El nuevo Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones ya fue reglamentado por ARCA y la Secretaría de Agricultura. Por primera vez en décadas, el Estado ofrece herramientas concretas para que las PyMEs agropecuarias inviertan, incorporen tecnología y mejoren su competitividad.
Por Máximo J. Bomchil, socio del área Corporativa de la firma Bomchil, líder del área de Agroindustrias.
Buenos Aires, viernes 29 de mayo (PR/26). En el sector agropecuario persiste una percepción difícil de desmentir: el Estado llegó al campo principalmente cuando necesitó recaudar, no cuando quiso invertir. En los últimos veinticinco años, las políticas de fomento agropecuario brillaron por su ausencia.
Sin embargo, el sector encontró la manera de crecer sorteando obstáculos de todo tipo. Presión impositiva creciente en los tres niveles del Estado, expansión burocrática y restricciones ambientales sin sustento técnico fueron apenas algunos de los escollos que los productores tuvieron que sortear año tras año.

La inversión tampoco fue la excepción. Un símbolo de esa hostilidad fue la prohibición prolongada de ajustar los resultados impositivos por inflación, que rigió incluso durante los períodos de mayor inflación, entre 2002 y 2023. En pocas palabras: el Estado le cobró impuestos a ganancias que eran pura ilusión monetaria.
¿Qué es el RIMI y por qué importa?
En ese contexto, la aparición del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), incorporado en la Ley de Modernización Laboral N.º 27.802, representa una novedad de peso. El régimen, ya reglamentado por ARCA y la Secretaría de Agricultura, tiene objetivos ambiciosos: incentivar inversiones, fortalecer cadenas de valor, dinamizar la competitividad, incrementar exportaciones y generar empleo.

Aunque el RIMI no fue diseñado exclusivamente para el agro, sus beneficios tienen una llegada especial para productores y empresas del sector. El esquema está disponible para Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (hasta Tramo 2 inclusive) que realicen inversiones entre el 6 de marzo de 2026 y el 19 de mayo de 2028.
¿Qué inversiones califican?
El régimen considera como inversiones productivas la adquisición, elaboración, fabricación o importación de bienes muebles nuevos amortizables en el impuesto a las ganancias (con excepción de automóviles), así como la ejecución de obras directamente vinculadas al desarrollo de actividades productivas en el país.

Para el sector agropecuario, la lista es especialmente atractiva. Califican, entre otros, equipos de riego agrícola, bienes de alta eficiencia energética, animales de pedigrí y puros controlados registrados, y mallas antigranizo. Estas inversiones no solo acceden a los beneficios del régimen sino que, como veremos, lo hacen en condiciones aún más ventajosas.
Los beneficios concretos: amortización acelerada y devolución de IVA
El primer gran beneficio es la posibilidad de amortizar de manera acelerada, en dos cuotas anuales y consecutivas, la mayoría de los bienes de capital y de informática y comunicaciones.

Pero el RIMI va más lejos para las inversiones agropecuarias específicas: los equipos de riego, los bienes de alta eficiencia energética, los animales de pedigrí y las mallas antigranizo pueden amortizarse en una única cuota. Esto significa recuperar el costo impositivo de la inversión de forma inmediata, con un impacto directo y positivo sobre el flujo financiero de los proyectos.
El segundo beneficio es la devolución de los créditos fiscales de IVA generados por las inversiones, una vez transcurridos tres períodos fiscales mensuales desde que resulte procedente su cómputo. En la práctica, se trata de recuperar capital que de otro modo quedaría inmovilizado durante meses.
¿Cuánto hay que invertir para entrar?
El RIMI establece montos mínimos de inversión que varían según la categoría de la empresa:
- Microempresas: US$ 150.000
- Pequeñas empresas: US$ 600.000
- Medianas Tramo 1: US$ 3.500.000
- Medianas Tramo 2: US$ 9.000.000
Sin embargo, las inversiones en riego, eficiencia energética, mallas antigranizo y genética animal pueden acceder al régimen sin necesidad de alcanzar esos montos mínimos. Esta excepción amplía considerablemente el universo de productores que pueden beneficiarse. El listado preciso de estas inversiones será publicado por la Secretaría de Energía y la Secretaría de Agricultura en el sitio web de ARCA.

¿Cómo adherirse? Los requisitos clave
Para acceder al RIMI, los contribuyentes deberán contar con el certificado MiPyME que acredite su condición al inicio del ejercicio en que se realiza la primera inversión productiva, y registrar las inversiones a través del servicio web «Sistema de Gestión de Inversiones» que implementará ARCA.
Quedan excluidos del régimen quienes registren deudas fiscales, aduaneras o previsionales firmes, exigibles e impagas, entre otros supuestos contemplados por la reglamentación. También pueden adherirse entidades sin fines de lucro, como asociaciones, fundaciones, mutuales y asociaciones civiles, siempre que cumplan con los requisitos establecidos.
Una ventana estratégica que no conviene perder
El contexto global juega a favor. Los recientes conflictos geopolíticos y la reconfiguración del comercio internacional —sumados a la entrada en vigencia de nuevos acuerdos comerciales— abren una ventana estratégica para que la Argentina fortalezca su rol como proveedor global de alimentos y energía. En ese escenario, el sector agroalimentario ocupa un lugar central.
En ese marco, el RIMI se presenta como una herramienta concreta para que productores y empresas agropecuarias aceleren inversiones, incorporen tecnología y fortalezcan su posicionamiento frente al nuevo escenario económico global. Después de décadas de ausencia, el Estado parece haber entendido que incentivar la inversión en el campo no es un gasto: es una apuesta al futuro del país.
Primicias Rurales
Fuente: Bomchil

















