Oct 20, 2018 | Opiniones
Buenos Aires, 20 octubre (PR/18) — El control de malezas está muy condicionado por la constante aparición de nuevas especies con resistencia o tolerancia a los herbicidas –en particular, al glifosato– y la fuerte presión social que impulsa una baja en el uso de los fitosanitarios por sus efectos ambientales.
En contraposición al sistema tradicional de aplicaciones en cobertura total, el Manejo Sitio Específico de Malezas (MSEM) sólo emplea herbicidas en donde se encuentran.
Por lo tanto, puede ser una solución o al menos una mejora para ambos condicionantes, facilitando el control y disminuyendo la carga de herbicidas por unidad de superficie, con su implicancia ambiental.
Al aplicar en cobertura total, actuamos en base a una decisión promedio, pero errónea en prácticamente todo el lote, por sub o sobredosificación o por utilizar un herbicida inadecuado.
La consigna es que en cada sitio se aplique el producto adecuado y la dosis adecuada, en el momento adecuado.
El MSEM recorrió dos caminos alternativos: un mapeo de las malezas para luego aplicar sólo donde el GPS lo indique o el uso de sensores.
Dadas las dificultades prácticas y económicas para elaborar mapas de malezas y la no disponibilidad de equipos comerciales para las aplicaciones sitio específicas sobre la marcha, se está usando la segunda opción.
Si bien existen dos sistemas de sensores de malezas en el mercado, estamos en los inicios de un largo camino cuyo destino aún es incierto pero, sin dudas, prometedor.
Por su alto costo, para usarlos se debe hacer una previa evaluación económica, pues sólo se amortizarán si se emplean en grandes superficies. Así, en el norte argentino es donde tuvieron más aceptación, con presencia de lotes de grandes dimensiones y mayores períodos de barbecho.
Además, deben ser instalados en equipos de botalones muy estables, porque los movimientos bruscos inciden fuertemente sobre la capacidad de sensado y, por lo tanto, sobre la eficiencia.
Las oscilaciones horizontales –llamadas latigazos– son nocivas: los movimientos de hasta 60 km/hora afectan en forma negativa el funcionamiento del sistema.
El uso de sensores debe estar integrado en el plan de manejo de las malezas, con un monitoreo permanente. Es un sistema que sólo sirve para aplicar herbicidas de contacto en un contexto en el cual, por la constante aparición de malezas tolerantes o resistentes, es cada vez mayor el uso de herbicidas residuales con aplicación en cobertura total.
Esto hace necesario evaluar procesos que contemplen el uso de ambos tipos de herbicidas. Los sensores de malezas arrastran un inconveniente de base que impide utilizarlos como única herramienta. Si su nivel de sensibilidad es muy alto, el ahorro de herbicidas no es significativo; si es bajo, muchas malezas sin desarrollo suficiente como para ser detectadas, escapan al control y obligan a realizar una aplicación.
Así, es frecuente disponer de un equipo específico para su uso exclusivo con sensores de malezas, en general algo menor que los usuales, y otro convencional para aplicaciones en cobertura total.
Otra alternativa son los equipos de doble tanque y doble línea de aplicación, una para cada tipo. Acá, es conveniente retirarlos superado el período de barbechos, para evitar aplicar con un equipo muy costoso, sin usar toda su potencialidad.
En tanto, otro inconveniente con el doble barral es que suele suceder que la línea de cobertura total ensucie la lente de los sensores y afecte su eficiencia. Por ello siempre es preferible que el de cobertura total se encuentre por detrás del de aplicación selectiva.
Mientras que en los sensores de malezas, la pastilla a utilizar es fundamental.
Lo mejor es el uso de pastillas para aplicaciones en banda, de ángulo estrecho, 45 a 65° y caudales altos, para obtener gotas grandes. Este tipo, sin embargo, suele ser difícil de conseguir y, a veces, solamente es fabricado en bronce, que es de baja durabilidad.
En nuestro país se está desarrollando un nuevo sistema de detección basado en el empleo de cámaras, denominado ECO SNIPER.
Esto abre un camino más complejo, pero además promisorio, ya que en un futuro podría, con un software adecuado, identificar a las diferentes especies de malezas a fin de elegir herbicidas alternativos según el caso.
Los ensayos llevados a cabo en el sureste de la provincia de Buenos Aires resultaron muy promisorios.
Lo más valioso de este camino es avanzar hacia el concepto del producto adecuado en el lugar adecuado y eso se relaciona con el desarrollo de sensores de malezas con sistemas de identificación mediante cámaras.
(*) INTA Castelar – Instituto de Ingeniería Rural.
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Primicias Rurales
Oct 18, 2018 | Opiniones
CRA repudia la actitud del presidente de la Comisión de Presupuesto en hacer secreta y cerrada la reunión del día de hoy, que originalmente, era abierta a la sociedad, impidiendo a los contribuyentes a interiorizarse del nuevo impuestazo que se pretende imponer al campo.
La Comisión de Presupuesto, que preside Luciano Laspina, no permite participar, ni tomar conocimiento de cómo será para los productores agropecuarios, que son los damnificados, este nuevo ajuste que afectará al sector más competitivo de la Argentina.
El sector no sólo está herido si no que se siente discriminado. No hay equidad de trato y menos al sopesar realmente el daño al productor y al país.
El campo nunca le sacó el hombro al país, es el sector más dinámico y competitivo de la República, el único que ha generado inversión genuina en éste nuevo proceso y generador de divisas, que tanto necesita el país en esta difícil circunstancia. Hoy necesita la definición concreta del estado nacional para solucionar un problema estructural que lo condena.
El constante cambio de reglas de juego, va en detrimento de la inversión y el desarrollo del interior productivo, afectando así, a la economía en su conjunto.
Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)
Primicias Rurales
Oct 5, 2018 | Opiniones
Por Ángel Leotta, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar)
Frente al complejo contexto actual por la caída en el consumo, la cadena vitivinícola -conformada por 800 bodegas y 17.000 productores de uva, distribuidos en 18 provincias argentinas y con llegada a más de 120 países, requiere de políticas sectoriales específicas para recuperar su crecimiento en el mercado interno y externo.
Un caso de particular interés es el del vino espumante que los últimos dos años registró una caída de ventas de 17% frente al 15% del resto de los vinos, y que se encuentra actualmente camino a perder una modificación impositiva que le permitió en el período 2005/2015 –a través del Programa de Expansión del Sector Vitivinícola– , invertir durante 10 años el equivalente al 125% del impuesto, agregando además que las referidas inversiones no podrían ser inferiores a 150 millones de pesos: en esos 10 años se invirtieron más de 1.700 millones de pesos.
Este programa hizo posible crecer significativamente tanto en volumen fraccionado como en cantidad de bodegas, pasando de 22 millones a 45 millones de litros, y de 61 bodegas fraccionadoras de espumantes a 133 establecimientos en 2016. Es decir que el crecimiento estuvo motorizado por un aumento del número de empresas que ingresaron al negocio de los espumantes pasando de un mercado muy cercano a la concentración a uno diversificado.
Además, el análisis de las ventas por color señala que más del 91% correspondió a vinos espumantes blancos, siendo el 9% restante rosados y tintos. Estos datos son importantes porque el incremento en las ventas de vinos espumantes blancos (la mayor proporción) ha contribuido al equilibrio del mercado de uvas, especialmente de las blancas, como así también a elevar los ingresos de un sector de la producción primaria que se ha visto en dificultades en los últimos años.
Por otra parte, se registra una oferta más diversificada que ha incorporado cambios en la presentación, opciones con menor graduación alcohólica y mayor presencia en diferentes segmentos de precios, mostrando esto último que los vinos espumantes no son ya productos de lujo. Así, el vino espumante adquiere mayor participación en el mercado argentino: del 1,7% del total de vinos despachados en 2005 pasó a representar 4,8% en 2016.
Pero esa realidad podría cambiar si no se logra que el vino espumante quede definitivamente fuera del ámbito de aplicación de la Ley de Impuestos Internos a los productos suntuarios. Desde sus características intrínsecas como producto derivado de la uva, el vino espumante es un tipo de vino y por ello no debe tributar impuestos internos, tal como ocurre con el resto de las bebidas vínicas. Más aún: el vino argentino fue declarado por Ley 26.870 como la Bebida Nacional, título que incluye a los vinos espumantes, y que representa otro fundamento para eliminar su gravamen interno ya que el objetivo central es la promoción de las economías regionales relacionadas con la vitivinicultura y una carga tributaria va a contramano de ese objetivo.
En conclusión, resulta imperioso adecuar la legislación a las características que han adquirido los vinos espumantes argentinos en los últimos años y contribuir desde las políticas tributarias a su promoción y expansión por el bien de la Argentina.
Primicias Rurales
NA
Sep 30, 2018 | Opiniones
Buenos Aires, 29 septiembre (Especial para NA) — En Argentina, avanzan las tareas de preparación de la tierra para la siembra de la denominada como cosecha gruesa, en coincidencia con la finalización de la misma cosecha en el otro extremo del continente.
Mientras que en los EE.UU, la evolución de la cosecha es prácticamente ideal, con buenos rindes y muy buena calidad comercial, especialmente para la soja. El inconveniente que tienen los farmers norteamericanos, es que la conjunción de buen volumen de cosecha y la problemática de la guerra comercial con China, hace que los valores de la oleaginosa se encuentren deprimidos.
China disminuyó fuertemente la compra de soja en los EE.UU como respuesta a los aranceles que impuso el Gobierno norteamericano a los productos de origen oriental. Esta situación genera que a menor demanda del gigante asiático y con un muy buen rinde de cosecha, los precios tiendan a bajar sostenidamente.
¿Qué harán los norteamericanos con el excedente de poroto de soja? Nadie sabe la respuesta de esa pregunta.
Pero esta guerra comercial, ya estaría beneficiando a Sudamérica. Especialmente a Brasil y a la Argentina. Porque el poroto que los chinos no compren en los EE.UU, lo estarían adquiriendo en ambos países sudamericanos. Y esta demanda extra, es muy bienvenida por estas costas.
Quizás ocurra en un tiempo no muy lejano, el famoso divorcio de valores que tanto hemos pregonado en otras columnas, entre los precios de EE.UU y los de Sudamérica.
Con 188 millones de toneladas de soja que produce el Mercosur sobre una producción mundial de 340 millones de toneladas, sería saludable lograr algún tipo de independencia en los valores sobre lo que ocurre en USA. ¿Por qué debemos seguir prestando atención a lo que ocurre en el gigante norteamericano cuando el Mercosur produce el 55% de la soja del mundo? .
Es el momento de volver a tratar este tema seriamente.
Pero fuera de todo esto, y a pesar del aumento de las retenciones para la oleaginosa, el sembrar soja continúa siendo un muy buen negocio para el chacarero argentino. Con valores del dólar cercano a los 40 pesos, el negocio cierra nuevamente con balance positivo.
Si además de esto, podemos considerar que, por el aumento de demanda, los valores suban, mejor todavía.
Los productores ya han decidido qué sembrar. Cuantas hectáreas dedicaran al maíz, a la soja y al girasol.
Y en esa decisión, a pesar de las modificaciones de las retenciones, del valor del dólar, de la guerra comercial entre EE.UU y China, la soja continúa siendo la vedette del campo argentino.
(*) Analista Agropecuario.
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NA
Sep 23, 2018 | Economía / Economía del Agro, Opiniones
Buenos Aires, 22 septiembre (Especial para NA)– Cuando pensábamos que la época de los derechos de exportación, impuesto regresivo por excelencia, estaba superada, la administración de turno, a fin de incrementar la recaudación total con miras a reducir el déficit fiscal, establece, ahora en forma generalizada para todas las exportaciones, las retenciones.
Este impuesto en Argentina, que se remonta a mediados del siglo XIX, fue en los años ochenta del siglo anterior y en la primera década del actual donde se aplicó con las más elevadas tasas sobre la mayoría de los granos y derivados a exportar.
Si se considera el total recaudado por este concepto, desde el retorno de los derechos de exportación, finalizado el plan de convertibilidad en 2002, el mismo incluyendo lo previsto para este ciclo, alcanza los 97 mil millones de dólares, valor que el sector primario transfirió a las arcas del Estado.
Lamentablemente, nada de ello volvió a los productores en forma de infraestructura, para reducir los altos costos que por la ineficiencia del sistema siguen pagando. Si se hubiese destinado solo el 10% de lo recaudado en ese período, se podría haber construido nuevas autopistas y una capacidad de almacenaje acorde con las necesidades del sector.
A diferencia de otras oportunidades, la tasa de derecho de exportación es fija en 4$ por dólar para la materia prima y 3$ por dólar para los productos elaborados.
En tal sentido, llama la atención que en este último rubro no se hayan incorporado los derivados de la molienda de soja, ya que por definición tienen un valor agregado adicional.
Si bien la tasa es fija, al menos por ahora, la retención funciona como un concepto móvil, ya que varía según el tipo de cambio. En la medida que éste se incrementa, el impuesto decrece.
A la inversa si el tipo de cambio se revaloriza la tasa aumenta, por lo cual se estableció un gravamen máximo del 12%.
Considerando un tipo de cambio en torno a 38 dólares la tonelada, el efecto de este impuesto es de 10.5% para todos los granos, con excepción del complejo sojero que se ubica en 28.5% para poroto, aceite y harina y 25.5% para el biocombustible.
Cabe aclarar que las retenciones del complejo sojero se redujeron al 18% (horizonte previsto para fines de 2019) y sobre ello se aplica la nueva tasa.
Este gravamen se descuenta sobre los precios FOB de exportación – que de por si están bastante deprimidos- lo cual se refleja en el precio a los productores en similar proporción. Como ejemplo de ello, el trigo para embarque en enero que se negocia en torno a 240 dólares la tonelada y que hasta hace unos días atrás se pagaba internamente en niveles de 220/225 dólares la tonelada (descontados los gastos para ponerlo en condiciones de exportación), con el nuevo impuesto su precio interno se redujo a 200/202 dólares la tonelada.
Es necesario decir que si bien el productor se vio beneficiado por un tipo de cambio más alto, producto de la devaluación que se registró en las últimas semanas, esta ventaja se diluyó en alguna medida con las nuevas retenciones.
La esperanza es que como dijeron las autoridades, este impuesto sea transitorio y que pasada la crisis se vuelva al esquema anterior, aunque a juzgar por lo ocurrido históricamente en nuestro país en materia tributaria, se generan muchas dudas al respecto.
(*)Agritrend SA
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NA
Sep 17, 2018 | Ganadería, Opiniones
Los aumentos de los costos de producción e industriales impactarán en los precios de la carne vacuna para el mercado interno. Por otro lado, la mejora del competitividad cambiaria podría afectar a la exportación si la inflación se sigue acelerando. También se reclaman la corrección o modificación de impuestos distorsivos que alientan la informalidad en la venta de carne y que se adecue el peso mínimo de faena para hembras a la realidad productiva.
La carne, como ya conocemos, es un alimento apropiado por nuestros consumidores y cualquier aumento aunque sea necesario y justificado nos pone de mal humor.
Desde hace tiempo venimos insistiendo desde este espacio que la carne vacuna viene corriendo por detrás a la inflación y que por factores de oferta y climáticos se retrasó el incremento de su precio.
En estos días, el aumento del valor del maíz y su impacto en las dietas de los animales hizo que viéramos un pequeño aumento en la cotización de la hacienda para faena que no alcanza a cubrir la suba de los costos, por ende se supone que todavía hay márgenes de aumento.
Este nuevo escenario, hace inevitable para matarifes y abastecedores el traslado de esos cambios en los valores a los carniceros y por ende se verá reflejado en el precio final minorista, encontrándose mucha disparidad de precios. En el relevamiento de precios que realiza IPCVA se puede apreciar claramente que un kilogramo de carne tiene actualmente un precio muy competitivo y comparado con otros productos no refleja aumentos sustantivos.
También es bueno resaltar que en toda la cadena no hubo acciones especulativas y se mantuvo constante la oferta y abastecimiento.
Si bien el nuevo tipo de cambio favorece claramente a los frigoríficos vinculados a la exportación, la disminución de reintegros y la implementación de derechos de exportación en parte reducen este beneficio. La competitividad cambiaria ya sabemos que puede ser efímera ya que se licuaría con la suba de los costos industriales (hacienda, salarios, combustibles, etc.) y cuando lo hacen, los nuevos impuestos (derechos de exportación) quitan capital del circuito productivo.
Somos conscientes de la urgencia y emergencia del país pero apelamos a la sensibilidad de Gobernantes para estar atentos a quitar y reducir impuestos distorsivos para facilitar la inversión y mejorar las condiciones productivas.
En estos días también vimos que la tendencia de diferenciar el precio de la invernada entre machos y hembras se ha establecido en más de un 10%, claramente esta situación es consecuencia de mantener el peso mínimo de faena para hembras en 300 kilos y como lo anticipáramos desde FIFRA sería uno de los efectos no deseados de la medida. Por un lado afecta el valor que reciben criadores, pero por otro, ese animal en un sistema de engorde convencional de corral al ingresar con menos de 220 kilos llega a los 300 kilos sobre-engrasado, castigado asi en el precio de venta de las canales. El aumento del valor del maíz y teniendo en cuenta lo que acabamos de decir respecto del sobre-engrasamiento de las hembras, creemos que el diferencial entre terneros y terneras de invernada será aún mayor porque no alcanza a cubrir las pérdidas por engrasamiento. Por nuestra parte, seguimos insistiendo que habría que diferenciar en el peso mínimo de machos y hembras.
En el mercado hemos visto que habría operadores que están comercializando animales de peso inferior al mínimo exigido por la norma y que no guardan relación con el pago de cauciones, eso nos hace presumir que habría prácticas desleales, burlando los controladores electrónicos de faena (CEF) lo que implica la complicidad de productores, consignatarios, frigoríficos y matarifes.
Estamos convencidos que son más los factores distorsivos que genera la medida que los efectos positivos sobre el agregado de kilogramos en la producción de carnes. Hicimos el análisis y los 40 kilos en pie (entre lo que exige la norma vigente y los que consideramos debería pedir que tenga una hembras que va a faena) representan 22,8 kilos res en gancho adicionales. En el caso de las terneras esos 22,8 kilos representan el 1,72% de la producción de carnes, sobre una faena de 13 millones de cabezas a un promedio de 225 kilos/res con hueso.
En otro orden de cosas, la AFIP postergó la entrada en vigencia del Remito Electrónico de Carnes (REC) y AgroIndustria público la norma que reforma la Resolución 21 sobre el Registro RUCA incluyendo a las Carnicerías. El registro de los locales de venta minorista es condición sine qua non para una futura implementación del REC. Para que este sistema funcione y sea transparente es necesario que se avance en la disminución de las alícuota de ingresos brutos en todas las provincias, todavía hay provincias que gravan las ventas de carnes con alícuota superiores al 4%, en esos lugares no se van a registrar las ventas y complicarán el trabajo de los operadores formales.
En esta difícil situación económica del país ningún actor está en condiciones de perder ventas, por lo que creemos que lo que planteamos respecto de la cuestión fiscal y comercial deberá ser evaluado por las autoridades. Desde FIFRA participamos de la idea de ordenar y generar transparencia pero debemos hacerlo en condiciones equitativas, se puso mucho énfasis en lograr que provincia de Buenos Aires baje la alícuota de IIBB, pero quedan 20 provincias con alícuotas por encima y nuestros asociados operan con esa realidad.
Primicias Rurales
Fuente: FIFRA