Por Eugenia Brusca*.
Buenos Aires, 2 noviembre (Especial para NA) — Un cambio de tendencia en el consumo se verifica ya que en el año 2019 la compra, la decisión y la cocción de la carne vacuna son actividades compartidas tanto por el hombre como por la mujer.
Esto lo circunscriben las nuevas generaciones.
Es importante conocer el escenario para desarrollar estrategias que incentiven el consumo de la carne vacuna.
En el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) manejamos que el consumo actual de los cortes bovinos está en 50 kilos por habitante, al año y bajó un 11%.
Ocurre que el poder adquisitivo de los argentinos está deprimido, este año ha caído un 20 por ciento, merma que tuvo influencia en el consumo de la carne vacuna.
Hoy en día nuestra esperanza y las encuestas del IPCVA muestran que cualquier mejoramiento del poder adquisitivo del argentino se va a verificar rápidamente en una reposición del consumo de carne vacuna. .
Respecto de la tendencia, podemos decir que el 50% de la población económicamente activa a nivel nacional e internacional lo constituyen esta nueva generación, los millenials, los que muestran una mujer mucho más presente en el ámbito laboral, la cual tiene otra vida además de la casa y entonces ha tenido que dar lugar al hombre a que tome mayor protagonismo en las actividades hogareñas.
Hemos notado eso y es muy importante conocerlo para poder tomar una decisión en lo que es la promoción de la carne vacuna argentina, porque sus gustos y preferencias son muy diferentes en el hombre y la mujer.
También hemos notado que la mujer está más ocupada que el hombre en la actividad diaria y es «decisiva». Las mujeres millenials tienen su poder de decisión antes de ir a la carnicería saben qué consumir, son más de ir al supermercado, a diferencia del hombre que le gusta mucho más la carnicería porque encuentra en el carnicero una especie de amistad.
A la mujer le gusta lo inmediato, tener ya preparaciones en el frezeer es algo que la caracteriza en las nuevas generaciones. Sin embargo la realización del asado es una actividad que la efectúa el hombre de la casa y sigue haciendo la compra del asado del domingo.
Así se muestra como se van conformando las nuevas decisiones de consumo a nivel hogar.
Estas nuevas generaciones como son los millenials se han criado en épocas de crisis en las cuales el pollo y el cerdo habían tenido mucha preponderancia con respecto a sus antecesores.
Gracias a que incluyeron esas carnes en su alimentación permitió que estas nuevas generaciones las elijan como menú.
La misión del IPCVA como promotor de la carne vacuna es poder leer esto, qué está pasando con el mercado y poder elegir las estrategias de marketing que debemos tomar.
El desafío es conquistar este público que ha estado perdido para la carne vacuna. En realidad la conclusión es que hemos difersificado nuestra canasta de proteínas (carnes vacuna, aviar y porcina), pero poder llegar a ellos de una manera eficaz, es nuestro fin.
Nosotros podemos ver qué lo inmediato, la rapidez, la comodidad es una característica muy fuerte en las nuevas generaciones porque viven sin tiempo. Realizan muchas actividades en lo diario, ya la alimentación pasó a ser algo que se soluciona muy rápido, no existe una preparación que requiere mucho tiempo.
Pero contradictoriamente vemos que existe un gusto por la cocina gourmet muy marcado en estas nuevas generaciones lo que evidencia una esperanza.
Debemos enseñarle a estas nuevas generaciones las nuevas formas de cocinar o que al ser la carne vacuna un alimento versátil, el cual no necesita mucho tiempo para su cocción es ahí a dónde apuntamos y vamos.
Entonces hemos empezado hace dos años una campaña de dar a conocer los diferentes cortes alternativos de la carne vacuna. Se trata de esos que necesitan menos tiempo de cocción o que son más económicos, todos ellos los podemos encontrar a través de recetarios que nosotros difundimos en las jornadas, seminarios en la Exposición Rural de Palermo por ejemplo, en el canal de You Tube, en nuestras redes sociales, en la página web del IPCVA y en otros sitios. Ese es nuestro trabajo.
Por ejemplo promocionamos el «chingolo», la «palomita» y «aguja» son cortes que no son conocidos a nivel poblacional en general, suelen ser los más baratos y en momentos de crisis es muy importante incentivar la cantidad y calidad de la carne consumida. Esos fueron los cortes que nosotros hemos detectado y nuestros recetarios fundamentalmente se focalizan en ellos.
(*) Perteneciente al área de Promoción Interna del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA)
“El alimento es un problema transversal a todas las áreas que no puede ser tratado y decidido solo por especialistas del Ministerio de Salud que solo miran la parte bromatológica, o bajo un ministerio de nombre obsoleto como Agricultura, Ganadería y Pesca. La palabra agricultura, de hecho, la rompimos. Le sacamos la cultura y brevemente se asumió, con un nombre mas honesto, Agroindustria. Era horrible, pero más honesto”. Así lo indica la cocinera Narda Lepes en un artículo de opinión publicado hoy en La Nación.
Uno. El sector agroindustrial es el cordón umbilical que conecta a la Argentina en el resto del mundo. Sin las divisas aportadas por el mismo, la organización de la sociedad argentina, tal como la conocemos, sería inviable. Y los problemas económicos y sociales presentes serían mucho más graves.
“No olvidemos que todo está atravesado por el alimento. Todas nuestras vidas y nuestro país. Es decir; el 60% de lo que consumimos proviene de la agricultura familiar (sic). Y, sin embargo, festejamos que producimos comida para chanchos que se comen en otro país y maíz que se va para generar puestos de trabajo afuera”, asegura Narda.
Dos. La posibilidad de producir y comerciar a escala global grandes volúmenes de fuentes energéticas (como el maíz) y proteicas (como la soja) destinadas a la alimentación animal, garantiza que miles de millones de personas que viven en zonas del planeta donde escasea la superficie de tierra productiva puedan mejorar y diversificar los componentes de su dieta. Lo ideal –tal como ocurre en Brasil– es transformar los granos en proteínas animales dentro del propio territorio para luego exportarlos y generar así más trabajo local; pero para que eso ocurra se necesitan condiciones macroeconómicas estables, acceso al financiamiento e integración comercial con los principales mercados de destino.
“Comamos variedad de vegetales de estación. Conectemos con el campo, que no es solo ganado, soja y maíz, sino gente que necesita trabajar para producir aquello que necesitamos comer”, afirma Narda.
Tres. En la producción de ganado, soja y maíz trabajan muchas personas. De hecho, el agro fue el único sector privado que creó la mayor cantidad de puestos formales en el último año, el cual estuvo, en términos generales, caracterizado por la destrucción de empleo. La necesidad de diversificar la dieta local, con una mayor incorporación de frutas y verduras, no colisiona con la ganadería y la agricultura extensiva, pues ambas producciones, dependiendo del caso, se realizan en zonas diferentes o pueden ser complementarias.
“El sentido común indica que no se puede planear o decidir sobre los alimentos con una única mirada, pero lamentablemente es lo que hoy está ocurriendo: todo se concentra en una mirada basada en el rendimiento económico, las ganancias y, por último, en la aptitud del producto para el consumo humano. Y así salen las cosas al mercado”, argumenta Narda.
Cuatro. Tanto el empresario que siembra soja como el quintero boliviano como el productor de frutillas orgánicas certificadas hacen lo que hacen con el propósito de obtener una utilidad para mantener a su familia y, en caso de tener empleados, abonar salarios. La mirada de la gente que piensa que trabajar en el campo es un hobby o eventualmente un servicio público está muy instalada en el imaginario argentino. Y así salen las cosas al diseñar los esquemas impositivos.
“La cuestión es que es legal el lobby para aquello que perjudica la salud pública. Es legal y muy temido por funcionarios. ¿Por qué? Porque allí radica el poder y dinero, la capacidad de hacer y deshacer leyes o regulaciones, la posibilidad de intervenir la ciencia de forma obscena. Todo se sabe, nada se hace”, considera Narda.
Cinco. No confundir agroindustria con industria alimentaria. Si la Agroindustria tuviese un lobby tan efectivo, seguramente no sería el sector más regulado y con mayor carga impositiva de la economía argentina. Por otra parte, también debe considerarse que la posibilidad de que la falta de poder adquisitivo para acceder a frutas y verduras, frente al menor costo relativo de los hidratos de carbono, sea la principal causa de los problemas de salud generados por dietas poco equilibradas.
Por Pablo Adreani*.
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Buenos Aires, 26 octubre (PR/19)) — Hay 8,200 millones dólares en granos sin vender, ante la incertidumbre el productor opta por retenerlos y no vender.
En esta última semana la característica ha sido la salida de los ahorristas de su posición en pesos, para volcarse a la compra de dólares.
Todo esto dentro de las restricciones que impone el cepo de limitar las compras de los particulares a un máximo de 10.000 dólares mensuales y en un contexto de fuerte escasez de dólares.
Y esto se vio reflejado en el movimiento del dólar oficial que, aún con el Banco Central vendiendo dólares para evitar la suba, la divisa mejoró en un día un peso. Y el dólar blue llegó a un nuevo piso de 70 $/US$, reflejo de la incertidumbre económica y cambiaria que se fue generando en el mercado los días previos del domingo 27.
Ante este escenario aquellos productores que disponen de granos sin vender, como es el caso de la soja, maíz y trigo, no tienen ningún apuro por hacerlo.
Sucede que el productor no posee muchas alternativas para aplicar los pesos en el caso de que decida vender disponible.
Limitantes en la compra de dólares por el cepo, la percepción de que el valor del dólar se debería ajustar y podría subir aún más siguiendo la pauta de inflación de los últimos meses, aparecen como las principales limitantes para inducir al productor a desprenderse de mercadería física.
En momentos de incertidumbre cambiaria, el productor siempre ha decidido no vender y resguardarse de una potencial devaluación reteniendo los granos: después de todo tener granos implica tener dólares.
Mientras que en estos momentos, el productor de soja, por citar el principal cultivo de la Argentina, ha vendido un total de 32 millones de toneladas, de las cuales 21,5 millones las compró la industria aceitera y 10,5 millones fueron adquiridas por los exportadores.
Considerando un volumen de producción de 55 millones de toneladas, quedarían sin vender en manos de productores unos 20 millones de toneladas descontando uso propio de semilla y existencias finales.
A valores de mercado FOB de 360 US$ la tonelada, el volumen sin vender de soja en manos de productores equivale a US$ 7200 millones.
No es novedad que la caída de reservas que viene acumulando el Banco Central es hoy el principal talón de Aquiles que deberá enfrentar el próximo Gobierno.
Porque no hay sector, hoy en la Argentina, que tenga en sus manos el equivalente de US$ 8200 millones en granos, si incluimos soja, trigo, maíz y otros productos, que puedan ser convertidos en dólares si alguna medida los tienta o convence de hacerlo.
Estamos en momentos de gran escasez de dólares en el mercado, se deberá implementar un sistema de incentivo para que el productor venda su stock y alivie la ajustada situación que enfrenta la economía argentina.
Se deberá elegir entre recaudar por retenciones o lograr dólares líquidos contantes y sonantes. Esto significa que se debería sacrificar ingresos por derechos de exportación para favorecer el ingreso de dólares al circuito económico, durante los primeros 90 días de gobierno.
Para hacerse de los dólares que están hoy en manos de los productores, se debería dar algún incentivo a fin de convencerlos de vender su mercadería, de lo contrario seguirán reteniendo los granos.
Por ejemplo, se podría eliminar el 10% de las retenciones en todos los productos para productores que vendan antes del 31 de enero.
Luego, se sugiere bajar el beneficio eliminando sólo el 5% para los que vendan durante el mes de febrero y bajar a cero las retenciones con las ventas a partir del 1 de marzo, si se quiere estabilizar la economía.
En qué se pone la cabeza: avanza octubre y ya casi estamos llegando a la definición electoral. Después de las PASO todas las conversaciones empresarias se referían a la política y a la macroeconomía. Pero en el agro de los últimos 30 días esas charlas fueron reemplazadas por otras: el clima y los precios fundamentalmente. La falta de lluvia en casi todas las zonas afectó a los cultivos de cosecha fina, atrasó las siembras tempranas de la gruesa y achicó brutalmente la base forrajera de planteos ganaderos y lecheros. El agua caída en estos días corrige bastante hacia adelante, aunque algunos daños quedaron (menos producción de trigo, menos siembra de maíz temprano, menor producción de leche o más costos de suplementación, pérdida de estado corporal de las vacas, etc). Y respecto a precios…en granos Chicago marcó primero una caída, luego un fuerte repunte y ahora muestra un mercado estable con mejores precios pero lleno de interrogantes por el clima en EEUU y por el eventual aumento de retenciones post elecciones. Por lo tanto, en eso se puso la energía empresaria de los últimos días. Ahora que se acerca el 27 de octubre, y entre marchas, debates, declaraciones, palabras de algunos políticos que dan vergüenza ajena por su cinismo y una macroeconomía que muestra signos de deterioro evidente, la política volverá a ocupar un lugar relevante. Pero a no confundirse: las decisiones en las empresas agropecuarias no se detienen, la biología y la necesidad de sostener competitividad no lo permiten. Va a ser necesaria mucha inteligencia, garra, entusiasmo y serenidad para enfrentar lo que viene, gane quien gane las elecciones.
> La foto de la macro: inflación de septiembre del 5,9%, desempleo encima del 10%, pobreza en alza, dólar formal a 60$ pero todas sus variantes (MEP, contado con liqui, blue) en valores que se ubican entre un 15% y un 20% más arriba. O sea que ya hay un desdoblamiento cambiario de hecho. La foto es muy mala. Sólo se salva el superávit de la balanza comercial que terminaría el año en el orden de los 15.000 millones de dólares, aunque fundamentalmente por la caída de las importaciones. Es innegable que el deterioro se agudizó luego de que la fórmula Fernández-Fernández se impusiera en las PASO, pero también es clara la fragilidad de la economía que venía manejando el gobierno actual. El que venga tendrá poco margen para volver a equivocarse.
> La cadena comercial: la caída de las corredoras Grimaldi y BLD dejó muchas cuentas sin pagar en el mercado de granos, agravando problemas de liquidez financiera. Además obligó a los damnificados a ocupar tiempo en pleitos, demandas y en tratar de superar la sensación de estafa, más allá de lo que diga la ley. Y aparece la pregunta: ¿tenemos que revisar a quién le vendemos nuestros productos? ¿Hay más agentes comerciales en problemas? Queda claro que es un tema que se está revisando, y en general ocurre que en estos casos se prioriza vender a quienes han demostrado una conducta en los años y a quien tiene una marca establecida. Y se usan elementos de consulta de situación de los compradores en la base del Banco Central o en las bases de empresas privadas que ofrecen este servicio de control de “veracidad”. Esto obliga a los acopios y corredores menos conocidos a extremar recaudos y a mantener contacto fluido con sus clientes. En la cadena comercial de la carne no se escuchan ruidos, hay apertura de nuevos frigoríficos y en general están pasando un buen momento de rentabilidad. En las ventas de terneros o vacas preñadas se toman más recaudos con los consignatarios y se pide en varios casos la entrega de cheques de pago diferido. En la cadena de la leche las usinas grandes están cumpliendo con los acuerdos y los plazos de pago. Mientras que las empresas chicas focalizadas en consumo interno están alargando los plazos de pago, lo que genera una primera señal de alarma en el sector.
> La cadena de pagos y el financiero: la cadena de pagos comienza a sensibilizarse. Atrasos en la devolución del IVA por parte del Estado, los bancos anulando algunas líneas crediticias, reticentes a renovar créditos (sobre todo en dólares) y en general con tasas exorbitantes, sumado a la caída de actores comerciales y a las expectativas económicas que generan las elecciones, generan una combinación que deteriora la cadena de pagos. Será complejo llegar a la fina, requerirá de mucho trabajo e inteligencia, y quizá el entendimiento entre los distintos actores involucrados en el negocio. Lo mencionado generará gran presión de venta a cosecha, fenómeno que habitualmente se traduce en una quita de precios sobre el disponible, retraso en los cupos y prioridad de descarga para el negocio nuevo sobre el forward realizado.
> Simplificando la burocracia en las ventas: así como destacamos hace un tiempo el avance que representa para las ventas ganaderas el poder sacar los DTE (Documento de Transporte electrónico) de SENASA a través de internet y en algunos municipios la posibilidad de hacer el DTU (Documento de Transporte Único) para poder también sacar las guías de carga, ahora llega un avance para los granos. En la provincia de Buenos Aires, a partir de un acuerdo entre ARBA y la AFIP, se elimina el COT cuando un contribuyente gestione y obtenga un remito electrónico de AFIP para trasladar un producto, ya que la AFIP intercambiará esa información con ARBA, evitando la duplicación innecesaria de registros. Es por ahí. El Estado puede controlar, pero tiene que evitar estorbar.
> Uso propio de semillas autógamas: según informó el INASE (Instituto Nacional de Semillas), los productores que no puedan demostrar el origen legal de la semilla no podrán hacer uso propio gratuito de las mismas que contempla la actual ley de semillas. Afecta principalmente al trigo y a la soja.
> Buenas prácticas agrícolas: cada vez es un tema más instalado y los productores agropecuarios entienden que no sólo hay que hacer las cosas bien sino que además habrá regulaciones crecientes impulsadas por los gobiernos, por la sociedad y por los compradores de productos. Las buenas prácticas apuntan a lograr que en el proceso productivo no se afecte al medio ambiente, ni a la salud humana o animal. En mayor o menor medida empiezan las certificaciones internas siguiendo procesos y en algunos casos, aunque no es obligatorio, se certifican con IRAM los procesos. Esta semana la provincia de Córdoba aprobó por ley el Programa de Buenas prácticas que ya existe hace un par de años. Incluye aportes de dinero no reintegrables y por ahora el ingreso de los productores al mismo es voluntario.
> El futuro de los precios de los granos: Posición cosecha MATBA, diferencia mensual
Todos los indicadores positivos para los valores de los granos posición cosecha. Se destaca la recuperación de los valores del trigo, buena noticia de cara a la cosecha, quizás compensando en algo la merma por sequía.
> Negocio ganadero: los precios de la hacienda gorda cayeron respecto a nuestro último informe cerca de un 8%, aunque si se toma punta a punta el período del 1 de agosto al 30 de septiembre la suba fue del 10%. El “problema” es que luego de las PASO el precio pegó un salto importante que luego no pudo sostener totalmente. Hoy los precios del novillo se ubican en el orden de los 68$ a 70$ por kilo y la vaca gorda de calidad por encima de los 60 $/kilo. Muy tentador el precio de la vaca en términos relativos. Con estos precios y el aumento de costos que ha habido, la rentabilidad ha perdido varios escalones. El ternero de invernada se afirmó un poco ubicándose en los 80 $/kilo aunque en los más livianos se alcanzan valores de 85 $/kilo. Esto ubica la relación flaco/gordo cerca de 1,20 lo que complica ganar dinero a los feed lots y puede anticipar una menor producción de gordo en los próximos meses. La exportación, liderada por la fuerte demanda de China, sigue con buenos valores. Pero el mercado interno, con un consumo de unos 51 kilos/habitante/año, no convalida subas de precios por encima de la inflación. Toda la carne de carnicerías se consume, pero a precios menores en términos reales. Hay dudas sobre lo que podría hacer un nuevo gobierno a la cadena de la carne si quiere imponer un rasgo populista de “carne barata” generando pérdida de competitividad y una vuelta a escenarios que la Argentina ya recorrió en el pasado.
Negocio lechero: tal como se venía viendo, el precio de la leche se sigue atrasando. El aumento del precio del último mes fue del 2% dando un precio SIGLEA de 15,72 $/litros o 226,29 $/kilo de sólido. El aumento respecto a un año atrás es del 98%, lo que hace que aún no se note tanto el efecto en las finanzas y en el resultado. Pero si la tendencia no se modifica, sumado a un fuerte aumento de costos, hará que muchos tambos empiecen a tener caídas importantes de renta. Las usinas siguen demandando leche porque están procesando menos leche que su capacidad, pero el mercado interno no reacciona y ahora se suma una caída interanual en la cantidad de leche exportada. A nivel del productor, la sequía generó una menor producción forrajera que obligó a aumentar los niveles de suplementación y a secar las vacas de menor producción. Negocio en observación.
El paradigma agrícola argentino está cambiando a partir de la introducción de tecnologías de procesos orientadas a intensificar y diversificar la actividad biológica para conservar la salud del suelo con herramientas propias de la naturaleza.
Una parte importante de ese fenómeno está constituida por la introducción de diferentes cultivos de cobertura (o de servicio) invernales, los cuales, además de evitar la difusión de malezas problemáticas, pueden eventualmente mejorar la estructura física del suelo e incorporar nutrientes que pueden ser aprovechados por los cultivos de verano (fundamentalmente maíz y soja). El uso de rolos para suprimir los cultivos de cobertura contribuye a evitar el uso de agroquímicos durante el período invernal.
El trabajo pionero del investigador del INTA Alberto Quiroga (quien en 2013 publicó el primer gran documento sobre cultivos de cobertura) y del empresario agropecuario cordobés Sandro Raspo hoy es aprovechado por técnicos y productores de diferentes regiones productivas argentinas.
Adicionalmente, en algunas regiones se están comenzando a introducir rotaciones de cultivos estivales con “verdeos de servicio” invernales para cuidar tanto el suelo como la sostenibilidad económica de las empresas al lograr diversificar el flujo de ingresos con negocios ganaderos (como puede ser el caso de capitalización de hacienda de terceros).
El crecimiento de la demanda de harina y aislados proteicos de legumbres –fundamentalmente arveja y garbanzos– representa una nueva oportunidad para incrementar la diversidad de especies presente en los sistemas productivos argentinos.
El aspecto central del proceso de ecologización que está experimentando el sistema agrícola argentino es la revalorización del trabajo de los agrónomos, los investigadores y las redes de generación e intercambio de conocimiento.
Lo que estamos viviendo en los últimos años es la respuesta a los excesos promovidos por la sojización de la agricultura, un proceso que fue potenciado por un esquema impositivo extractivo que obligó a los productores a sembrar la mayor parte del área con el cultivo más barato y resistente.
El cambio de paradigma es un proceso incipiente, que se viene gestando lentamente, porque la mayor parte de las empresas agropecuarias –Pymes familiares– no tienen mucho resto financiero para acelerar a fondo con las constantes pruebas y errores que son necesarios para diseñar los protocolos de los nuevos sistemas agrícolas que vienen en camino.
La cuestión es que tal proceso puede llegar a interrumpirse si, frente a un Estado fundido pero voraz, el agro tuviese que comenzar a pagar muchos más impuestos de los que abona en la actualidad. En tal escenario, el agro argentino debería volver a tener que reeditar el proceso de sojización, algo que, en las actuales circunstancias, implicaría sumar problemas ante la expansión de muchas malezas resistentes a diferentes principios activos y vecinos ansiosos por restringir las pulverizaciones.
La segunda temporada del proceso de sojización vendría, seguramente, también acompañada por plagas resistentes y problemas potenciados de enfermedades, los cuales, inevitablemente, requerirían mayores controles. Mayores costos. Y más problemas.
Explicar estas cuestiones, de la manera más didáctica posible, es clave para que aquellos que toman decisiones de política económica entiendan que las presiones impositivas excesivas no se hacen solamente a costa de la “renta” de los productores, sino del patrimonio suelo, el capital biológico y el activo ambiental empleado por los sistemas agrícolas.
Esos recursos –suelo, capital biológico y activos ambientales–, si bien son administrados por empresas privadas, algún día podrían llegar a ser considerados bienes públicos de la humanidad. Y si ese día llega, entonces las naciones que realicen una inadecuada gestión de los mismos podrían ser sancionadas o, eventualmente, ocupadas para garantizar un uso apropiado.
Por Claudio Glauber* .
Buenos Aires, 19 octubre (Especial para NA) — El estrés térmico o estrés por calor en las vacas lecheras significa pérdidas productivas.
Un manejo adecuado del ambiente, las instalaciones, las rutinas cotidianas del tambo y la provisión abundante de agua y sombra resultan adecuados para prevenir los efectos adversos del estrés calórico en las vacas lecheras en los distintos sistemas de producción.
Este estrés en la vaca lechera se produce en condiciones de calor excesivo, humedad relativa ambiente elevada y radiación solar intensa, cuadro que trae aparejado diversos problemas sanitarios y una disminución del rendimiento en la producción de leche.
El principal motivo: un menor consumo de alimento por parte del animal que oscila entre un 20 y 30% y equivale a una pérdida de 1,5 a 2 kilogramos de leche por día por vaca.
Debe considerarse que la temperatura de bienestar para la vaca lechera, con un valor de humedad relativa ambiente del 60%, oscila entre los 7 y 28°C.
Si los valores de temperatura y humedad superan su límite de confort, la vaca tiene dificultad para disipar su calor corporal.
Los signos de estrés calórico que suelen observarse son jadeo, aumento de frecuencia respiratoria, hipertermia (temperatura mayor a 38,5°C), menor consumo de alimentos, problemas digestivos, inmunodepresión y, en terneros de crianza artificial, también trastornos respiratorios y digestivos.
La frecuencia respiratoria y la hipertermia resultan ser los dos mejores indicadores fisiológicos o signos clínicos de la vaca que sufre estrés térmico.
De prolongarse el fenómeno, se puede observar además una disminución de los valores de producción de hasta un 20% y dificultades reproductivas tales como bajas tasas de preñez, mortalidad embrionaria y menor fertilidad en las vacas.
Esta última situación puede relacionarse con menor intensidad y duración de los celos y menores tasas de fertilidad global.
Los más afectados por el calor y la humedad suelen ser animales de preparto, los lotes de alta producción y la crianza artificial.
En el caso de la crianza artificial de terneras, también se detecta un aumento en la proporción de animales enfermos por estrés calórico.
El lote de vaca seca y corral de partos también son puntos críticos donde el confort es importante y resulta esencial prever los efectos del estrés calórico.
Ante la proximidad de los meses de temperatura elevada los productores deben extremar el control y la prevención mediante la colocación de sombras y alimentación e instalaciones adecuadas para minimizar los efectos del calor.
También se debe tener en cuenta los horarios cuando las vacas caminan al sol, evitando arreos en horas de calor excesivo y en especial los relativos a la entrada y salida de las vacas a la sala de ordeñe.
Se sugiere una dieta que cubra los requerimientos nutricionales pero posea una baja actividad endógena fermentativa, a fin de reducir el calor producido en la digestión. Esta dieta es denominada «fría».
En detalle, una dieta apropiada debe tener en cuenta: alta densidad energética por kilo de materia seca, bajo contenido de fibra detergente neutro (FDN), provisión adecuada y suficiente de agua, provisión adecuada de sodio (Na) y potasio (K) y uso de grasas protegidas y subproductos.
El objetivo nutricional de estas dietas frías es adaptar la ración con disminución de alimentos fibrosos y aumentar los concentrados en energía.
Adoptar estas medidas como parte de un programa sanitario preventivo permitirá minimizar los efectos adversos del estrés calórico y mejorar la producción, de la misma manera que desparasitar adecuadamente en la recría es ganar peso por día en las terneras.
(*) Médico Veterinario de la Dirección Nacional de Operaciones del Senasa. cglauber@senasa.gob.ar .