Hoy 29 de mayo celebramos a San Pablo VI, el Papa que defendió la vida y la familia

Hoy 29 de mayo celebramos a San Pablo VI, el Papa que defendió la vida y la familia

Buenos aires, viernes 29 de mayo (PR26) .- Cada 29 de mayo celebramos a San Pablo VI, el Pontífice que llevó a término el acontecimiento eclesial más importante de los tiempos modernos: el Concilio Vaticano II. El Papa San Pablo VI marcó un antes y un después en términos de la defensa de la vida y la familia, en virtud a su famosa encíclica Humanae vitae (Sobre la vida humana).

Servidor de Cristo

Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, el Papa Pablo VI, nació en Lombardía (Italia) el 26 de septiembre de 1897. Fue el segundo de los tres hijos del matrimonio de Giorgio Montini -abogado, periodista, director de la Acción Católica y parlamentario italiano- y doña Giudetta Alghisi.

El 29 de mayo de 1920, a la edad de 22 años, Giovanni Battista Montini fue ordenado sacerdote y enviado a Roma para culminar su formación. Cursó estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana, en la Universidad de Roma La Sapienza y en la Academia Pontificia Eclesiástica. Una vez concluidos sus estudios, fue asignado a la oficina de la Secretaría de Estado, donde trabajó por 30 años.

El 1 de noviembre de 1954, con 57 años de edad, Montini fue nombrado Arzobispo de Milán, y unos años más tarde sería creado Cardenal, el 15 de diciembre de 1958.

A la muerte del Papa San Juan XXIII en 1963, cuando aún se estaba realizando el Concilio Vaticano II, el Cardenal Montini fue convocado a participar del cónclave que elegiría al sucesor del “Papa bueno”. El cónclave concluyó eligiéndolo como el nuevo Sucesor de Pedro el 21 de junio de ese año.

El recién elegido Papa tomaría el nombre de Pablo VI. Su pontificado llevó a buen puerto el trabajo de “renovación en continuidad” que propuso Juan XXIII al iniciar el Concilio. Es decir, una renovación que no significase un quiebre con la tradición, y que al mismo tiempo implique una mirada desde el Evangelio de cara al futuro. Pablo VI supo entender correctamente las mociones del Espíritu Santo y poner a la Iglesia a tono para afrontar los nuevos tiempos.

Magisterio en favor de la vida y la familia

Escribió siete encíclicas: Ecclesiam Suam (6 de agosto de 1964), Mense maio (29 de abril de 1965), Mysterium fidei (3 de septiembre de 1965), Christi Matri (15 de septiembre de 1966), Populorum progressio (26 de marzo de 1967), Sacerdotalis Caelibatus (24 de junio de 1967) y Humanae vitae (25 de julio de 1968) -sobre la regulación de la natalidad-. Esta última constituye un hito histórico al haber marcado el derrotero que ha de seguir la Iglesia en términos de la defensa de la familia, la castidad y la sexualidad, al tiempo que sigue impulsando una auténtica revolución moral y social en un mundo cada vez más secularizado.

Un Pontífice para los nuevos tiempos

San Pablo VI también impulsó el diálogo ecuménico. Han pasado a la historia algunos de sus gestos de acercamiento a las Iglesias de Oriente, como su memorable abrazo con el Patriarca de Constantinopla Atenágoras en 1964, y el mutuo levantamiento de excomuniones.

Además, fue él quien inició la era de los viajes pontificios con visitas a países de los cinco continentes, incluyendo un viaje a Tierra Santa y una presentación en la sede de la ONU en Nueva York. Cabe señalar que, en este esfuerzo por acercar a los miembros de la Iglesia, pasó por momentos difíciles, como el producido en Filipinas en 1970, donde fue blanco de un intento de asesinato.

En el motu proprio Ecclesiae sanctae del 6 de agosto de 1966, el Papa Pablo VI estableció que los obispos debían presentar su renuncia al cargo al cumplir los 75 años de edad. Este requisito se hizo extensivo a los Cardenales en 1970. También modificó el proceso de elección papal, al establecer que sólo los Purpurados menores de 80 años pueden participar en los cónclaves. Asimismo, en 1969, el santo promulgó la reforma litúrgica posconciliar.

Legado papal

Entre otras importantes tareas, Pablo VI celebró seis consistorios entre 1965 y 1977; creó a los Cardenales Karol Wojtyla (Juan Pablo II) en 1967, Albino Luciani (Juan Pablo I) en 1973 y Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) en 1977.

El Papa San Pablo VI falleció en Castel Gandolfo el 6 de agosto de 1978, después de un pontificado de 15 años. Fue beatificado el 19 de octubre de 2014 y canonizado el 14 de octubre de 2018 por el Papa Francisco

 

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Fuente: Aciprensa

Hoy 28 de mayo se celebra a San Germán de París, que nos recuerda cuál es el sentido de la limosna

Hoy 28 de mayo se celebra a San Germán de París, que nos recuerda cuál es el sentido de la limosna

Buenos Aires, jueves 28 de mayo (PR/26) .- Cada 28 de mayo, la Iglesia recuerda a San Germán de París, obispo de la denominada “Ciudad Luz” entre los años 555 y 576, recordado por su amor a los pobres y por el papel que desempeñó en la pacificación de la Francia de su tiempo.

San Germán, antes de ser obispo, fue abad del monasterio de San Sinforiano, donde fomentó el espíritu de pobreza entre los monjes. Se dice que era tal su desprendimiento, que suscitaba incomodidad entre aquellos monjes más apegados a las seguridades materiales.

Cuenta la historia que en una oportunidad tuvo que enfrentar a un grupo de monjes que se había rebelado contra su autoridad, ya que estos se habían dejado llevar por ciertos rumores de que el santo regalaría todo, hasta sus cosas.

Y es que a San Germán le tocó vivir tiempos en los que su país se encontraba en franca decadencia. Eran tiempos en los que la ostentación y la vida desordenada se habían convertido en la norma, donde nadie se solidarizaba con los que menos tienen.

El niño abandonado que se hizo monje

San Germán nació en 496, cerca de la ciudad de Autun, al sudeste de París. Sus padres lo abandonaron siendo un niño, pero por gracia de Dios un pariente suyo llamado Scapilion se hizo cargo de él. Scapilion, quien era sacerdote, le procuró al pequeño la educación y los cuidados necesarios.

Fue tanta su dedicación y empeño en la vida monástica que sus hermanos lo eligieron abad. De acuerdo al testimonio de uno de sus amigos, el obispo San Venancio Fortunato De Poitiers, se sabe que Germán fue un abad de gran sencillez y fervorosa oración. Muchos milagros serían obrados por su intercesión.

“Gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10, 8)

A San Germán se le atribuye la conversión al catolicismo del rey franco Childeberto I, a quien solicitó poner orden sobre las costumbres de sus súbditos. Muchas prácticas paganas se mantenían en la Francia de entonces, en particular entre los que se decían cristianos. Abundaban los excesos por igual, en cualquier tiempo del año, incluso en los días de fiestas religiosas.

Para el año 555, a Germán se le presentaría un reto inesperado. El obispo de París, Eusebio, murió. En ese momento el monje se encontraba en la ciudad y dado su prestigio de hombre noble y santo, el clero y el pueblo le reclamaron al rey que llame a Germán para que ocupara la sede vacante. Childeberto I, rey de las Galias, accedió al pedido popular y lo retuvo en la ciudad.

Como pastor, San Germán fortaleció el anuncio evangelizador a los pueblos paganos, defendió la doctrina y extendió la práctica de las costumbres cristianas en la vida social, especialmente la limosna. También participó en el tercer y cuarto Concilio de París, así como en el segundo Concilio de Tours (566).

Fue Germán quien, a la muerte de Childerico, interpuso sus buenos oficios para conciliar a los herederos que se disputaban el legado del rey. Lamentablemente en esa empresa no tuvo éxito y murió sin ver restablecida la paz.

El protector de París y la limosna

Un tema que hay que subrayar cuando se habla de San Germán de París es el de la generosidad, y de su concreción práctica en la limosna.

Es tradición desde los tiempos apostólicos la llamada “comunión de los bienes”. Esto es compartir aquello que Dios provee, sea material o no, para bien de cada cual y de la Iglesia.

En esto el Señor Jesús fue el primer ejemplo: lo dio todo, no se guardó nada para sí; mientras caminó por este mundo no tuvo ni “donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20). El Maestro ensalzó a la viuda pobre y la puso de ejemplo para todos: a través del gesto de aquella mujer, Jesús enseñó que el amor se condice con el desprendimiento y el desapego.

San Germán quiso hacerse eco de esa santa generosidad y movilizó a todo París para contribuir al sostenimiento de la Iglesia y de los más necesitados. Eso le valió que los parisinos lo llamaran el “padre de los pobres”. San Germán mostró cómo no es necesario ser rico para compartir, y que la solidaridad embellece la comunidad política y eclesial.

Este santo recuerda a cada cristiano que la limosna es expresión de amor, de entrega; una prueba fehaciente y sencilla de que las “cosas” no son lo más importante, y que si tienen valor es porque pueden ser medio para obrar el bien.

Tesoros en el cielo

Después de una vida austera y de penitencia, San Germán falleció bordeando los 80 años, el 28 de mayo de 576. Hoy, los católicos franceses lo veneran como patrono de la gran metrópoli parisina.

El santo fue sepultado en la capilla de San Sinforiano, mandada a construir por Childeberto I, y que está ubicada en el templo de San Vicente. En 754, sus reliquias fueron reubicadas en la nave principal, en presencia de Pipino el Breve, rey de los Francos, y de su hijo Carlomagno, quien era un niño de siete años en ese entonces.

Aquel templo se convertiría, tiempo después, en la iglesia de la Abadía de Saint-Germain-des-Prés, construida en honor al santo obispo. Este templo es el más antiguo de la ciudad de París.

Si quieres conocer más sobre San Germán de París, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Germán_de_París.

Más información en el siguiente enlace.

 

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy celebramos a San Agustín de Canterbury, quien lideró el renacimiento de la fe en su país

Hoy celebramos a San Agustín de Canterbury, quien lideró el renacimiento de la fe en su país

A San Agustín se le considera uno de los más grandes evangelizadores de Europa, a lado de San Patricio de Irlanda y San Bonifacio de Maguncia (Alemania).

Hacer renacer la fe

Se desconoce la fecha exacta delnacimiento de Agustín; sin embargo, se sabe que inició su vida apostólica y misionera en el año 597, cuando deja la ciudad de Roma, donde vivía, y se dirige a la isla de Gran Bretaña. El santo partió en compañía de otros 39 monjes por órdenes del Papa Gregorio Magno, quien deseaba que el territorio insular europeo fuese evangelizado.

Gran Bretaña había recibido evangelizadores desde los tiempos apostólicos, no obstante, pasados algunos siglos, la Iglesia no había logrado arraigarse suficientemente, y paulatinamente los antiguos cultos paganos se iban fortaleciendo, especialmente tras la invasión sajona de los siglos V y VI.

Acompañado por la Providencia

Antes de la llegada de los misioneros al pueblo de Thanet, en Kent, y fueran recibidos por Etelberto, el Papa San Gregorio Magno ya había nombrado abad y designado obispo a Agustín. Tras el encuentro entre el monarca y el novel obispo, el rey concedió permiso a los monjes para la predicación y les entregó en custodia la iglesia de San Martín. Las celebraciones litúrgicas y la prédica pública fueron reanudadas, y con ello empezaron a producirse muchas conversiones. Como corolario de aquel renacimiento de la fe, el rey y los miembros de su corte se bautizaron el día de Pentecostés del año 597.

“El apóstol de los ingleses”

La afabilidad de los misioneros, su sencillez, generosidad y fortaleza a toda prueba, causaron una profunda impresión en el rey. Agustín, además, destacaba en medio del grupo. Con esto, Etelberto quedó impresionado, y cada vez más compenetrado con la doctrina que enseñaba el santo, expuesta con claridad y elocuencia.

Entonces, Agustín tomó la decisión de enviar a dos de sus monjes a Roma para comunicarle al Sumo Pontífice lo que estaba aconteciendo. El Papa en respuesta lo nombró Arzobispo de Canterbury y lo exhortó a mantener el favor del rey mediante la humildad y el agradecimiento. Agustín se convirtió así en el primer Arzobispo de Canterbury, la célebre ciudad catedralicia del sudeste de Inglaterra, que retomaría sus raíces cristianas, hasta que, lamentablemente, siglos más tarde, terminó convirtiéndose en centro del anglicanismo.

Inglaterra católica

Agustín cumpliría, sin ser del todo consciente, una labor de importancia histórica: siguiendo las indicaciones del Papa, llevó a cabo la repartición de territorios eclesiásticos. El santo erigió varias sedes episcopales que subsisten hasta hoy, una en Londres y otra en Rochester, consagrando obispos a Melito y a Justo.

Después de haber trabajado incansablemente por la conversión de Inglaterra, San Agustín de Canterbury murió el 26 de mayo del año 604.

Si quieres saber más sobre San Agustín de Canterbury, te recomendamos que leas este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Agustín_de_Canterbury.

Más información en el siguiente enlace.

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy se celebra a San Felipe Neri, el santo de la alegría, patrono de maestros y humoristas

Hoy se celebra a San Felipe Neri, el santo de la alegría, patrono de maestros y humoristas

Buenos Aires, martes 26 de mayo (PR/26) .- Cada 26 de mayo la Iglesia universal celebra a San Felipe Neri, santo italiano del siglo XVI que impulsó un movimiento de renovación espiritual en momentos en los que la sociedad italiana pasaba por una profunda crisis, alejándose paulatinamente de Dios.

Como respuesta a dicha situación, San Felipe Neri fundó el célebre “Oratorio” de Roma y posteriormente la Congregación del Oratorio, integrada por sacerdotes seculares (clérigos) y seglares, unidos en la práctica de la caridad.

Hoy como ayer, Felipe Neri es fuente de inspiración para todos los que desean vivir la alegría auténtica, esa que brota de las enseñanzas del Evangelio y que se traduce en amor a Dios y a los hermanos. ¿Cuál fue el “secreto” de San Felipe para conocer y vivir esa alegría? He aquí su respuesta:

“Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere; quien pida algo que no sea Cristo, no sabe lo que pide; quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace”.

San Felipe Neri es el patrono de educadores y humoristas.

El camino que conduce a Roma

Neri nació en Florencia (Italia) en 1515. Pronto quedaría huérfano de madre; sin embargo, sus hermanos y él encontrarían en la segunda esposa de su padre a una verdadera madre.

A los 17 años fue enviado a la comuna de San Germano para que aprendiera de negocios y otros asuntos terrenales. Paradójicamente, fue allí donde Felipe realizó otro tipo de aprendizaje: el que proviene del encuentro profundo y constante con Dios, ese que cambia la vida. Tan importante fue esta experiencia para Felipe que, en los años venideros, se referiría a ella como ‘el momento de mi conversión’: Dios quería efectivamente que Felipe se ocupara de ciertos “negocios”, aunque estos al final no fueron los de la tierra sino los del cielo.

Así, el joven florentino dejó San Germano y se fue a Roma en busca de su destino, sin dinero y sin un proyecto claro, aunque confiando en la Divina Providencia.

Felipe y su “gran corazón”

En la víspera de Pentecostés de 1544, mientras el santo permanecía en oración y pedía al Espíritu Santo que le concediera sus dones, del cielo descendió una bola de fuego que se posó sobre su pecho. San Felipe cayó al suelo y le rogó a Dios que se detenga. De pronto perdió la consciencia.

Cuando la recuperó se incorporó de inmediato, y sintió algo extraño sobre el pecho: tenía un bulto del tamaño de un puño. Dios le había “agrandado el corazón” como signo de que su Espíritu permanecería siempre con él. La milagrosa “deformación” permaneció con él por el resto de su vida, sin causarle jamás dolor alguno.

Esa grandeza de corazón -física y espiritual- se volcó en el servicio a la ciudad de Roma, aquejada por la decadencia moral y la indiferencia. En ese esfuerzo, su testimonio de santidad fue decisivo para renovar espiritualmente a la misma Iglesia, cuyos representantes habían cedido terreno, en algunos casos gravemente, a los intereses mundanos.

El buen Felipe acompañó espiritualmente a los florentinos que residían en la ciudad, sus paisanos, pero, como se sabe, se puso al servicio de todos, especialmente de los niños abandonados, los pobres y los necesitados. No por gusto la historia recuerda a San Felipe con el título de “El Apóstol de Roma”.

Apacentando a las ovejas

Con el tiempo vendría la primera organización fundada por iniciativa de Felipe Neri: la Cofradía de la Santísima Trinidad, conocida como la Cofradía de los pobres.

El santo, embarcado en un apostolado fértil y cada vez más sólido, se preparó para el orden sacerdotal. Una vez consagrado, se convirtió en modelo de servicio a las almas a través de la confesión, a la que dedicaba largas horas del día. Con frecuencia caía en éxtasis mientras celebraba la Misa, y no son pocos los testimonios de quienes lo vieron levitar mientras sostenía a Cristo Eucaristía en las manos.

El Padre Felipe solía organizar conversaciones espirituales con jóvenes y niños, generalmente de carácter catequético, que concluían siempre con la visita y la adoración al Santísimo Sacramento por parte de los asistentes. El santo tenía un carisma especial con los más pequeños, a quienes congregaba y protegía del abandono y los peligros propios de las grandes ciudades.

Aquellas reuniones comenzaron a hacerse muy conocidas entre los romanos, quienes empezaron a llamar a los concurrentes ‘oratorianos’, ya que San Felipe, tras convocar a los asistentes tocando una campana, los reunía a todos en un ‘oratorio’. El oratorio era el lugar para rezar juntos, para cantar, para conversar de la santidad y la vida cristiana. Esa sería la semilla de la que brotó posteriormente la Congregación del Oratorio.

Entre lo ordinario y lo extraordinario: de la mano de María

Alguna vez, la Virgen María se le apareció para consolarlo en medio de una enfermedad que lo aquejaba; probablemente un mal de la vesícula.

La Madre de Dios le concedió el milagro de quedar definitivamente curado y, siendo él un hombre íntegro y sencillo, recibió inesperadamente el don de curar a otros, de leer sus pensamientos en ciertas ocasiones y de profetizar. El santo nunca se ufanó de aquellas gracias y más bien procuraba ocultarlos, a no ser que la necesidad lo obligase. La marca de Felipe fue siempre la humildad, y su serena y contagiante alegría.

La corona para quien amó con alegría

El 25 de mayo de 1595, día del Corpus Christi, a San Felipe Neri se le vió especialmente contento. Se sentó en el confesionario, administró el sacramento de la reconciliación durante todo el día y recibió a varios visitantes. Ese fue, sorprendentemente, el día de su muerte. Hacia la medianoche, ya más reposado, sufrió un ataque al corazón y partió al encuentro del Padre.

“¡Oh Señor que eres tan adorable y me has mandado a amarte!, ¿por qué me diste tan solo un corazón y este tan pequeño?”, decía San Felipe reconociéndose limitado y pobre ante Dios, frente a Aquel que hace de toda grandeza poca cosa. El Padre Felipe había muerto, sí, pero dejaba un tesoro a sus hijos: la prueba fehaciente de que “los últimos serán primeros y los primeros, últimos” (Mt 20, 16).

Años más tarde, al ser exhumados los restos de Felipe Neri, se descubrió que el santo tenía dos costillas rotas, y que estas se habían arqueado previamente como para dejar más espacio al corazón, símbolo del amor que dio a lo largo de su vida.

Su cuerpo reposa hoy en la Chiesa Nuova, la Iglesia Nueva, hoy llamada Iglesia de Santa María de Vallicella, en Roma.

Si quieres saber más sobre San Felipe Neri, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Felipe_Neri.

Más información en el especial de San Felipe Neri.

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    Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a Santa Magdalena Barat, comprometida en reconstruir su país al amparo del Sagrado Corazón

Hoy celebramos a Santa Magdalena Barat, comprometida en reconstruir su país al amparo del Sagrado Corazón

Al celebrarse la memoria de Santa Magdalena Sofía Barat, recordamos el legado de la fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, quien reconstruyó el tejido social de Francia a través de la educación y el servicio a los desamparados.

 

Buenos Aires, lunes 25 mayo (PR/26) — Cada 25 de mayo, la Iglesia celebra a Santa Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Magdalena Sofía nació en 1779 en Joigny (Francia). Desde pequeña se sintió atraída por la oración y la vida religiosa, pero no sería hasta pasados los peores años de la Revolución Francesa -cuando la libertad religiosa se fue restituyendo- que descubriría el llamado a consagrarse al servicio de Dios y de la Iglesia.

Magdalena nació en un hogar humilde, no obstante, gracias a su hermano mayor -quien se convertiría en su preceptor-, recibió un tipo de educación considerada un privilegio para la época. Esto se debía, en primer lugar, a que la mayoría de familias no tenían dinero, y, en segundo lugar, las mujeres casi no tenían acceso a la educación. Su hermano, un joven sacerdote, la puso en contacto con los autores clásicos y con la tradición teológica.

Una “revolución” impulsada por la caridad

 

La pequeña Magdalena tenía 10 años cuando estalló la Revolución (1789). Este proceso histórico-político estuvo preñado de aspiraciones de libertad y justicia, pero entendidas a partir del rechazo de toda tradición. Además, los ‘revolucionarios’ se dejaron contagiar por el espíritu anticlerical de muchas de las ‘nuevas ideas’ que flotaban acríticamente en el ambiente, lo que se convirtió en caldo de cultivo para la violencia y el descontrol. Fueron tantas las atrocidades que se cometieron que la Revolución produjo uno de los capítulos más dolorosos de la historia del catolicismo francés.

Mientras Magdalena va creciendo, empieza a asumir un compromiso cada vez más sólido con su fe en un contexto bastante complicado. El movimiento revolucionario había dejado una estela de rencor y ruptura entre los franceses, y muchos de ellos se habían apartado de la fe en la que habían crecido. Es así que Magdalena Sofía percibe la necesidad de contribuir, desde el seno de la Iglesia, a reconstruir el tejido social e instaurar una auténtica ‘fraternidad’ -no de esa que devino en la guillotina y en la proliferación de patíbulos, sino una que respetase de verdad los derechos de los seres humanos-.

Cristo ha mostrado su corazón

Magdalena, entonces, se dedica a la formación de niñas y jóvenes, y a conocer y desarrollar la espiritualidad del Corazón de Cristo. En su niñez había pasado horas orando con su familia frente a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús por la liberación de su hermano, preso durante la Revolución solo por ser sacerdote. Esa experiencia marcó profundamente su espiritualidad personal y la animó a aferrarse al Sagrado Corazón. Con el tiempo, las intuiciones y sueños se fortalecieron y la impulsaron a dar pasos más sólidos en su camino vocacional: junto a cuatro compañeras realizó sus primeros votos religiosos en 1800, en la que sería la novel Sociedad del Sagrado Corazón, asumiendo un proyecto que combinaba la contemplación y el apostolado.

A inicios del siglo XIX una epidemia diezmó a parte de la sociedad francesa. La cantidad de muertos dejó un saldo terrible: muchos niños quedaron huérfanos o completamente desamparados. Sor Magdalena Sofía y sus hermanas dieron una respuesta eficaz ante el reto que tenían enfrente.

La religiosa lo resumió así: “¿No tienen madre? La Sociedad del Sagrado Corazón está fundada para ellos. Aunque no quedaran plazas en el colegio, crearía uno nuevo inmediatamente para los niños huérfanos o abandonados por sus padres”.

Amar a los pobres como Jesús

Santa Magdalena Sofía Barat solía decir: “A los pobres les daría yo mi piel”. Esa era la hermosa forma con la que expresaba cuánto amaba a Cristo y a sus hijos sufrientes. Esas palabras portaban un claro mensaje: no se guardaría nada para sí.

 

 

Y como sucede cuando alguien tiene el corazón inflamado por la caridad, la Madre Magdalena ayudó a muchos a fortalecer su amistad y trato con el Señor. Como cabeza de su institución, se preocupó también por la formación en el conocimiento y la virtud de los educadores católicos.

“Si volviera a nacer, lo haría solo para obedecer al Espíritu Santo y actuar movida por él” (Santa Magdalena Sofía Barat).

La santa partió a la Casa del Padre el 25 de mayo de 1865. Hoy, la pequeña sociedad que fundó se ha convertido en una congregación que cuenta con más de 3500 religiosas en el mundo, especialmente en Europa y América. La Madre fue canonizada en 1925 por el Papa Pio XI.

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Fuente: ACI Prensa

 

Hoy celebramos a María Auxiliadora, patrona del agro argentino

Hoy celebramos a María Auxiliadora, patrona del agro argentino

Cada 24 de mayo la Iglesia Católica celebra a Nuestra Señora María Auxiliadora, instituida por decreto en 1949 Patrona del Agro Argentino.
Buenos Aires, domingo 24 mayo (PR/ 26) — La fiesta de Nuestra Señora María Auxiliadora (o María Auxilio de los Cristianos) se celebra mundialmente cada 24 de mayo. 
Esta fecha fue instituida por el Papa Pío VII en conmemoración de su liberación del cautiverio napoleónico y su regreso a Roma en esa misma fecha en 1814.
La advocación es muy popular gracias a San Juan Bosco, quien la promovió mundialmente.
María Auxiliadora fue declarada Patrona del Agro Argentino el 27 de octubre de 1949, mediante un decreto del Poder Ejecutivo Nacional impulsado por agricultores y el Ministerio de Agricultura y Ganadería. Su festividad principal, instituida en esa misma resolución, se celebra cada 24 de mayo. [1,
Esta devoción, fuertemente arraigada por la congregación salesiana de Don Bosco, representa históricamente a la Nación Productiva.
En su día, es tradición en distintas comunidades rurales del país la celebración de misas y la bendición de semillas y frutos de la tierra, pidiendo por la protección de las cosechas y el trabajo de los productores.