Hoy 23 de mayo celebramos a San Juan Bautista Rossi, el santo que nos anima a confesarnos

Hoy 23 de mayo celebramos a San Juan Bautista Rossi, el santo que nos anima a confesarnos

Una nueva vida: ¡A por el cielo!

El Padre Rossi se esforzó en ser un buen confesor: cálido, amable y preciso en el consejo espiritual -virtudes imposibles de lograr si no se es dócil a la gracia-. En el confesionario, quien confiesa y absuelve, así como quien se acerca en busca del perdón, ambos, son objeto del amor de Dios que espera que seamos mejores personas, más santos, y que alcancemos el cielo.

San Juan Bautista Rossi adquirió una sensibilidad especial para reconocer cuánto sufre un alma que se ha apartado de Dios, cuanto daño se hace a sí misma y cuánto daño hace a los demás por el impacto del pecado, de tal forma que se obligaba a escuchar diligentemente a cada persona que se arrodillaba a su costado. Juan Bautista no quería fallarle a Jesús. Administrar el amor y el perdón de Dios son labores que sobrepasan nuestra naturaleza sin duda, pero que Dios ha deseado compartir para que ninguno de sus hijos se pierda.

Compartiendo el gozo de saberse perdonado

Alguna vez el santo afirmó: «Antes yo me preguntaba cuál sería el camino para lograr llegar al cielo y salvar muchas almas. Y he descubierto que la ayuda que yo puedo dar a los que se quieren salvar es confesarlos. Es increíble el gran bien que se puede hacer en la confesión».

El Padre Rossi fue en busca de los pecadores para llevarles la alegría que experimentaba él mismo al verse perdonado, reconciliado, ‘vuelto a nacer’. Por eso deseaba estar disponible siempre para confesar a quien lo necesitara: enfermos, presos -a quien visitaba en la cárcel- y moribundos; y todos aquellos que buscaban dejar atrás una vida de pecado.

Encarnar los ideales propios del sacerdocio hizo que el P. Juan Bautista atraiga a mucha gente de todo tipo y de muchos lugares, quienes solían hacer largas colas para confesarse con él.

Dios nos alecciona con bondad

Juan Bautista Rossi nació en 1698, en un pueblo cerca de Génova, Italia. A la edad de 13 años se mudó a Roma, a la casa de un primo sacerdote, canónigo de Santa María en Cosmedin. Su deseo era estudiar en el famoso Colegio Romano, institución fundada por San Ignacio de Loyola en 1550. En 1714, con 16 años, empezó sus estudios eclesiásticos, que concluyó después con los dominicos, graduándose en Teología. Fue ordenado sacerdote a los 23 años, el 8 de marzo de 1721.

Ya antes de ordenarse, Juan Bautista había desarrollado un intenso apostolado. Los años de formación habían sido también años de actividad pastoral y, como es natural, hubo momentos gratificantes, pero también de los otros, los más difíciles, esos que traen mortificaciones e incluso tristezas.

En los primeros años de sacerdocio -llenos de aprendizajes- Juan Bautista descubrió la importancia de renunciar a ciertas cosas en el orden de las comodidades y los placeres -la buena comida, la bebida o el descanso-. A veces, por un excesivo fervor incurrió en ciertas prácticas penitenciales que dañaron su salud. Esa, quizás, fue la más grande lección: aprendió que la recta mortificación es la que se ejerce al aceptar los sufrimientos y trabajos de cada día; con espíritu combativo quizás, pero considerando las reales posibilidades de uno mismo y pensando en liberarse de ciertas cosas que impiden amar más, no para hacerse o sentirse “invencible”.

Total desapego de los bienes materiales

El Papa Benedicto XIV le encargó a Juan Bautista el cuidado de un albergue para desamparados. El santo sirvió por muchos años a pobres y necesitados en aquel recinto. Y, preocupado por el bienestar espiritual de los que acogía, combinaba el servicio atento con la enseñanza de la Palabra de Dios y del catecismo, de forma que la vida del albergue siempre giraba en torno a la vida de la gracia, los sacramentos y el amor de Dios.

El 23 de mayo del año 1764, El P. Juan Bautista sufrió un ataque al corazón, a la edad de 66 años. Murió como vivió, siendo un pobre entre los pobres. Ni siquiera hubo dinero suficiente para costear su féretro y la tumba, así que muchas personas caritativas dieron dinero para que fuera enterrado cristianamente. Su funeral fue una suerte de gran acontecimiento: asistieron 260 sacerdotes, un arzobispo, y muchos religiosos; todos acompañados de una multitud de almas agradecidas.

Fue canonizado por el Papa León XIII el 8 de diciembre de 1881.

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    Fuente: Aciprensa
Hoy 22 de mayo celebramos a Santa Rita de Casia, esposa y madre, llamada ‘la santa de los imposibles’

Hoy 22 de mayo celebramos a Santa Rita de Casia, esposa y madre, llamada ‘la santa de los imposibles’

Buenos Aires, viernes 22 de mayo (PR/26) .- Cada 22 de mayo la Iglesia Católica celebra a una de las santas más queridas y populares de todos los tiempos: Santa Rita de Casia.

Su nombre de pila fue “Margherita”, de donde probablemente viene el sobrenombre ‘Rita’, como forma abreviada y afectuosa de llamarla. Sea este o no el caso, el nombre, por sí mismo, “Rita” ha llegado a evocar muchísimas cosas bellas, empezando por el amor a Cristo que brota en los corazones que se esfuerzan en amar, así como la ternura con que Él responde a ese amor, especialmente derramada sobre los que sufren.

Una experiencia dolorosa del matrimonio

Rita fue una mujer sencilla y a la vez extraordinaria. Siendo adolescente se sintió llamada a la vida religiosa, pero sus padres no estuvieron dispuestos a apoyarla y decidieron casarla. Ella, por obediencia, aceptó contraer matrimonio. Lamentablemente, lo que vendría después sería muy doloroso para ella, ya que su esposo resultó ser un hombre violento y empezó a maltratarla.

Con el tiempo, sin embargo, gracias a su adhesión al Señor crucificado, así como a su oración constante y entereza -siempre dispuesta a devolver bien por mal-, Rita logró que su marido cambiara de vida y se convirtiera. Precisamente por eso esta santa mujer ha merecido el sobrenombre de ‘la santa de los imposibles’.

Santa Rita de Casia no solo es la patrona de las causas imposibles, también todos aquellos que pasan necesidad.

Margherita Lotti nació en 1381, en Roccaporena, muy cerca de Cascia (provincia de Perugia, Italia) en una época caracterizada por las conquistas, rebeliones y la corrupción en los círculos de poder. Tanto ella como sus padres fueron pobres y no recibieron mayor educación. Rita se mantuvo analfabeta por muchos años, sin embargo, Dios le concedió la habilidad extraordinaria de aprender a leer por cuenta propia.

Habiendo renunciado al deseo de ser religiosa, decidió llevar su matrimonio como Dios manda. Y lo intentó de veras, a pesar de que Paolo, su esposo, era un hombre de malas juntas, bebedor, mujeriego y maltratador. Rita aceptó su dolorosa situación, decidió honrar el sacramento que la unió a su marido y se propuso ganar su alma para Cristo.

Tras veinte años de matrimonio -años de ejercitarse en la paciencia y la confianza en Dios- el esposo de Rita se convirtió. Ella perdonó sus faltas y juntos emprendieron un camino distinto. Penosamente esto no duraría mucho: antiguos enemigos buscaron a Paolo, lo emboscaron y asesinaron.

Entonces, sus hijos, Jacobo y Paolo, juraron vengar la muerte de su padre. No hubo ruego que pudiera persuadirlos de lo contrario. Rita, consciente de lo que estaba en juego, imploró a Cristo que los salvara y les tuviera misericordia. Incluso en su plegaria de angustia le dijo al Señor que preferiría que tomara la vida de sus hijos antes de que se condenaran para siempre en el infierno.

Jacobo y Paolo, de manera inesperada, contrajeron una terrible enfermedad y murieron solo unos días después, por causas naturales.

Abrazada a la Cruz

El tiempo pasó y Dios hizo brotar de nuevo en el corazón de la santa el deseo de consagrarse a Él como religiosa.

Rita intentaría ser aceptada en el monasterio de las hermanas agustinas, pero estas la rechazaron por haber estado casada y porque cargaba a cuestas una historia sombría.

Cuenta la tradición que una noche estando en oración, Rita oyó que la llamaban tres veces por su nombre. Se incorporó y abrió la puerta de su habitación: frente a sí estaban San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan Bautista -de quien era muy devota-, componiendo, los tres, una visión extraordinaria. Entonces, los tres santos la invitaron a que los siguiera fuera. Después de recorrer algunas calles, sintió que se elevaba en el aire y que de pronto una fuerza sobrenatural la estaba conduciendo suavemente hacia Cascia (Casia), en dirección al Monasterio de Santa María Magdalena.

Cuando volvió del éxtasis, Rita estaba dentro del Monasterio. Por esa razón, tras lo sucedido, las monjas agustinas se sintieron compelidas a recibirla.

Rita hizo su profesión religiosa ese mismo año (1417). Duras pruebas sufriría en el monasterio, pero el Señor no la abandonó. Por el contrario, la invitó a unirse a Él en el camino más difícil: el de su Cruz. Cristo le impuso sus estigmas y las marcas de la corona de espinas en la cabeza. Son ampliamente conocidos los testimonios sobre la herida que Rita llevaba en la frente, herida que la acompañó por años y que despedía un olor repugnante.

El dulce aroma de la santidad

Después de su grave y dolorosa enfermedad, Santa Rita de Casia murió el año del Señor de 1457. La herida de su frente desapareció y en su lugar quedó una mancha roja como un rubí, que exudaba una fragancia semejante a la de las rosas. ¡Cuán grande fue el amor de Santa Rita que Dios decidió adornarla con estos detalles! Hoy, el cuerpo de la santa permanece incorrupto.

¡Santa Rita de Casia, ruega por nosotros!

Puedes encontrar más información sobre Santa Rita de Casia en este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Rita_de_Cascia.

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Fuente: Aciprensa

 

San Cristóbal de  Magallanes día festivo: 21 mayo

San Cristóbal de Magallanes día festivo: 21 mayo

Fue ordenado sacerdote en setiembre de 1899 en la iglesia de Santa Teresa en Guadalajara. Desempeñó el cargo de capellán y subdirector de la escuela de artes y oficios en Guadalajara. Fue párroco de Totalice por 17 años hasta que fue fusilado.

Organizó centros de catecismo y escuelas en las rancherías, construyó una presa para favorecer el riego, fundó un asilo para huérfanos, y pequeños fraccionamientos de tierra para ayudar a los pobres.

El 21 de mayo de 1927 el padre iba a celebrar una fiesta religiosa en un rancho cuando se inició una balacera entre los cristeros y las fuerzas federales comandadas por el general Goñi. Fue arrestado y conducido a Totalice donde lo encarcelaron junto a su vicario el P. Caloca.

Luego los trasladaron al palacio municipal de Colotitlán, donde los fusilaron el 25 de mayo de 1927. El P. Cristóbal antes de ser fusilado dijo: «soy y muero inocente; perdono de corazón a los autores de mi muerte y pido a Dios que mi sangre sirva para la paz de los mexicanos desunidos».

Fue beatificado en 22 de noviembre de 1992 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo del 2000.

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy 20 de mayo celebramos a San Bernardino de Siena, promotor de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús

Hoy 20 de mayo celebramos a San Bernardino de Siena, promotor de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús

Buenos Aires, miércoles 20 de mayo (PR/26) .- Cada 20 de mayo la Iglesia celebra a San Bernardino de Siena, fraile menor franciscano y sacerdote, insigne predicador y gran difusor de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús.

Dice el santo en uno de sus sermones: “El Nombre de Jesús es la luz de los predicadores, pues es su resplandor el que hace anunciar y oír su palabra”. Para Bernardino el solo nombre de Jesús basta para evocar todo bien para el alma, porque es el único capaz de penetrar las profundidades del corazón y enseñorear allí el Amor verdadero. Por eso, aquél que anuncia a Jesús debe conocer y amar el santo nombre de Dios.

Por otro lado, el santo fraile de Siena contribuyó de manera ejemplar a la promoción y fortalecimiento de la orden franciscana, gracias tanto a su capacidad intelectual como a su profundidad espiritual, dones que puso al servicio de los hijos de San Francisco de Asís.

Pasión por la predicación

San Bernardino Albizzeschi nació en Massa Marittima, Italia, en 1380; quedó huérfano de padre y madre, y fue criado por una tía. De pequeño le gustaba jugar a armar altares e imitar a los sacerdotes cuando predicaban.

Siendo adolescente no dejaría de alimentar su corazón piadoso, por lo que empezó a ejercitarse en la guarda de los sentidos y la asiduidad a los sacramentos. Esto le ayudó a mantener una vida de gracia, plasmada en la oración y el estudio. Estas prácticas espirituales fortalecieron su virtud, de manera especial la virtud de la pureza, entendía como el cuidado de quien ama la obra de Dios y se ama rectamente a sí mismo.

Franciscano

Cuando tenía 20 años, una gran peste golpeó la Toscana, región donde vivía. Entonces, él y sus amigos decidieron presentarse como ayudantes voluntarios en el hospital de la ciudad para auxiliar a los enfermos. A riesgo de su vida, el grupo de hermanos laboró en el recinto por varios años, hasta que desapareció la epidemia.

Más adelante, Bernardino tocaría las puertas del convento y sería aceptado en la Orden de los Frailes Menores de San Francisco de Asís, en la que fue ordenado sacerdote. Como presbítero se abocó de manera particular a la prédica, al punto que sería reconocido por el cuidado que ponía en la elaboración de sus sermones.

Fue San Vicente Ferrer quien le pediría a Fray Bernardino, en el año 1406, que se dedicara a la evangelización de la península italiana, tarea que realizó por doce años. Durante este periodo Bernardino vivió probablemente en el monasterio franciscano de la montaña de Capriola, cerca de Siena. Ese sería su “cuartel de operaciones”.

En Capriola se mantuvo dedicado a la oración y a planear su viajes apostólicos, los que realizaría sistemáticamente, logrando abarcar el territorio de la actual Italia casi por completo.

Muchos milagros y portentos fueron obrados por su intercesión, entre ellos la expulsión de un demonio que había poseído a una prostituta de su natal Siena.

En el nombre de Jesús

Como activo propagador de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús y la Eucaristía, el santo solía portar una tablilla, a veces sostenida sobre el pecho, en la que se mostraba la figura de una hostia consagrada de la que salían rayos de luz, y en cuyo centro podía verse el monograma IHS, que el santo ayudó a popularizar como símbolo de la Eucaristía.

El santo pasó por duros momentos. Víctima de una serie de comentarios y rumores confusos, a San Bernardino le tocó vivir una difícil prueba: fue suspendido como predicador por el Papa Martín V. Providencialmente, la intervención de San Juan Capistrano, quien conocía de su virtud y abnegación, lo ayudó a arreglar dicha situación.

San Bernardino de Siena fue también un gran reformador de la Orden franciscana y un destacado organizador. Con ingenio y confianza en la Providencia Divina llegó a fundar más de 200 monasterios de la rama a la que pertenecía: los Franciscanos de la Observancia (Frailes Menores de la Observancia).

En la madurez, fue convocado para ser obispo, pero el Papa lo tuvo que dispensar de tal encargo hasta en tres oportunidades, puesto que Bernardino se negaba a aceptar tal responsabilidad. No se sentía indicado para tamaño encargo. Le rogó una y otra vez al Pontífice que lo dejara en la labor que más amaba: su servicio como predicador.

Preocupación por los dramas de su tiempo: ética y economía

Influenciado por muchos pensadores escolásticos, San Bernardino se ocupó de temas de evidente naturaleza social y económica desde un punto de vista teológico y moral.

Eran tiempos en los que la Iglesia se esforzaba por responder a las circunstancias relativamente novedosas que se estaban presentando, tales como el crecimiento del comercio y la acumulación de riquezas -muestra de ello fue, por ejemplo, la emergente abundancia económica del norte de Italia-; o la aparición de figuras como la del empresario o comerciante. La formación de gremios de trabajadores y la aparición de entidades financieras constituían verdaderos retos para la enseñanza de la Iglesia y San Bernardino quiso contribuir a la comprensión de las nuevas circunstancias.

En un conjunto de sermones intitulados «Sobre los contratos y la usura«, San Bernardino reflexiona y pone límites morales a ciertas prácticas económicas que se extendían rápidamente, la gran mayoría de las veces, en abierta contradicción con los valores evangélicos, tales como la dignidad de la persona y el trato justo.

Por otro lado, a San Bernardino de Siena se le reconoce haber repasado una larga lista de temas morales, incluyendo la sodomía, bastante extendida en algunos pueblos italianos. Tal desvergüenza devino en el desprestigio de toda una cultura que se pretendía “cristiana”, pero que se había consagrado al cultivo de los placeres del cuerpo, olvidándose del alma.

El espíritu de la predicación del santo fraile fue siempre el de invitar o alentar a la práctica del bien y procurar con ello la salvación de las almas -algo que se condice con la atención a los problemas sociales más prácticos o “terrenales”-. En ese esfuerzo siempre ayudó su estilo directo y sin ambages al predicar.

Reformador de los hijos de Francisco de Asís

San Bernardino de Siena fue un promotor de la orden a la que pertenecía, la Orden Franciscana Observante (frailes menores). En el campo de la renovación espiritual de los frailes fue un luchador infatigable. No fue el fundador de los franciscanos, como algunos han sostenido erróneamente, sino su celoso promotor y reformador.

Fruto de los esfuerzos del franciscano fue el incremento del número de frailes desde su ingreso a la orden -se contaban apenas 130- hasta el día de su muerte -cuando se había alcanzado aproximadamente los cuatro mil-.

Al santo se le debe la fundación y reforma de por lo menos trescientos conventos o monasterios. Además, Fray Bernandino fue una de las primeras autoridades franciscanas que envió misioneros hacia Oriente.

De acuerdo a sus biógrafos, presagiando que el final de su vida se acercaba, el fraile pasaba largas horas en oración. Se dice que presenció una aparición de San Pedro Celestino, quien le confirmó que pronto estaría con Dios.

Nuestro santo partió a la Casa del Padre en 1444, y solo seis años después fue canonizado por el Papa Nicolás V, el 25 de mayo de 1450, en uno de los procesos de canonización más breves de la historia.

Si deseas saber más sobre San Bernardino de Siena, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Bernardino_de_Siena.

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Fuente: Aciprensa
Hoy 19 de mayo celebramos a S. Pedro Celestino V, papa (Pedro de Morone)

Hoy 19 de mayo celebramos a S. Pedro Celestino V, papa (Pedro de Morone)

S. Pedro Celestino V, papa (Pedro de Morone)
Buenos Aires, martes 19 de mayo (PR/26) .- Un buscador de Dios. Pedro Angeleri de Morone lo es desde joven cuando distingue en el silencio y en la belleza de la naturaleza, la dimensión favorable para contemplar al Creador para servir a los hermanos. Nacido en una familia campesina en Isernia en 1215, el penúltimo de doce hijos, a temprana edad huérfano de padre, y enviado por su madre a los estudios eclesiásticos. Atraído por la vida monástica, entra en la Orden benedictina. A los 24 años se convirtió en sacerdote, pero pronto eligió la vida eremítica en el Monte Morone en Los Abruzos italianos.

La oración, la penitencia y el ayuno marcan sus días. No faltan las tentaciones: Pedro las vence aferrandose a la cruz. Atraído por él, muchos lo siguieron: pronto nace el primer núcleo de los Ermitaños de Maiella con la aprobación de Urbano IV. Disfrutando de la benevolencia del Cardenal Latino Malabranca y el Rey de Nápoles, Carlos II d’Angiò, conocido como Zoppo, los «Celestini» – se llamarán así – se expanden fundando monasterios y restaurando abadías caídas. El tiempo para Pedro está marcado por la oración ininterrumpida. En Europa, se difunde su fama como hombre de Dios y vienen a él, de todas partes, para recibir consejos y sanaciones. A todos les indica la conversión del corazón como camino hacia la paz, en un momento histórico desgarrado por tensiones, conflictos -incluso dentro de la Iglesia- y pestes.

Un hombre de oración, extraño a los conflictos

Es el 1292: tras la muerte del Papa Nicolás IV vienen 27 meses de Sede vacante. Los once cardenales electores no son capaces de encontrar un acuerdo, polarizados por el conflicto entre las familias Orsini y Colonna y presionados por el deseo del rey Carlos II de encontrar un candidato de su agrado. Desde el aislamiento en la celda, Pedro de Morone envía a los cardenales la profecía del inminente castigo divino, evitable sólo con la elección del Sumo Pontífice en los próximos meses. La fama del ermitaño, conocido por sus milagros y su íntegra conducta espiritual, lleva a los votantes a identificar en él al candidato ideal para superar el puesto. Encontrado en la cueva de Maiella por una delegación de prelados, Pedro al principio se niega, y luego comprende que es Dios quien lo llama a una responsabilidad tan alta. Sin embargo, rechaza la invitación de los cardenales para llegar a Perugia y, el 29 de agosto de 1294, memoria de San Juan Bautista, escoltado por el rey Carlos, va a L’Aquila, sentado en un burro, para recibir la tiara en la gran Iglesia de Santa María en Collemaggio, construida por él unos años antes. Él elige el nombre de Celestino V y pone en marcha el primer Jubileo de la historia, conocido como «Perdón».

Un Pontificado breve y sufrido

Pronto se da cuenta de que no es libre en el ejercicio del ministerio, empujado por aquellos en la Curia que esperan beneficiarse de su inexperiencia de gobierno. Convoca un Consistorio y nomina a 12 cardenales. Muchos critican amargamente la decisión del Papa de confiar en la protección de Carlos de d’Angiò y de transferir la sede de la Curia a Nápoles. Pronto se dio cuenta de ser un rehén de la corona. En la pequeña celda de Castillo Nuevo, que se convirtió en su hogar, madura la decisión de renunciar al Pontificado, respaldado también por la opinión del cardenal Benedicto Caetani, experto en derecho canónico, que lo sucedió con el nombre de Bonifacio VIII. «Yo Celestino V, impulsado por razones legítimas, por la humildad y debilidad de mi cuerpo y la malicia de las personas, con el fin de recuperar la tranquilidad perdida abandono libre y espontáneamente el Pontificado y renuncio expresamente al trono, a la dignidad, al honor y al honor que ello conlleva”. Con estas palabras, el 13 de diciembre de 1294, Celestino deja las vestiduras y toma el viejo hábito. Solo once días después viene elegido el nuevo Papa, quien hace llevar a Pedro, que inicialmente había huido a lugares desiertos, al castillo de Fumone. Aquí, en una estrecha celda, el ermitaño muere en oración el 19 de mayo de 1296. Resumidamente pasado a la historia como el «gran rechazo», deplorado por Dante en la Divina Comedia, es un ejemplo de libertad evangélica y santidad. De hecho, fue canonizado por Clemente V en 1313. Sus restos mortales conservados en la Basílica de Collemaggio son destino de constantes peregrinaciones. Una de las peregrinaciones más ilustres fue aquella de Benedicto XVI, en 2009, quien quiso dejar el palio que recibió al inicio de su Pontificado.

 

 

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Fuente: Vatican News

 

Hoy celebramos a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, modelo de humildad en la vida religiosa

Hoy celebramos a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, modelo de humildad en la vida religiosa

 

 

Buenos Aires, lunes 18 mayo (PR/26) — Cada 18 de mayo la Iglesia Católica celebra a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, religiosa española a quien hermosamente llamaban ‘la humildad encarnada’ o ‘la humildad hecha carne’, en virtud a su sencillez y actitud siempre agradecida con todos, sin importar cómo fuera tratada.

Expresión de su manera de ser fue esa suerte de lema con el que Santa Rafaela María solía animar a sus hijas espirituales, integrantes de la congregación que fundó: “Dentro de Dios hemos de estar y de Él recibirlo todo”. Resulta comprensible que quien viva intentando realizar un ideal así, habrá de servir al Señor con paz interior y una alegría indestructible, a prueba de dolores y amarguras.

Santa Rafaela María fue fundadora de un Instituto religioso de derecho pontificio, la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, cuyas integrantes son conocidas como ‘esclavas del Sagrado Corazón’.

El Papa San Pablo VI, quien canonizó a Santa Rafaela María, resaltó un rasgo distintivo en ella, modélico para toda religiosa o consagrada: “La vida y la obra de la santa, si las observamos por dentro, son una apología excelente de la vida religiosa, basada en la práctica de los consejos evangélicos, calcada en el esquema ascético-místico tradicional, del que España ha sido maestra con figuras tan señeras como Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, Santo Domingo, San Juan de Ávila y otras” (Homilía de la Misa de canonización de Rafaela Porras y Ayllón).

 

Al amparo de nuestra madre, la Iglesia

Rafaela Porras y Ayllón -nombre de pila de la santa- nació el 1 de marzo de 1850 en el pueblo español de Pedro Abad, en Córdoba (España). Sus padres la llevaron a bautizar al día siguiente. Su padre, don Ildefonso Porras, fue alcalde de Pedro Abad, mientras que su madre, doña María Ayllón Castillo, era una generosa y laboriosa dama proveniente de una de las familias acomodadas de la ciudad.

A los tres años Rafaela María quedó huérfana de padre, y al cumplir los catorce, también perdió a su madre. Junto a su hermana inició el camino del discernimiento vocacional con la ayuda de las hermanas clarisas de Córdoba; y al año siguiente ingresaría a la Congregación de las Hermanas de María Reparadora. Fue en esta congregación donde tomó el nombre de Rafaela María del Sagrado Corazón.

La Hermana Rafaela se dedicaba a la oración y al cuidado de los enfermos y necesitados. Su familiares consideraban que su vocación era excesivamente temprana o precipitada; sin embargo, ella perseveró y se las arregló para vencer aquella resistencia inicial y mostrar que su amor al Señor brotaba de su madurez y no de un capricho.

Amor agradecido

Años más tarde, ya consolidada en la vida religiosa, fundó, junto con su hermana Dolores, el Instituto de Adoradoras del Santísimo Sacramento e Hijas de María Inmaculada, que sería la base de la futura Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón. Las hermanas contaron desde el inicio con el apoyo del obispo local.

El Instituto estaba integrado por dieciséis religiosas, con las que Santa Rafaela María se trasladó a Madrid. Allí le fue concedida la aprobación diocesana en 1877. Diez años más tarde, el Papa León XIII aprobaría la nueva congregación, bajo el nombre de ‘Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús’. La Madre Rafaela María sería elegida superiora general y realizaría su profesión perpetua el 4 de noviembre de 1888.

 

Exiliada en su propia patria

 

Durante 30 años la Madre Rafaela María vivió una suerte de exilio al interior de su propia comunidad religiosa, convirtiéndose en un miembro casi anónimo de la institución que ella misma había fundado. Por tres décadas, la santa asumió los trabajos más duros y las ocupaciones más sencillas; pasó por constantes humillaciones y, al final, sufrió la aridez del aislamiento. Y así vivió hasta que Dios la llamó a su presencia.

Aun cuando las circunstancias le fueron adversas, la santa se condujo con humildad y obediencia, sin exigir trato especial alguno, a pesar de ser la fundadora. Murió el día de Epifanía, el 6 de enero de 1925, en la ciudad de Roma (Italia). Sus restos descansan en la Casa Generalicia de su congregación en esa ciudad.

 

“Muchos últimos serán primeros” (Mt 20, 16)

 

El Papa Pío XII beatificó a Rafaela María en mayo del año 1952. Años más tarde fue canonizada por el Papa San Pablo VI, el 23 de enero de 1977.

Rafaela María murió el día de Epifanía -fecha inamovible en el calendario litúrgico de muchos países-, razón por la cual su fiesta se celebra el 18 de mayo, día de su beatificación y del traslado de sus restos.

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Fuente: ACI Prensa