Tras la salida de 900 profesionales y una tijera presupuestaria implacable, Ariel Pereda alerta sobre la parálisis del organismo estratégico y asegura que la institución llegó al límite operativo.
Buenos Aires, jueves 13 agosto (PR/26)–El ambiente en el INTA se siente denso, pesado y cargado de una incertidumbre que ya roza el límite. En los últimos dos años y medio, el organismo sufrió la pérdida del 30% de su personal, un desmantelamiento silencioso pero constante.
La salida reciente de 900 trabajadores mediante retiros voluntarios no solo dejó escritorios vacíos, sino que vació de golpe años de conocimiento técnico acumulado y vital para la Argentina.

Quien le puso voz y rostro a esta crisis fue el Dr. Ariel Pereda, director nacional e histórica autoridad técnica del instituto, quien decidió hablar sin rodeos sobre la dramática situación actual.
Con absoluta crudeza, Pereda lanzó una advertencia que resonó fuerte en todo el sector productivo: «Hasta acá llegamos con un ajuste sin sentido». La frase marca un antes y un después.
Una tijera implacable que compromete el futuro
El ajuste continuo no es solo un número frío en un presupuesto; implica un recorte de entre el 20% y el 25% anual que destruye directamente la capacidad operativa en el campo.
Hoy las partidas no alcanzan y los sueldos tocaron uno de los pisos históricos en poder adquisitivo, obligando a valiosos expertos a buscar refugio en la actividad privada.

Dr. Ariel Pereda, director nacional INTA
Detrás de la reestructuración impulsada por Nicolás Bronzovich, la gran preocupación de Pereda es la falta de un horizonte claro: se achica la estructura sin saber para qué se hace.
El resguardo científico de la Argentina en peligro
Las consecuencias ya se empiezan a notar en áreas clave: existen líneas de investigación suspendidas y la amenaza inminente de dar de baja servicios básicos e insustituibles.
El golpe es aún más destructivo en las zonas marginales de nuestro país, donde la presencia territorial del INTA es la única herramienta de apoyo e innovación que tienen los productores.
Además, conviene recordar un dato crítico: el INTA es la única institución responsable de resguardar el material genético de la Argentina, un patrimonio de valor incalculable.
A pesar del panorama desolador, el personal restante sostiene el trabajo diario impulsado por un profundo compromiso científico y la convicción de agregar valor al agro.

Camino a sus 70 años, el INTA necesita urgente frenar la sangría, priorizar la agenda científica y convocar a un gran acuerdo social para reconstruir su capacidad operativa.

















