Dic 24, 2024 | Opiniones
La soja cae y toca los 260 U$S/tn. Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, focaliza su análisis semanal y busca explicar por qué pasó, qué puede ayudar a que mejore, y cuáles son los mejores pasos a seguir en este contexto.
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Rosario, Santa Fe; martes 24 de diciembre (PR/24) — Normalmente en estas líneas vemos los fundamentos de la semana de los tres productos de mayor peso en la facturación de las explotaciones agrícolas. Sin embargo, esta semana la soja se llevó la atención al marcar una baja desde niveles que ya preocupaban, por lo que analizaremos los fundamentos que nos trajeron hasta aquí, lo que se puede prever hacia adelante, y ensayaremos alguna conclusión al respecto.
Los niveles de precio, la decisión de siembra y dónde estamos parados hoy.
La soja mayo 2025 comenzó operando en la zona de los 290 U$S/tn, en un momento en que nadie le prestaba atención, ya que se estaba levantando la campaña anterior, se estaba estabilizando la macro argentina con muchas dudas, y sufriendo los embates de la chicharrita. En forma silenciosa, ese mercado operó en varias oportunidades en el rango de los 300/310, donde ya algunos tomaron alguna posición, para luego ir zigzagueando a la baja.
Cuando llegó el momento de sembrar el trigo combinando valores del cereal por encima de los 220, con soja en 300, el margen esperado del trigo soja era tentador e incluso, en muchas zonas, el de soja resultaba superador. Allí se convalidaron nuevamente alquileres altos, y planes de siembra orientados a la oleaginosa. Especialmente porque el margen de maíz no lucía tan atractivo, y el riesgo de la chicharrita hacía que se evitara el maíz tardío. Sin embargo, el nivel de ventas en ese momento fue mínimo.
En repetidas oportunidades volvimos a tener a tiro los 300 U$S/tn mientras que, en momentos de baja, operábamos en la zona de los 290, y el número se ponía rayero para la oleaginosa, pero no pasaba a números rojos.
En aquel momento destacábamos que ese valor resultaba muy alto si tomamos como referencia el precio de Chicago. La relación histórica contra ese mercado está en el 67%, y operábamos por encima del 73%, en ocasiones llegamos al 78%. Una vez que tuvimos valores FOB para aceite y harina de la nueva campaña, esto mostraba sobreprecios sobre Chicago de hasta 30 U$S/tn. Más allá de los fundamentos que podían hacernos pensar si la soja estaba cara o barata a nivel internacional, la traslación de ese precio a Argentina mostraba que en nuestro país estábamos caros respecto al resto del mundo.
Esa soja cara argentina nos blindó de una tendencia negativa entre julio y fines de noviembre. Pero, de allí en más, tanto Chicago resbaló a los peores precios de la pandemia, como el premio sobre Chicago se fue perdiendo. Tras ir a la zona de los 280, donde ya el número se ponía negativo, vimos esta semana los 260 y con unos 20 U$S/tn de sobreprecio sobre Chicago.
Los fundamentos de siempre
Podemos resumir los fundamentos de la siguiente forma: una oferta que sigue subiendo, en el contexto de una demanda estable a levemente bajista. Los precios, por tanto, ajustaron a la baja.
Los stocks/consumo de EEUU subieron a casi 11% contra 8% del ciclo previo, y quedando por encima del 9% promedio histórico. Sobre esto, Brasil proyecta una cosecha que comenzó en 165 M.Tn. y ya gana consenso que podría ir a 170. Argentina estaría en el rango de las 52/55 M.Tn. con lo que sobre un gran stock norteamericano, sumaríamos una producción importante.
Por el lado de la demanda, China compraría menos soja que el año pasado. Mientras que el USDA apunta a 3 M.Tn menos, China cree que compraría 7 M.Tn. menos. Esto contrasta con subas de 10 M.Tn. anuales previo al desastre de la fiebre porcina africana, la pandemia y que los problemas de crecimiento en el país oriental se hicieran presentes.
De junio en adelante, cuando la elección de EEUU ganó terreno en la discusión, con la posibilidad cierta de un triunfo de Trump, el mercado se anticipó a una posible guerra comercial. China y otros países aceleraron sus compras de soja sobre Norteamérica. Esto llevó a que el ritmo de exportaciones norteamericanas se acelerara, poniendo un piso a los precios.
En el mismo sentido, los bajos stocks/consumo de los aceites ganaron la escena, y con políticas de biodiesel cada vez más demandantes, el aceite de palma subió fuerte. Problemas productivos en colza y girasol hicieron lo propio con los aceites de calidad, y como la soja había quedado rezagada, se apostaba a que tuviera un salto.
A nivel macro, las bajas de la reserva federal debilitaron el dólar y dieron un sustento adicional a los commodities. A esto debemos sumar que los conflictos bélicos habían entrado en una fase de estabilización. Siguen estando, pero parecían no ir a ningún lado.
¿Que nos llevó de los 290 a los 280?
Las primeras semanas de diciembre el clima en Brasil fue excelente, y viendo pronósticos para el resto del mes, creció el convencimiento de que no sólo tendrían buena cosecha, sino que podría ser incluso mayor a lo proyectado inicialmente.
Sobre esto, la devaluación del real llevó a que los productores cariocas vieran subir el precio en reales, y como siguen el mercado en su moneda, desató fuertes ventas que debilitaron los precios regionales, tanto como el mercado global, ante el pico de oferta.
Al triunfo de Trump siguieron los primeros anuncios, y efectivamente entre ellos estaba el aumento de aranceles de 10 puntos a China. Pero la actitud china fue más dialoguista, las compras de soja se habían anticipado, ni China depende tanto de EEUU, ni EEUU depende tanto de China en el comercio de oleaginosas como en 2018, y el ritmo de exportaciones acelerado que vimos los últimos meses se detuvo.
Adicionalmente, el mercado espera que Trump acelere la economía norteamericana, con lo que la baja de tasas que siguió sucediendo pasó a segundo plano, ahora el dólar se fortalece. Pero, además, no sólo recrudecieron los conflictos entre Rusia-Ucrania, Israel-Palestina, sino que se sumó Siria y ahora problemas políticos serios en Corea del Sur. Los capitales volaron a refugiarse en el dólar, y esto es negativo para los commodities.
¿Por qué la semana pasada nos fuimos a 260?
Uno de los puntos de sostén que todavía tenía la soja, era la firmeza de los aceites. Y vimos caídas fuertes en el inicio de la semana. En Indonesia se dispuso pasar de un corte de 35% a 40% de biodiesel, pero la poca disponibilidad de mercadería generó planteos de esperar. El gobierno luego aumentó derechos de exportación para que quedara más oferta local, pero esto tiene final abierto.
En EEUU el aumento de aranceles de Trump encareció el aceite de cocina usado (UCO) que se importa de China. A su vez, el país asiático bajó un subsidio a la exportación del 15%. Esto hacía pensar que, para cubrir el mandato de biodiesel norteamericano, el uso de aceite de soja norteamericano iba a subir. Pero la ley que brinda apoyo al biodiesel se cae este año, y hay dudas sobre si Biden la renovará antes de su salida. A su vez, Trump anunció que nombrará al frente de la EPA a un senador que se opone a los biocombustibles. Pero esta semana se presentó un proyecto de ley que algunos interpretaron que iría por el camino de reducir incentivos al biodiesel.
Adicionalmente en Argentina, al sembrarse bien la soja y tener buen clima en el desarrollo temprano, crece el convencimiento de una buena cosecha y, si bien los precios resultaron más bajos, finalmente muchos productores comenzaron a convencerse de que los fundamentos no los acompañaban. A eso hay que sumarle que ya a esta altura del año, las ventas de soja disponibles con recompra de mayo empiezan a bajar, y la demanda “artificial” de soja mayo desciende. Quedan sólo compradores genuinos que no están dispuestos a convalidar precios de quebranto para el nuevo ciclo.
Para colmo si pensamos en un margen mínimo para la molienda de soja en cosecha, con este nivel de precios deberíamos ver precios por debajo de 250 U$S/tn.
¿No tocarán las retenciones?
En primer lugar, no son retenciones, porque el 33% que tributa el poroto y el 30% de los subproductos no tiene ninguna devolución. Son impuestos, derechos de exportación (DE), que hoy están en 9% de la recaudación.
Un mensaje de Milei ante la Sociedad Rural, diciendo que en la medida en que la recaudación impositiva suba en forma sustentable, se eliminarían impuestos y los derechos de exportación serían de los primeros, generó gran expectativa.
Con precios de soja en este nivel, se generaría un fuerte quebranto para el productor. Recordemos que todo el norte del país quedó muy afectado económicamente por la pérdida de maíz por chicharrita, y se volcó a la soja. Esto podría desencadenar presión creciente del sector, e incluso titulares difíciles de manejar en lo político: el motor productivo del país está quebrando por la falta de cumplimiento de las promesas del gobierno.
Bajar entre 5 y 8 puntos a la soja aportaría de 20 a 30 U$S/tn a la oleaginosa, devolviéndola a terreno positivo. El problema es que el plan de gobierno es claro: el superávit fiscal es clave, y se bajarán impuestos distorsivos si la recaudación sube. En ese sentido primero se terminaría de eliminar el impuesto PAIS, y quizás luego se trabaje en impuestos también distorsivos que aplican a toda la economía, como débitos y créditos (impuesto al cheque).
La apuesta del sector es que los tiempos se aceleren, y el orden de prioridades se cambie para evitar que el agro tenga un problema serio. Lo cierto es que se ve poco probable que este cambio pueda darse en el primer semestre. Sin embargo, en un año electoral, todo puede pasar.
¿Qué puede ayudarnos en este contexto?
Lo primero que hay que decir es que el mercado descontó mucha información bajista. Los especuladores vendieron más de 3 M.Tn. en Chicago la semana pasada. El climático sudamericano está avanzando, pero no terminó, y de febrero en adelante comenzaremos a discutir el ciclo de EEUU 25/26. La relación de precios entre maíz y soja hace pensar que podríamos ver caída de área de soja. Y entrando en un nuevo ciclo, las dudas climáticas podrían darnos una chance. Pero la debilidad de la demanda y los altos stocks actuales nos hacen ser cautos sobre el rebote que podemos esperar. En mayo, cuando estemos cosechando, estos serán los fundamentos que estaremos mirando. También hay que considerar que los precios bajos podrían incentivar el consumo, y volver a subir las compras. En tanto los stocks de aceites siguen siendo muy bajos, y más allá de los tiempos en que se den, el camino hacia una demanda creciente de biodiesel está marcado.
Volviendo al punto de los derechos de exportación, la discusión pasa por el momento donde podrían reducirse, pero hay amplias chances de que ello ocurra. Tal vez se de más en la segunda parte del año.
Y entonces ¿qué hacemos?
La respuesta es difícil, e invitamos a poner en la balanza personal los factores que se comentaron más arriba. Pero para no eludir la pregunta, trataríamos de no convalidar estos niveles de precio. De hecho, las últimas dos ruedas de la semana pasada mostraron ya una recuperación.
Dicho esto, si ya se tiene una base de ventas hechas que permitan afrontar los gastos variables de la soja, y con algo más de venta de maíz el flujo financiero en cosecha se resuelve, “apagar la radio” hasta que encontremos nuevos fundamentos, y sólo encenderla a precios por encima de 280.
Si por el contrario no tenemos nada vendido, ver que, si bien el maíz muestra fundamentos más sólidos, tiene margen positivo y sería razonable comenzar por ahí. De todas formas, para reducir el riesgo buscaríamos vender algo de soja, apuntando al mes de julio, cuyo precio más alto permite mejorar un poco el negocio. Si quedaron remanentes de trigo, lo peor ya pasó y antes que convalidar quebrantos en soja, buscaríamos ventas alrededor de los 210 para mayo, reemplazando el flujo de soja.
Trataremos de dilatar la decisión de venta para aguardar la quita de derechos de exportación, pensando también que hay muchos factores negativos descontados. Pero si vemos mejoras de corto plazo, iríamos por el lado de capturarlos y comprar CALL de soja noviembre invirtiendo 2% del producido de las ventas para seguir en el juego por si más adelante hay quita en derechos de exportación.
Por Dante Romano
Fuente: Universidad Austral
Primicias Rurales
Dic 18, 2024 | Opiniones
El presidente de CIARA analiza los desafíos que enfrenta el sector agroindustrial argentino ante la creciente demanda de granos y la superproducción en países competidores
Buenos Aires, miércoles 18 diciembre (PR/24) –En el marco de la Tercera Temporada de “Comunicándonos en Agroempresario.com”, recibimos a Gustavo Idígoras, Presidente de Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), en una entrevista exclusiva con Fernando Vilella, Director de Desarrollo Estratégico y Contenidos de Agroempresario.com. Durante el dialogo Idígoras, expone la situación actual del sector agroindustrial argentino y los desafíos que enfrenta en un contexto global en constante cambio
La demanda creciente de granos
Idígoras señala que «la demanda de granos está en constante aumento». Este fenómeno se puede observar en la manera en que los países que experimentan un crecimiento económico tienden a elevar su consumo de alimentos, lo que, a su vez, genera una mayor necesidad de granos. De los 170 países que existen en el mundo, solo 11 o 12 poseen la capacidad estructural para ser autosuficientes en la producción de alimentos. Esto significa que la mayoría de los países dependen de las importaciones para satisfacer sus necesidades alimentarias, especialmente en lo que respecta a la alimentación de ganado y la producción de proteínas.

Fernando Vilella, Director de Desarrollo Estratégico y Contenidos de Agroempresario.com; Juan Carrozzino, CEO; y Gustavo Idígoras, Presidente de Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA)
Diversificación del comercio
Argentina ha logrado diversificar su comercio, vendiendo a 115 mercados en la actualidad. Este aumento en la cantidad de destinos para las exportaciones es notable, ya que anteriormente el país estaba más concentrado en pocos mercados. Con 4,800 barcos que salen a esos países cargados de productos como granos, harina y aceite, se destaca que «el sudeste asiático representa el 68% de estas exportaciones». Sin embargo, Idígoras advierte que «la superproducción en países como Brasil y Estados Unidos puede amenazar la oferta mundial», lo que plantea un desafío considerable para la competitividad de Argentina en el mercado global.
Estancamiento argentino
A pesar del crecimiento global, Argentina se ha estancado en su producción agroindustrial. Idígoras menciona que, aunque celebramos cosechas de «18 millones de toneladas de trigo», esta cifra es la misma que se logró en 2010, lo que indica una falta de progreso significativo en el sector. En soja, aunque se alcanzaron «52 millones de toneladas», esta producción no es suficiente para competir con el crecimiento de otros países que han mejorado sus rendimientos y capacidades de exportación.

Juan Carrozzino, CEO; Gustavo Idígoras, Presidente de Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA); y Fernando Vilella, Director de Desarrollo Estratégico y Contenidos de Agroempresario.com
Oportunidades en el sudeste asiático
El presidente de CIARA enfatiza la importancia del crecimiento del PBI per cápita en países como Indonesia y Malasia. «El futuro de Argentina depende del ingreso de las familias en el sudeste asiático», donde existe una creciente demanda de proteínas vegetales y otros productos agrícolas. Esta tendencia representa una oportunidad significativa para Argentina, que tiene la capacidad de satisfacer esa demanda, pero necesita adaptarse a las condiciones del mercado y mejorar su competitividad.
Desafíos estructurales
Idígoras identifica dos razones clave por las que la estructura de exportación de Argentina está cambiando. Primero, «Estados Unidos y Brasil han comenzado a transformar y vender productos con mayor valor agregado», de la cadena de la soja. La diversificación en la oferta de productos limita las oportunidades de crecimiento y desarrollo en el sector agroindustrial argentino.
La geopolítica del grano
El grano de soja se ha vuelto un producto geopolítico, afectado por conflictos y barreras comerciales. La relación entre la producción de soja y las dinámicas políticas a nivel global es compleja, y Argentina debe adaptarse a un mercado que se ha vuelto más competitivo. Las inversiones han migrado a Brasil y Estados Unidos, donde «la molienda ha crecido un 111% y un 45%, respectivamente», lo que pone de manifiesto la necesidad de que Argentina mejore su infraestructura y logísticas para no quedar atrás.
La energía de la soja
Idígoras destaca que «la soja tiene un valor energético significativo». La producción de biocombustibles y aceites es cada vez más relevante en un mundo que busca alternativas sostenibles y limpias. Las decisiones políticas en países importadores que impactan los precios globales son un factor crucial que Argentina debe considerar para poder posicionarse adecuadamente en el mercado internacional.

Gustavo Idígoras, Presidente de Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) junto a Fernando Vilella, Director de Desarrollo Estratégico y Contenidos de Agroempresario.com
Impacto de Indonesia en los precios
Recientemente, Indonesia tomó la decisión de aumentar su corte obligatorio de biodiesel de palma del 20% al 40%. Esta medida ha afectado el precio del aceite de soja y girasol, generando un impacto en el mercado global. «Esta decisión ha impulsado el precio de otros aceites, beneficiando indirectamente a Argentina», lo que demuestra cómo las políticas de un país pueden influir en la economía de otro, y resalta la interconexión del comercio global.
Oportunidades para el girasol
Idígoras es un ferviente defensor del girasol, argumentando que «tiene un futuro brillante frente al cambio climático y una creciente demanda en mercados como China e India». Este cultivo presenta una oportunidad única para Argentina, que puede convertirse en un proveedor clave tanto de aceite de girasol como de soja, aprovechando las tendencias de consumo en el mercado internacional.
La fragmentación del sector
El presidente de CIARA también menciona la fragmentación del sector agroindustrial y la falta de defensa de los intereses argentinos en el ámbito político. «Esta situación ha llevado a una paralización del crecimiento, impidiendo que Argentina alcance su potencial». La fragmentación política y la falta de consenso en el sector dificultan la implementación de políticas efectivas que podrían beneficiar a todos los actores involucrados.
Proyecciones económicas
Idígoras presenta un análisis de cómo una reducción en la carga impositiva podría beneficiar a la economía argentina. «Un crecimiento en la producción de soja y maíz podría generar miles de millones de dólares en ingresos adicionales». Este enfoque en la optimización de la carga fiscal es crucial para liberar recursos que pueden ser reinvertidos en el sector y fomentar el crecimiento económico.

Gustavo Idígoras, Presidente de Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) junto a Fernando Vilella, Director de Desarrollo Estratégico y Contenidos de Agroempresario.com
Inversión perdida
Argentina ha perdido «45 mil millones de dólares en inversiones en producción primaria e industrialización». Idígoras argumenta que si se hubiera permitido un esquema de exportación más flexible, «el país podría haber saldado su deuda externa», lo que subraya la importancia de crear un entorno favorable para la inversión en el sector agroindustrial.
El rol de la ley de inversiones
Idígoras critica la falta de un régimen especial para el agro en comparación con otros sectores. «La creación de una plataforma de trazabilidad y gestión integrada podría posicionar a Argentina como un líder en bioeconomía». Esto implica no solo mejorar la regulación, sino también fomentar la innovación y la inversión en tecnologías que permitan a Argentina aprovechar al máximo su potencial agroindustrial.
La necesidad de acuerdos comerciales
El presidente de CIARA enfatiza que «la falta de acuerdos comerciales limita el acceso de Argentina a mercados internacionales». Según la OMC hubo 465 acuerdos comerciales firmados entre 2008 y 2024, «el Mercosur no ha logrado cerrar ninguno», lo que afecta la credibilidad del bloque y limita las oportunidades de exportación para los productos argentinos.
La hidrovía y la infraestructura
Idígoras destaca la importancia de la licitación de la hidrovía, que representa una oportunidad significativa para la inversión en infraestructura. «La modernización de la logística es crucial para mejorar la competitividad del sector». La inversión en infraestructura no solo facilitaría el transporte de productos, sino que también podría reducir costos y mejorar la eficiencia del sector agroindustrial.

Juan Carrozzino, CEO; Santiago Maria Carrozzino, Director Comercial de Agroempresario.com; Gustavo Idígoras, Presidente de Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA); Fernando Vilella, Director de Desarrollo Estratégico y Contenidos de Agroempresario.com; y Agustín Carrozzino, Director Institucional de Agroempresario.com
Un futuro prometedor
A pesar de los desafíos, Idígoras se muestra optimista respecto al futuro del agro argentino. «Con una demanda mundial creciente y la capacidad de adaptación, Argentina tiene el potencial de convertirse en un líder en el sector agroindustrial». Este optimismo está basado en la resiliencia del sector y la capacidad de los actores involucrados para adaptarse a un entorno cambiante.
Gustavo Idígoras concluye que «el futuro de Argentina depende de la capacidad de sus actores para unirse y trabajar en conjunto, buscando soluciones que beneficien a toda la cadena de valor». La clave está en la colaboración y en la adaptación a un mundo que demanda cada vez más alimentos y energía, lo que representa una oportunidad única para el país si logra superar sus desafíos internos.
Primicias Rurales
Fuente: Por Agroempresario.com
Dic 16, 2024 | Agricultura, Opiniones
Rosario, Santa Fe, lunes 16 de diciembre (PR/24) — En su nuevo informe semanal, Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, analiza el mercado de granos.
“En el plano internacional, el USDA aumentó demanda de maíz norteamericano tanto interna como externa, y llevó los stocks a niveles más bajos que el ciclo previo. Con respecto a la región sudamericana, recordemos la duda productiva sobre Brasil por siembras atrasadas y en Argentina por spiroplasma; ambas siguen con final abierto”, sostiene.
Sin embargo, Romano indica que, previo a que el USDA bajara stocks y anticipando la jugada, “los especuladores ya habían comprado y el cereal se topó con un techo. El trigo viene sostenido por problemas en Rusia y mayor necesidad de compra en Brasil, aunque tanto Argentina como Australia tengan mejor cosecha, en el resto del mundo hay poco trigo”.
Con respecto a la soja, el especialista de la Universidad Austral afirma que la gran cosecha de EEUU se topa con un ritmo de exportaciones acelerado por China, pero que podría frenarse en los próximos meses. La razón: se habrían anticipado compras previendo una posible guerra comercial. “Las ventas extras de los últimos meses, podrían faltar en adelante. Las exportaciones semanales de EEUU y los arribos de poroto a China empiezan a dar esa pauta. Para colmo, el clima sudamericano hasta aquí fue muy bueno, y si bien partes de Argentina podrían recibir menos agua, hay reservas, y los cultivos están excelentes”, detalla.
En plano local, el mercado se mueve con precios que generarían quebrantos importantes en soja, pero en maíz el margen es más tentador. En trigo la comercialización anticipada fue muy baja, y los productores tuvieron que aceptar precios menores a los 190 USD/Tn. “La situación externa más firme, e interés comprador permitieron un rebote reciente que inspiró ventas más activas, pero el total sigue atrasado y los precios están lejos de los 220 USD/Tn que impulsaron la intención de siembra”, añade.
A la vez, Romano analiza que en maíz y soja podría pasar algo similar a lo ocurrido con trigo: “Ambos productos cotizan para cosecha nueva a valores superiores a los que la exportación podría convalidar, pero aun así no llegamos al 1% vendido ni de maíz ni de soja. Si algo no cambia, podríamos perder este sobreprecio argentino durante la presión de cosecha”.
“Entonces especuladores comprados en maíz y vendidos levemente en soja, y con esto en mente nos preguntamos si toda la información internacional no estará descontada en precios. La contra es que la posición vendida de fondos en soja tampoco es tan grande”, agrega.
Por último, Romano estima que “si las cosas salen bien en Sudamérica incluso podrían vender algo más. De corto plazo sólo un mercado climático, demanda extra del lado de biocombustibles ya sea por disposiciones de corte o subsidios, o por suba del petróleo, podrían darle volatilidad a precios. Más adelante veremos con estos valores cuanto se siembra en el hemisferio norte, la reacción de los compradores a los precios bajos, y la reticencia a vender de los productores”.
Primicias Rurales
Fuente: Universidad Austral