento y evitar que se mezclen entre sí. Esta función es clave, ya que impide que las partículas finas del suelo subyacente migren hacia la estructura del pavimento, un proceso que podría debilitar el camino con el paso del tiempo. Además, actúan como filtros, permitiendo un drenaje adecuado del agua y evitando la pérdida de material fino.
5-Drenaje: algunos geosintéticos, como los geocompuestos drenantes, optimizan el drenaje del agua dentro de la estructura de la ruta. Un sistema de drenaje eficiente reduce la acumulación de agua tanto en la superficie como en las capas inferiores del pavimento, disminuyendo el riesgo de deterioro y daños estructurales asociados a la presencia prolongada de humedad.
6-Prevención de erosión: los geosintéticos pueden aplicarse para proteger taludes y bordes de corte en rutas frente a la erosión provocada por la lluvia y otros factores ambientales. Su utilización contribuye a mantener la estabilidad del terreno, ayudando a prevenir deslizamientos y desprendimientos que afectan la seguridad y la durabilidad de la infraestructura vial.
7-Reducción de la emisión de gases de efecto invernadero: el uso de geosintéticos contribuye a disminuir las emisiones al reducir la cantidad de materiales pétreos necesarios —como piedra y arena— y optimizar el empleo de maquinaria para la construcción y el transporte de estos insumos. Esto se traduce en una menor huella de carbono asociada a la obra vial.
Primicias Rurales
Fuente: Amanco Wavin
Mar 1, 2026 | Agricultura, Economía / Economía del Agro, Especial
Desde el bosque costero de Claromecó hacia mercados de Europa, un emprendedor local logró convertir la recolección y procesamiento de piñones en un negocio exportador con valor agregado y proyección internacional.
Claromecó, domingo 1 marzo (PR/26) — Con más de 30.000 árboles implantados, tres exportaciones consecutivas de 6.000 kilos y un mercado internacional con precios que alcanzan los 100 euros por kilo, un emprendimiento forestal en Claromecó posiciona al piñón argentino como una alternativa productiva estratégica para el Cono Sur.
Desde un pequeño pueblo de la Costa Atlántica bonaerense, un ingeniero forestal convirtió una plantación sobre dunas en un proyecto exportador que hoy abastece al mercado europeo.
Con producción 100% artesanal y visión a largo plazo, Alejandro Camporini apuesta al piñón como nuevo fruto estrella del Cono Sur.
En Claromecó, localidad balnearia de apenas 2.500 habitantes en el partido de Tres Arroyos, el sonido del mar convive con otro paisaje menos conocido: un extenso pinar plantado sobre dunas que hoy posiciona al pueblo en el mapa internacional de los fruTos secos.
“Allí planté yo cada uno de estos pinos”, dice Alejandro Camporini, ingeniero forestal egresado de la Universidad Nacional de La Plata, mientras recorre la estación forestal que ayudó a forestar a fines de los años 90.
Fueron 6.000 ejemplares de Pinus pinea, el tradicional pino piñonero de copa en forma de paraguas que produce uno de los frutos más valorados del mundo gastronómico: el piñón.
Lo que comenzó como un recuerdo de infancia -juntar piñas con su abuela y pelar semillas a martillazos para el pan dulce y el pesto- se transformó en una apuesta productiva de largo aliento.
Tras años de intentos fallidos de otros productores, en 2023 Camporini logró concretar la primera exportación argentina de 6.000 kilos de piñones a España. La operación se repitió en 2024 y 2025 con volúmenes similares.
La producción es tan artesanal como desafiante. Entre mayo y octubre, las piñas se cosechan a mano, trepando árbol por árbol con una vara con gancho en la punta para hacerlas caer. Luego se acopian y, durante el verano, se secan naturalmente al sol hasta que se abren. Una máquina separa la semilla y finalmente se obtiene el piñón.
“De 100 kilos de piña salen apenas dos o tres kilos de piñón pelado listo para consumir. Por eso es un producto costoso y tan valorado”, explica el emprendedor. En Europa, el kilo de piñón puede alcanzar entre 70 y 100 euros, ubicándolo entre los frutos secos más caros del mercado.

La calidad del producto argentino ya fue reconocida por el mercado español. Agustí Nogueras, empresario del sector en Cataluña y primer comprador de la producción de Claromecó, destaca que las características organolépticas son equivalentes a las europeas. Además, señala una ventaja estratégica clave: mientras Europa enfrenta desde los años 90 la plaga del Leptoglossus occidentalis, que redujo drásticamente el rendimiento de los pinares, Argentina aún está libre de ese insecto.
En un contexto global de escasez y demanda insatisfecha, el Cono Sur aparece como una región con enorme potencial productivo. Chile ya trabaja en la intensificación del cultivo, y especialistas internacionales coinciden en que el hemisferio sur puede convertirse en un nuevo polo exportador.
Sin embargo, el piñón no es un cultivo de resultados inmediatos.
Un plantín tarda entre uno y dos años en desarrollarse; luego se foresta en invierno y recién a los ocho, nueve o diez años comienza a dar sus primeras piñas. Es una inversión que exige paciencia y visión de futuro.
“Quizá ya no pueda subirme a los árboles como lo hago ahora. Esto lleva tiempo y tal vez no llegue a verlo. Pero que la producción evolucione y que se siga plantando, aunque sea sin mí, sería un sueño”, reflexiona Camporini.
Desde un pequeño pueblo costero donde la economía gira en torno al turismo y la pesca artesanal, este proyecto abre la puerta a una nueva matriz productiva basada en el bosque, el valor agregado y la exportación. Del pinar a Europa, el piñón argentino empieza a escribir su propia historia.
Fuente: Cristela Cicaré
Mar 1, 2026 | Desarrollo Humano, Especial
En 1923, el fundador de la antroposofía anticipó que la apicultura industrial podría llevar a las abejas al colapso en menos de un siglo. Para él, la colmena no era un conjunto de insectos sino un organismo movido por fuerzas solares, una atmósfera de amor y una sabiduría cósmica. ¿Qué hay detrás de esta visión que aún inspira a la apicultura biodinámica?
Buenos Aires, En el otoño de 1923, en el Goetheanum de Dornach, el filósofo austríaco Rudolf Steiner se paró frente a un grupo de trabajadores y habló de abejas. Pero no habló de ellas como lo haría un entomólogo. No describió simplemente castas, feromonas o panales. Habló de sol, de amor y de destino cósmico.
Para Steiner, la colmena era un solo ser vivo. Un organismo superior donde miles de individuos funcionaban como células de un cuerpo mayor. Las obreras serían algo así como la sangre; los zánganos, un sistema nervioso disperso; y la reina, el centro vital. No había allí una suma de insectos, sino una unidad espiritual.
Una profecía de cien años
En esas conferencias —publicadas luego como Abejas— Steiner lanzó una advertencia inquietante: si la apicultura se volvía demasiado “racional y empresarial”, si se mecanizaba la cría de reinas y se forzaban procesos artificiales, las colonias perderían sus fuerzas vitales y podrían colapsar en un plazo de 80 a 100 años.
Décadas después, cuando el fenómeno del colapso de colonias (CCD) comenzó a preocupar a científicos y apicultores, muchos seguidores de la agricultura biodinámica recordaron aquellas palabras.
El hexágono como luz cristalizada
¿Por qué las abejas construyen celdas hexagonales?
Para la ciencia, es una solución geométrica eficiente: máximo espacio con mínimo material.
Para Steiner, era algo más profundo.
El hexágono no sería solo economía estructural, sino la forma en que la luz solar se solidifica en la Tierra. La abeja —a la que llamaba “criatura del Sol”— actuaría como mediadora entre el cosmos y la materia, cristalizando fuerzas solares en cera.
La obrera tarda 21 días en desarrollarse, un número que Steiner vinculaba con el ciclo de rotación solar. Completar ese ciclo implicaría quedar plenamente “solarizada”: trabajadora, estéril, dedicada a la estructura.
La reina, en cambio, emerge en apenas 16 días. Sale antes de completar el ciclo solar. Según Steiner, esa diferencia es crucial: al no “cristalizarse” del todo bajo la influencia solar, conserva su plasticidad vital y su potencia reproductiva. La jalea real —alimento exclusivo de la reina— sería la sustancia que permite esa desviación del destino solar común.
Miel: alimento y claridad mental
En la visión steineriana, la miel es “luz transformada”. No solo un azúcar natural, sino una sustancia que fortalece la sangre y, con ella, la claridad del pensamiento.
Así como las abejas organizan el espacio en hexágonos firmes, la miel ayudaría al ser humano a organizar sus ideas. Sin esa fuerza cohesionadora, decía, el pensamiento se volvería difuso, como nubes sin forma.
Abejas, avispas y hormigas: no son lo mismo

Steiner también trazó diferencias marcadas entre abejas, avispas y hormigas.
Las abejas se alimentarían de néctar y polen, sustancias “impregnadas de vida amorosa” de la flor. Transforman directamente ese alimento vegetal en cera y miel, productos que consideraba portadores de fuerzas cósmicas.
Las avispas, en cambio, construyen con papel: celulosa masticada. Para Steiner, este proceso implicaba un endurecimiento mayor, una relación más terrestre y menos vital que la de la cera.
Las hormigas, asociadas por él al ácido fórmico y a impulsos de voluntad, dependerían de sustancias ya transformadas —como el “ordeño” de pulgones— y no construirían estructuras geométricas internas como el panal. Su vínculo estaría más ligado a procesos de defensa y descomposición terrestre que a la recolección de luz.
Mientras la abeja sería una mediadora solar, avispa y hormiga representarían fuerzas más terrenales.
El legado biodinámico
Estas ideas no quedaron en el terreno filosófico. Inspiraron la agricultura y apicultura biodinámicas, hoy certificadas por organizaciones como Demeter International.
La apicultura biodinámica propone:
-
Favorecer la enjambrazón natural.
-
Evitar la cría artificial intensiva de reinas.
-
Permitir que las abejas construyan su propio panal.
-
Respetar los ritmos naturales del organismo-colmena.
Más allá de la discusión científica sobre sus fundamentos cosmológicos, el enfoque pone el acento en la integridad del enjambre como unidad viva.
Entre ciencia y símbolo
Muchas de las correspondencias astronómicas señaladas por Steiner no coinciden con los datos astronómicos actuales, y la biología moderna explica la diferencia entre reina y obrera a través de mecanismos epigenéticos y hormonales.
Sin embargo, su mirada sigue fascinando porque propone otra forma de leer la naturaleza: no como una máquina compuesta de piezas intercambiables, sino como un tejido de relaciones vivas entre la Tierra y el cosmos.
Quizás, en tiempos de crisis ecológica, la pregunta que deja flotando no sea si el hexágono proviene del Sol, sino si hemos olvidado mirar la colmena como algo más que una fábrica de miel.
Tal vez, como sugería Steiner hace más de un siglo, el destino de las abejas también hable del nuestro.
Primicias Rurales
Fuente: Bees – Rudolf Steiner