Necesidades de las Pymes productoras de expeler de soja para volver a exportar hasta 1000 millones de dólares anuales

Necesidades de las Pymes productoras de expeler de soja para volver a exportar hasta 1000 millones de dólares anuales

Rosario, 16 abril (PR/20) Por Jorge Augusto Simmermacher y Emilio López King, directores del Centro de Gestión de Exportaciones de Expeller de Soja Argentina — Unas 500 Pymes argentinas del sector de extrusado y prensado de soja, fabricantes de expeller y aceite de soja, agregando valor en origen, generando más de 10000 empleos directos, esperan desde hace años medidas concretas que les permitan salir de la cuarentena y exportar por 1000 millones de dólares, generando divisas que ingresarían inmediatamente al país, convirtiendo al sector en un potente acelerador del desarrollo de las economías regionales.
En Argentina se conocen  las características  del virus, que paralizó las exportaciones de expeller de soja, un producto distinto de la harina de soja,  producido libre de hexano, con importantes virtudes para la alimentación animal por sus características de palatabilidad  y  digestibilidad.
El antídoto que la emergencia nos obliga es  pensar en un DNU que fije en CERO POR CIENTO (0%) la alícuota del derecho de exportación al expeller de soja producido  por las  pymes extrusoras de soja  bajo la partida arancelaria  2304.00.90.200K.
En el caso de la cuarentena del coronavirus, vivimos  con certeza  la  incertidumbre  del futuro,  desconcertados ante un enemigo  desconocido  que irrumpió de golpe en el planeta  y en el caso de las exportaciones de expeller de soja, la voracidad fiscal reapareció con el Decreto. N°2.014/13 y generó años de cuarentena de exportaciones de  expeller de soja  mediante una fuerte encerrona promovida seguramente por sectores económicos con  intereses en pugna con las  Plantas Extrusoras.
Con la vacuna (alícuota del CERO POR CIENTO 0%) a las exportaciones de expeller de soja cesarían las cuarentenas  caprichosas e  irracionales,  recuperándose la capacidad ociosa de las plantas que, con su potencial de crecimiento, y dada la disponibilidad de soja en el campo, traerían  con  las esperadas exportaciones,  nuevos  tiempos de  desarrollo para  los pueblos del  Interior de nuestro País.
La coartada de meter a toda la industria de la molienda de soja en la misma bolsa,  sin  respetar la  diferenciación del expeller de soja por posición  arancelaria, ni la escala de negocio pyme,   es un fuerte golpe en contra de la generación de  empleo  que nos impusieron  los últimos gobiernos,  por lo que la cuarentena  viene de larga data.
Esta situación ha producido  un aislamiento forzoso de nuestras fábricas  extrusoras de los mercados externos para quienes las plantas fueron diseñadas.
Aquellos  emprendedores argentinos que  se jugaron confiando  en la promoción de Plantas Extrusoras para la  exportación de expeller de soja que otrora el  Gobierno a través del  INTA realizó a principios de siglo y reaccionaron invirtiendo, hoy  terminan infectados por el  desencanto y  la desilusión.
Confinados en cuarentena  entonces, sufrimos la suspensión de  toda actividad exportadora de expeller de soja a los países limítrofes en camiones,  o en contenedores al Sudeste Asiático desde el Puerto de Buenos Aires, y ahora el sector lejos de ser un virus para la economía podría convertirse en el motor del desarrollo local  generando más puestos de trabajo y  un importante ingreso directo de divisas a los pueblos del interior que podría superar  los 1.000 millones de dólares.
Los propietarios de estas fábricas, más de 500 en todo el país,  son   familias de productores agropecuarios argentinos, quienes confiaron y  construyeron sus plantas extrusoras de soja, en los últimos 13 años,  escalando así en la cadena de agregado de  valor en origen, con la ilusión de  exportar  expeller de soja  y  producir  alimentos  para animales  de  tambos,  feedlots,  criaderos de cerdos, establecimientos  avícolas y salmoneras.
No levantar la cuarentena fiscal que permita exportar el expeller de soja, sería un error no forzado, que impediría aprovechar  la oportunidad de no volver a abrir  una nueva caja de pandora,  en lugar de lograr un verdadero desarrollo de las economías regionales,  y solo dejarnos nuevamente  con la esperanza.       
Primicias Rurales
Después de la pandemia, un mundo naturalmente diferente

Después de la pandemia, un mundo naturalmente diferente

Después de la pandemia, un mundo naturalmente diferente

Por Manuel Marcelo Jaramillo, director General de Fundación Vida Silvestre Argentina:

No hay dudas de que afrontamos tiempos de incertidumbre, ansiedad y angustia. Pero hay al menos algo de lo que podemos estar seguros, aún en estos tiempos difíciles: no podemos volver al mismo mundo que teníamos antes del COVID-19.

En estos momentos es prioritario frenar el contagio y atender a las necesidades que se nos presentan en este contexto, y no debemos dejar de pensar en todas aquellas personas que afrontan esta situación sin las adecuadas condiciones habitacionales, o sin acceso a los recursos básicos para su alimentación. Esto ocurre en el mismo planeta donde el 30% de los alimentos se pierden durante el proceso productivo o se arrojan a la basura por no estar en condiciones de ser consumidos o por no responder a los estándares del mercado.

En las últimas semanas también hemos visto indicadores de calidad del aire en las principales ciudades que, por primera vez en décadas, se encuentran dentro de los parámetros aconsejados por la Organización Mundial de la Salud. La menor actividad industrial y sobre todo el menor flujo de transporte (público y privado) ha traído una fuerte disminución de la emisión de gases de efecto invernadero y contaminantes. Un ejemplo de esto se puede observar en la República Popular China, donde en el lapso de tres semanas se habría evidenciado una disminución de 150 de millones de toneladas métricas de dióxido de carbono: esto equivale aproximadamente al 40% de las emisiones de nuestro país durante todo un año.

Diferentes fotos, videos y relatos dan cuenta de la presencia de fauna silvestre en ambientes urbanos. Independientemente de algunas noticias falsas o de la reutilización de imágenes viejas, resulta evidente que la disminución de nuestra presencia en las ciudades, invita a aquellas especies que nos acompañan muy de cerca todos los días (pero muchas veces pasando desapercibidas), a ocupar nuevos espacios o a “recolonizar” lo que alguna vez fue parte de su hábitat.

Estas son algunas muestras de la capacidad de respuesta de la naturaleza a una reducción de nuestra huella ecológica y es un excelente indicador de la capacidad de recuperación natural. Con estos indicadores el planeta nos recuerda algo que nunca debimos olvidar: nosotros necesitamos mucho más al planeta, de lo que él necesita de nosotros.

Entre las múltiples tragedias que posiblemente genere esta pandemia hay una que, como sociedad global, podemos y debemos evitar: “volver al mundo” como si nada hubiera pasado y cometer los mismos errores. Eso sería irresponsable e incluso evidenciaría una falta de inteligencia de nuestra parte.

La pandemia por el COVID-19 ha prácticamente paralizado y modificado nuestra forma de vida. Pero interpretar los indicadores que mencionábamos anteriormente como una mejora para el ambiente es, cuanto menos, engañoso. Lo que esto nos permite entender es que definitivamente necesitamos una nueva forma de relacionarnos con la naturaleza que nos rodea.

Si bien todavía quedan muchas preguntas sobre los orígenes exactos del COVID-19, la OMS ya ha confirmado que se trata de una enfermedad zoonótica, es decir que se transmitió de los animales a los humanos. ¿Necesitamos más pruebas de que nuestra salud y la de la naturaleza están estrechamente conectadas? Y si ya sabemos que esto es así, ¿no es hora de que la cuidemos como corresponde? Lastimar a la naturaleza, es lastimarnos a nosotros mismos y eso es lo que hemos estado haciendo.

La alteración de los sistemas naturales por destrucción del hábitat, la pérdida de biodiversidad, el tráfico de especies, la intensificación agrícola y ganadera, sumado a los efectos amplificadores del cambio climático, multiplican el riesgo de aparición de enfermedades de origen animal transmisibles al ser humano. La destrucción de los bosques, la minería, la construcción de carreteras y el aumento de población, no sólo provoca la desaparición de especies, sino también que las personas tengan un contacto más directo con especies de animales salvajes y, de esta forma, también con sus enfermedades. Cuando los ecosistemas se modifican o destruyen y se alteran los equilibrios ecológicos, se facilita la propagación de patógenos, aumentando el riesgo de contacto y transmisión al ser humano.

Hay que recordar que el 70% de las enfermedades humanas tienen origen zoonótico, pero la realidad es que virus y bacterias han convivido con nosotros desde siempre y se distribuyen entre las distintas especies sin afectar al ser humano en hábitats bien conservados. Una naturaleza sana, con biodiversidad conservada es el mejor amortiguador de pandemias.

Cuando todo esto pase, o al menos empiecen a reactivarse las actividades, muchos países (incluido el nuestro) van a necesitar un fuerte estímulo a la producción. Y resulta lógico que así sea. Pero en este punto es clave que, para evitar seguir cometiendo los mismos errores, nos preguntemos cómo hacerlo y revisemos los actuales esquemas productivos. La reactivación económica no puede ser a cualquier costo, existen otras formas de producir y es momento de redefinirlas.

Es importante que, en ese sentido, busquemos alternativas sustentables que nos permitan compatibilizar la producción con la conservación de nuestros ambientes naturales. Existen posibilidades de satisfacer las necesidades económicas y las expectativas razonables de crecimiento y, a la vez, garantizar que nuestros recursos naturales estén disponibles para nosotros y para las generaciones futuras.

Asegurar la producción de alimentos sanos y saludables en las proximidades a las ciudades, promover la agricultura urbana y apoyar con incentivos fiscales y económicos a la producción agroecológica permitiría, por ejemplo, menores costos de transporte y menor desperdicio de alimentos; a la vez que aumentaría la demanda de mano de obra en los sectores de mayor necesidad. Asociado a esto, la promoción de la economía circular facilitaría la optimización del uso de los recursos naturales, antes que se transformen en basura. Así podríamos reducir nuestra huella ecológica y generar oportunidades genuinas de desarrollo local, con especial foco en las comunidades más vulnerables.

La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la reducción de contaminantes forman parte de acuerdos internacionales firmados por nuestro país y ratificados por el Poder Legislativo.

Es necesario dejar de incentivar la explotación de combustibles fósiles para que nuestra matriz energética migre rápidamente a una electricidad proveniente de la gran cantidad de fuentes renovables que posee la Argentina. Una adecuada promoción fiscal y financiera en este sector podría generar nuevas oportunidades laborales para personas en diferentes partes del país, promoviendo una transición energética justa y reduciendo nuestra huella de carbono. Fomentar la eficiencia energética colaboraría fuertemente en reducir esta huella y tanto la implementación de técnicas como la manufacturación de nuevos equipos serían también oportunidades para que se incorporen más trabajadores al mercado laboral.

 

 

La deforestación para agricultura ganadería y otros usos de la tierra representa el segundo sector que genera más emisiones de efecto invernadero en nuestro inventario nacional. Además, las consecuencias de la deforestación se traducen en la pérdida de servicios ecosistémicos, el empobrecimiento de comunidades locales y ponen peligro la resiliencia de los sistemas agrícolas, siendo más vulnerables a los efectos del cambio climático. Es por eso, que un adecuado manejo de estas actividades y una correcta protección de estos ecosistemas, podría disminuir dichas emisiones –alcanzando los compromisos asumidos-, dar sustento a la vida de las comunidades locales, fomentar la seguridad alimentaria y promover un desarrollo económico sostenible.

Fue necesaria una pandemia y la amenaza que ello implica, para que quede evidenciada la necesidad de cambiar la forma en la cual nos relacionamos con nuestro planeta. Hay muchas estrategias que permiten combinar lo económico, lo social y lo ambiental y no podemos seguir esperando para ponerlas en marcha. Necesitamos promover un Nuevo Acuerdo entre la Naturaleza y las Personas de forma urgente. Desde la Fundación Vida Silvestre Argentina trabajaremos en ese sentido renovando nuestro compromiso asumido hace ya más de 43 años. Invitamos a todos a asumir el compromiso con nosotros.

Fuente: Vida Silvestre

Coronavirus: las consecuencias de la causa, por Enrique Erize

Coronavirus: las consecuencias de la causa, por Enrique Erize

Por Enrique Erize

Cuando en el 2002 comenzamos a escribir sobre China y organizamos un Tour a la nación asiática en el 2004 para más de 30 productores agropecuarios, nuestra convicción era que se hacía indispensable conocer al país que estaba por cambiar al mundo. La historia “reciente” de China arranca en 1949 con el triunfo de Mao Tse Tung sobre Chiang Kai Schek y la instauración del comunismo en el Gigante Asiático…

El fracaso estrepitoso de dicha idea se modifica cuando Deng Xiaoping toma el poder en 1978 y, manteniendo el sistema de partido único, con su famosa frase “no importa si el gato es blanco o negro sino que cace ratones” lanza a China a la economía de mercado.

Desde entonces, rige el sistema de un país con un partido único en el poder (el Partido Comunista Chino lleva ya más de 70 años) con una economía de tinte capitalista. Y sobrevino la explosión que en pocos años fue posicionando a China como una creciente economía a nivel global, con tasas de crecimiento por décadas de su PBI nunca vistas en la historia moderna y contagiando a otros países del sudeste asiático. Desde 1978 al 2018 China atrajo un total de 2 trillones de dólares en inversión extranjera directa para aprovechar esa apertura al mundo real. Casi 1 millón de empresas extranjeras se instalaron en ese período. En la actualidad, China comercializa con 230 países/regiones y tiene firmados 17 tratados de libre comercio. La educación se basa en un sistema meritocrático. En 1978 sólo el 2% de la población accedía a una educación superior. Hoy lo hace el 48%. En el ránking de “ambiente de negocios” China escaló 32 puestos en el último año. Y tiene un superávit comercial anual con EE.UU. de nada más y nada menos que 375 mil millones de dólares (por ello la “guerra” de Trump).

Entre algunas de las “consecuencias” del crecimiento chino podríamos afirmar que países de América Latina, Asia y Africa han visto mejorar sus “términos de intercambio” gracias a la voracidad china por materias primas, mientras que las economías desarrolladas han podido mantener bajo control la inflación debido a los bajos precios de las manufacturas chinas. ¿O no es así?

Un cambio de paradigmas a nivel mundial absolutamente tremendo y desafiante.

Así, por 19 años hemos estado interpretando que el mundo estaba asistiendo a un desafío por la hegemonía global al ingresar al siglo XXI. Bajo la convicción de que estábamos ante momentos “bisagra” en la historia de la humanidad.

Finalmente, comenzamos el 2020 con la novedad del coronavirus Covid-19 y desde mediados de febrero el tema ha sido -naturalmente- excluyente. Ríos de tinta opinando, justificadamente, sobre las consecuencias del flagelo. Crecientes discusiones -también procedentes- sobre el dilema salud versus economía.

En fin, cuestiones vinculadas con las consecuencias del coronavirus.

También han surgido interrogantes: ¿Fue un accidente?; ¿fue algo premeditado?, ¿por China?; ¿por EE.UU.? También estos interrogantes han sido planteados y son motivo de innumerables opiniones de muchos especialistas en temas vinculados con la Geopolítica.

En fin, cuestiones también vinculadas con las causas del coronavirus.

Ahora, sería prudente pensar en las consecuencias de la causa.

Y no se trata de un juego de palabras. Hacemos referencia al mundo que sobrevendrá cuando se sepa (¿se sabrá alguna vez?) cual fue la causa del flagelo.

El reconocido escritor Graham Allison (también asesor de la Secretaría de Defensa de los EE.UU. desde Reagan hasta Obama) en su libro Destined for War (destinados a la guerra) se plantea si EE.UU. y China podrán “escapar” de la conocida trampa de Tucídides. La misma explica las casi inexorables consecuencias de un fenómeno tan viejo como la historia cuando una nación intenta desplazar a otra en la lucha por la hegemonía mundial. El fenómeno se he verificado 16 veces en la historia en los últimos 500 años.. Doce veces se terminó en guerra, dice Allison. Su libro no pretende predecir el futuro, sólo quiere prevenirlo.

Al leer ese libro a fines del 2017, la primera pregunta fue instintiva: ¿Hay lugar para una guerra convencional? La respuesta fue rápida: no. La consecuente e inevitable segunda pregunta fue: ¿será biológica?…

Aquí estamos hoy.

Cuando la cuestión sanitaria se vea superada y comiencen a multiplicarse las medidas para superar las consecuencias económicas globales del flagelo, ganará espacio el debate sobre las consecuencias de la causa.

Sobre las consecuencias del Covid-19 sobre la salud del planeta y/o sobre la economía mundial hemos escuchado y leído muchas e interesantes explicaciones.

Falta ahora ampliar el debate sobre la causa del flagelo, para luego opinar sobre las consecuencias de la misma.

Si la causa fue un accidente, la historia es una. Si no lo fue, las consecuencias de la causa abren tremendos interrogantes.

¿Podremos superar la trampa de Tucídides?

El mundo no será el mismo si se comprobara (¿se podrá?) la culpabilidad de una u otra nación. Podría reaparecer en su peor versión la guerra comercial EE.UU. vs China. Sin olvidar el tremendo déficit comercial de los estadounidenses y la encrucijada en que se verían muchos países de peso en el mundo a la hora de tomar partido por una parte o por la otra.

Comprenderemos entonces que estábamos, nomás, viviendo años “bisagra”. Ya el mundo no será el mismo y comprenderemos que comienza otra historia.

Seguramente, con desafíos más complejos que los imaginados.

Por Enrique Erize -Nóvitas S.A.

Primicias Rurales

Un tiempo para estadistas

Un tiempo para estadistas

Buenos Aires, abril 13, (PR/20) — Comunicado de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA):

Aún cuando apenas nos encontramos transitando el primer cuatrimestre de este 2020, ya podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que este año será recordado como el año de la pandemia del Coronavirus conocido como Covid-19.

Un año en que se ponen a prueba fortalezas y debilidades de los diferentes sistemas políticos de todos los países del mundo, sus realidades económicas y la sustentabilidad de su entramado social.

No son pocos los pensadores y analistas que consideran que nos enfrentamos a uno de esos momentos bisagra de la historia que marcan el final de una era y el consecuente comienzo de un nuevo tiempo que, sostienen, se caracterizará por un palpable debilitamiento de la globalización y el resurgimiento de peligrosas aventuras de populismos nacionalistas.

Este momento, tal vez, fundacional vuelve a encontrar a la Argentina sumida en una crisis profunda, económica y social, cuyo pronóstico de evolución se percibe agravado como consecuencia no sólo del necesario aislamiento sanitario preventivo que se impone a toda la población, sino también por la existencia de persistentes desencuentros ideológicos que dificultan sobremanera la unificación de criterios que faciliten la generación de consensos básicos e imprescindibles para el diseño de políticas de reconstrucción para el día después.

Así, el reclamo de empresarios que desempeñan actividades productivas generadoras de divisas y de puestos de trabajo, respecto de la urgente necesidad de comenzar a transitar un camino de reducción de una presión impositiva que ya antes de la pandemia implicaba un asedio fiscal insostenible, choca de frente con la pretendida creación de un nuevo impuesto de emergencia y por única vez (como tantos otros que existen desde hace años y bajo la misma premisa inicial) que algunos sectores del Gobierno propician y tratan de justificar bajo el manto de la necesidad de ayuda solidaria al mejor estilo Robin Hood: Continuar asfixiando a quien produce para repartir a los sectores más carenciados.

Esta postura surge a contramano de incontables estímulos económicos que otros países están diseñando para sostener a sus empresarios, y sus propulsores parecen no comprender que el aparato productivo agropecuario argentino puede volver a erigirse como el pilar fundamental que el país necesita para superar esta crisis.

Los productores argentinos de alimentos pueden otra vez afrontar el gigantesco desafío en procura de un nuevo salto productivo imprescindible en las circunstancias que se avecinan, pero para ello se requiere un mínimo de condiciones de previsibilidad y un contexto económico amigable que lo potencien. Claramente, para pensar en repartir, primero debemos ser capaces de producir. Aún a riesgo de parecer oportunistas, no se puede dejar de marcar que el camino de recuperación económica post crisis no se cimenta sobre más impuestos sino sobre una mayor y mejor producción que posibilite la asistencia social.

Como nunca antes, la dirigencia política argentina tiene la oportunidad de evitar la recurrente costumbre de perseguir, oprimir y castigar al buen empresario, aquel que arriesga, invierte y produce sin prebendas ni subsidios, y así ayudar a dejar atrás un modelo de país que sólo parece premiar al delincuente.

Fuente: CRA

Primicias Rurales

¿Cómo era la Argentina carnívora antes de la pandemia? y ¿Cómo nos preparamos para lo que viene?

¿Cómo era la Argentina carnívora antes de la pandemia? y ¿Cómo nos preparamos para lo que viene?

Buenos Aires, 9 abril (PR/20) — Análisis de Adrián Bifaretti, Jefe del Departamento de Promoción Interna del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).

La cuarentena está ya grabada a fuego en nuestras vidas. Pasan los días y los argentinos nos estamos acordando cada vez más del asado. ¿O acaso hay alguien que se ponga a pensar solo en el olor a asado y no se le haga agua la boca? Les aseguro que no hay nadie en esta bendita tierra que no esté anhelando casi con desesperación volver a compartir un asado con sus seres más queridos.

No cabe dudas que estamos en una etapa de profundos cambios, algunos jamás imaginados, como si estuviéramos viviendo una película de ciencia ficción…

¿Qué nos depara el futuro?

Incertidumbre por donde se nos ocurra. A pesar de ello, entender y comprender mejor lo que está sucediendo en los mercados nos permitirá prepararnos mejor como sector para el futuro.

El IPCVA es hoy referente sectorial en materia de precios minoristas y en lo que respecta al conocimiento del consumidor argentino de carnes. Este posicionamiento se debe a un interrumpido esfuerzo en la concreción de estudios de mercado desde hace más de quince años.

Lo que estamos haciendo en esta compleja coyuntura es reforzar los estudios de mercado que venimos llevando adelante con el Instituto.

Lo podemos seguir haciendo con aislamiento social y todo, ya que nuestros estudios on line y nuestras metodologías de recolección de datos nos lo permiten.

La vorágine de los cambios… las noticias cambian minuto a minuto… nos ha llevado a modificar la frecuencia de nuestros relevamientos y ello nos permitirá a la brevedad tener mayor claridad para que los productores ganaderos y la industria puedan enfrentar con éxito los inexplorados escenarios postpandemia.

Entender mejor las nuevas necesidades de la gente nos va a permitir como sector cárnico estar a la altura de las circunstancias. Ese es el reto que afrontamos y con el que nos comprometemos plenamente…

Primicias Rurales

Fuente: IPCVA

Y de golpe, el Ministerio de Agricultura se reorganizó y pasó a tener más subsecretarías

Y de golpe, el Ministerio de Agricultura se reorganizó y pasó a tener más subsecretarías

Buenos Aires, 8 abril (PR/20) Por Matías Longoni — El último sábado, por decreto presidencial, el gobierno realizó múltiples modificaciones a la estructura de la Administración Pública, y alguna tocó de cerca al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca.
En concreto, la medida desandó una pequeña parte del camino que había iniciado el gobierno de Cambiemos en febrero de 2018 para “reducir cargos políticos”, al eliminar 12 de las 20 subsecretarías que tenía entonces esa cartera.  Ahora, bajo la tutela del ministro Luis Basterra, se recrearon dos subsecretarías, elevando el número a 10.

No es la única lectura que debe hacerse acerca del Decreto 335/20 en lo que se refiere al reparto del poder dentro del mosaico de lineas políticas que conviven desde diciembre en el edificio de Paseo Colón al 900, ya que salta a la vista que se limitó el margen de acción de los movimientos sociales que manejan la Secretaría de Agricultura Familiar y se ensancha el margen de acción tanto de la jefa de gabinete, Diana Guillén, como del secretario de Alimentos, el sanjuanino Marcelo Eduardo Alos.

Los cambios concretos en la estructura de Agricultura son:

Cambia de manos la Subsecretaría de Coordinación Política del Ministerio, que antes estaba a cargo de Hugo Rossi y se ocupaba de temas sensibles como la Emergencia Agropecuaria y el manejo de fondos para socorrer a las provincias. Ese sector había quedado bajo el paraguas de Agricultura Familiar pero ahora pasará a depender directamente de Guillén. Lo maneja actualmente el licenciado Ariel Ernesto Martínez.

En Alimentos y Bioeconomía, la Secretaría al mano de Alos (un hombre de las provincias y especialmente de José Luis Gioia), se cambia la denominación, ya que ahora pasará a ser también de “Desarrollo Regional”. En ese mismo sentido, se crearon allí dos subsecretarías que todavía no tienen responsable designado: una es la de Desarrollo de Economías Regionales y la otra de Fortalecimiento Productivo y Sustentable para Pequeños y Medianos Productores Agroalimentarios.

En Agricultura Familiar también hay cambios. La pérdida de la Subsecretaría de Coordinación Política fue compensada con la creación de otra Subsecretaría llamada de Programas de Desarrollo Productiva. Pero además hay un cambio de denominación, que responde a la necesidad de reconocer a los pueblos originarios en el marco de la interna de los movimientos sociales que han apoyado al gobierno en la campaña electoral y recalaron en ese espacio. Ahora se llama “Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena”.

En definitiva la estructura de Agricultura quedará de la siguiente manera:

Del  Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, a cargo del agrónomo Luis Basterra, dependen directamente dos subsecretarías:

  • La Subsecretaría de Gestión Administrativa ocupada por Julio César Vitale.
  • La Subsecretaría de Mercados Agropecuarios que está al mando de Javier Preciado Patiño.

Luego aparece la primera y más importante Secretaría, la de Agricultura, Ganadería y Pesca, a cargo del abogado Julián Echazarreta. De él dependen:

  • La Subsecretaría de Agricultura que ocupa el contador Delfo Buchaillot.
  • La Subsecretaría de Ganadería (que ahora se llama además de Producción Animal), que ocupa el veterinario José María Romero.
  • La Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, que alberga al abogado Carlos Damián Liberman.

En la Secretaría de Agricultura Familiar, Coordinación y Desarrollo Territorial, que ahora se llama de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena, sigue Miguel Angel Gómez, de quien dependen:

  • La Subsecretaría de Agricultura Familiar y Desarrollo Territorial, a cargo de la socióloga Yanina Beatriz Settembrino
  • La Subsecretaría de Programas de Desarrollo Productivo, que todavía no tiene responsable designado.

La recreada Secretaría de Alimentos y Bioeconomía (que ahora incorpora Desarrollo Regional), a cargo de. Marcelo Eduardo Alos, tiene a su cargo dos áreas cuyos responsables deben formalizarse:

  • La nueva Subsecretaría de Desarrollo de Economías Regionales.
  • La nueva Subsecretaría de Fortalecimiento Productivo y Sustentable para Pequeños y Medianos Productores Agroalimentarios.

Finalmente la Unidad Gabinete de Asesores del ministro, que no debería ser un área en si misma (pues se trata de un cuerpo de asesores, justamente) comenzará a manejar territorio propio en el nuevo organigrama. De la agrónoma Diana Guillén pasa a depender:

  • La Subsecretaría de Coordinación Política, que venía siendo ocupada por el licnciado Ariel Ernesto Martínez

Primicias Rurales

Fuente: Bichos de Campo